miércoles, 16 de abril de 2014

Capítulo 63. VOY A QUEMARLO TODO.

Casi no pegué ojo en toda la noche. No paraba de pensar en mi estúpido impulso de besar a Vanesa. La dejé cortadísima. Luego me disculpé y me aseguró que no pasaba nada, pero una espinita seguía dentro de mí. Por otro lado, pensaba en el día de después. Tenía que volver al trabajo y encontrarme al innombrable. ¿Conseguiría controlarme? Lo dudaba. No sabía cómo iba a reaccionar. Mis nervios ya estaban presentes y aún faltaban horas para verle. Me revolvía en la cama. Acabé con la colcha en el suelo y las sábanas fuera del colchón. Me levanté y di vueltas por la cocina. Bebí un poco de leche a la vez que mis pensamientos se acumulaban unos sobre otros. Me pedía una y otra vez a mi misma que me calmase. Estresándome no iba a conseguir nada, lo único que iba a pasar es que estuviera más tensa para el día que amanecía en apenas horas. Oí que alguien llamaba a la puerta del piso. Me extrañé. Eran pasadas las tres de la mañana. ¿Fuego? Era lo primero que se me pasó por la mente. Fui corriendo y abrí sin ni siquiera mirar por la mirilla. Llevaba un pantalón de pijama medio caído con la ropa interior por fuera, la camiseta cortísima y los pelos recogidos en un moño horrendo.
-Perdona que moleste tan tarde. -no me esperaba su presencia. Era Vanesa. La invité a que entrase.
-¿Ocurre algo? -me asusté.
-No, tranquila, solo quería hablar contigo. No puedo dormir.
-Y tú, como cualquier persona normal, vas a casa de tus amigas a hablar de madrugada porque no puedes dormir. -dije con ironía.
-Qué borde. -me miró con asco. Al segundo reímos. -¿Bebiendo del bote de leche? Tú no cambias, eh. -se acomodó en el taburete que había frente a la mesa. -¿me haces un cola cao?  
-Vienes a mi casa a las tantas y me mandas que te prepare un cola cao…
-No seas idiota, estabas levantada.
-¿Tú qué sabes? -reí, preparando la bebida. -Bueno, ¿qué querías? -puse mis brazos en jarras mientras la taza giraba en el microondas. Se quedó en silencio, pensativa. -¿Es por lo de esta tarde…? -intuí. Me miró desde abajo y asintió despacio. Se rascó el pelo incómoda. El pitido del electrodoméstico me asustó y pegué un bote. Ella rió. Al fin desapareció el mal trago, aunque fue un descanso pequeño. Fue pasarle la taza y volver esa incomodidad al rozarse nuestras pieles. Me aparté en seguida y me senté en el asiento que había a su derecha.
-¿Por qué…? -se arrancó por fin. Bufé y miré al suelo. Ella me levantó la barbilla. Me miró y asintió. Yo no la entendí. Volvió a hacerlo, arqueó las cejas. Era un pregunta. Era un, ¿sí? Pero… ¿sí qué? ¿A qué se refería? No tardé en averiguarlo se acercó lentamente a mi boca. No supe rechazarla. El beso fue el peor que di en mi vida. Más que nada porque ni era yo, ni era ella. Eran dos almas intentando recuperar el pasado. Un pasado no muy lejano, pero ya bastante olvidado y enterrado. Un beso vacío. Besar por besar. Terminamos de besarnos con un pequeño grito de dolor. Había dolido. Mucho. Nos habíamos hecho daño con eso. Habíamos caído en la cuenta de que nos habíamos equivocado. Nos habíamos percatado de que ya no sentíamos igual. Que algo había cambiado. No éramos Vanesa y Marina. No. Al menos, eso pensaba yo.
-Lo siento. -me disculpé. Yo había sido quien se había echado atrás.
-¿Sigues sintiendo algo? -me preguntó, muy cerca de mis labios mojados por su propia saliva. -respóndeme con la pura verdad. Nos debemos esa respuesta.
-No. -contesté. Ella se separó por completo de mí. Se había sorprendido. No se lo esperaba. -Perdona, he sido demasiado dura…
-Te pedí sinceridad, no que me destrozases. -dijo afligida. -nada, sigue con tu maravillosa cantante. -me dio una palmadita en el muslo.
-No te vayas así, por favor. -le agarré del brazo. Me sentía bien con su amistad, no quería dejarla escapar. Era una persona muy importante para mí.
-Me alegro mucho por tu relación con Malú. Ve a por ella, estabais genial. Lo nuestro está más que muerto, como has visto.
-Espera. -la volví a retener. La abracé. Luego nos separamos y fue caminando hacia la salida. 
-Ah -se dio la vuelta. -solo te pido una cosa. -arqueé las cejas esperando su petición. -No juegues más conmigo. No sabes cuánto tuve que luchar para olvidarte… y esta tarde lo has echado todo por tierra. Sembraste un poco de esperanza en mí. Creí que aún había algo entre nosotras… pero veo que solo fueron imaginaciones mías. Tendré que volver a empezar… tendré que volver a asimilar que no soy para ti. -y tras aquel golpe a mi existencia, se fue. Maldije mi vida. Le había hecho daño… no tenía que haberme lanzado. Tenía que haber sabido controlarme. Tiré el taburete al suelo, descargando mi rabia. Me sentía fatal. Estaba enfadada conmigo misma. Me había costado mucho dejar las cosas claras con Vanesa, y ahora que por fin lo había conseguido, lo destrocé por mis irrevocables impulsos. Tenía ganas de quemarlo todo.
Pasé la noche en vela, hasta acabar durmiéndome encima de la mesa de la cocina.
-¡¡¡MARINA!!! -me despertó Li a la mañana siguiente. -¿Qué haces ahí? -me levantó la cabeza. Bostecé medio dormida. -¿Sabes que tenías que haber salido hace media hora?
-¡Mierda! -chillé. Me vestí a la velocidad de la luz y me metí un trozo de pan en la boca. Salí corriendo hasta la calle. Encontré a Mercedes y a Pepe Luí en un coche negro.
-¿Qué te ha pasado? Llevamos un rato llamándote y no nos cogías el teléfono. -preguntó la batería.
-Arrancad ya. -fue mi respuesta.
-¿Todo bien? -quiso saber José Luis.
-No… nada bien. -le contesté. -lleguemos ya a la estación, anda. -teníamos que viajar a Galicia para grabar el videoclip del segundo single. Al llegar, el señor que me había arruinado la vida parecía desesperado. Ricky estaba con él, sosteniendo el bajo. Mi mente salió de la realidad para crear un mundo paralelo. En ese mundo imaginario, yo cogí el instrumento de mi amigo y se lo estampaba en la cara…
-¿SE PUEDE SABER QUÉ HACÍAIS? -nos chilló.
-Relájate, aún no tenemos que coger el tren. -dijo el teclista. Yo me mantuve al margen. Intentaba respirar, calmarme. En cualquier momento se me iba a escapar un puñetazo. Ojalá Mari se recuperase pronto. Los últimos días sentí la necesidad de contarle todo cuando hablábamos. Pero pensaba en ella… ya tenía suficiente con sus problemas como para también frustrarse con los míos. Parecía más animada, aunque no estaba recuperada.  
-Le metía tal patada en la boca... -murmuró mi compañero, el más divertido.
-Yo le metía dos. -intervine.
-Joder, es insoportable. Con lo bien que estábamos con "la Mari". -yo asentía mientras hablaba. Estaba totalmente de acuerdo con cada palabra que pronunciaba sobre Jorge.
-Si supieras la que me ha liado… -necesitaba desahogarme.
-Puedes hablar conmigo. -me lancé a contarle con detalle cada momento que había vivido. Al fin lo solté. -¡¡VAMOS A LANZARLO A LAS VÍAS!! -le tapé la boca riéndome. -Tú eres tonta, yo ya lo hubiese matado.
-No puedo liársela, se supone que Malú no me ha dicho nada.
-Te admiro. -me quedé extrañada. -en serio, te admiro. No sé cómo puedes contenerte. -nos subimos al medio de transporte y me senté junto a él. Me sentía cómoda. Además, podía animarme con sus chistes.
No tardó en soltar algunos. Tomó una retahíla imparable. Uno detrás de otro. Cuánto más me reía yo, más contaba. Era su incentivo. Mi risa. Pero una de sus bromas fue interrumpida por el sonido de mi móvil.
-"Te echo demasiado de menos… Me arrepiento muchísimo de lo que hice. Me importas mucho y me da igual todo lo demás. Te lo aseguro. No volveré a cometer ningún error contigo. Estoy muy enamorada de ti, Marina. Ahora estoy más segura que nunca. Quiero estar a tu lado. Esperaré todo lo que quieras, todo lo que necesites. Te amo." -Malú me sorprendió. Me rompí en mil pedazos. José Luís me vio la cara descompuesta.
-¿Algo va mal? -le mostré el mensaje. Tragó saliva. Comprendía mi estado. -deberías volver con ella.
-Lo sé. Me muero de ganas.
-Dile algo, vamos. -me animó. Sonreí. Tecleé rápidamente, deslizando mis pulgares por la pantalla de un lado a otro. "Yo también, princesa". -¡qué cursi! -reí. El tren estaba a punto de partir, según anunciaban los altavoces. Un acto de locura me llevó a salir de él.
-¿A DÓNDE VAS? -gritó mi mánager.
-¡¡CORRE!! -chilló Pepe Luí saliendo del AVE con el resto de la banda. Pasé por una floristería dentro de la misma estación y pillé un ramo de rosas blancas, las que tanto le gustaban. Seguí corriendo en busca de un taxi.

