domingo, 31 de agosto de 2014

T2. Capítulo 13. Y AHORA VETE.

Las piernas me fallaban. Algo iba mal. Me senté en el brazo del sofá para intentar recuperar la calma. No, no iba a hacerlo a menos que supiera de una vez por todas qué estaba pasando.
-Cariño, por favor… no sé qué dices, ni qué dicen. -dije casi lloriqueando. -¿qué cojones pasa? -me cabreé con el mundo.
-Pensé que te enfrentarías a la verdad… pensé que eras diferente. Que no te harías la tonta. -la sangre me hervía por las venas.
-Princesa…
-No me llames eso cuando estoy enfadada. -alzó la voz. -lo peor es que yo sigo enamorada de ti, como una completa gilipollas. Me acabas de hacer mucho daño. -me estaba empezando a sentir mal.
-¿QUÉ HE HECHO? ¿ME LO PUEDES EXPLICAR?-se quedó en silencio.
-Me iré una temporada con mis padres. Necesito pensar si puedo perdonarte… pi, pi, pi. -me había colgado después de decir fríamente aquellas palabras. ¿Perdonar el qué? Iba a volverme loca. Al fin, López encendió la tele.
-"Hoy viene a nuestro programa una invitada muy, muy, pero que muy desconocida. Que se ha hecho muy, muy, pero que muy famosa en una sola tarde. Con todos ustedes, ¡Ramira!"-no entendí por qué hablaban de forma tan estúpida. El corazón me iba a mil. No podía asimilar que Malú me había dicho aquello… Se supone que íbamos a casarnos y ser felices para siempre. O ese cuento había escrito yo con ella. Miré de nuevo a la tele. Mis cables se conectaron rápidamente. Todo encajaba. Todo de pronto cobró sentido. Marqué de manera veloz el número de mi chica. Pero no respondió…
-¡HIJA DE PUTA! -grité en un llanto a la maldita interesada de la tele. Esa tal Ramira era la extraña que se sentó a mi lado antes de la firma. Que me sacó las cosquillas y me besó de forma extraña en la mejilla. ¡Era una trampa! ¡Una trampa para saltar a la fama! Escondí mi rostro, inundado en lágrimas.
-¿Qué ha pasado…? -ellos estaban perdidos, tanto como yo hacía unos minutos. Pero la caja tonta les aclaró lo que pasaba. Yo les conté quién era la joven.
-"¿Cómo conociste a Marina?"
-"Lo nuestro fue un flechazo directo. La conocí en un parque cuando paseaba a los perros de Malú." -¿Qué? ¿Qué mierda se estaba inventado? Lo peor es que mi chica lo estaba viendo. Sentí una rabia y una impotencia tan grande… -"hemos quedado en varias ocasiones, a escondidas por supuesto. Pero yo no me callo más."
-Quitad eso, por favor. -les pedí. No lo soportaba ni un segundo más.
-Hay que conocer al enemigo para poder enfrentarse a él. -sabio consejo de Li.
-Oídla vosotros. Yo no puedo con esto… -murmuré.
-Marina, Malú te creerá. Todos sabemos que hay gente que se dedica a hacer montajes para ganar pasta. -dijo equívocamente Pablo.
-No… duda si podrá perdonarme. Se lo ha tragado. -les expliqué detalladamente el momento en el que se realizó la foto.
-¿Le has contado eso a Malú? ¿Y a Mari? ¿Por qué no le pides a ella que le explique qué ocurrió? Estaba allí delante, ¿no? -las propuestas que realizaban eran geniales. Pero María Lucía seguía sin contestar al teléfono. -eh, para de llorar. Al final ganarán los buenos, como en todas las batallas. -afirmó López.  
En seguida, mi cuñado llamó. ¡HASTA FUERA DEL PLANETA IBAN A PENSAR QUE LE HABÍA PUESTO LOS CUERNOS!
-José, tienes que creerme, todo es un puto montaje.
-Te creo. -respiré aliviada. -pero será mejor que le dejes claro a mi hermana lo que pasó. Un montaje es un montaje, pero Marina, parece que disfrutas en la foto.
-Me hizo cosquillas… no entendía una mierda, José. Por favor, ayúdame. -le pedí desesperada.
-Voy de camino a casa de mis padres, Malú llegará en un rato. Lo intentaré todo… de verdad. Sé cuando una persona quiere a otra. Y sé que lo tuyo con mi tonta es tan verdad como que el sol se esconde al atardecer.
-Gracias. -sentí un poco de relajación. Al menos alguien me apoyaba.
-Mis padres están muy cabreados… -mierda. Más mierda. -tu madre también. No entiende cómo has podido hacer eso con la boda aquí. Yo era incapaz de tragarme nada… por eso te llamo.
-Joder. -las desventajas de ser famoso, llamaríamos a este capítulo de mi vida. ¿Cómo cojones podía sentirme tan basura sin haber hecho nada? -¿crees que será buena idea que me presente en vuestra ca…?
-Ni se te ocurra. Con el enfado que llevan… solo podrías destrozarlos más. Escúchame. Hay un teléfono de aludidos en la pantalla ahora mismo. ¿Lo ves?
-Sí. ¿Quieres que llame y desmienta todo? -le pregunté. Ahora mismo era la única escapatoria que veía.
-Eso es lo peor que puedes hacer. No entres al trapo. Ni se te pase por la cabeza.
-¡¿ENTONCES?! -empezaba a desesperarme.
-A ver, cuñadita. Sé que estás agobiada y el cerebro no te da para pensar… Llama a quien quiera que sea tu mánager y pídele que intervenga. Los periodistas odian a los montajistas, si la pillan, se la cargaran. Problema resuelto.
-Eres un genio.
-Lo sé. -tenía una confusión. No sabía si darle un abrazo o pegarle una ostia por ese lado creído. Me tragué un insulto porque le debía mucho en este momento. -suerte, cuñadita.
En seguida busqué a Mari en la lista infinita de contactos. No lo cogía. Mierda. Necesitaba que lo cogiese cuanto antes. A la tercera fue la vencida, como tantas veces oí.
-¿HAS VISTO LA TELE? -me preguntó en cuanto descolgó.
-Te necesito. -rogué. Le expliqué el plan del bendito José de Lucía. A ella le pareció tan buena idea como a mí. Me colgó rápidamente para hacer la llamada. -dadle volumen. -les pedí. -contraataco. -me hicieron caso.
-"Espera, espera". Tenemos al teléfono a la representante de Marina". -dijo el presentador, levantándose de la silla. Se ponía la cosa seria. La chica que me jodió la existencia por un momento se revolvió en el sillón. Parecía nerviosa. Normal. -"¿Hola?"
-"Buenas noches. Soy Mari, mánager de Marina".
-"Muy buenas noches". -el público se puso en pie. La tensión de la tal "Ramira" aumentaba a cada segundo. Los espectadores que acudieron al plató estaban muy expectantes. Como si estuvieran en un circo. Eso me llenaba de odio. Mi vida no era ningún espectáculo. El presentador pidió calma. Necesitaba oír con nitidez a Mari. Tomé aire. Li y Pablo se sentaron en el sofá, tan pendientes como yo de cada cosa que decían.
-"¡Todo es mentira!"-López sonrió. La naturalidad calló al programa. -"Que sepas… ¿cómo te llamabas, niñata?"-la cara de todos era un poema. Nadie se esperaba ese desparpajo.
-"Ramira…" -murmuró. Estaba temblando.
-"¡Ramira, te vamos a denunciar!" -la gente aplaudió. Uno de los periodistas más famosos del programa pidió silencio. Quería preguntar algo.
-"A ver, a ver. Mari, explícanos qué pasa con esta "tipa" y Marina. ¡Porque ya no sé a quién creer!"
-"Vamos a ver". -cuando decía eso solo significaba una cosa. Estaba enfadada.-"voy a decirlo solo una vez. ¡Esta chica es una montajista! ¡Mentirosa!" -a cada palabra, los de sonido daban un golpe. Cómo les encantaba un chismorreo. -"¡Falsa! Yo estaba cuando esa foto se tomó. Estaba delante de mis ojos".
-"Eso es estupendo. Cuéntanos qué viste". -pidió una de las trabajadoras.
-"¡No la creáis!" -reaccionó de pronto Ramira. Levantándose casi del asiento. -"¿Qué va a decir? ¡¡ES SU REPRESENTANTE!!"
-"¡QUE TE CALLES!" -gritó el periodista. Parecía de mi lado.
-"Yo estaba pidiendo la comida en la barra y Marina estaba en la mesa, cuando la falsante ésta se le acercó, le dio un beso. Presionó su rodilla para hacerle cosquillas." -la mujer empezó a sentirse incómoda allí.
-"¡¡AJÁ!! TE HEMOS PILLADO". -chilló. -"¿un buen dinerito aprovechando la fama de dos cantantes que no quieren tener nada que ver en el mundo del corazón, verdad? ¡Lagarta!". -respiré. Al fin. Una sucesión de insultos entre ellos, de preguntas, y más insultos se produjo en los siguientes minutos. Mari colgó y me llamó.
-Muchas gracias. -le dije, aún me colgaban los hilos de sudor por la frente.
-Un poco más y…
-Relájate, tranquila. -le pedí. -ya ha acabado. -resoplé. -voy a intentar contactar con Malú.
-Suerte. -me deseó. Aún alterada. -yo voy a tomarme una tila… no veas la adrenalina que te dan los programitas estos… -y se cortó la llamada. En seguida marqué el número de María Lucía. No lo cogió. Ni si quiera se tomó la molestia de colgar. Me quedé estúpida oyendo los pitidos regulares del teléfono. Lo volví a hacer como tres veces más… pero nada. Supuse que no había visto la tele. O seguía demasiado pendiente.
-Eh, tranquila. -me animó Lidia. Puso voz de niño pequeño. -tita Marina, no te preocupes. Todo saldrá bien. -le miré la barriga. Puse la oreja, pero me dio una patada y la quité corriendo.
-Ni el nene me quiere…
-Serás idiota… Te daría un abrazo… pero. -señaló el barrigón.
-¡Ven! ¡Yo te lo doy! -se ofreció Pablo. No lo rechacé. Me quedé en su regazo leyendo la red social del pajarito. Otro bombardeo, esta vez apedreando a mi enemiga. Y pidiéndome disculpas por no creer en mí. Era gracioso ver a gente que decía: "ya os avisé de que no me gustaba". Típicas personas que piensan que lo saben todo… La pantalla se puso negra. Llamada entrante. Me puse nerviosa, por un momento imaginé que era ella…
-¿Sí? -contesté.
-Marina… -José de Lucía estaba en un sollozo. Jamás lo había oído así. Titubeaba.
-¿Qué te pasa? -me levanté del sillón.

-Me cago en todo… -suspiró. Bufó. -…me ha tocado a mí llamarte… -volvió a respirar. -es Malú… Malú… -no conseguía arrancar. -Malú ha tenido un accidente…

sábado, 30 de agosto de 2014

T2. Capítulo 12. SI TÚ ME DEJAS.

