miércoles, 3 de septiembre de 2014

T2. Capítulo 15. SIN TI TODO ANDA MAL.

No tenía ni idea de medicina. Pero eso sonaba feo. Muy feo. No me gustaba. Su voz sonaba muy seria. Nada contento. Pepi en seguida le preguntó de qué se trataba eso. Le explicó con palabras sencillas de qué se trataba. Una hemorragia en el cerebro… la sangre se coaguló allí.
-¿Y qué le va a pasar?
-Pues a ver… -tomó aire. Parecía importante. Me desvelé por completo. Levanté la cabeza. -Marina, préstame atención. -me dijo. Hicimos un círculo más que irregular. -la están tratando. ¿Vale? Van a hacer todo lo que puedan por eliminarlo… Cuanto más tiempo se quede eso ahí, más daño le causará…
-¿De qué daños estamos hablando? -preguntó interesado su hermano.
-Pues… pérdida del habla, memoria… -siguió diciendo posibles causas, o lo que es lo mismo, hachazos. Hachazos que nos hacían sangrar por todos lados. -le van a inducir un coma. Es lo mejor para ella, dicen.
-¿COMA? -chilló su madre. -agarró de nuevo la cadena cristiana que llevaba.
-Es un coma artificial. Recuperó la conciencia al llegar al hospital, pero al verle eso en… -apuntó con el dedo índice su cabeza. -tomaron esa decisión. Está muy bien para lo que le podía haber pasado… -se volvió a sentar.
-¿Cuánto tiempo estará así…? -pregunté. No me miró. Cerró fuerte los ojos.
-No lo sabemos… me ha dicho que tenemos que tener muchísima paciencia. Puede ser que pasado mañana despierte… o después de dos semanas. -intenté hacerme a la idea de aquello…
-¿Podremos verla? -volví a intervenir.
-Eso, eso. -se incorporó Pepi.
-En cuanto se ponga mejor. Me ha dicho el médico que nada más eliminen el coágulo, le irán reduciendo los medicamentos que la mantienen sedada. Cuando llegue ese momento, le debemos hablar, contar cosas, animarla para que despierte. -asentí. Entendía. Lo había visto en alguna que otra película. La clave estaba en la estimulación.
-Bueno, parece que las cosas se calman. -dijo José, sentándose cual indio en el suelo de mármol.
-¡¿Qué haces ahí "tirao´"?! -chilló la madre, que se comportaba como tal.
-Estoy harto de la mierda sillas esas. -recalcó el adjetivo. Reímos, esta vez con más ganas. Las nubes dejaban ver un poco de sol. Tan solo un poco. Pero agradecía esos rayitos tímidos. -me está dando apetito… -suspiró.
-Y a mí. -dijo su padre. -anda, llévanos a la cafetería, nuera. -me guiñó el ojo. Me levanté rápidamente. -la tengo "cogía" por… -soltó una carcajada al ver que le obedecí tan rápido. Me sorprendió, abrazándome por el cuello. -eres una buena chica.
-Gracias. -dije sin mucho ánimo. Seguía muy preocupada por el estado de salud de mi chica. Tenía muchísimo miedo…además, me preguntaba algo que solo ella podría contestar: ¿seguiría enfadada? ¿Y si no querría verme cuando despertase?
Caminamos hasta la cafetería en la que había estado hacía unas horas. Compramos unos cuantos bollos más y sacamos café. Lo dejamos sobre la misma máquina para entrar un momento al baño.
-¡HIJO DE PUTA! -oí desde allí. Era la voz de Pepe.
-¡Papá! ¡Estate quieto! -gritaba José, con la voz cansada.
-¡SUÉLTAME! -salí corriendo de los servicios, asustada. Vi a Pepe retenido en los brazos de su hijo. A escasos metros había un hombre de edad mediana, con un collarín en el cuello y unas muletas. Iba acompañado por una mujer de su misma edad. Miraban sorprendidos a los dos. Corrí a ayudarle. Lo retuvimos. La pareja salió del hospital.
-¿Qué ha pasado? -pregunté, una vez calmado el ambiente. Varias enfermeras se acercaron.
-¿Está usted bien? -parecía enfadado. No le respondió, golpeó la máquina de café respirando fuerte.
-Me tenías que haber dejado. -dijo entre dientes. Volvió a pegarle.
-Era el camionero… -me susurró José. Volví a mirar por la puerta. Vi como se alejaba. Lo maldije no sé cuántas veces.
-No sé cómo has podido aguantarte.
-Solo nos traería problemas, Marina. -si no fuera por él le habría arrancado la cabeza yo misma. Y parecía que Pepe me hubiera ayudado. Lo peor es que él ya iba a su casa… y Malú seguía allí. Grave. Bufé.