Llegué a su chalet con la camisa medio caída, y unas manchas debajo de los sobacos. Tenía el flequillo pegado a mi frente por el sudor y un zapato lo llevaba desabrochado. Antes de tocar la puerta tomé un poco de aire. Me iba el pulso a más de mil.
En ese instante de tensión y emoción, oí unos gritos. Parecían de José.
-¡¡¡ES QUE ERES IDIOTA!!! Joder, Malú. -lo notaba alterado. -Marina es increíble... ¿Por qué le has hecho esto? -escuché un golpe. -¡¡Eres una niña consentida!! ¡¡Eso es lo que eres!! ¡¡Le has hecho mucho daño!! ¡No se lo merecía!
-Para ya… José. -dijo muy bajito ella. -por favor.
-Podías haberme pedido ayuda… echar un poco de cabeza que ya tienes una edad. Malú, tú que siempre te has revelado a los jefes cuando algo no te parecía bien. ¿Por qué…? ¿Por qué ahora cediste al chantaje?
-Estaba muerta de miedo. -decidí que era el momento de aparecer y dejar de escuchar aquella dura conversación.
-Marina… -sus ojos estaban decaídos, unas ojeras los rodeaban. Llevaba aún el pijama y los pies descalzos.






lunes, 14 de abril de 2014

Capítulo 62. ¿CÓMO TE OLVIDO?

El pitido de un coche disipó mis pensamientos.
-¡He conseguido arrancarlo! -chilló Li desde el asiento de conductor. Me subí en el automóvil y di un portazo. Coloqué un codo en la puerta y con mi mano derecha sujeté mi cabeza. -¿cómo ha ido…? -suspiré al oír su pregunta. Tras tomarme unos segundos de calma, le conté toda la historia. La chica no reaccionaba ante los sucesos que le narraba.
-¿Piensas decir algo? -reí. Estaba con los ojos como platos.
-De película. -opinó. -¿qué piensas hacer?
-Nada. -resoplé. -necesito despejarme.
-¿No vas a volver con ella? -me preguntó Lidia. Tragué saliva y medité la respuesta. -tranquila, no tienes que contestar ahora. -me acarició el muslo.
Ahora mismo me sentía enfadada con el mundo, con el destino, con la vida. Solo quería que pasasen los días sin que yo me diese cuenta. De dejar que el planeta girara a su antojo. Estaba tan quemada que no tenía ni ganas de volver a estar con ella. ¿Qué me estaba pasando? Lo que había ocurrido me había jodido bastante. Pero, ¿era para tanto? ¿Era lo suficiente para que parara de sentir lo que sentía cuando pensaba en ella?
-¿A dónde vamos? -quise saber al ver que no había tomado la carretera correcta.
-De compris. -dijo sonriente. -está empezando a hacer calor y no tengo nada moni.
-¿Tienes que acabar todas las palabras en "i"? -reí. Le salió una risita tonta.
-Déjame, jo.-era excesivamente moni. Ups, me había pegado lo de la "i". El plan de Li me ayudó a distraerme, una vez más. Salir era lo mejor que podía hacer. Aún así, no pude evitar acordarme de ella. Imaginar qué era lo que estaba haciendo mientras yo me perdía por un centro comercial. Li me obligó a meterme en el probador para que opinara sobre el modelito que quería comprar.
-Perfecto. -comenté.
-¿No me hace mucho culo? -miré hacia otro lado y suspiré. -Vale, vale, ya me callo.
-Te quedan perfectos y ya está. -salí del probador y me apoyé en la pared. Cogí el móvil y apunté la mirada hacia él. Noté que alguien me observaba. Levanté la mirada y vi a una dependienta muy sonriente acercarse hacia mí.
-¿Puedo ayudarla en algo? -me preguntó, uniendo sus manos en su vientre. Negué con la cabeza y le di las gracias. Se retiró con la misma sonrisa y formó un coro con otras trabajadoras. Se reían mirándome. Una que estaba a su lado se dirigió hacia mí.
-Perdona que te moleste. -rió nerviosa. -¿tú eres Marina?
-Sí, soy yo.
-¿Te importa hacerte una foto con nosotras? -siguió riendo nerviosa. La chica no tenía ni treinta años.
-Adelante. -la muchacha llamó a sus compañeras y nos hicimos la fotografía. Li salió del probador y se quedó algo asombrada. -¿pagamos?
-Claro. -dijo algo confusa.
-¿Es tu amiga? -me preguntó una de ellas. Asentimos. -yo os atiendo.
La tarde continuó de tienda en tienda, de caja en caja, hasta llenar bolsas y bolsas.