Y se fue por donde se iban todos los asistentes de la firma. Se fue tan contenta como ellos. Y yo me quedé allí, con una sonrisa estúpida que me duraría para siempre. O eso era lo que sentía. La gente se había quedado tan sorprendida como yo. Y es que nadie se esperaba aquello. Yo menos.
-Estarás contenta… menuda novia. -me susurró una mujer de mucha edad.
-Sí. -reí mientras le firmaba.
Cuando la cola finalizó habían pasado ya cinco horas y media. El cielo estaba completamente oscuro. Bajé los escalones, los seguratas me rodeaban. Parecía una peli de tiroteos. En cualquier momento alguien me dispararía. Podía sentirlo. Me reí yo sola. Vi a Malú junto a Mari, recostadas en la valla.
-¿Se os ha hecho muy largo? -les pregunté. Me abrazaron. Aunque de Malú me llevé algo más que un achuchón.
-¿Y tú como tienes la mano? -intervino la gran cantante del momento.
-Si me la arrancas, te lo agradezco. -sonreí.
-Vaya, esta noche no hay folleteo. -comentó Mari. Mi chica y yo nos miramos con los ojos saltados, aguantando la risa. Se nos acumularon las carcajadas en los pómulos.
-Tengo otra mano… -dije yo. Y ya no pudimos retener más la risa.
-¡¡QUÉ!! ¿VAMOS A CELEBRAR EL DISCAZO? -mi representante parecía de lo más animada. Empezó a saltar de camino al vehículo.
-¿Qué le has dado? -me susurró mi chica, agarrándose a mi cintura.
-¡CHUNDA CHUNDA! -gritaba. -¿NOS VAMOS DE PARRANDA?
-Invéntate algo. -le pedí en la oreja.
-Eh… Mari, tranquila. -le dijo, subiéndose en el coche. Yo me acomodé en el asiento del copiloto. En cuanto se sentó, alzó el volumen al máximo. Me tapé los oídos. -¡¡BAJA ESO!!
-¡Estás loca! -chillé, buscando el botón de "VOL -". Pulsé repetidas veces hasta que se calmaron mis tímpanos. De pronto se tiró hacia el volante. Como si la hubiesen empujado. -¿estás bien? -acaricié su espalda. Levantó la cabeza lentamente.
-Me voy a separar. -dijo. Fue como un estacazo directo al corazón. Giré un poco la mirada hasta encontrar la caída imagen de mi chica en el asiento trasero. Se acercó hasta ella a darle el apoyo que creíamos que necesitaba. Supongo que poner mi disco a tope era una forma de desconectar. Una sábana para sus problemas. Un abrigo para el frío de su corazón. -bueno, ya está de sentimentalismo. -arrancó el motor.
-Vente con nosotras. -la invitó mi prometida. -celebramos el disco.
-No, no, no quiero molestar. -se limpió unas cuantas lágrimas y se puso en camino.
-Va, vente. -la animé. -¡te haré mojitos!
-¡¡Entonces sí!! -y giró el volante bestialmente para salir del aparcamiento.
 Nada más llegar a nuestro acogedor chalet, Mari nos contó su historia. Se sentó en medio de nosotras, en nuestro sofá, calentado previamente por Danka. La perra también parecía entenderla. Se sentó en sus pies.
-¡Quita! -le gritó. No le hacían mucha gracia los animales. -¡Ay, quitármelo!
-Va, Danka, vete. -le rogó su dueña, acariciándole el lomo, como tanto le gustaba.
-Mira, no soy feliz con él. -resumió tras contar las cuantiosas idas y venidas del matrimonio. Tras la pérdida del bebé que nunca llegó a nacer, las cosas se complicaron. Su marido se envició a las máquinas tragaperras. Lo echaron del trabajo por llegar tarde en más de una ocasión. Lo único que hacía era refugiarse en un bar con amigos y beber alcohol hasta las tantas. -me tiene abandonada. -concluyó, tomando la última gota de mojito. -intentamos arreglarlo con un viaje… pero para qué. Para nada. Siento que no me quiere… Os veo a vosotras y… dais asco, putas. -ya tardaba. Reímos. -es que yo quiero una Marina… o una Malú… yo quiero que me den sorpresas, que me tapen cuando tenga frío, que me cuiden. O al menos que me den la mitad de lo que yo doy. -terminó.
-¿Y cómo se lo ha tomado? -se interesó.
-No quiere. Y normal… él no tiene nada. Solo yo. En el fondo me da lastimita… no sabe ni hacer de comer.
-Ya… claro. Supongo que después de tantos años… -fui empática.
-El cariño está ahí… -resopló. -pero yo necesito alejarme de él.
-Tienes que mirar por ti, claro que sí. -la animó, acariciando su pelo. -¿otro? -le preguntó, señalando el vaso.
-No, no. Yo me voy ya. -se levantó.
-Puedes pasar aquí la noche. -me ofrecí.
-Muchas gracias, pero tengo que poner la lavadora… y esas cosas. -rió. Sonaba a excusa barata. -no os preocupéis, él se ha ido a casa de su tía. No tengo que verlo ni nada. -eso me aliviaba.
Salió por la puerta y se montó en ese mini tan extremadamente pequeño y que tantos tumbos había dado. Se despidió con unos cuantos golpes al claxon y se alejó hasta que la perdimos de vista. Y cómo no, mi cabeza empezaba a pensar en ella.
-Me da mucha pena. -confesé, volviendo al salón.
-La vida es así. -dijo ella, tirándose de lleno en la alfombra. Sus perras se acercaron para darle mimitos. O para recibirlos.
-Sí, la vida es un poco mierda cuando quiere. -solté. Se quedó en silencio, dejándose querer por sus mascotas. Sonreí mirándola. -¿las quieres más que a mí?
-Serás celosa. -murmulló.
-Es verdad, yo también quiero amorcito. -dije agudizando mi voz y poniéndole ojitos. Siguió acariciando a sus animalitos. -joder, no es justo.
-¿A qué duermes en el sofá por pesada? -cerré el pico. Sonrió. Podía conmigo. No sé porque intentaba luchar contra ella. Se sentó a mi lado. Me empezó a dar besitos por la mano, hasta llegar al hombro, creando un caminito. Se quedó parada en mi cuello, donde hizo más énfasis. Apretando sus labios profundamente. Hundiéndolos en mi piel. Me dio un escalofrío. -Uy. -rió. -¿qué pasa? ¿no querías esto? -apreté los ojos. -¿te has quedado mudita? -asentí con la cabeza, intentando contener otro escalofrío. Me hacía sentir demasiado.
-Mañana voy a acompañar a Li a una ecografía. -dije, medio temblando.
-¿Sí? -puso más intensidad al beso, dejando una marca en mi garganta.
-Sí… -suspiré. Volvió a reírse. Le encantaba sentir que me moría en sus brazos.
-De cinco meses está ya… ¿no? -preguntó, sin dejar de perderse bajo mi rostro. Asentí. Pude notar su sonrisa pegada a mí. Lleno de pequeños mordiscos la zona debajo de mi oreja. Sabía que eso me superaba. La abracé, y ella hizo lo mismo, enroscándose en mi cuerpo. Mi barriga era un vaivén de hormigueos. Mi mente se puso en blanco completamente. Se concentró en sus caricias y besos. Su mano se deslizó hacia abajo, hizo de mi pecho un tobogán. Se divertía con mi sufrimiento. Estaba tan tensa que no me salía ni la voz. -¿quieres relajarte? ni que fuera tu primera vez… -rió. Pero para mí era tan imposible relajarme con ese pedazo de mujer sobre mí… -¡cariño! -se alteró.
-Soy demasiado fan tuya. -solté entre risas.
-Cualquiera fan mía estaría encantada de este jueguecito.
-No te lo discuto. -pero al segundo me enfadé. -¡oye! ¡ni se te ocurra!
-No, no. -bromeó.
-Más te vale. -dije firme, pero esa firmeza desapareció cuando se adentró en mi cuerpo sin previo aviso. -¿por qué lo haces todo tan… de sorpresa?
-Porque me encanta verte así.
-¿Así… cómo? -pero no respondió, se limitó a mandarme a callar. O a disfrutar…

-Eres mi debilidad. -solté en un susurró. Se apartó y fijó su mirada en mí. No sé cuánto tiempo pasamos embobadas… ni cuánto tardó en girar sus comisuras y mostrar aquella atractiva dentadura. Solo sé que después de eso, una lágrima corrió por su rostro, cortando su boca en dos.
-¿Qué te pasa? -pregunté asustada, limpiando otra antes de que resbalase.
-Soy muy feliz contigo… -sonreí. -y por nada del mundo quiero que nos separemos.
-No va a pasar. -le prometí en el silencio de la noche. -así que deja de llorar, tonta. Se dejó caer en mi hombro.
-Después de ver lo que le ha pasado a Mari…
-Eh. -le levanté la cabeza. -¿la has oído? ¿has oído lo que decía que nosotras?
- "Sois la puta envidia". -repitió con la voz de mi representante. Joder, la imitaba tan bien… -y salimos en todos los programas de televisión, revistas...
-Te amo. -la corté.
-Ay… -suspiró.
-Yo también sé sorprender. -levanté las cejas. -muchas gracias por aparecer en mi vida. -me achuchó de nuevo. -Te prometo que siempre estaremos juntas. Que te lo daré todo. Y serás la única persona a la que quiera.

-¡QUÉ COSA MÁS BONITA! -grité al ver el que iba a ser, aunque no oficial, mi sobrinito. Me emocioné. Se veía tan claro en aquella máquina de hospital. El médico flipaba conmigo. -¡ay, mira! -señalé el dedito.

-Relájate. -me susurró Lidia. -eres peor que Pablo, eh. Me volvéis al niño loquito.
-Sí, sí, ya me callo. -poco tardé en volver a chillar. -¡se mueve!
-Sí. Se mueve y duele. -me miró de reojo. Pero mi sonrisa al ver al pequeño era imborrable. -¿quieres coger el móvil de una vez?
-Déjalo. Estoy ocupada. -lo cierto es que mi móvil no paraba de pitar. Decidí apagarlo sin ver siquiera quién me buscaba.
-Puede que sea importante… -me advirtió. -a ver si tiene que ver con el concierto de mañana. -ahí podía tener razón…
-¡En cuanto termine de contemplar a mi bebé! -exclamé.
-¿El niño es mío o tuyo? -preguntó entre risas la embarazada.
-Tuyo, tuyo. -contesté segura.
-¿Le gustan mucho los niños? -se dirigió a mí de forma respetuosa, el hombre que le hacía la ecografía.
-Mucho. -asentí.
-¿Al final fueron a tu casa los hijos de Yaiza?
-¿Yaiza? -me perdí.
-Sí. La novia ésta de Vanesa. -Yaiza decía…
-¡Úrsula! -corregí. Asintió. Ahora se había acordado.
-Un nombre raro era. -se excusó.
-Sí que vinieron. Estuvieron jugando con los perros y eso. Pero la madre no tardó en llegar. -reí. -será que no se fiaba mucho.
-Será. -carcajeó. Ese día me lo pasé en grande. Como si fuera tan pequeño como ellos. Me apasionaban los niños. Y más en la edad en la que se encontraban Joselu y Ana Belén. Eran tan extremadamente curiosos. Les encantaba descubrir cosas nuevas, preguntar, jugar con todo. Echaba de menos esa vida. Me gustaría volver a mi infancia por un día…
Salimos de la ecografía muy contentas. El niño estaba sanísimo. Lidia nunca había fumado. Y bebía lo justo, nunca se emborrachó, ni nada por el estilo. Se estaba cuidando mucho durante el embarazo. Comía todo lo que le decían, y se abstenía de lo que no podía. Aunque también tuvo sus antojos. Pablo tuvo que salir corriendo al supermercado en alguna ocasión.
-Es raro verte así. -le dije. Siempre había sido pequeña y delgadita. Se me hacía extraño verla siendo todo lo contrario.
-¡¿ME ESTÁS LLAMANDO GORDA?! -nunca debía provocar a una preñada.
Conducimos hasta su casa, donde me invitó a pasar. Pablo nos esperaba allí con la cena ya hecha.
-¡Marina! -me saludó muy contento.
-¿Y a mí qué? -Li estaba demasiado susceptible. Se acercó y le dio un beso. Se agachó y acarició la enorme barriga.
-¡Hola enano! -qué monada.
-Oye, ¿miraste el móvil? -se me había pasado por completo. Lo volví a encender. Twitter se había revolucionado. Los WhatsApp ardían.
-Pero qué… -murmuré para mí. Los dos se giraron. -¿has visto la tele? -me dirigí al chico.
-No, he estado limpiando un poco la casa. ¿Qué pasa? -me mordí el labio. Solo tenía comentarios de "No me esperaba esto de ti…", "el corazón roto", "no me lo puedo creer", "esperemos que sea mentira...", "Malú no se merece esto". Acompañados del nombre de una cadena de televisión. Me dirigí a la aplicación líder. Conocidos míos me decían lo mismo, o cosas por el estilo. Un pinchazo en la garganta me dejó completamente muda. 17 llamadas perdidas de Malú. Unas cuantas más de mi madre. Otras de la suya, y yo sin entender qué coño había hecho para provocar tal alboroto. Y mientras yo intentaba averiguarlo, otra llamada de mi chica sacudió el teléfono. Lo cogí antes de que empezara a sonar.

-No me lo puedo creer. Te juro… que aún no me lo creo. -suspiró en un llanto. -ayer mismo me prometiste que solo me querrías a mí… que siempre estaríamos juntas… 

viernes, 29 de agosto de 2014

T2. Capítulo 11. VAMOS.