-Maldito cabrón. -insultó. Estaba cargado de rabia. Cogimos el improvisado desayuno y volvimos a la sala de estar.
-¿Qué te pasa a ti? -le preguntó su mujer al verlo con tal desaire. -¡con lo contento que ibas! -José de Lucía le contó todo. Se quedó pensativa. Movió su cuello y se bebió el café. Prefería abstenerse de opinar.
Me comí aquel vomitivo pastel. Recordé entonces la charla que me dio mi chica en Sevilla sobre la comida sana… Cómo había cambiado. Ese día en el hotel cogí todo tipo de bollería industrial. Y hoy me la tragaba con desgana. Añoré sus desayunos cargados en fibra. Su familia decidió que era la hora de extender la noticia. El resto de gente que la quería tenía derecho a saberlo. Olvidé por completo a López. Lo dejé preocupado. Solo por él encendí el teléfono. Lo llamé y le expliqué todo con detalle.
-Vaya… -fue lo único que articuló al oír la triste historia. -no he dormido nada… ¿cómo estás tú?
-Destrozada.
-Se te nota en la voz… -suspiró. -bueno, espero que vaya todo bien. Ponte en contacto conmigo en cuanto sepas algo nuevo.
-Por supuesto. Ah, y díselo a Li. No quiero que se entere por otro sitio. Sé delicado.
-Lo seré. -prometió. Nada más colgar, me encargué de avisar a Mari.
-¡No me jodas! -se sorprendió. -¿quieres que vaya?
-No, tranquila. -cuanta menos gente merodeando por aquí, mejor.
-¿Qué vas a hacer con el concierto…? -no me lo podía creer… me había olvidado también de eso. Mi primer concierto del disco… -¿sigues ahí?
-Sí, sí. -sacudí la cabeza. Me rasqué el cabello, intentando sacar una respuesta.
-¿Y bien…?
-No lo sé, Mari, no lo sé.
-No te agobies. Puedo cancelarlo. -eso sería genial. Pero un palazo para los seguidores. ¿Cancelarlo solo unas horas antes? No sabía yo… Al menos era aquí, en Madrid. -lo malo es que ya hay gente en la cola.
-¿En serio? -me sorprendí. Era bueno y malo. Bueno porque significaba que estaba ante una buena gira. Malo porque no podía decirles ahora no. -luego te digo…
-Marina, hay que decidirlo ya. En poco empezaran a transportar los instrumentos al recinto. Es decisión tuya… -estaba tan en blanco como la pared que había frente a mí. Mi ánimo estaba por los mismísimos suelos. No estaba en condiciones para dar un concierto. Mi voz estaba rota. Se me podía notar al hablar. Incluso por teléfono lo percibían… Tampoco quería dar un desastre de espectáculo. Encima era un acústico. Se notaría a la perfección. -relájate.
-No hagas nada. Déjalo como está…
-¿Vas a darlo? -preguntó insistente.
-No lo sé, pero no quiero arrepentirme. -dije. Al poco tiempo colgamos.
-¿Algo va mal? -preguntó José, acomodándose a mi lado. Ya había terminado de dar la noticia. Sus padres seguían.
-Tengo esta noche un acústico… -lo miré. No me hizo falta aclarar nada más.
-¿Vas a poder? -negué con la cabeza, se me inundaron los ojos. Dejó que me desahogara. La vida iba demasiado rápido para lo pequeña que era yo… Alejandro Sanz y Orozco, del brazo de su inseparable mujer, nos sorprendieron.
-¿Isa? -me alegró verla. Me levanté para saludarles. Todos me envolvieron en sus brazos. Presentían mi malestar. Cualquiera se daría cuenta. Solo tenía que verme.
-Tranquila, Malú es más dura que las rocas. -me animó la mayor coleccionista de gafas de sol.
-Será muy pequeñita, pero en coraje no le gana nadie. -argumentó Sanz.
Me quedé a solas con mi estilista y me sacó el mismo tema que Mari. El maldito concierto.
-Venía leyendo Twitter… la gente se está preguntado si lo vas a dar.
-¿Qué crees que debo hacer? -seguí mirando el suelo.
-Darlo, sin duda. -parecía segura. La miré inmediatamente. -no me mires así. Me has pedido consejo, yo te lo doy. He visto casos como éste. O incluso peores. Y lo mejor siempre ha sido seguir adelante. Cancelar un concierto el mismo día… es arriesgado, Marina. -no podía parar de oírla. Hablaba muy convencida. Justo lo que necesitaba. Seguridad. -si lo cancelas, tus fans imagino que te entenderán. Malú está en un estado complicadísimo y cualquier persona coherente entrará en razón. Es más, hay gente que ya da por sentado que el concierto lo vas a posponer. Pero si haces lo contrario, lo que nadie espera, te valorarán. Para tu carrera vendrá estupendo. Mostrarás coraje, fuerza, y lo mucho que te importan.