Estuvimos en una heladería a la que solíamos ir cuando estaba con Vanesa… Recordé esos momentos. Sonreí. Tal vez debería haberla perdonado. Todos merecen una segunda oportunidad, y yo no se la di. Bueno, sería una tercera… La echaba mucho de menos. No sabía qué narices estaba haciendo pensando de esa manera… Pensé que ya lo tenía superado. Estaba muy segura con Malú. Claro, con Malú. En este momento no había Malú por ninguna parte y los pilares que me sostenían se habían ido resquebrajando uno a uno. Ya había perdido hasta mi identidad. ¿Cómo la olvido?
-¡Chicas! -lo que me faltaba. Sí, era ella. Era Vanesa. La saludamos y se sentó justo enfrente de mí. Se había recogido el pelo. Eso le sentaba genial. Sus ojos verdes agua eran únicos. La luz del local los potenciaba. Moví la cabeza de un lado a otro. ¿Qué hacía?
-Voy a pedir. ¿Lo de siempre, amores? -preguntó Li. Yo, por mi parte, dije que sí. Vane también. El mismo sitio, las mismas personas, los mismos helados de siempre, los mismos olores, pero diferente situación. Ya no era como antes. Nos quedamos a solas. Me sentía incomodísima por culpa de mis estúpidos pensamientos.
-Bueno… -rompió el silencio. -cuéntame algo. -se cambió de asiento, poniéndose a mi lado. Depositó su mano en mi muslo. Mis nervios aumentaron. Giré la cara para mirarla. Demasiado cerca. Demasiado confusa. Demasiada carga emocional. Demasiado descontrol. Me acerqué a su boca, lentamente. Me frené a tiempo y miré al suelo. -¿qué ha sido eso…?
-Voy al baño. -me levanté sin mirarla y corrí al cuarto de baño. Me encerré y apoyé mis manos en el lavabo. Extendí los brazos por completo. Cerré los ojos muy fuerte, intentado asimilar lo que había pasado. ¿Era un extraño impulso? ¿Era yo realmente? Le metí un  puñetazo al lavabo. Mi mano se coloreó de rojo al clavarse con mi propia pulsera. La puerta sonó.
-¿Marina? -era la voz de Lidia. -¿estás bien? Llevas ahí un buen rato. -no contesté. Me miré en el espejo. Tenía los ojos casi encharcados, rojizos. Mis dientes mordían mi labio inferior. Intentaba ser fuerte, impedir que las lágrimas brotasen. Ya había gastado muchas estos días. -por favor, ábreme. -decidí hacerlo. -cariño, ¿qué pasa? -me lancé a sus brazos a la vez que cerraba la puerta. -¿por qué lloras de nuevo?
-No estoy llorando.
-Mírate…
-He intentado besar a Vane. -se quedó sorprendida. No supo qué decir. -no me preguntes por qué, ni yo lo sé.
-Sí lo sabes. Piénsalo. -me pidió, a la vez que me acariciaba. Intenté tranquilizarme y deliberar. Rebuscar entre mis sentimientos. ¿Por qué me sentía mal? -una parte de ti niega lo que piensas. Dices que no, pero en realidad lo sabes muy bien. Solo lo dices para engañarte a ti misma, para evitar lo que en realidad estás sintiendo.
-Tienes razón… Lo sé perfectamente. Quiero volver atrás.
-¿Hasta a dónde exactamente?
-No me presentaría a la Voz. Me gustaría seguir en el bar, con mi rutina. Con mis horarios, con mis salidas con la pandilla, con un trabajo estable que no se tambalease con cada paso que doy, con una casa fija, con una novia corriente como yo.
-¿Te arrepientes de haber estado con Malú?
-Es duro decirlo… pero creo que sí. -hasta a mí me dolió pronunciar aquello. -no, no. No me arrepiento. -me arrepentí al segundo. Quise pegarme un tiro. ¿Qué cojones había dicho? Con ella había vivido cosas inexplicables. Había sonreído como nunca lo había hecho.  ¿Cómo iba a arrepentirme de eso? Era imposible.
-Ya sé lo que te pasa a ti. -intervino. -echas de menos tu anterior vida.
-Puede… una parte sí. Ahora tengo que luchar mucho, ¿sabes? Antes era todo muy fácil.
-Ya, pero es lo que quieres. ¿O me equivoco?
-Sí. Cantar es mi sueño y… estoy locamente enamorada de Malú.
-Pues ya sabes. A luchar por lo que deseas y amas. Déjate de paranoias. No te comas más la cabeza y deja tu orgullo. Ve a por tu chica, vamos. -me animó. Me dio tal empujón que me choqué contra la puerta.
-Au. -me quejé entre risas, acariciando mi brazo.
-¡TIRA! -exclamó.
-No puedo, Li. -volví a la seriedad. -tengo que hacerla comprender que lo que hizo no estuvo bien.
-¿Un castigo?
-Algo así. Si vuelvo con ella así, a la primera, volverá a hacerlo. -expliqué.
-Entiendo. -se quedó pensando. -oye, vamos a por el helado que se nos derrite.
-Y si no está ya derretido se derretirá cuando te vea sonreír, preciosa. -el piropo la hizo reír.
-Oye, te relajas eh, que tengo novio.
-Ya, bueno, es que llevo días sin dar amor y tengo que sacarlo. -reí. -qué triste mi vida.
-Pues le dices piropos al espejo.
-Eso sería muy egocéntrico.
-Sí. Demasiado. -reímos juntas. -vamos, anda. 

jueves, 10 de abril de 2014

Capítulo 61. OJALÁ.