Lejos de aquella vez que entré por primera vez en la discográfica, lejos de aquella guitarra hecha polvo, lejos de esas piernas temblorosas antes de entrar al casting de La Voz. Lejos de aquella Marina con sueños imposibles estaba yo sentada de nuevo en esa silla esponjosa y verde, con unos cascos que triplicaban el tamaño de mis orejas y un micrófono sobre la mesa, muy cerca de mis labios. Había crecido, tanto profesional, como personalmente. Los viajes que realicé me abrieron la mente, había estudiado y trabajado con grandes profesores. Mis conocimientos sobre música aumentaron vertiginosamente. Así que este disco sería mil veces mejor que el anterior. Estaba segura de ello. Por eso no tenía ningún miedo, tenía una enorme corazonada.
El presentador anunció mi llegada a la radio, y posteriormente, me invitó a saludar. Estaba feliz, muy feliz. Deseando empezar de nuevo. Pero lo que más quería era que mis tan desesperados fans escucharan mi trabajo. Ese en el que había dejado mi piel. Probablemente estaba tan ansiosa como ellos.
-Y por fin podemos oír lo nuevo… -el chico alzó la bandera que indicaba la salida. La carrera comenzaba ahora y duraría 3:45 minutos. ¿Alcanzaría la meta mi disco? El single había sido un éxito rotundo, posicionándose en lo más alto de la lista. Aunque nadie entendía por qué una canción de desamor. Les sorprendí. Esperaban como locos una maravillosa historia de amor creada en el amoroso entorno entre Malú y yo. Nuestro equipo y yo elegimos esa precisa canción porque pensamos que destacaba sobre el resto. A parte del factor sorpresa por parte de la audiencia. Pero por supuesto que había temas romanticones capaces de acariciar sensorial e imaginariamente a los oyentes. -hemos preparado también una sección de preguntas. ¿Preparada para responder a tus grandes seguidores?
-Por supuesto. -dije después de asentir, cuando caí en la cuenta de que la gente no podía verme… Me sentí algo estúpida.
-¿Cuándo empezará la gira? Me muero por verte en directo. -leyó pausadamente. -María, de Fuengirola.
-Pues, María de Fuengirola, -empecé. El presentador rió simpático. -antes de la gira voy a hacer algunos conciertos entre esta semana y la que viene para presentar el disco. Ya podéis sacar las entradas desde mi página web. Lo hacemos sobre todo con la finalidad de conocer cómo suenan las canciones en directo para saber preparar una gran gira. Los alternaré con las firmas. Que por cierto, hoy tenemos la primera en el Corte Inglés de Callao. -aproveché para informar.
-¡¡Allí estaremos!! -exclamó. -¿Continuamos?
-Por supuesto. -me acomodé mejor en la silla, esperando la siguiente cuestión.
-Álvaro, de Lérida, nos pregunta a cerca del título del disco. ¿Cómo se te ocurrió? -puse los ojos en blanco. Maldito Álvaro.
-El nombre lo elegimos mi mánager y yo. Es una elección difícil porque debe llamar. Debe entrar por la retina, o los oídos. Hay que pensar mucho en el marketing. Tenemos que conseguir que alguien que entre en una tienda lea el disco y sienta curiosidad por él. Mari, mi representante, tiene estudios sobre publicidad, así que no fue nada complicado. Creemos que resume de una manera elegante todas las canciones del disco.
-La verdad es que es muy original. Bueno, sigamos. -apuntó algo en su cuaderno. -Nos viene una pregunta de aquí mismo, de Madrid. Carla pregunta si contrataréis… -rió antes de leer. -una orquesta para vuestra boda, o cantarán los invitados. O vosotras mismas. -carcajeé.
-Eso no puedo responderle. Manda la suegra. -reí con el resto, al darme cuenta de lo que había dicho. Seguro que ahora vendrían más preguntas sobre esto… Y antes de que lo pensara… empezaron.
-¿Cómo que manda la suegra?
-Ella y mi madre están organizando nuestro enlace. -expliqué. -les hacía mucha ilusión…
-Oh, me imagino que es un gran detalle. Estaréis hasta arriba de trabajo.
-Pues sí. Es un lujazo. -sonreí.
-¿Te llevas bien con doña Pepi? -lo sabía.
-Ofú. -bromeé. Rieron de nuevo. Qué les encantaba un cotilleo. -tiene mucho carácter. -volvieron a carcajear. -Nah. -intervine desairada. -me llevo muy bien con ella y con toda la familia. Los quiero mucho a todos. Les mando un saludo y un beso muy grande desde aquí.
-Mira, hablando de Malú, tenemos una pregunta sobre ella.
-A ver… -ya tardaban en sacar el tema.
-Sonia, de Mérida, quiere saber si tu chica piensa sacar disco pronto. Sinceramente, yo necesito oír algo nuevo también. -se había tomado demasiado tiempo sin sacar nada nuevo. Era normal. Pero también se merecía un descanso. Llevaba un ritmo inhumano de vida.
-Pues no os preocupéis porque muy prontito se va a poner en marcha. Ella también está loca por volver a la carga.
-Claro, imagino que te verá a ti con tu disquito nuevo y le entrará el gusanillo. -reí asintiendo.
La entrevista continuó desvelando y comentando los temas uno por uno. Elegí aquella cadena por eso mismo. Adoraba analizar cada canción y dejarle claro al público las intenciones que tenía cada una de ellas. El significado.
Salí por la puerta eufórica. Mis ganas de leer los comentarios sobre el CD eran tales que no pude esperar a llegar al coche. Fui leyéndolos mientras Mari me guiaba por los pasillos.
-Papelera. -me advirtió. Pero me la comí. -¡mucho disco mucho disco, pero eres más idiota que…!
-Gracias… estoy bien. -hice una mueca. Todos parecían contentos con los temas. Aunque también había desagrado por parte de otras personas. Para gustos los colores, dicen.
Conducimos con la velocidad típica de Mari por las calles agitadas de Madrid hasta llegar a la cafetería del Corte Inglés. Allí ya estaba el equipo de seguridad, las vallas, y algunos de mis seguidores en la cola.
-Espera. -le pedí. Quería pasar a saludarles.

-No estarás pensando en… -corrí hacia ellos. Los escoltas que vigilaban la cola y el recinto donde tenía que subir para firmar se pusieron muy nerviosos. Les pedí que se relajaran. Todo controlado.
-¡¡¡MARINA!!! -chilló una fan alocada.
-¡Hola chicos! -anduve por la cola agradeciéndoles el cariño y el apoyo que me daban día a día.
-Esta niña está loca…de verdad. -oí a mi mánager hablando con el máximo responsable de la firma. -la próxima vez la traigo con correa. Una joven con la cara pintada con mi nombre me agarró el brazo fuertemente. En seguida, uno de los de seguridad se acercó a llamarle la atención.
-¡Cómo te admiro! -gritaba. Observé durante aquella visita express y sorpresa la diferencia entre la firma de ahora con la del anterior disco. Más gente, más locura.
-Por favor, vuelve atrás. -me dijo. Di un salto y me despedí con la mano al resto.
-Ya te vale. -me dio una cachetada en el trasero.
-¿Qué? -me reí. -vamos a comer, anda. -al fin a llenar mi estómago. La jornada intensiva de promoción había sido agotadora. Lo peor es que no había acabado…
Me quedé sentada en la mesa mientras Mari pedía la comida. Le di vueltas al smartphone. Estaba tardando más de la cuenta. De repente, y sin yo esperármelo, una chica se me sentó a mi lado.
-¿Hola? -me quedé pillada.
-¡¡Hola guapa!! -me puso ojitos. Era la primera vez que la veía, pero algo en su cara me sonaba. Cómo si la hubiese visto antes.
-¿Nos conocemos? -le pregunté extrañada. Se me acercó. Quizás demasiado, entrelazando su brazo con el mío. Me dio un beso, pegando extremadamente sus labios en mi mejilla. Pulsó mi rodilla, lo que me provocó una carcajada. Moví la silla hacia el lado contrario para despegarme.
-Solo quiero un autógrafo. -dijo inocente. Un cambio que me chocó.
-Vale… -me dio un boli. Cogí una servilleta y le di lo que quería. Después de eso, se marchó como si nada. Qué situación tan extraña…
-¡¡Listo!! -mi representante se sentó frente a mí con la bandeja. No dudé en contarle lo ocurrido. -últimamente hay mucha loca suelta… no te asustes.  -si ella lo decía…
Y por fin, a las 5 y media, comenzó el espectáculo. Antes que nada, toqué el estribillo de algunas canciones. Me senté en el filo de la plataforma con mi inseparable guitarra y les regalé un pequeño acústico. Los aplausos se sucedieron hasta quedar sentada en el banquete. Me apoyé un poco y dejé los pies en el suelo. Echaba de menos el contacto directo con mis seguidores. Era vital para sentir que tu música valía, que hacía feliz, que significaba tanto para ellos como para mí. Abrazos, fotos, firmas. Muchas firmas. Esta noche tocaría meter la mano en hielo.
Me encontraba totalmente concentrada en despedir a uno de los asistentes, cuando oí una voz familiar. Giré la cara y no me lo pude creer. Los silbidos rompieron los murmullos.
-¡Malú! -me quedé atontada mirándola. ¿Cómo se le había ocurrido?
-Yo también tengo derecho a una foto y una firma. -sonrió. La abracé. Me besó. Para qué lo hizo. Se desató la locura. -no es por nada, pero somos la pareja del momento. -rió en mi oreja. Llevó la broma a los extremos, puesto que se hizo la foto e insistió en que le firmara el álbum. Yo no podía parar de reír. Me había sacado los colores. -ay, se me olvidaba. -sacó un ramo de flores de su espalda. -no es justo que siempre seas tú la que regale flores.

miércoles, 27 de agosto de 2014

T2. Capítulo 10. QUÉ ESPERABAS.

Era una oportunidad buenísima para descubrir más sobre ella. Úrsula nos había invitado a su casa, una cena de doble pareja, decía. Vaya encuentro raro. Dos ex y sus respectivas novias. Todo muy normal.
-A ver qué nos encontramos. -dejó caer en el aire Malú, mientras se vestía formalmente.
-¿Por qué tan guapa? O sea, no. -se rió. -¿Y AHORA QUÉ ME PONGO YO?
-Cariño, relájate. -me pidió entre risas. -ponte este vestidito, anda. -lo miré. Torcí el gesto. -¿éste? -señaló otro. -sonreí. -puedes hablar, ¿sabes?
-Las palabras se las lleva el viento.
-Y tú te llevarás las hostias si no estás lista en cinco minutos.
-Y besos también, ¿no? -le puse morritos. Puso los ojos en blanco y se encerró en el baño. -oye, no me dejes así. -oí una carcajada. A veces era demasiado mala conmigo.