-Sí, eso es verdad… -se metió en la conversación mi cuñado. -Marina, iré contigo.
-¿Qué? -no me lo creía.
-Tocaré contigo. Seré parte de la banda.
-¿Cómo? -seguía sorprendida.
-Vamos, tenemos que empezar ya a ensayar. Soy una máquina, pero un concierto entero es un concierto entero. -levantó las cejas. -sé que esto va a ser duro para ti. Déjame que te ayude. -me tendió la mano. Probablemente fue la sonrisa más grande que había sacado en ese día. La agarré. Trato hecho. En el fondo nos venía bien a los dos. Alejarnos y distraernos con otra cosa. Al fin y al cabo éramos personas. No éramos de cartón, ni de hierro. Aquello nos afectaba.
-Os acompaño. -sonrió Isabel.
Al salir por la puerta, un cúmulo de periodistas y fans nos cortaron el paso.
-¡¿CÓMO ESTÁ?! -gritaban la mayoría. Me escondí tras José. Formamos una cadena con nuestros brazos y respondimos a las preguntas, agradeciendo a todos su preocupación. Había tantas personas que la querían… Malú era la ilusión, las ganas, el ánimo, la pasión, la debilidad, la diosa, la reina, la jefa, de muchas personas. Muchísimas. Me atrevo a decir que millones. Imaginé esos corazones en un puño…
 El concierto fue algo contradictorio. Algo que tenía que pasar por obligación, pues ni los asistentes ni yo estábamos al 100%. Ni si quiera al 50. Aún así lo di. Le eché coraje. Repetía el discurso de mi estilista una y otra vez en mi mente. Sin ella, no estaría allí.
Todo fue muy personal. El auditorio era muy recogido, muy familiar. Nos sentíamos protegidos por el grupo. Pedro y el resto de mis músicos me apoyaban muchísimo. Sabían el esfuerzo tan enorme que estaba haciendo por entregarme esa noche. Al igual que el público, que se lanzaba a cantar las canciones cuando mi voz se resentía. Yo intentaba disimular, poniéndoles el micro y mostrando mi mejor sonrisa. Pero todos lo notaban. Me partía por dentro. Había momentos en los que pensaba que me iba a derrumbar… Y es que sin ella, todo andaba mal.
Miré a José, que muy concentrado no apartaba la vista de la guitarra. Decidí que debía dar un discurso, y que parte de éste iba a estar enfocado en él.
-Gracias, gracias. -dije, intentando calmar los aplausos. Habíamos llegado al final. -me gustaría decir algo. -me quedé pensativa. -sabéis que no estoy pasando un buen momento. Anoche, un enorme astro de dimensiones exageradas se llevó por delante a mi estrella. Qué digo estrella. Mi planeta. Mi astro solar. Lo es todo para mí… -suspiré. No podía continuar… El aplauso del público me mantuvo viva. -cuando me enteré… no quería enfrentarme a la realidad. Quería creer que no era real… pero la vida es así. Vemos todos los días guerras, destrucción, atentados terroristas, y pensamos que nunca nos va a pasar algo así. Hasta que pasa. Y nos damos cuenta entonces de lo difícil que es llevarlo. Quema el pecho, es una sensación tan amarga… nos vuelve locos. Porque a mí anoche, mientras las horas del reloj corrían, quería saltar por un precipicio. Salir corriendo de ese hospital y morirme. De verdad. Pero entonces te das cuenta que no está todo perdido. Que hay un poco de luz entre tanta oscuridad. Que entre tanta arena hay un poco de mar. Y lo más importante. Te das cuenta de que tienes que ser fuerte. Por ella. Por ella y el resto de personas que te acompañan. -señalé entonces a José. -ese joven de ahí, estaba destrozado. Ha vivido con su hermana durante años, la conoce mejor que yo. Y ahí estaba, animándome. A mí, que apenas acababa de llegar a su vida. Y miradlo. Ahí está. Ha querido venir conmigo para apoyarme. Se ha metido en esa cabeza todo el concierto en menos de una tarde. Es un prodigio, totalmente. Pero como persona, no tengo palabras. -pedí un aplauso para él. -¡JOSÉ DE LUCÍA! -exclamé. -siento si esta noche no he estado a la altura de vuestras expectativas, sé que no ha sido mi mejor concierto. Solo espero que os haya emocionado, que os haya llegado a dentro, y que haya merecido la pena. Yo he dado toda, toda, toda la fuerza que me queda. Me voy de aquí con la mayor de la sonrisas. Me habéis dado mucha energía para continuar. ¡¡Mil gracias a todos por asistir!! ¡¡Nos vemos pronto!! 

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