¿De verdad había liado todo eso porque nos habían pillado? ¿De verdad? Me había hecho sufrir enormemente. No podía creérmelo. Me enfadé.
-Lo tuyo… me parece increíble. -murmuré. Me llevé las manos a la cabeza y abrí los ojos. -increíble.
-¿Me vas a dejar que te lo explique? -asentí. Ojalá tuviese una buena escusa, porque lo que había hecho no tenía ningún sentido. ¿No había pensado en mí? -el día del concierto, justo antes de empezar, me vino un chico que se ajustaba a la definición que me diste de tu mánager.
-¡NO! -exclamé sofocada. ¿ÉL? ¿ÉL ESTABA DETRÁS DE TODO ESTO?
-Tranquilízate, cielo. -agarró mis manos, que volaban sin control. -aún no he terminado.
-Eso es lo peor. -confesé. Entrelazamos nuestros dedos. Cómo lo echaba de menos… La calidez de su piel en la mía. La suavidad de ésta. Logré calmarme con sus caricias.
-Me contó que un periodista guarda una colección enorme de fotos nuestras en París.
-¡Dios! ¿En serio?
-¡Deja de interrumpirme! -exclamó. Le salió un gallo y solté una carcajada. -Bueno. -rió ella también. -eso… -puso su dedo índice en la barbilla y miró al techo. Se le había olvidado. Volví a reír. La situación dramática estaba cogiendo color. -el caso… el periodista iba a publicar lo nuestro en una de las revistas más vendidas de España, tenía pensado ir a la tele, repartir las imágenes por ahí. Pero Jorge lo interrumpió. Lo conoce y le rogó que no lo hiciese. -me quedé sin palabras.
-No me dijo nada…
-Espera, no he terminado. Tu representante me recomendó… -hizo esta palabra con el gesto de entre gomillas. -más bien, me obligó a que te dejase.
-¿POR? -le pregunté alterada. Ya decía yo. Nunca me dio buena espina. Joder. Todo por su culpa.
-Estuvo hablando conmigo y me convenció. -dio una palmada. Alcé una ceja y la miré incrédula. Resoplé.
-Pensé que lo nuestro te importaba...
-Me importa, créeme. -apretó mi mano para que la creyese. -cariño, tenía razón…
-¿Qué dijo? -pregunté aún cabreada. Se tomó su tiempo, se distraía mirando por la ventana. -no tengo toda la vida…
-Verás, hay veces que tienes que ser madura… y pensar un poco.
-Habló. -bufé. -la que huye como una cobarde sin dar explicaciones. -me costó decirlo. Le dolió, sabía que era verdad. Se le llenaron los ojos de lágrimas. -Malú… por favor, no hagas eso. -le limpié una pequeña gota antes de que resbalara. Agarró mi nuca y se escondió en mi cuello.
-Perdóname. -murmuró llorando. -he sido una niñata, no sabía lo que hacía…
-Daño es lo que hacías. -no debí soltar eso. Solo conseguí que su llanto se incrementase. -Va, cuéntamelo.
-Me hizo reflexionar. Si esta relación saliese a la luz crearía mucho revuelo…
-Malú, me da igual. -me adelanté. -prefiero ser feliz. Creí que lo nuestro estaba por encima de todo, pero veo que hay cosas más importantes… -me levanté. Ella me retuvo, tiró de mí, sentándome de nuevo en el sofá.
-Jorge me aseguró que no era bueno para ninguna de las dos. Estás empezando, Marina, es muy complicado…
-¡QUE ME DA IGUAL! ¿No me has oído? -grité. No quería llegar a eso, pero llegué. No pude contenerme. Yo, que siempre había estado en contra de los chillidos. El tono de la conversación se fue elevando. Tomé aire.
-No me vuelvas a hablar así… -pidió con la mirada agachada y echándose hacia atrás. La vi con miedo. Miedo de mí. Me avergoncé. No estaba orgullosa de lo que acababa de hacer.
-Perdona. -me disculpé, acariciando su mejilla. -estoy muy nerviosa…
-No quiero ser una mala influencia para ti… -confesó.
-Eso debería decirlo yo. Tienes un imperio entero. Eres la reina del pop español… yo no soy nada.
-Por eso. Ahora que es cuando comenzabas… No quiero estropearlo. -sollozó.
-Creo que no tengo nada que perder. A quién le guste bien, a quién no, que mire a otro lado. -bajó la cabeza. -eh. -alcé su barbilla. -¿me quieres?
-¿Qué pregunta es esa…? Pues claro. -me miró fijamente.
-Pues entonces, ¿qué importa lo demás? -me abrazó fuerte, lloraba. Perdimos la noción del tiempo. Pasaban los segundos, los minutos, y ella seguía con su imparable llanto, sus disculpas. Se agarraba fuertemente a mi camiseta. -sé que te va a doler, pero hay ciertas cosas que no me puedo callar. Me has roto. No sabes lo mal que lo he pasado estos días… -mis lágrimas se unieron a las suyas.
-Quiero volver a estar contigo. -susurró en mi oreja. Suspiré. Una batalla interior. ¿Volvía o no con ella? Era mi debilidad contra mi orgullo. Por un lado, me moría de ganas por ello, pero por otro, no podía dejar pasar eso por alto. Debía hacerme la dura, aunque fuesen solo unas horas, o quién sabe cuánto. Necesitaba un tiempo, pensarlo. No podía lanzarme de nuevo a la boca del lobo.
-Vamos a darnos un tiempo. -le dije. Su cara se descompuso. Se echó en mi hombro y moqueó.
-No me hagas esperar mucho…
-Entiéndeme. Lo necesito. -le pedí, acariciando su brazo. -pero no olvides que te quiero.
-Nunca lo he olvidado. Dejarte ha sido una de las peores cosas que he hecho… no sabes cuánto me costó hacerlo…
-Ojalá no hubiese pasado. -dije. Los ojos se me volvieron a inundar. No podía evitarlo. A mí también me estaba resultando complicadísimo decirle que no.
-Ojalá pudiese volver atrás… me arrepiento tanto.
-Lo hecho, hecho está. -afirmé, segura de mis palabras. -esa fue tu decisión. Nadie te obligó.
-En realidad… -tragó saliva. -Jorge me amenazó. -incliné mi espalda, llevándomela a ella por delante también. ¿QUÉ? ¿LA AMENAZÓ? La sangre me hervía en ese instante.
-Solo dijiste que te había dicho que era mejor que me dejases… ¿hay algo más? ¡Por favor, dilo!
-Me aseguró que si no te dejaba, él mismo publicaría la foto y acudiría a los medios. Es tu mánager, podía verificarlo en tu nombre. Darle veracidad a la noticia. -los ojos se me fueron abriendo conforme ella soltaba la frase. Me levanté del sofá. Estaba estresada, sumamente enfadada. Di cortos paseos de un lado a otro, mordiéndome el labio y apretando mis puños.
-¿Cómo ha podido…? -di un puñetazo al aire.
-Ven aquí. -me pidió. Volví al chester. -encima me pidió que no te contara nada de esto… no sabía qué hacer. Pero está claro que me equivoqué.
-Tenías que habérmelo dicho, joder. -me di un tortazo en el muslo. -se va a cagar.
-Tranquila.
-No, se va a cagar. -no se iba a ir de rositas. Eso lo tenía claro. Se iba a enterar ese tío. No tenía una mínima idea de cómo fastidiarle, pero desde luego, encontraría la forma. Iba a pasar por lo que yo había pasado, o incluso por algo peor. Esto no se quedaba aquí. Se había cargado lo que más quería.
-Marina, relájate, ¿vale? No sabemos qué puede hacer…
-No sé cómo puedes ser así. ¿No te das cuenta de lo que ha hecho? ¿De lo que has hecho tú? Me habéis hecho trizas entre los dos. Ya sé que la culpa es de él, pero tú también la llevas. Podías haberlo evitado. Podías haber pensado. Pensado en mí, en ti, en lo nuestro, en lo que hemos vivido.
-Vuelve conmigo. -rogó, poniéndome ojitos. Una mirada de la que nadie podía escapar. Pero yo lo hice. Por mí.
-¿Qué pasa si lo vuelves a hacer? ¿Qué me dice que no vas a volver a destrozarme con este tipo de cosas?
-Yo, yo te lo prometo.
-Aún no estoy preparada… -y con esas duras palabras salí de su chalet. Ni salió a despedirme. Estaba dolida. Pero tenía que aprender, tenía que comprender que lo que había hecho no tenía justificación. Había cogido el camino erróneo. A veces hay que ser valiente. Y ella no lo fue. No supo plantarle cara. Si llegaban a contarme esto hace unos meses… no me lo hubiera creído. La veía capaz de todo. De superar cualquier obstáculo. Me había decepcionado… Caminé despacio, sin ninguna prisa, respirando el aire puro del campo. Tenía que pensar mucho. Hablar con mi corazón y con mi mente. Pasar unas horas a solas. Encontrarme a mí misma. Descubrir mis sentimientos y sobretodo, qué hacer con Malú.