Subimos al coche y conducimos hasta Torrejón, donde cenaríamos. No estaba ni lejos ni cerca, 40 minutos. Lo que solía durar un álbum. Perfecto. Malú introdujo el nuevo CD de un grupo novato.
-Son buenos. -opinó. Yo seguí bailando la canción con la cabeza. -tienen madera, ¿no?
-De roble, mínimo. -soltó una risa ahogada. Era la única que me reía los chistes malos.
Llegamos al piso antes de las nueve, la hora de quedada. Orgullosas de nuestra puntualidad, llamamos al porterillo. Algo mugriento.
-¿Sí? -era la voz de Vanesa. Nos abrió y entramos al portal. Enseguida entramos en el ascensor. Las luces temblaban y algunas teclas estaban pintadas.
-Madre mía… -suspiré. -da miedito.
-Parece que ahora va a aparecer Freddy Krueger… -reí al oírla. Pero no, no estaba el terror personificado del cine. Estaban las dos chicas y la puerta C abierta.
-¡Bienvenidas a mi paraíso! -exclamó alzando las manos. Malú y yo nos miramos incrédulas. Úrsula era un personaje. Mi chica se acercó a mí y susurró muy bajito: "tal y cómo me habías descrito". Sonreí. Nos saludaron muy cordialmente y nos invitaron a pasar. Nada más entrar había un espejo, algo oxidado por los bordes. A la izquierda, una cocina algo pequeña. Tenía lo básico. Tras una puerta se encontraba el salón-comedor. Las paredes eran amarillas y el suelo de mármol. Una mesa de madera muy clarita, rodeada por seis sillas, tomaba el nombre de "comedor". Sin ningún separador, estaba ya el salón. Dos sofás tapizados de leopardo y cojines a rayas. Una mesa en el medio, y debajo, una alfombra de lunares que parecía no tener nada que ver. Un televisor plasma con el plástico aún puesto descansaba sobre un pequeño mueble, que aguantaba como podía cientos de marcos de fotos. Sus dos pequeños interrumpieron la visita guiada.
-¡Hola! -saludó el mayor. -Yo soy Joselu, y mi hermana es Ana Belén. La pequeña se escondía tras él. Era morena, con los ojos muy claros. No sabría decir si eran azules o grises. Su hermano, sin embargo, era pelirrojo, con las mejillas llenas de pecas. Jamás diría que Úrsula era su madre. Malú en seguida se hizo amiga de ellos. Tenía un don para los peques. -ven, te voy a enseñar nuestro cuarto. La madre nos sonrió y nos dijo que fuéramos con ellos. Ellas dos se quedaron allí.
-¡¡Menuda habitación tenéis!! -exclamó. -¡tenéis un hámster! -observó a aquella especie de ratón dando vueltas sin parar en una rueda.
-Se llama gordinfón, porque come mucho. -dijo con voz muy aguda la niña. Reímos. Era muy mona, Vanesa tenía razón.
-¿Os gustan los animales? -les preguntó.
-¡Nos encantan! Pero mi mami no nos deja tener un perro… -intervino el chico.
-Vaya, yo tengo muchos. -respondió mi prometida, enseñándoles fotos de su "zoo".
-¡¡Qué bonitos!! -estaban locos con Malú. -oye, ¿podremos jugar luego a La Voz? -reímos. Ella asintió. Sabía que lo haría. Vane y su novia nos llamaron. La cena estaba lista. Al parecer, los chiquillos ya habían comido. El plan de su madre era acostarlos en cuanto llegáramos, pero ese plan era difícil de realizar, así que los dejó correteando alrededor nuestra.
-¡Dejadlas comer, eh! -les regañó, al ver que ya se acercaban.
-Mami, luego vamos a jugar a La Voz. -dijo la nena.
-No, vais a dormir. Dejar de molestarlas ya que no van a querer venir más.
-Tranquila, no es ninguna molestia. -sonrió. -me gustan mucho los niños.
-Sí, a mi también. -añadí.
-Oh, ¿pensáis adoptar, o algo? -preguntó.
-Algo haremos, sí. -reí. Ya lo habíamos comentado antes y cada vez teníamos más ganas de ampliar la familia.
Úrsula y Vanesa parecían ya una pareja completamente formal. Se llevaba muy bien con sus hijos, incluso la llamaban mamá. Por lo que descarté la idea de que la cuarentona buscara divertirse. No creo que quisiera hacerle ese daño a sus propios descendientes.
Después de la larga cena, nos invitaron a ver la tele con unos mojitos.
-La tele es super nueva. -dijo ella. -¡me la ha regalado mi Vane! -la besó. Mi ex sonrió ligeramente.
El hombrecito de la casa se acercó al vaso de su madre y le dio un sorbo.
-¡JOSELU! -chilló ella, provocando nuestras risas. -¿borracho con 8 años? -el niño salió corriendo sin parar de reírse.
-Malú, Malú, Malú, Malú, Malú, Malú… -la niña tiraba de su vestido.
-¡Dime! -respondió sobresaltada, soltando el vaso cargado de hierbabuena en la mesilla.
-¿Vamos a jugar? -por fin perdió la vergüenza. Era muy reservada, apenas había dicho unas dos o tres palabras en la noche.
-¡Niña, deja a María Lucía! -le gritó.
-¡Uy, no me llames así!
-Perdón, perdón. -se disculpó.
-María Lucía se llama mi amiga. -se movía sobre sí misma la peque. Mientras nosotras comentábamos el programa de moda… los niños movían y movían cosas entre la mesa donde comimos y el sofá.
-¡¡¡LISTO!!! -gritó el mayor, agarrando el mando de la tele. La apagó.
-¡Niño! -exclamó la madre.
-Malú, ven. -la agarró de la mano y la levantó del asiento.
-¡Queréis dejarla ya! -parecía apurada. La llevaron hasta una silla de escritorio, de esas que tienen 5 ruedas. Le dieron la vuelta.
-¡Yo también quiero jugar! -chillé. Me trajo otra y me puso a su lado, también de espaldas.
-¿Pero qué hacéis…? -preguntó sin tener ni idea Vanesa. Apagaron las luces y escuché el golpeo de una guitarra muy desafinada. Luego, la dulce y nerviosa voz de la niña. -ya os vale.
Malú se giraba, agarrándose a mí, a otra silla, y moviendo los pies en el suelo. Le costó la vida girarse.
-Prefiero el botón… -suspiró. Luego me giré yo, haciendo mil y una gilipolleces. El chico estaba sentado sobre una especie de caja, con una guitarra española de juguete que le estaba muy pequeña. Su hermana al lado, con un micro rosa entre las manos. Joselu se levantó nervioso, tiró su "instrumento" al sofá y se puso corriendo una corbata.
-¡¡La corbata de los domingos no!! -Úrsula estaba desesperada.
-¡Parece que hay dos coaches que quieren a Ana Belén! -gritó al puro estilo Jesús Vázquez. Yo estaba muerta de la risa.
Aquella noche me di cuenta que sí, que eran una familia completamente normal. Que a veces las apariencias engañan, y aunque tengan un sofá de leopardo, son buenas personas. Que aunque la luz del ascensor esté estropeada, la sonrisa de dos niños pueden iluminar un hogar. Y sí, Vanesa podría ser feliz con ella. Y no solo eso, también podrían ser nuestras mejores amigas. Aquellos dos retoños fruto de una relación cortada por la muerte eran pura vida. Eran especiales. Como también descubrí que Vanesa había estado faltando al trabajo porque se quedaba con los niños, ya que Úrsula tuvo varias citas en el médico.
Antes de salir del piso, nos despedimos de los dos pequeños, completamente agotados tras jugar con nosotras al programa de televisión donde conocí a Malú.
-Cuando queráis venís a mi casa y jugamos otra vez. -cogió en brazos a Ana Belén.
-Sí, quiero conocer a "Dranka". -dijo torpemente.
-Danka, idiota. -le corrigió su hermano. La madre le dio un chancletazo en el trasero como castigo.
-¡NO DIGAS PALABROTAS!
-No he dicho palabrota, he dicho idiota. -se llevó otro.
-¡¡NO ME VACILES!!
Nada más salir de allí, mandé dos mensajes con diferentes destinatarios. El primero a Vanesa. Se merecía una disculpa… Y otro a Natalia, en el que le aseguraba que no tenía por qué preocuparse.
-Parecen una familia completamente normal… -dije, arrancando el coche.

-¿Y qué esperabas? 

sábado, 23 de agosto de 2014

T2. Capítulo 9. INÚTILMENTE.

Mi dedo se movió ágil por las infinitas pantallas del teléfono, buscando el botón de llamadas. Solo veía aplicaciones y aplicaciones que inútilmente usaba. No sé cuántas veces pasé por la misma pestaña. El menú me volvía loca. Entonces recordé que lo tenía también en la página de inicio. Me hubiera venido bien un buen golpe en la cabeza en ese instante. La tecnología nos vuelve tontos.
-¿Qué ocurre Natalia? -pregunté. Sollozaba. -Eh, ¿qué ha pasado?
-Vanesa es lo que pasa. -y dicho esto, se perdió en un mar de lágrimas. Lloraba a través de la línea mientras se disculpaba una y otra vez. Decidí quedarme en silencio y esperar a que lo soltase todo. Tragué saliva y bebí un poco de agua. Comenzaba a asustarme, aunque ya lo estaba viendo venir…
-Siento que tengas que aguantar esto, pero llevo cargando mucho tiempo y es la primera vez que me desahogo. -la oí suspirar. -sabes que Pedro no es muy cariñoso. -reí al recordar lo despegado que era. Iba a su bola.
-Sí, ya.
-Lo hablé con él y me dijo que no me tomara las cosas tan a pecho. ¡Oh! ¡Cómo para tomárselo a risa! ¡Siempre tan calmado! -se me escaparon unas carcajadas.
-Bueno, cuéntame. -me acomodé en el sofá, sosteniéndolo con el hombro. Tal y como preveía. El tema que le preocupaba era el mismo que el mío. Nos íbamos a poder apoyar mutuamente. Vanesa y su nueva amiga. Es duro hacerte a la idea de que la persona que imaginaste que no estaría con otra persona que no fueras tú, encuentre de repente alguien. Eso lo sabía. Había estado años pensando que lo nuestro no tendría fin, como cualquier loco enamorado a esa edad. Y parecía que ella también lo sentía. La verdad es que nuestro desenlace fue rápido. Igual que un carnicero corta un trozo de solomillo. Un corte seco. De raíz. Aunque luego diera unas cuantas vueltas, todo sucedió de forma acelerada. Pero si su propia tía estaba inquieta por su romance repentino, no eran pájaros míos. Era real.
-Que a mí, que tenga esa edad, pues mira, me asusta un poco y no creo que sea bueno, porque ella está acercándose a los treinta, y si se une a Úrsula, pues vivirá como si tuviese cuarenta. Las cosas como son... -al fin se calmó. -pero si mi sobrina quiere eso, pues ala. Yo no voy a impedirle nada por la edad. Es mayorcita para darse cuenta de lo que pasa.
-Si te entiendo, pero que Vanesa está ciegamente enamorada, y por muy madura que sea…
-Ya, ya… -suspiró. -me entendió antes de que me explicara. Era una de las mejores cosas de Natalia. Hablar con ella era tan fácil como sacarle punta a un lápiz. -es que, a ver, puede estar saliendo con la mujer ésta, pero no abandonarnos por completo. Pasa de nosotros, de nuestros consejos.
-¿Y lo de que la ha encontrado por internet…?
-Eso me cabrea mucho, ya le rogamos que no se registrara en una página de citas, si quería conocer gente por la red que lo hiciera en twitter, o en sitios así. No directamente a ligar…
-No conseguiré comprender las webs de citas online… nunca. -confesé.-Porque simplemente es todo tan… superficial. Cuelgas un perfil, una foto, y dices lo que buscas. Alguien que cree ser esa persona ideal que quieres te habla de repente, y surge el amor. ¿Cómo puede surgir el amor? ¿Se le puede llamar así? No lo entiendo. Es como crear el amor, forzarlo. No me gusta.  
-Tú siempre tan ñoña. -replicó. -pero tienes toda la razón. -reí. -¿qué crees que podemos hacer…?
-Nada… Esperar. También puede ser que nos equivoquemos y esa Úrsula sea buena para Vane.
-Mh… -no parecía de acuerdo conmigo. Oí el rugir de un coche, y poco después, el sonido de unas llaves hasta encontrarse con la cerradura. La puerta cedió. Allí estaba ella, con una pequeña sonrisa, y muerta. Completamente muerta. Vino cojeando hasta tirarse a mi lado en el sofá. Me besó, se tumbó, y dejó caer su cabeza en mi pierna. Acaricié su pelo. Estaba húmedo.
-¿Ha llovido? -susurré.
-No, es de la espuma. -dijo. -¿con quién hablas?
-Natalia. -volví a decir bajito.
-Oye, Marina, ¿hablamos en otro momento? Han llegado dos mesas y para variar, Vanesa no está aquí.
-Vale, tranquila. Buenas noches, que vaya bien. -me despedí y colgué tras escuchar su contestación. -Ya está cie… -la miré. Estaba dormida. Solté una carcajada. ¿Cuánto había tardado en sobarse? Era peor que un niño pequeño. Me agarró la mano fuertemente, girándose. Respiré hondo y eché mi cabeza en el sofá. Cerré los ojos.
-Cari, ¿te has dormido? -se desveló a los cinco minutos.
-La que se ha dormido has sido tú. -carcajeé. -anda, vamos a la cama antes de que te vuelvas al mundo de los sueños. -tal y como estaba sobre mí, pasé mi mano por debajo de sus dos piernas y me levanté. La llevé en brazos hasta el dormitorio. -te pesa el culito. -dije casi ahogada. No es que pesara una tonelada, pero su peso y el mío estaban más o menos igualados.
-Perfecto. -suspiró al encontrarse el colchón bajo su cuerpo. Se giró hacia su derecha y cerró sus párpados.
-¿No piensas ponerte el pijama? -le pregunté, acurrucándome a su lado. Pero no me contestó. Su boca se entreabrió, pero no recibí respuesta. Reí. Qué frágil parecía así.