Pensar en Jorge me alteraba las venas. Se me hinchaban las narices solo con dibujar su nombre en mi mente. No tenía ningún sentido lo que había hecho. Primero tapa lo nuestro y luego la amenaza con sacarlo. ¿Qué sentido tenía? Cero. O era bipolar, o yo era una idiota y no entendía nada. Me parecía tan absurdo todo… 

martes, 8 de abril de 2014

Capítulo 60. DESAFÍO.

Dicen que hay que aprender a levantarse cuando uno se cae. Yo me había chocado contra el muro cientos de veces, cada golpe era diferente. Unos eran más dolorosos que otros, el caso es que, por desgracia, me había acostumbrado a eso de que las cosas saliesen mal. Me había habituado al duro material del suelo. A tener mil heridas. Aún así, seguía sintiéndome de goma. La persona más débil del universo. Cada piedra me hacía más vulnerable, cuando debería ser lo contrario. Hacerme fuerte con cada lección de vida. Pero no, yo me volvía pequeña, indefensa. Y eso era lo que sentía justo en este momento. No quería que la alarma sonara. Levantarme era un enorme desafío.
Ya habían pasado cuatro días y no había recibido noticias suyas. José solía llamarme con frecuencia para ver cómo estaba. Le preguntaba por ella. Seguía mal, según él, peor que yo. Pero eso era cuestionable. Ningún sentimiento puede ser medido. Por mucho que intentemos verlo… hay gente que puede llegar a sentir más dolor que uno que aparenta estar pasando el peor momento de su vida. La clave está en la manifestación de nuestro estado. Hay gente que sabe amar o sufrir en silencio, y no por eso significa que sientan menos que otros que lloran días y días. Yo intentaba, en la medida de lo posible, guardarme todo. Era de ese tipo de personas. No quería amargar a los de mi alrededor con mis problemas. Si expresara el malestar que sentía, ninguna persona sería capaz de estar a mi lado.
No podía más. Tenía que saberlo, tenía que saber por qué habíamos llegado a ese extremo. Ese mismo día había jurado que era ella la mujer de mi vida, que jamás nos separaríamos. En cambio ahora… ¿Qué me quedaba? Esa idea de felicidad inventada que había creado mi cabeza. Por más que intentaba asimilarlo me era imposible. Aún no me había creído que había desaparecido de mi vida. Que se había largado cuando mi corazón más la amaba.
-¿Me echas una mano con la comida? -me preguntó Li.
-Claro. -le sonreí. -qué menos… -me puse a cortar la cebolla mientras ella calentaba una olla con agua.
-¿Cómo has dormido?
-Dejémoslo en que he dormido. -le respondí sin dejar de mirar al cuchillo. Solía cortarme con facilidad. Me concentré al máximo en donde ponía el cuchillo.

-Bueno, vamos a poner algo de música para animar esto. -dijo Lidia, encendiendo la radio y poniendo la emisora que nos gustaba.
-"Si te amé, ya no sé… ni tu nombre ya no existes en mi piel, si lloré, no recuerdo cómo fue…" -la letra de la canción me llegó tan hondo que sentí mi organismo estallar. Era el tema que yo misma había tocado. Una canción que había oído hasta la saciedad. ¿Cómo pude odiarla tanto en ese momento…? Me despisté y me rebané medio dedo. 
Un chorro de sangre salió disparado mientras el estribillo seguía sonando. -"Si te amé, pudo ser… un momento de locura." -Lidia me limpiaba la herida, pero yo no pude soportar más oír salir esas palabras en su voz. Me di la vuelta furiosa y tiré de la radio, el cable se soltó del tirón que le di. La estampé contra el suelo y se rompió en mil pedazos.
-Marina… -se quedó impactada mi compañera de piso. Suspiré agotada. Ella me miraba impotente, sabiendo que no podía hacer nada. -Vamos. -dijo, agarrándome por el brazo.
-¿A dónde? -pregunté desconcertada.
-A buscar a Malú. No puedes estar así toda tu vida. -ni una palabra más bastó para convencerme. No tenía ni idea de qué iba a ocurrir, ni me lo imaginaba.
-Vale, pero antes apaga el fuego, anda. -la avisé. Ella rió distraída y pulsó el botón de la vitrocerámica. 
Nos subimos al coche y por segunda vez, su música en la radio. ¿POR QUÉ LE HABÍAN DADO HOY POR PONERLA A TODAS HORAS? Decía eso de "¿Por qué te vas y caigo en un abismo dónde no hay salida…?" Solo oímos eso. Mi amiga cambió la emisora. Probablemente tenía miedo a que rompiese la ventana del cristal o algo. Quise responderle, aunque obviamente, era una canción. De todas formas, un impulso me llevó a gritarlo.
-¡¡YO NO ME HE IDO!! -Li me ignoró y siguió mirando la carretera.
-Apriétate. -me dijo mirando mi dedo cubierto por una servilleta ensangrentada. Hice lo ordenado. El corazón se me iba a salir del pecho. Las manos me sudaban, como cuando me ponía nerviosa.
-¿QUÉ HACES? -le grité nerviosa. Se había metido por otro camino.
-Ir a recuperar a tu princesa. -dijo tan normal.
-¡ES POR LA OTRA SALIDA! -exclamé.
-Jo, yo no me entero en este pueblo. ¿No podía comprarse una casita al lado nuestra? -reí. Dio la vuelta invadiendo el sentido contrario. Bajé la mirada al suelo risueña. Oí un sonido extraño. El coche se paró en horizontal a la línea del medio. Vamos, que tanto los coches que iban, como los que venían, no podían pasar.
-Serás huevona… -me eché reí por no llorar. Le dio mil vueltas a la palanca de cambio, aceleraba y frenaba. Nada.
-¡Jo! -le dio un puñetazo al volante. -No hay manera.
-Anda, toma. -le di mi móvil para que llamase a una grúa y abrí la puerta.
-¿Dónde vas, colgada? ¡No me dejes aquí tirada! -me chilló por la ventanilla. -¡Pero si faltan dos kilómetros para llegar a la casa! ¿Dónde vas? -le dije adiós con la mano. Siguió gritando. Yo pasé.
Fui pensando por el largo camino qué decirle. Pero tenía claro que por más que pensara, cuando llegara allí no iba a decir nada que tuviese organizado. Iba a soltar las cosas tal y como las sentía. O puede que me cortara y me rajara. Que diera media vuelta. Perdí el hilo de mis pensamientos, me quedé en blanco. Llegué a su fachada. Estuve como cinco minutos en la puerta, dando vueltas sobre el felpudo. Había acercado mi dedo al timbre unas cuantas veces, pero no me atrevía a llamar. La puerta se abrió lentamente sin que yo hubiese tocado. 
-¿Pensabas llamar algún día? -rió. Yo sonreí tímidamente y asentí. -pasa, anda. -dijo sin mucho ánimo. Se me cortó la voz. No me salía decirle nada. Al pasar por delante suya, su fuerte aroma me traspasó el cuerpo. Me tragué las lágrimas. Verla me había producido un dolor fortísimo. Nos sentamos en el sofá y un silencio se formó, esta vez incómodo, no como los que teníamos antes. -¿No piensas decir nada?
-No soy yo quien debe hablar… -le dije sin mirarla. Lo entendió.
-Te quiero. -sonó sincero.
-¿Entonces por qué todo esto? Malú, en serio, estoy hecha un lío. No sé a qué ha venido tu comportamiento.
-Joder. -murmuró. -Marina, te juro que te amo.
-Deja de decir eso… haces daño. -echó la mirada al suelo. Mis palabras fueron frías y directas a donde más dolía, pero debía decirlas. Tenía que saber lo que me había hecho pasar.
-Cariño…
-Déjate de rodeos. Dame un por qué antes de que me vuelva loca, por favor. -le rogué. Observó mi punto de desesperación y suspiró. Se puso la mano en la frente.
-Está bien. -cedió. -voy a por una tila, espera. -pintaba mal, muy mal. En realidad no quería que volviera a sentarse con las tazas. No quería estar allí. Tenía miedo. Esta situación me superaba. Por otro lado, me moría de ganas por saber el motivo. ¿QUÉ HABÍA HECHO? Me había entregado totalmente. La pierna me empezó a dar saltitos. Me dio la tila y le di un buche. -sí, bebe. -quise chillarle que lo soltara todo… pero me mordí la lengua. No me gustaba gritar, y menos a ella.
-Venga… -le supliqué. Mis latidos se multiplicaban. Necesitaba saberlo de una vez por todas. Su móvil sonó, me puse histérica. Resoplé. Ella se quedó mirando la pantalla.
-Tengo que cogerlo. -me miró con miedo. -lo siento… -se levantó y se alejó. Mientras Malú dialogaba yo sorbía el culito de la taza. Me la había tomado en dos buches. Me iba a hacer falta.
Volvió a sentarse. Llevaba unas piratas negras ajustadas y una camiseta de manga larga de deporte. Seguía siendo perfecta. La miraba y es que no podía hacer otra cosa que amarla. Era para mí, estaba segura.
-¿Preparada…? -me preguntó frunciendo el ceño.
-¡YA, POR FAVOR! -chillé.

-Nos han descubierto…

lunes, 7 de abril de 2014

Capítulo 59. BLANCO Y NEGRO.

Eran casi las cuatro de la mañana. Li me llevó rodeando mi cintura hasta la cama. La había deshecho y preparado para que me acostase. Me sentó en el borde con cuidado y yo me eché hacia atrás. Estaba exhausta. Me había hecho demasiado mal eso de emborracharme. Me di la vuelta y quedé boca abajo. La cabeza me iba a reventar en cualquier momento.
-No te vayas. -le agarré la mano sin mirarla. Se sentó y acarició mi pelo, que tapaba toda mi cara. No pude evitar volver a sollozar. Cada recuerdo me arañaba. Solo sentía ganas de morirme.
-Tranquila. -me susurró, acercándose a mi oreja. -estoy aquí contigo. -sus palabras me ayudaron. Parecía una estupidez… pero fue la mano que sostuvo mi caída a un abismo infinito. Me aferré a ella lo más fuerte que pude. -tranquila. -repitió. Cada vez que lo decía, una gota de vida me llegaba. Me acarició la cara, apartando el pelo que la cubría. Me cerró los párpados. -duérmete. -me pidió. Calmé mi respiración. Las lágrimas pararon de salir. Habría agotado el suministro otra vez… Se tumbó de lado, abrazándome. No sabía cómo, pero con su pequeño cuerpo me hizo sentir protegida. Encontré en sus brazos el refugio que necesitaba. Cuando ya estaba totalmente calmada, otra vez apareció ella, esta vez me llegó al olfato. Las sábanas seguían impregnadas de ella. -¿qué pasa ahora? -me preguntó al oírme llorar de nuevo.
-Huele a ella… -sollocé.
-¿Quieres dormir conmigo? -me preguntó, secando las gotas que resbalaban por mi rostro enrojecido. Asentí. Me pasé la noche abrazada a ella. Necesitaba a alguien y ella estuvo conmigo una vez más. Siempre. No me había fallado.
El día siguiente fue aún peor. Me levanté a la hora de almorzar chorreando en sudor y con un taladro en mi cabeza que me impedía pensar. Mis párpados se habían quedado pegados. Ellos tampoco querían vivir en aquel mundo de mierda. Un mundo que se había quedado hecho trizas. Querían seguir cerrados para no asumir que ella no estaba a mi lado.
-Ya era hora. -me dijo Li al verme atravesar el salón. Estaba limpiando los muebles, como cada fin de semana. Parecía algo común, aunque no era otro domingo más. Era un domingo sin ella. -¿has dormido bien? -no contesté. La respuesta era obvia. -Oye, intento normalizarlo un poco…
-Ya lo sé. -dije, buscando la caja de ibuprofeno. -no sé cómo voy a agradecerte lo que hiciste anoche por mí.
-Idiota. -rió. -sabes que puedes contar conmigo siempre. -me sonrió. -ven aquí, anda. -nos fundimos en un fuerte abrazo. Mi mayor problema, mi mayor miedo. La soledad. Era incapaz de quedarme sola. Necesitaba siempre a alguien… Quizás si en el momento que me dejó hubiera estado acompañada, no me habría emborrachado. No habría llegado a ese punto. Pero lo hice. Era incontrolable.
-Se ha ido tan de repente… -moqueé.
-Eh, no empieces otra vez. -me dijo Li, que ya me veía al borde de derrumbarme de nuevo.
-Es que… si hubiera una razón… Porque si no estuviéramos bien lo entendería. Lo habría visto venir… Pero es que ha sido muy rápido... -Lidia suspiró al escucharme. No supo que decir. Estaba tan impactada como yo.
-Seguro que en dos días vuelve corriendo. Era muy feliz contigo.
-¡Por eso no sé por qué me vino con eso anoche! -exclamé pegando un puñetazo. -Odié que no me diera una explicación. Joder, aunque fuese mentira. Ahora me pasaba el día dándole vueltas.
-¿Por qué no quedas con ella? -me propuso. No se me había pasado por la mente. Cogí el móvil y miré su whatsapp.
-No se conecta desde antes del concierto…
-Prueba a llamarla. -dijo. Me dispuse a ello. "El teléfono móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura". Lo tiré contra la mesa de la misma rabia.
-Sácame de aquí. -le pedí a mi mejor amiga.-necesito despejarme. Hagamos cualquier cosa.
Después de comer, a eso de las cinco, nos montamos en el coche. Le pregunté que a dónde íbamos, pero no me contestó. Le encantaba eso de sorprenderme.
Me encontré a todos mis amigos muy bien arreglados. Estaban junto a la cartelera del cine.
-¿Te apetece ver una peli con tus coleguis? -me preguntó sonriente. Me parecía un plan perfecto. Palomitas, película, gente, risas. Me senté entre Quique y Vanesa.