Apenas hacía unas horas que el sol había aparecido, cuando unos gritos nos despertaron. No eran de terror, ni de amenaza. Eran gritos tan agudos que taladraban el subconsciente. Cargados de energía que nosotras no teníamos. Abrieron la puerta del dormitorio bestialmente.
-¡¡Todavía así!! ¡Hay que ver estas niñas!
-Ay, bueno, tampoco es tan tarde…
-¿A quién se le ocurre darle las llaves a tu madre…? -le susurré.
-Eso digo yo… -bostezó, escondiéndose bajo las sábanas. Mi progenitora acompañaba a la suya. Se acercó y se sentó en el borde de la cama. Mi cabeza seguía bajo la almohada.
-Hoy os vamos a llevar a los restaurantes que hemos pensado para la boda. -me acarició el pelo que descansaba sobre mi espalda. Todo enredado.
-¡¡Pero María Lucía Sánchez!! ¡¡Sal de ahí abajo ya que no tienes 3 años!! -chillaba.
-Mamá… te odio. -dijo en un susurro que solo yo oí, pues Pepi seguía pegando gritos sin ton ni son. Salí de mi escondite y mi madre me dio un beso en la mejilla. En el espejo del armario vi que había dejado la marca, como siempre. Ambas se acercaron a éste. Lo abrieron y empezaron a opinar sobre nuestras prendas del día a día. Me dirigí a mi chica. Quité la sábana poco a poco y le sonreí. Me contestó con una plena sonrisa que abarcaba todo su rostro. Le di un pequeño beso.
-Buenos días cariño. -le dije.
-Así si me levanto. -alzó la voz para que la oyera Pepi. La miró de reojo. Nos reímos. Se tiró sobre mí, rodeando mi cuello.
-Por favor. Mira que son empalagosas. -bufó su madre. Cambiamos el ruido de sus gritos por nuestras carcajadas.
-¿Pero a ti qué te pasa hoy? -la miró mi madre.
-Nada, nada, que hay una boda que preparar. -parecía algo agobiada con el tema.
-Relájate mamá, aún ni si quiera tenemos fecha. Tienes todo el tiempo del mundo para organizarte. -la abrazó tiernamente por detrás.
Mi madre, al ver que Pepi iba a organizar la ceremonia, no quiso quedarse atrás. Se interpuso y aseguró que deseaba prepararla con ella. Decía que lo necesitaba. Era una forma de "recuperar el tiempo perdido". Se sentía mal por haber estado tantos años sin mí. Por dejarme abandonada, prácticamente. Por todo lo que me había hecho pasar. Y si eso le hacía sentir mejor, adelante. Se trasladó a Madrid, al piso de mis suegros. Vaya tres juntos…
-¿VAIS A BAJAR HOY O MAÑANA? -no podía faltar el inigualable José de Lucía.
-Mañana si eso. -bromeé, asomándome  por la barandilla del pasillo.
-¡¡CUÑI!! -ya empezaba.
-Marina, ponte esto. -me señaló una ropa mi madre.
-Mh, no pega. -opiné. -con esta camiseta mejor. -saqué una en tonos verdes.
-¿Desde cuándo sabes tú tanto de moda? -me preguntó ingenua. -si de pequeña te ponías pantalones rojos con zapatos rosas… -me reí. Qué hortera era.
-Para eso tengo una estilista, mamá. -se le enterneció el gesto. No conseguía acostumbrarse a esa palabra.
Nos subimos al coche de José y recorrimos medio Madrid. Visitamos a lo largo del día unos catorce restaurantes. Probando diferentes menús en cada uno de ellos.
-Mira, yo ya no puedo más. -dije dando tumbos hacia el vehículo.
-¡Aún nos faltan dos! -exclamó Pepi mirando el mapa que ella misma se había currado. Se estaba tomando esto muy en serio.
-¡Qué blanda eres! -José me dio una palmetada en la espalda que casi me hace devolver todo lo devorado. Hice un gesto de arcada. -¡Tía! -rió.
-Mongolo, que me quedo sin novia. -lo insultó su hermana.
Y sí, seguimos yendo a más, a pesar de mi fatiga y malestar. No estaba acostumbrada a comer tanta cantidad. Aunque solo probáramos un poco de cada, fueron catorce. CATORCE. Catorce poquitos suman un "muchito". El quinceavo recinto pintaba bien. Un jardín nos recibía. En él había una fuente, imitando a la famosa italiana "fonte de trevi". Una enorme puerta, parecida a la de un castillo, daba paso al salón. Era muy amplio. Al final de éste había un escenario bastante grande para ser un restaurante. Había un centenar de mesas redondas, y una larga a la izquierda. A la derecha había otra impactante puerta que daba a un patio. Pequeñas fuentes decoraban los laterales. Había un bar al final de éste. "La barra libre que no puede faltar en una boda", dijo el encargado.
-Me encanta este sitio. -Malú pensaba como yo. Nos sirvieron tres menús. Podíamos intercambiar los platos y combinarlos como quisiéramos. O elegir uno de ellos.
-Qué aproveche, cuñadita. -le devolví una mirada cargada de odio. -sabes que te amo.

-Lo sé, lo sé…

martes, 19 de agosto de 2014

T2. Capítulo 8. GUÁRDATE.

El despertador fue como un auténtico taladro en mi cabeza. Me dolían todos los huesos de mi cuerpo. Malú dio un manotazo en seco y consiguió apagarlo.
-¿Cuándo compraremos uno mejor…? -pregunté, dándome la vuelta y quedando boca abajo.
-¿Qué haces que no estás en pijama? -se incorporó hasta quedar sentada.
-Pues… anoche vino Vane, estuvimos hablando sobre Úrsula.
-¿Qué? -parecía molesta. -oh, gracias por avisarme.
-Joder, perdona. -me disculpé, sin llegar a entender su enfado.
-¿A ti te parecería normal que me levantara sin decirte nada y me fuera por ahí con mi ex?
-No saques las cosas de contexto. Sabes perfectamente que no hay nada.
-Da igual que no haya nada, ni que sea tu ex. Me importa un carajo. -se cabreó. -lo que me molesta es que me mientas.
-No te he mentido. -me levanté de la cama. -me mandó el mensaje cuando ya estabas dormida. No quise despertarte.
-Oh, qué cortés. -dijo con ironía, haciéndose camino hasta el baño.
-Esa tía me da mala espina. Tenía que saber más cosas.
-No podías esperar, ¿verdad? -se peinaba. Yo la miraba desde la puerta.
-Te lo digo en serio, me da mal rollo. Tenía que hablar con Vanesa. -intenté buscar la manera de que me entendiera. Pero cuando se enfadaba era imposible llevarle la contraria. Se quedó muda. Bajé para hacerle el desayuno, a ver si así se calmaba, aunque fuese un poco.
-Mh, huele muy bien. -dijo al bajar las escaleras. Le había calentado unos croissants, le había tostado dos trozos de pan. Un café daba vueltas en el microondas y unas naranjas eran exprimidas con el calor de mi mano. -vaya banquete. ¿Desayuno de disculpas? -sonrió. Me mostré indiferente. Ella rió.
-La conoció por una página web, ¿vale? -carcajeó. -no me hace gracia. Malú, tú no la has visto.
-Qué intriga, mujer. -dijo, devorando la comida. Se había levantado con hambre. -a ver si es que te da coraje que Vanesa haya encontrado…
-¡No! -la corté. -no es eso. -se asustó.
-Vale, vale. Tranquila…
-Tiene dos hijos y su marido murió solo hace unos meses. Hay algo raro en esta historia. -observé.
-Cariño, la vida es así. -se limitó a decirme. -no porque haya muerto tiene que estar torturándose el resto de sus días. Quizás solo quiere olvidarse de aquello buscando a otra persona.
-Sí… bueno… Pero, Vane es solo una cría para ella. Podría haber buscado alguien más maduro teniendo en cuenta que tiene dos enanos. No sé, un poco de cabeza.
-Cada uno se organiza su vida como puede. Si le gustó, pues… ya está. Además, lo mismo no busca nada serio. Solo alguien con quién divertirse.
-Eso me preocupa. Vanesa está enchochada, va más allá. ¿Y si es lo que dices? ¿Y si solo quiere… divertirse?
-No te tortures, no es asunto nuestro. -me acarició la mano.
-Ya, pero sabes perfectamente que…
-Que quieres mucho a Vane, que vivisteis muchas cosas… -concluyó. Sonreí. Me alegraba de que lo entendiera. -¿tú le has dado tu opinión, no? ¿Sabe todo esto que me has contado?
-Sí. Se lo advertí anoche.
-Pues ya está, no te metas más. Lo que tenga que pasar, pasará. Tú ya has hecho suficiente. -me besó en los labios. -gracias por el desayuno, me tengo que ir ya.
-Que sea leve. -le dije.
-¡¡Intensas audiciones a ciegas!! -levantó el brazo mientras cerraba la puerta. Me sacó una sonrisa. Estaba loca por ella. Me senté en la terraza a esperar el amanecer con una taza de café. Nunca me había gustado su sabor, pero lo tomaba. Lo necesitaba para mi tensión baja. Si una mañana me faltaba, comenzaría a ver chiribitas en nada. Moví rápidamente la cuchara, se formó una especie de tornado en el interior del recipiente. Dejé de hacerlo y el café se tranquilizó. Después de la tormenta siempre llegaba la calma.
Al fin los rayos de sol aparecieron tímidamente. Como cuando alguien entra en un ascensor lleno de gente. El cielo se impregnó de color. Nuestra estrella solar iluminaba el planeta. Me pregunté cómo viviríamos sin luz. Sería imposible. Todo el día a oscuras… Para empezar, las plantas se extinguirían, por lo que los animales morirían y nosotros no tendríamos alimento. Quizás la ciencia inventara comida cosechada en probetas en sus magníficos y perfectos laboratorios. Nuestro sueldo se basaría en pagar luz, eso sí. ¿Y la vitamina que nos da? ¿Y el buen humor que nos aporta? ¿Y el color de nuestra piel? Estaba claro que la presencia de nuestro sol era tan importante como respirar.
Y mientras yo filosofaba sobre la existencia del mayor astro, mi discográfica empezaba a buscar el fotógrafo de mi disco. No tardaron nada. Tenían tantas personas allí trabajando que daba gusto. Mari llamó a eso de las 9 dándome la noticia con sus particulares voces.
-¡Fantástico! -exclamé yo. -¿cuándo se harán? -quise saber.
-Miércoles a las 7. -me informó. -tiene una idea muy buena, te gustará. A mi desde luego," ma´  encantao".
-No lo dudo. -sonreí. Mi segundo disco estaba ya a fuego lento. Tomando la consistencia y la forma perfecta. Quería que superara con creces a mi primer trabajo. No tenía nada que ver con el anterior. Mientras que el primero lo compuse con todo el tiempo del mundo, con mis ratos en el parque, con anteriores canciones, el segundo estaba escrito con la presión de lo mucho que había gustado el anterior, con las fechas que frenaban mi creatividad y con la expectación de miles de personas que confiaban en mí plenamente.  Esperaba conseguir más premios, ya que con el otro solo había podido optar a "cantante revelación", y cosas por el estilo. Estaba limitada a que era solo un experimento, al menos así lo veía yo. Un producto nuevo.
Últimamente no había parado. Viajaba a la discográfica casi todos los días, el disco ya tenía una fecha de lanzamiento, según Paula, IRREMPLAZABLE. La enorme palabra en sí daba miedo. Así que trabajábamos a contrarreloj, evitando posibles problemas que nos retrasaran. El nivel de estrés en mi cuerpo rebozaba los límites. Tenía miedo de hacerlo mal al estar tan presionada. Temía que la rapidez se cargara el proyecto. Por eso, en mi día de descanso, decidí apartarme de todo lo que tuviese que ver con el CD. Necesitaba tiempo para mí, relajación, un poco de descanso antes de pasar a la parte más complicada del trabajo para poder dar todo de mí.
Me senté en mi cómodo sofá y enchufé la consola. Hacía tanto tiempo que no jugaba que me resultó raro hasta el tacto del mando. Las letras de la compañía de videojuegos más famosa desde años aparecieron en la pantalla como un destello fugaz. Sonreí. No sabía que se podría echar tanto de menos esto. Me encontraba liquidando la primera tanda de zombies cuando mi móvil recibió un mensaje instantáneo. Pausé la partida a mi pesar y miré, rechazando mi subconsciente más viciado, que me gritaba: "Es tu día de descanso".
-¿He oído que hoy tienes libre? -preguntó Li. Le contesté "sí". Estaba en línea, así que esperé a que me contestase antes de seguir con el juego. -en media hora estamos allí.
-Estoy viciándome a la play, pero venid igual. Aunque no soltaré el mando. -añadí un icono divertido.
-Pues ve añadiendo dos más. -me gustó esa respuesta. No tardaron en llegar, ni siquiera fueron veinte minutos completos. Les abrí la puerta y les invité a pasar.
-¿Cómo están los preñados? -pregunté. Li me miró de reojo. Su peque ya llevaba dos meses ahí dentro.
-No he vomitado tanto en mi vida. -resumió. Reí y me senté con ellos en el sofá. Pablo se tomó la libertad de coger dos mandos y conectarlos.
-¿Guardo partida? -asentí con la cabeza. Vi cómo salía al menú y ponía el modo multijugador. Les ofrecí unas bebidas y un aperitivo y comenzamos a tirotear sin piedad. Era gracioso ver a una embarazada jugando a aquel juego tan bestial. Lidia era de otra talla. Sería una madre genial. Ya me la imaginaba paseando con su carrito y el bebé. Otro mensaje aterrizó en mi móvil. Le eché un vistazo rápidamente, sin perder de vista al zombie moribundo que me seguía.
-¿Aprovechas el día libre para venirte de compras? Busquemos fondos de armario. -Isa, mi estilista. Solté un bufido.
-¿Qué pasa? -preguntó López, fundiendo el botón X.
-Mi estilista quiere salir a buscar fondos de armario.
-Odio los fondos de armario. -dijo tremendamente asqueado. -¿quién es? -se interesó.
-Isabel Coronel. -le di el nombre. -es la mujer de Orozco. -añadí.
-Ah, sí. Oye esa chica es muy buena. -opinó.
-¿Qué sabrás tú? -intervino Lidia. Le costaba hablar cuando estaba concentrada.
-Nadie está celoso. -bromeé. Mi smartphone volvió a vibrar. "Sé que estás ahí. Para algo sirve el "en línea"". "Responde". Bloqueé la pantalla y lo tiré en el sofá.
-No está bien ignorar a tus trabajadores. -sonrió torcido el malagueño.
-Cállate. -dije. -es mi día libre, joder. -rieron estruendosamente.
-Sí que lo necesitabas…
-Llevo trabajando sin parar desde… pf… -resoplé. Después de unas dos horas, sonó el timbre. Bufé. Ellos volvieron a reír. Activaron el pausa y me levanté hacia la puerta. Oí unos besos, se estaban dando amor en mi sofá. Abrí de golpe y volví a cerrar al ver que era Isa.
-¡ABRE! -aporreó la puerta. Los chicos se sobresaltaron y giraron la cabeza hacia la entrada de la casa, donde estaba yo dándome golpes contra la puerta. Giré el pomo. -¡Hola! -saludó, como si no hubiese pasado nada. Entró cargada de cosas en el brazo. -mira, te he comprado todo esto. Como no te has dignado a contestar, he elegido por ti. -miré al techo desesperada. -¿estás bien? -negué con la cabeza.
-¿Entiendes que era mi día de relax? -no contestó.
-Ya me voy. -se cabreó.
-Oye, no te pongas así. -tiré de su brazo.
-Si te he dicho de ir a buscar ropa hoy es por eso mismo. ¿Prefieres ir cuando estés hasta arriba? Esta carrera es sacrificio absoluto, y te lo digo porque lo sé mejor que nadie. Trabajo para vosotros y tengo un marido metido en esto. Yo misma sé lo duro que es no tener vida. -en parte tenía razón. Me disculpé.
-Quédate con nosotros, anda. -la invité.
-No, no. No quiero molestarte en tu día de descanso. -levantó las manos. Me fijé en que llevaba unas gafas de sol distintas. Siempre traía unas diferentes.
-¿Tienes toda la colección de gafas de sol de todo el planeta solar? -pregunté. Rió.

-Vale, me quedo.  -cogí el teléfono y pedí unas pizzas. 

En cuanto se fueron me puse a recoger la casa mientras escuchaba los mensajes del contestador. 
"No sé donde te metes, llevo toda la noche llamando, cuando puedas, por favor, avísame. Necesito tu ayuda de nuevo". 

jueves, 14 de agosto de 2014

T2. Capítulo 7. AHORA TÚ.

Me presenté aquel mismo día en el bar. Llevaba una camiseta de mangas cortas, la primera vez que la llevaba en el año. Los últimos días de marzo las temperaturas estaban relativamente altas. Apetecía ya cambiar el armario. Levanté mis gafas de sol hasta dejarlas sobre mi cabello. Los vaqueros me cubrían parte de mis zapatillas, yo y mi manía de comprarme siempre los pantalones grandes… Empujé la puerta y me adentré en el establecimiento.
-¡¡Buenas tardes!! -saludé casi en un grito, para que asomara la gente. El local estaba desierto. Solo había un par de hombres mayores jugando al dominó con un café, probablemente ya frío.
-¡Marina! -apareció Natalia quitando la cortina que separaba la cocina de la barra.
-¿Me pone usted un té bien frío? -sonreí, sentándome en uno de los taburetes.-siempre tan cómodos estos banquetes…
-Puedes dejarle uno a Malú para su siguiente gira. -bromeó.
-Esa ha sido buena. -reí. Me sirvió el té en esos vasos que había limpiado millones de veces. Miré a mi alrededor. Todo en mi cabeza se llenó de gente, y de una Marina cantando sus canciones sobre un tablao. Aquel lugar me traía tantos recuerdos…
-¿Cómo va todo? -me preguntó.
-Muy bien, la verdad. -sonreí. -parece que vivo en un sueño.
-Qué envidia… -suspiró ella.
-Bueno, la vida es un sube y baja. Tenemos momentos malos y otros… no tan malos. -reí. Me agarró la mano mientras que con la otra, yo movía la cuchara rozando los bordes del vidrio.
-Dime que traes buenas noticias. -dijo casi en una señal de socorro.
-Las traigo. -di unos golpes en la mesa, como un redoble de tambores. -mi videoclip se grabará aquí. -su cara cambió por completo. Se puso a saltar dando vueltas, como si su volviera a su infancia.
-¿Qué pasa aquí? -vi a Pedro con aquel cigarro siempre entre los dientes. -¡Marina!
-¿Qué tal? -me abrazó y todo el humo vino a parar a mi nariz. Con el asco que me daba. Intenté no respirar mucho.
-¡¡¡¡¡MARINA VA A RODAR SU VIDEOCLIP AQUÍ!!!! -fue lo único que pudo decir su esposa, emocionada. Entre una cosa y otra, pasé la tarde entera allí con ellos. Recordando viejos tiempos y poniéndonos al día. A eso de las ocho y media, mientras estaba en el cuarto de baño, llegó Vanesa. La oí reír exageradamente. Pero había otra risa que acompañaba a la suya. No reconocí su voz.
-¿Crees que estás son horas de llegar? -se enfadó su tío. -se supone que entras a las 5. -le recordó.
-Nunca hay nadie en el bar, ¿para qué voy a quedarme aquí? -eso les dolió mucho, seguro. Salí del servicio y vi a Vane agarrada del brazo de una mujer mucho mayor que ella. Era rubia, y una coleta recogía su fino cabello. Tenía los ojos repintados, como si nunca se quitara el maquillaje y lo volviera a poner día a día. Vestía  con ropa que no era de su edad, ropa de quinceañera fiestera.
-Hola Marina. -me saludó mi ex.
-Hola. -le di dos besos.
-Ésta es Úrsula. -me presentó. Le di dos besos. Tuve que toser. Se había echado un bote entero de colonia encima. Colonia barata, además.
-Uy, cuida la garganta chiquilla. -me dijo.
-Sí, es lo que me da de comer. -reí.
-Oye, ¿te quedas a cenar con nosotras? -propuso la cuarentona. Vanesa la miró algo extrañada. Me quedé pensando. Podía salir huyendo de allí con alguna escusa barata, o quedarme a cenar con mi ex y su nueva amiguita.
-Malú me está esperando para cenar… -me excusé.
-Ah, vale. -me echó una mirada un poco fría, me incomodó. -también podemos ir a vuestra casa. -escaquearme iba a ser más difícil de lo que pensaba.
-No creo que… verás… no hemos hecho nada. Otro día os aviso y preparamos algo guay.
-Llamamos al telepizza y listo. -volvió a insistir. Miré a Vanesa. Se rió y me entendió.
-Deja de insistir cariño, ya las vemos en otra ocasión. -aleluya.
-Bueno, yo me voy ya, encantada. -me despedí casi corriendo, antes de que la mujer volviera a proponer más planes. -Natalia, ya te llamo. -le guiñé el ojo. Ella asintió, pero parecía preocupada. Tenía el rostro decaído. Subí al coche y puse rumbo hacia mi hogar. No paraba de pensar en esa tal Úrsula. Algo en ella no me gustaba nada. Temía que fueran mis celos. Pero, ¿celos de qué? Ni yo me conocía. Sabía perfectamente que yo no la quería, pero también es verdad que vivimos demasiadas cosas juntas, y eso jamás lo olvidaré. Aunque me gritara a mi misma qué era lo que me pasaba, nunca me responderé. Tenía muchísimo miedo de que fueran celos. Porque si era eso, significaba que aún sentía algo por Vanesa.
"Volveré para cenar, he salido a pasear a los perros. Te quiero". Encontré esa nota encima de la mesa. Ahora tendría más tiempo para seguir martirizando mi cabeza. Intenté mantener mi mente en otra cosa, desviarla. Me cogí el portátil, lo puse en la barra de la cocina y busqué un tutorial de cocina. Tuve que escoger uno compatible con los alimentos de la nevera. Era demasiado tarde para hacer una visita al supermercado.
-¡¡Qué olores!! -dijo nada más entrar. Soltó a sus animales en el jardín y entró en casa. Traía los botines llenos de polvo y las mallas tenían huellas de perro.
-¿Has ha ido a la jungla? -pregunté entre risas. Se acercó y me besó.
-¿Qué cocinas? -levantó la olla. -¡solomillo al whisky! Me ducho y cenamos.

-Te ha salido genial. -opinó, mientras recogíamos la cocina. -¿vemos alguna basura en la tele?
-Te encanta… -reí. -vale. -me senté con ella a ver programas estúpidos que absorben tu cerebro, pero que son los que más audiencia tienen.
-Yo tengo un bombazo mucho mejor que esa gente. -dije para introducir el tema. Centró su mirada en mí. -Vane tiene novia.
-¿Qué Vane? -preguntó preocupada.
-Mi ex.
-¡¡Venga ya!! -me golpeó. Solté una carcajada.
-Lo mejor es el perfil de la chavala. Bueno, chavala…
-¡¡Cuenta!! -le expliqué lo del videoclip y que acudí al bar a dar la noticia en persona, la llegada de Vanesa con esa mujer, la impresión que me dio, y lo pesada que se puso. -¡Serás capulla! Tenías que haberla traído a casa.
-¿Pero qué? -me sorprendió su reacción.
-Joder, que yo también quiero cotillear. -reí.
-Eres una maruja. -dije sin dejar de reírme.
-No, no. "Maluja". -carcajeé aún más fuerte. -por lo que me dices parece un poco choni, ¿no?
-Un poco solo. -solté con ironía. Saqué el móvil y busqué a Vanesa en una red social. Quizás por ahí encontraríamos a Úrsula.
-Tiene nombre de mala, encima. -añadió, pegándose a mi cuerpo para mirar el móvil. Rió estruendosamente al ver una foto de las dos abrazadas. -parece su madre.
-No pegan nada.
-Bueno si les echamos una gotilla de pegamento… -bromeó.
-Silicona mínimo.   
-Ay, pues yo quiero conocerla.
-¿Controlarás esa risa? -no estaba segura de ello.
-Soy una actriz estupenda. -levantó las cejas y puso morritos.
-Creída.
-Tú. -me lo devolvió. La besé rápidamente, antes de que pudiera decir alguna gilipollez más. -me voy a la camita, ¿vienes?
-¿Ya? Solo son las once… -me hice la remolona.
-Me tengo que levantar a las cinco y media. -argumentó. -necesito estar despierta. -me dio las buenas noches y subió a nuestra habitación. Pasé unos minutos aburrida en el sofá. Los cotilleos me parecían aburridos si Malú no insultaba, así que apagué el televisor y fui a la cama.
-Sabía que me echarías de menos. -rió, sin abrir los ojos. La rodeé por detrás e intenté coger el sueño, cosa que veía más que imposible. Alargué mi brazo hasta alcanzar mi teléfono. Tenía varios mensajes.
"Siento no habértelo contado antes, ¿podemos quedar?" ,"Te invito a una copa", "Bueno, si ya estás dormida… nos vemos mañana si tu agenda te lo permite". Me parecía un poco locura salir ahora, sin embargo, mi curiosidad me mataba, y el sueño no llegaba. Me vestí rápidamente y le dejé un mensaje.
-¿Dónde vas? -preguntó ella, casi sin vocalizar.
-Duérmete. -susurré, me acurruqué a ella hasta que volvió a dormirse. Fue entonces cuando me levanté y salí a la calle, donde ya me esperaba Vanesa. Salí con dos vasos de chupito y una botella de alcohol. Nos acomodamos en la pared del chalet. -Soy todo oídos.
-Necesitaba conocer gente nueva… y para qué mentirte. Necesitaba enamorarme. Es muy triste trabajar, ir a casa, y trabajar. Así que… decidí salir más a discotecas, sin ningún resultado. Sabes que me cuesta hacer amigos, imagínate ligar. Descarté esa vía para buscar pareja, mi siguiente y definitiva opción fue registrarme en una página web…
-¿La conociste por internet? -flipé.
-Sí. Ya sabes, esas que hay ahora de citas. Creé mi perfil y…
-¿Pero tú estás colgada? -la interrumpí. -tenías que habérmelo dicho, yo te hubiera presentado a gente. No hacía falta que…
-¡Funcionó! ¡Soy feliz! -me cortó. Nos quedamos en silencio.
-Hay gente… en fin… no sabes que intenciones puede tener…
-Marina, me quiere. -aseguró.
-No sé, no me gusta.
-Me tiene que gustar a mí, no a ti. -eso no hacía falta aclararlo… pero lo hizo. -me habló por privado, le atrajo mi foto y mi ficha.
-Cómo si fueras un coche o algo. -reí. Ella no lo hizo y siguió hablando.
-Estuvimos hablando por whatsapp muchos días. A casi todas horas. Me enamoró. Es encantadora. Tiene dos niños tan monos.
-¿Cómo? ¿Hijos? -eso sí que era un bombazo.
-Una niña y un niño, tienen 5 y 8 años. Estuvo casada con un hombre, pero murió hacía unos meses.
-¿Murió? -qué extraña la historia. -¿y por qué contigo? ¿por qué una chica?
-Es bisexual, supongo.
-Supones. O sea, que no la conoces tanto.
-Me estresas. -se alteró, bebió dos chupitos de golpe.
-¿Tan poco tiempo para superar lo de su marido? Qué menos que un año…
-No estaban bien. Iban a separarse. -me puse en el lugar de la tal Úrsula. No, no pude. ¿Qué sientes cuándo esto pasa? Vas a divorciarte de tu marido y ahora se muere. ¿Qué se le pudo pasar por la mente? ¿Qué sintió?
-¿No te preocupa la edad? Es mucho mayor que tú… y encima… Joder, Vanesa, tiene dos hijos. -encogió sus hombros. -piensa en vuestro futuro. No sé. A ti te queda toda la vida, ella ya ha cumplido muchos objetivos. Formar una familia…
-Me estoy agobiando… -la abracé.
-Está bien que te ilusiones y eso, pero piensa un poco…
-Gracias.
-No tienes por qué darlas. Es lo mínimo que puedo hacer por ti.