-Me he enterado de lo de Malú. Lo siento mucho. -me susurró la que había sido el amor de mi vida.
-¿Cómo?
-Li nos lo ha contado. -la muy cotorra… no se podía callar. Bufé. No me apetecía hablar de ello. Había salido precisamente para olvidarme. -espero verte más por el bar.
-Si prácticamente no paso por casa… ¿cómo quieras que vaya al "rincón"?
-Qué diva estás hecha. -soltó espontánea. Yo no pude evitar que saliese una carcajada. Los espectadores me mandaron a callar. Enrique me lanzó una palomita que dio en mi ojo.
-¡Ah! -me quejé. Le metí un codazo. Necesitaba eso. Diversión. Alejarme de la melancolía que me rondaba. Por ello, alargué la quedada lo más que pude. Les invitamos a cenar a casa, cena a la que asistió López.
-¿Qué tal estás? -me abrazó.
-Ahí vamos. -reí tímidamente. En realidad fatal.
-Se arreglará, estoy seguro. -chocó mi mano.
La noche se sucedió contando anécdotas viejas. Pasamos un buen rato. Me hablaron del concierto que di la noche anterior. Según ellos, lo hice más que genial. Que estuve enorme. Pero cada vez que oía la palabra "concierto", se me venía la imagen de su silla vacía. ¿Cómo podía echarla tanto en falta? Había pasado de ver la vida en color, a verla en blanco y negro.
 -¿Os habéis enterado de lo del padre de Lorena? -dio un golpe repentino Gloria en la mesa. Ella era una de sus mejores amigas.
-¡Ostias, sí! ¡Qué fuerte! -opinó Jessy.
-Joder, soltarlo. -me desesperé. Ellos rieron.
-Cómo ahora ya no estás por el barrio pues pasa lo que pasa, que no te enteras de nada. -me lanzó una pullita Leire, la novia de David.
-Se ha cepillado a la frutera. -me eché a reír. Las carcajadas se amontonaban en mi garganta para salir. Fue la manera espontánea de decirlo de Quique lo que me acusó tanta risa. -cómo de "loser" tiene que ser para tirarse a una frutera de un barrio cutre siendo político. ¿Hola? ¿Me cuentas tu vida? -volví a descojonarme. Gracias a esta risoterapia extraña que estaba haciendo pude liberarme de la tensión acumulada que soportaba.
-Lo peor es que su mujer se ha enterado y lo ha echado de casa. -añadió Glo. -Lorena lo ha acogido en su casa, no le ha quedado otra.
-¡Y se le cortó el rollo! -rió bruscamente Quique, que había ido detrás de ella durante mucho tiempo y no le hacía caso. Lorena no quería parejas, no quería enamorarse. Vivía la vida loca. Cada noche un hombre nuevo ocupaba su cama.
-La pobre está de sequía extrema. -aportó Jorge.
-Ay, qué penita. -dijo Li. Ella tan buena como siempre.
-No, eso le pasa por puta. -Enrique le tenía un rencor guardado importante. Se formó un murmullo después de decir aquello. Yo seguía riéndome. Lidia me miraba contenta. Había conseguido alejarme del malestar y la depresión.
Cuando se fueron todos, miré el móvil. Una llamada perdida de "El cuñi molón". Reí al ver el nombre, él mismo lo había puesto. ¿Quién sino?
Me quedé mirando la notificación. No sabía si devolverle la llamada o acostarme. Le di unas cuantas vueltas al móvil. Tarde o temprano iba a caer… así que, marqué su número.
-¿Cómo estás? -preguntó nervioso.
-¿Cómo quieres que esté…? -dije decaída, colocándome en la cama. Mi compañera de piso se había encargado de cambiar las sábanas del dolor. El dolor que me producía su olor. Su aroma me resquebrajaba por dentro. Me traía miles de recuerdos. Era un placer dañino.
-Mi hermana es idiota. Te lo juro. -parecía alterado. -me lo ha contado y me he quedado flipando. -me quedé en silencio. No sabía que contestarle. Tenía toda la razón.
-¿Te ha contado por qué me ha dejado?
-Que va… ¿por?
-Ni idea… Simplemente me dijo se acabó y se largó.
 -¿QUÉ? -se sorprendió. -¿en serio?
-Totalmente en serio… -la voz fue perdiendo fuerza conforme terminaba la frase.
-En cuanto la vea la mando al rincón de pensar, como a nuestro hermano. -reí. -No, no te rías. Se ha comportado como una niña pequeña, sinceramente. Te pido perdón…
-Tú no tienes que pedirme perdón, idiota. -reí.
-Oye, afloja las confianzas, eh. -volví a reír.
-¿Cómo está ella…?
-Fatal. Destrozada. Rota. -me partí en dos. Los tres adjetivos me congelaron la garganta. -nunca la había visto tan mal por una relación…

Al colgar me tapé con las sábanas. Cerré los ojos. La segunda noche sin ella. Sin sus buenas noches, sin sus besos, sin ese te quiero antes de dormir, sin su cuerpo abrazado al mío aportándome calor, sin su piel pegada a la mía, sin sus ojos que alumbraban la oscuridad de la noche, sin sus susurros que cortaban el silencio, sin aquella forma de pestañear, sin su sonrisa infinita, sin sus dedos acariciando mi espalda, sin su manera particular de arrastrarme a ella con sus pies, sin la ilusión de que al despertar la vería. Pero sí tenía una cosa de ella esa noche. Su ausencia mortífera. 

domingo, 6 de abril de 2014

Capítulo 58. NO TE PUDE RETENER.