-De momento seguiré con ella. Me hace sentir… especial. ¿Sabes? Hacía muchísimo tiempo que perdí esa sensación. Me da pavor volver a quedarme sola. -no supe que contestar, así que bebí. -bueno, te agradezco que me hayas aguantado. -rió. -tengo que irme ya, es muy tarde. -miré el reloj. Las tres y media. Nos despedimos y volví a la casa. Me tiré en la cama y me quedé completamente dormida, ni me quité la ropa. 

sábado, 9 de agosto de 2014

T2. Capítulo 6. LA LEY DE LOS HOMBRES.

El latir de su corazón aumentaba frenéticamente, sin descanso. Podía notarlo, transmitía su ritmo al mío, ambos estaban completamente pegados. De no ser por la infinidad de huesos y músculos que teníamos, nuestros corazones estarían pegados con el único obstáculo de nuestras pieles, húmedas y sudorosas. Sus susurros me animaban a seguir, y mis manos obedecían, siempre fieles a su dueña.
-Te amo. -dejé de escapar de mi boca. Noté como sonreía ligeramente, y volvía de nuevo a la respiración ahogada. El olor que desprendía su cuello era jodidamente perfecto. Recordé entonces la primera vez que lo percibí desde tan cerca. La primera vez que me refugié en su cuello. Volví a aquel momento, volví a sentir que ese olor era el más apetecible para mí. Y es que mi olfato había sido sensible desde siempre, y claro, percibía su aroma y se descontrolaba. Era tan sensible que me afectaba entera. Llegaba a todas las partes de mi cuerpo. Me hacía entrar en un coma permanente. Me llevaba al paso que hay entre la vida y la muerte. Y en aquella nube de placer ciego estábamos ella y yo, buscando nuestras bocas, como un girasol busca desesperado el sol. Se encontraban y se unían, se besaban y achuchaban cómo si no hubiera mañana.
Pero había algo muchísimo mejor que compartir aquel placer digno de los dioses. Me giré y me quedé embobada. Estaba mirando al techo, desnuda. Pensativa.
-Deberías ser filósofa. -dije, caminando con mis dedos desde su ombligo hasta su cuello. 
-¿Qué dices ahora? -rió con esa risa ronca que me volvía loca.
-Para estar todo el día pensando.
-¿Tan bien te lo hago que no te llega el riego de sangre a la cabeza? -torció el gesto.
-Estás muy sexy cuando piensas. -confesé. Ella sonrió sin mirarme. Seguía quieta.
-Estoy sexy porque acabo de… -se le escapó una risilla.
-De… -la obligué a contestar. Situé mi mano en su costado. No podía sentirme mejor.
-De… fumarme un cigarro. -contestó insegura.
-Es mentira. -reí. -no hueles a tabaco.
-¿Entonces a qué huelo? -ojalá pudiera responder a su pregunta, pero entonces envejeceríamos mientras lo hacía.
-Una mezcla entre mujer buenorra y dulce. -acorté, a la vez que me dejaba caer sobre su pecho. Noté su risa por el sube y baja de su cuerpo. Decidí darle besos alrededor de su clavícula, hasta sentir que se había quedado dormida. Su respiración era regular y profunda. Hizo que me quedase totalmente atontada. Mis pulmones la imitaron, hasta ir completamente pares.

Salí a la terraza. Hacía un sol cegador. Tuve que volver al dormitorio para buscar unas gafas de sol, de otro modo me quedaría ciega. Observé la línea del horizonte. Era un placer de la vida poder vivir así, en medio de la nada prácticamente. Sin tráfico, sin edificios que tapen la maravillosa raya que separa la tierra del cielo. Esperaba encontrar algo sobre lo que escribir. Podría hacerlo buscando cientos de metáforas sobre el horizonte… El estruendoso vibrar de mi teléfono en el bolsillo disipó mis pensamientos. “Natalia tía Vanesa”. Me chivó la pantalla luminosa. No pude rechazar la llamada. Me había cuidado como a una hija.
-Buenas tardes. –saludé.
-Marina… te necesitamos. –su voz sonaba amarga, preocupada. Me asusté.
-¿Qué ocurre? –quise saber. Volví al interior de la vivienda, donde me acomodé en la cama, depositando mi pie en la rodilla de la pierna contraria, y sujetándolo para que no se resbalase.
-Vamos a tener que cerrar el bar. –me dio un vuelco el estómago.
-No… no puede ser…
-Sí, Marina. Los últimos meses no han ido bien. Se nos quemó la cocina y tuvimos que invertir parte de nuestros ahorros en repararla. Tuvimos que cerrar unas cuantas semanas… Al volver, las cosas no mejoraron. La clientela ha bajado… Tenemos más pérdidas que ganancias.
-Pero… si os iba tan bien…
-Cuando terminó La Voz tuvimos un éxito rotundo. No dábamos abasto… Nos hiciste una publicidad que jamás podremos pagarte. Pero el boom pasó y aquí estamos.
-Ya… los negocios… -suspiré. Qué complicada la vida. Un silencio de compasión invadió la línea.
-No sabía a quién recurrir… quizás tú tengas una buena idea. Recuerdo tu manera de resolver problemas… Te echamos mucho de menos.
-Te entiendo Natalia, pero ya no trabajo allí… he perdido parte de mi “sabiduría” como camarera y parte de la plantilla.-me dolió decir.
-No te pido que vuelvas, cariño. Solo te dejo caer la situación, por si dentro de tu cabeza surge algo que nos haga levantar este cutre bar.
-No digas que es cutre, por favor. Sabes de sobra que no lo es.
-Ha cambiado. No era el de antes. Ya no hace falta que vayamos a buscar al trastero más sillas… Es triste, pero cuando más gente tenemos es en los desayunos. Los vecinos de siempre buscando los churros de siempre.
-¿Y dónde quedaron esos fines de semana en los que tenía que tomarme un Red Bull para aguantar la presión?
-Eso quisiera saber yo… -noté como sus párpados bajaban. Podía sentirlo. Podía sentir que estaba decepcionada de sí misma.
-Has dicho que cuando salí de La Voz el bar alcanzó su auge, ¿verdad?
-Sí. –afirmó, como esperaba.
-¿Y si vuelvo a daros publicidad? –propuse.
-¿Cómo vas a hacerlo? Ay, Marina, dios te bendiga. –hacía tiempo que no oía la expresión. Qué nostalgia escucharla de nuevo. La decía cientos de veces cada día. Sonreí de pronto. Mi cerebro maquinaba algo. -¿estás ahí?
-Sí. –reí. –estaba pensando… ¿y si organizo una cena?
-¿Una cena? ¿Cómo una cena?
-Una cena en la que invitemos a nuestros amigos. Ya sabes, Malú conoce a mucha gente famosa…
-¡¡Por todos los santos!! –Exclamó.-¡¡claro!! ¡¡Una cena!! –reí para mis adentros. –ya le dije yo a Pedro que sería una buena idea esto de llamarte…

-Marina, es un bar de tapas. –a mi chica no le pareció una buena idea.
-Lo sé… pero tengo que ayudarles… Les debe mucho.
-Es que, cariño, una cena con gente famosa en un bar de tapas. ¿Lo has pensado? Sé de sobra que te importan mucho, y que quieres ayudarles… pero…
-Quizá fui demasiado rápida. -¿en qué estaría pensando? Ya veía yo a esos amigos suyos tan repipis quitarle la parte blanca al jamón… Y tampoco podía transformar ese bareto, porque era un bareto de barrio al fin y al cabo, en un restaurante de lujo.
-Tranquila cielo. –acarició mi nuca. –encontraremos algo. –prometió.
-¿Vas a ayudarme?
-Pues claro, imbécil. –sonrió.  –pero ahora ya te puedes ir levantando.
-¿Por qué…? Estoy demasiado a gusto aquí contigo. –dije, cambiando a un tono más agudo, refugiándome en su pecho. Ella suspiró tan fuerte que hizo que todo su cuerpo temblara.
-Cielo, tienes reunión. –me incorporé de golpe. –ay… ¿qué harías sin mi?
-Faltar a la reunión seguro. –reí, dándole un beso. Me devolvió la sonrisa mientras nuestras bocas se separaban poco a poco. –no entiendo cómo eres capaz de retener tantas citas en la cabeza. Las tuyas… las mías… -dije, mientras caminaba a la habitación para arreglarme. Escuché las teclas del mando. Nada en la tele le agradaba lo suficiente.

Por fin llegamos a un acuerdo. Mi próximo single sería definitivamente el “Solo con ella”. Tenía un sonido completamente diferente al que estaban acostumbrados mis seguidores. Tenía unos tonos electrónicos muy conseguidos. Lo habíamos trabajado durante semanas. Los ejecutivos, como los llamaba yo, estaban convencidos de que sería un gran éxito. De pronto, un chico joven, sin traje de chaqueta, a diferencia de todos los integrantes de la sala, saltándose la ley de los hombres, irrumpió en la sesión. Llevaba una mochila color caqui medio caída, colgada de su hombro derecho. Una gorra hacia atrás, bastante desgastada, y una carpeta en la mano, de esas violetas. Dio un portazo y se asustó él mismo.
-Perdonad, perdonad. –se disculpó casi ahogado. -¡Marina! -me miró fijamente. Su curiosa forma de saludarme me sorprendió. Lo hizo como si me conociese de toda la vida, lo que me transmitió cercanía por parte del chico misterioso. Me levanté a saludarle. El resto me miró mal, probablemente por “saltarme el protocolo”. –soy un gran admirador suyo. –sonrió. –creo, creo de verdad, sinceramente, que haces magia. –parecía algo nervioso. -¿puedo sentarme a tu lado? –asentí sonriente. Le hice un hueco para que colocara una silla entre Mari y yo. No hacía más que pensar en quién podría ser. La reunión siguió su curso. Él me susurró algo. –Soy Toni.
-Encantada. –dije, acercándome a su oreja. –perdona. –volví a llamar su atención. -¿qué haces aquí? –rió. Todos nos miraron algo molestos.
-Voy a rodar tu videoclip. –dijo muy orgulloso. Parecía muy satisfecho con el proyecto. Sonreí plenamente. Me había caído genial. Abrió su carpeta morada, disimulando. Y me enseñó el storyboard de lo que sería mi vídeo.
-Guau, qué bien dibujas. –le felicité, antes de saber cuál era la trama. Se puso tembloroso y comenzó a explicármelo bajito, pero tan ilusionado que sus palabras parecían crecer de volumen.
-Antonio, cuéntanos la idea al resto del equipo. –pidió Paula, tan rigurosa y perfecta como siempre. Se levantó y se acercó a una pizarra. En ella empezó a escribir el argumento del videoclip, a la vez que lo narraba. Asentíamos, dándonos cada vez más cuenta de que era precioso.
-Y bueno, las escenas de pareja romántica se rodarán en jardines, una casa, un bar… -dejé de prestar atención. Un bar. Mi mente automáticamente se paró y unió miles de cabos en una milésima de segundo. Irrumpí.

-Ya tenemos el bar. 

jueves, 7 de agosto de 2014

T2. Capítlo 5. SIN CAMINOS.

Fue un mensaje. Más bien, uno de esos tecnicismos modernos que todo el mundo usa. Un TT, hashtag, o como quiera que lo llamen. Lo vi desde el teléfono, en letras grandes. Lo pedían, lo ansiaban. ¿Y qué podía hacer yo? Tan fácil como ignorar o hacer caso. Tan fácil como rechazar o aceptar.
-Así que twitcam de Marina, ¿eh? -esos fueron los buenos días de Malú.
-Ya lo has visto… -reí.
-Cariño, cómo para no verlo. -contestó. -eres tendencia "numer one". -dijo con un acento entremezclado de lo más raro. -¿vas a hacerla?
-Puede. -me hice la interesante. Ella sonrió.
-Sé que la harás. No hace falta que me contestes. -rió malvada. Me limité a suspirar. Podía conmigo. Bajé la cabeza hacia el escritorio y continué encajando rimas. La canción se me resistía. No hacía más que pensar en los millones de tweets… Para colmo, la chica de mis sueños comenzó a tararear una popular cancioncilla, lo que me desconcentraba aún más.
-¿No tienes nada mejor que hacer? -le pregunté un tanto cabreada.
-Eh, relájate. -refutó.
-Intento escribir, ¿sabes?
-Bueno, tranquila, ya me voy a otro sitio… -se alejó hasta desaparecer de mi vista. Tampoco quería decirlo así, pero en fin, ya no había vuelta atrás. Decidí volver a la poesía, sin mucho éxito. Hoy las palabras no parecían muy amables. Se volvían en mi contra, en vez de moverse fácilmente por el papel. En vez de concordar entre ellas y ayudarme como en ocasiones solían hacer. Hoy no, hoy no les apetecía formar una bonita estrofa. Tiré el boli desesperada. Odiaba que no me salieran las cosas.
Me hallé al final de la mañana entre hojas arrugadas y lápices rotos. Sí, los partía desquiciada. Las papelerías me amaban por ello. Apenas conseguí escribir dos versos, me di por vencida. Si no era el día, no era el día. Y es que mi trabajo dependía directamente de mi inspiración, así lo llaman los artistas. Había momentos en los que podría sacar miles de canciones, y otros ninguna. Había sido reacia al término "inspiración". Alguien que sabe escribir, sabe escribir. Puede sacar lo que quiera, cuándo y dónde le apetezca. Que eso salga mejor o peor depende del estado de ánimo, del color que tenga ese día el cielo, o de la cantidad de tinta que tenga el bolígrafo. Cada grande tiene sus influencias, y las hay de la más estúpida a la más seria.
-¿Ya has terminado? -me preguntó con un tono firme y frío al verme entrar en el salón. Solté un bufido. Se quedó callada. Silencio incómodo.
-No me sale nada.
-No lo pagues conmigo, porfavor. -me rogó. Entendí que se refería al grito que le había pegado sin ningún motivo.
-Perdona… me puse nerviosa. -me disculpé cabizbaja. Noté como me miraba mientras removía la ensalada con dos cubiertos especiales.
-¿Vas a querer algo más de comer?
-No, está bien eso. -vuelta al silencio. Había tensión entre nosotras, hasta un tonto podría verlo. Incluso sus animales lo percibieron. No brincaban por los sofás, ni ladraban alocados. Caminaban sin hacer mucho ruido hacia el jardín. Nuestro mal rollo los ahuyentaba. Tampoco había hecho algo tan grave para que estuviésemos así… Ella tampoco, así que ni yo misma entendía mi cabreo.
Puse la mesa con cautela, colocando cada tenedor de manera cuadriculada, tardando una eternidad en desatascar la vajilla del mueble, llenando los vasos de agua. Todo para estar entretenida y no tener que hablar. Mantenernos ocupadas para no dar el paso. ¿Quién hablaría primero? Decidí hacerlo yo. Su orgullo era muchísimo más pesado que el mío.
-¿Puedo ayudarte?
-Tranquila, ya está terminada. -dijo, añadiendo unas gotas de aceite y vinagre.
-¿Has llorado? -pregunté preocupada al ver la cuenca de sus ojos. Ella rió tímidamente.
-No, ha sido la cebolla. -explicó. Me fijé en la ensalada para comprobar si decía la verdad.
-Cariño, no hay cebolla. -frené su paso. -¿qué pasa?
-No me gusta esto. Odio estar así contigo. -se decidió por fin. -porque no sé qué cojones ha pasado para que estemos así de serias. -reí un poco.
-Pero cielo…
-Estoy tonta. Déjame.
-Más sensible que el culito de un bebé, diría yo. -la hice sonreír, iluminando la casa con el brillo de su dentadura. -tonta. -susurré, abrazándola. Retiré el bol que había entre nuestros cuerpos y la dejé en la encimera donde había sido aliñada.
-Tengo la regla.
-No se nota. -bromeé. Reímos increíblemente alto. -¿de qué nos reímos?
-No necesariamente tenemos que reírnos por alguna razón. Por un chiste o una broma. A veces simplemente reímos de felicidad. Es tanta que una sola sonrisa no basta. -abrí los ojos. Madre mía.
-Al final me va a gustar que tengas la regla y todo… -dio una carcajada. -¿ahora ríes por la broma?
-Y porque soy la mujer más feliz del mundo. -sonreímos. La miré. No pude contenerme. La besé. No quería soltarla, y parecía que ella tampoco. Así que dejamos el reloj correr mientras nuestras manos se deslizaban peligrosamente a lo largo de nuestros cuerpos. -Joder. -exclamó al separarnos.
-Tienes las hormonas que arden, eh. -dije impresionada por el chillido que acababa de meter.
-Que sepas que no he parado porque es ensalada, que si llega a ser pescado ya hubiéramos terminado de comer. -decía a la vez que cogía el recipiente y lo llevaba a la mesa.
-¿Prefieres el pescado antes que mis sensuales besos? -levanté la ceja.
-Eso está claro.
-Pues sí que eres lesbiana, oye. -bromeé. Me arreó una patada. Varios trozos de lechuga volaron por los aires. Unos volvieron al bol y otros aterrizaron en el precioso suelo de mármol. Encima seguro que me mandaría a mí a barrer…
-Ahora lo limpias.
Eran simples y directas. Las infinitas cosas que me hacía sentir con el roce de su piel, un beso en el límite de la cama, una media sonrisa con la mirada baja. Si pudiera expresarlo con palabras, si pudiera transmitirlo en una melodía… Entonces escribiría la mejor canción de mi vida. Qué digo, la canción de mi vida.
-¿Al final la vas a hacer? -preguntó, dándole vueltas al tenedor.
-¿El qué? -me desconcertó.
-La twitcam.-mierda. Lo había olvidado.
-Supongo. -me encogí de hombros. -échame una mano, no tengo ni idea.
-Eres una negada para la tecnología… -suspiró. -bueno, mira quién va a hablar.-carcajeó ella sola. La miré fijamente. -lo sé, estoy fatal. -dijo ella misma. Seguí comiendo sin comentarlo. -jo, di algo. -me lanzó maíz.
-¿También tengo que recoger eso?
-Obviamente. -rió. -estoy en mis días. -sonrió plenamente, al igual que una niña pequeña pidiendo un juguete nuevo. Una niña consentida. Estiré el brazo y cogí el cachito de verdura. Ella aplaudió y siguió disfrutando del placer de comer.

Me lo dejó todo listo. Pulsó cientos de botones y colocó el portátil en la mesa pequeña. "¿Preparados?". Pregunté en mi red social. Estaba a punto de empezar, cuando Malú decidió retirarse.
-Es tu twitcam. -aclaró. -me voy a dar una ducha, ya si eso aparezco luego. -le sonreí. Me dio un rápido beso en la mejilla y se perdió en el pasillo. Sola ante la multitud invisible. Sola frente a un ordenador conectado a una enorme cadena llamada internet. ¿Y qué era internet? Siempre había imaginado una habitación enorme, blanca y vacía. Sin suelo, sin techo. Sin caminos. Cuatro paredes separadas por grandes kilómetros.  Y tras la pared, las millones de personas que habitábamos en el planeta. Tirando sus datos al vacío, pasando fotos a las personas de la pared de enfrente. Cuán listo tenías que ser para entender la magia de internet. ¿Cómo podía yo interpretarlo? No asimilaba ese invento. Formaba parte de nuestras vidas, y sin él, cambiaríamos completamente. Nos hemos acostumbrado demasiado a la tecnología, sería imposible vivir sin ella. Era simplemente genial. Y quizás por ello no conseguía entender su funcionamiento. Me parecía cosa de magos. Lo único que yo podía hacer era arrodillarme ante ella y admirarla.
-¡Hola chicos! -saludé. En seguida llegaron una oleada de mensajes, imposibles de leer todos. Pillé algunos. "Holaaaaaaa", "¿Qué tal?","Qué guapa estás"
-Pues, aquí estamos, a ver… si… hablamos un poco… -hablaba pausado, lento, me era complicado leer los comentarios y pensar qué decir a la vez. Jamás imaginé que una twitcam fuese tan difícil de hacer. -bueno, venga, preguntad.-en seguida llegaron. "¿Dónde estás?" "¿Para cuándo nuevo disco?" y alguna que otra opinión, "me muero por verte de nuevo en directo", "me encantaría conocerte".
-Tranquilos. -reí. Tras un silencio estúpido en el que mi mente analizaba las respuestas, comencé a contestarles. -¿no sabéis dónde estoy? ¿no os suena esto? -di la vuelta al portátil, haciendo una panorámica de la casa. -el próximo disco aún tiene mucho trabajo. Ahora mismo estoy centrada en las composiciones.
"¡Ese es el chalet de Malú!", "¿Es la casa de tus padres?" , "¡¡Un adelanto!!.
-Sí. -reí de nuevo. Me sentía estúpida haciéndolo, pero era una forma de hacer algo mientras buscaba alguna pregunta que responder. -Es la casa de Malú. Bueno, nuestra casa. -reí tontamente de nuevo. -"Solo tienes fama por ser la novia de." Aquel comentario saltó a mi vista por encima del resto. ¿Por qué no me habría fijado en otro? Ponerme de mala ostia con alguien no era mi plan de la tarde. Pero entré al trapo. Ese era un tema que me hacía hervir la sangre. -A "Anonymus_002", decirle que si tengo fama es porque me la he ganado, no por ser la chica de Malú. Llevo muchísimos años componiendo, cantando en bares sin ningún tipo de beneficio económico. Yo no buscaba la fama, solo quería expandir mi música. -respiré hondo unos segundos. "¿No podrías cantarnos algo?" Sí, esa sería una buena forma de despejar mi mente. No quería volver a leer ningún mensaje de ese tal "Anonymus_002". -¡¡Cariño!! ¿me traes la guitarra?
-¡¡Voy!! -los tweets se multiplicaron. Malú era Malú, y con un "VOY", despertaba a todo el ejército malulero. Cruzó el pasillo con una pequeña toalla que cubría su cuerpo desde las rodillas hasta las axilas.
-¿A qué no sabéis a quién acabo de ver pasar envuelta en una toallita? -otra vez revolución. Me eché a reír mientras esperaba la guitarra.
-Aquí tienes, amor. -buscó mi boca. Nos dimos un pequeño beso y volví al mundo de internet. "¡Qué monas!", "¡Me muero!". Era incapaz de disimular y soltaba carcajadas sin ton ni son. Cada usuario desde su ciudad, desde la más cercana, a la más lejana, hacía sus peticiones. Al final, y para qué no hubiera discusiones, fui cantando estribillos de los títulos que veía saliendo. Mi futura esposa se sentó en el sofá de enfrente. La miré y sonreí. Eso detonó la red social. Sabían que María Lucía estaba en la habitación. La invité a que participara. No quería que me comiesen.
-¡¡Hola!! -saludó, acomodándose a mi lado, muy pegada a mí. Se colocó el flequillo, totalmente empapado. -¡Qué os contáis! -agarré su cintura con la mano izquierda. Nos miramos furtivamente y volvimos la cara a la pantalla. La gente se enternecía con nosotras, cosa que nos hacía mucha gracia.
-¿Nos echamos un cante? -propuse. No esperaba un no como respuesta. La conocía. Ni un sí, ni un "¿por qué no?". Comenzó a cantar una de mis canciones, yo la seguí en cuánto pude. Cómo cuando intentas abrirte paso en la multitud del metro para salir. Me apretaba la rodilla con su mano, cálida como de costumbre. Pero aún no habíamos terminado de satisfacer a la audiencia. Seguían pidiendo insistentemente unos versos de mi próximo single. El cuál, ni siquiera estaba elegido. -Aún no tenemos single, de verdad, no os miento. -reí. Cómo no. Sentía que estaba haciendo un monólogo. Era una sensación extraña. Notaba aquel vacío tras la pantalla.
-Tonta, canta algo nuevo, venga. -me dio un codazo en la barriga.
-¿Quieres que me maten los de la discográfica? -le susurré, aun sabiendo que el micro me delataría ante la masa cibernética. Me sonrió con tanta intensidad que no pude decir más. Suspiré. -voy a cantaros un trocito de una nueva canción… ¡pero no os enfadéis si después no viene en el álbum, porque ya he dicho que nada es seguro!


-Si es que… si es que… ¡¡me encanta!! -exclamó ella al cesar el sonido de mis cuerdas. "¡¡Quiero ese disco ya!!, "Es increíble", "Deseando oír más", "Me caigo muerta", "Quiero beso". Malú señaló en la pantalla a este último. Ya la veía venir. Giré la cabeza y no pude hacer otro movimiento. Me había besado delante de todos los internautas.