El trabajo más el comportamiento y personalidad de mi irritable mánager me suponían un estrés inaguantable. La semana se me hizo eterna. Viajaba de plató en plató de nuevo, de radio en radio. Qué duro era empezar. Debía a darme a conocer por todos los lugares. La promoción más dura era ésta. El primer disco. El primer sueño. Suerte que también era cuando más ganas tenía. Cuando tenía una fuerza imparable.
-Me tienes abandonada. -oí su voz tras el móvil.
-Lo siento cielo, no paro un segundo… -dije, acomodándome en la butaca del tren. En frente, Jorge me miraba disimuladamente.
-¿Qué tal con el nuevo? -me preguntó.
-Fatal. -resoplé, mirando por la ventana.
-Bueno, ya mismo vuelve Mari y adiós al problema.
-Ya, Malú, pero joder… no estoy cómoda. -le dije. Mierda. No me había dado cuenta de que me estaba oyendo. Abrió los ojos como platos y miró a otro sitio, haciendo como que no había oído nada.
Al poco tiempo de colgar, se sentó a mi lado.
-¿Estabas hablando con Malú…? No he podido evitar oír la conversación. -claro. No ha podido evitarlo… Claro.
-Eh… sí. -se produjo un silencio incómodo. Volví a refugiarme en el paisaje primaveral que había tras mi ventana.
-¿Sois muy amigas? -volvió a intervenir.
-Sí. -contesté seca. No quería seguir hablando con él.
-Es una gran cantante, ¿no crees?
-Lo es. -afirmé. -de hecho, la he seguido desde siempre.
-Así que de malulera a intima amiga. -unió hilos. Asentí sin poner mucho énfasis. -Oye, siento estos días… nunca se me dio bien hacer amigos y socializar.
-¿Entonces por qué te metiste a mánager…? -le solté. Bajó la cabeza.
-A partir de ahora vamos a llevarnos genial. -prometió. -de verdad. -me tendió la mano y dibujó una leve sonrisa. Yo, por no discutir más, cedí.
Los días se fueron sucediendo con todo el pesar de soportar a un individuo que estaba las 24 horas incordiándome y con la presión de no poder hablar libremente con mi chica. La echaba mucho de menos…
El fin de semana más ansiado de mi vida por fin llegaba. Jamás había tenido tantas ganas de terminar la semana. Llegué a casa de Malú y, sin soltar la maleta, la abracé.
-Ay… tu perfume… ya no me acordaba ni de cómo olías. -bromeó.
-Eres más idiota... -reí.
Pasamos la tarde entre caricias, besos robados y tonterías. Éramos felices. Lo nuestro parecía infinito. Nada podría separarnos. Eran esos instantes los que nos hacían sentir que aquello era para siempre. Vimos las fotos del viaje a París y no podíamos estar más contentas. Nuestras caras en las imágenes lo decían todo. Nadie podría negarlo.
-¿Estas preparada para tu primer concierto? -me sonrió, acabando sus labios en los míos.
-Nunca se está lo suficientemente preparada para eso…
-Te vas a lucir y yo voy a estar allí para verlo.
Pero no fue así. No estuvo allí para verme. Me prometió que iría… me indicó el sitio donde iba  a estar en la sala, sitio que estaba vacío.
-Estará al llegar. -me dije, acomodándome en el taburete. Miré a mis chicos. Estaban plenamente eufóricos.
-El primero de muchos. -susurró Pepe Luí.
-Hagamos que tiemble la tierra. -añadió Merce agarrando con fuerza las baquetas.
-Comámonos el mundo. -asintió con la cabeza Ricky. Pero me faltaba ella. Seguía faltando en ese lugar. Comenzamos la canción, a la cual el público se entregó. La sala estaba llena de gente, y como no, las marineras. Les mandé un guiño. El cosquilleo se esparció por mi ser. Por cada rincón de mi alma. Estaba siendo mágico. Por otro lado, el dolor que me producía ver aquella butaca sin ocupar me partía el alma. La busqué con mi mirada, pero por más que deseara, no conseguía encontrar su rostro entre la masa.
Al rato la vi llegar. A partir de ese momento, el concierto cogió fuerza. Fue como la chispa que alimentó al fuego. Mejor tarde que nunca. Aunque la verdad, se había perdido media actuación. A saber que había pasado…
Me olvidé de eso y disfruté a fondo del extraordinario momento que me brindaba mi carrera. Gracias a mi fuerza, a mi empeño y a las ganas que puse en mi sueño, lo había alcanzado. Lo pasé mejor que nunca. El estrés de aquella semana mereció la pena. Qué sensación de poder me daba el escenario. Me sentía la reina del mundo.
Me encontré con Malú en nuestra casa. Li se había ido con López, así que decidimos quedarnos allí, ya que mi piso quedaba más cerca que su casa.
-Has estado genial. -dijo tímidamente, con el rostro algo decaído.
-¿Pasa algo, cariño? -le levanté la barbilla. Me abrazó. Algo pasaba, sí. -Princesa, ¿qué ha ocurrido? -la apreté. Froté su espalda con mis manos. No decía nada, y eso me ponía nerviosa.
-Siento haber llegado tan tarde… -estaba llorando. Me partía en dos el oírla sollozar.
-Ah, ¿era eso? Tonta, da igual. -besé su frente.
-No… no solo eso. -me apretó aún más. -necesito que me prometas una cosa.
-Dime. -nos sentamos en el sofá. Yo a su derecha y ella a mi izquierda. Mi brazo la rodeaba por detrás y mi mano contraria acariciaba la suya.
-Vas a ser fuerte, ¿a que sí? -no entendía nada. ¿A qué venía eso? Apretó mi mano. Sus lágrimas caían despacio por sus mejillas.
-Malú, esto no me gusta…
-Cállate. -me pidió, mirándome con los ojos encharcados y rojos. -promételo.

                                                      
-Prometido. -logré decir con mucho esfuerzo. Volvió a abrazarse a mí, esta vez sentadas. -cariño… explícate, por favor. -suspiró al oírme.
-Tenemos que dejarlo. -las tres palabras se me cruzaron en el cuerpo como si fueran tres hachas que me hicieron cachitos. Me hizo tanto daño que me dolía físicamente. Entré en un estado de shock que me impidió incluso llorar. Debía ser broma. No… no podía ser cierto. Lo nuestro era eterno. -Lo siento, de verdad, pero es lo mejor, créeme. Para ti y para mí. -me dio un largo beso en los labios. -sé grande. Demuestra al mundo lo que vales. -dijo sin apartarse de mi boca. Se levantó y salió por la puerta. El ruido de ésta al encajarse me hizo despertar. No era una pesadilla, era la pura realidad y la mujer que me había robado el corazón se iba con él. Me levanté y abrí la puerta bruscamente. El ascensor ya se había ido con ella dentro. Eché a correr por las escaleras gritando su nombre. Cuando quise salir fuera, su coche ya iba en camino. Era inútil. No la pude retener. Pegué una patada a una papelera que rodó y rodó por la calle ligeramente inclinada, a la vez que los papeles y la porquería se salían de ella. Yo era una de esas piezas de basura y Malú había sido mi botín. Me había destrozado de un solo golpe.
¿Y qué debería hacer ahora? ¿Qué se suponía que tenía que hacer? Aceptar que solo había sido la cuerda desafinada de mi guitarra. La manzana del edén que nunca debí probar. El sueño imposible que pasó a ser la peor pesadilla que podía haber tenido. Me eché a llorar. Lo necesitaba. Me arrodillé en la oscuridad de la noche. Justo en el borde de la acera. Me desahogué. Necesitaba soltarlo. Chillar. Y eso hice. Grité mis llantos hasta quedarme sin voz. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Qué había hecho? Ni si quiera un motivo. No había hecho nada para que eso pasara. Eso fue lo que más dolía, que no existía un por qué. Se fue sin más. Me rompió sin más.  Eché a correr por las aceras. Me encontré con un coche al girar la esquina y casi me hizo puré. Metió un frenazo y pitó.
-¡A VER SI MIRAMOS ANTES DE CRUZAR! -gritó el conductor enfadado.
Hizo que me sintiese aún peor… Me sentía tan sola, tan inútil. Mis ojos se habían quedado sin lágrimas y la carrera me había dado sed. Encontré un bar abierto. Entré sin pensármelo dos veces. Estaba desierto, solo había dos personas en la barra y el barman. Pedí una coca cola y me la bebí de un solo sorbo. El camarero se quedó estupefacto.
-¿Otra? -negué con la cabeza. Necesitaba algo que hiciera olvidarme todo. Malú no salía de mi cabeza.
-Ponme lo más fuerte que tengas. -volví a dejarlo boquiabierto. Sacó una botella y empezó a echarme chupitos. Yo me los bebía de tres en tres.
-Deberías parar ya…
-No. -negué, dando un golpe con el vaso. -otro. -a pesar de mi vista nublada, seguí bebiendo. No me hacía nada bien, era consciente de ello, pero mi lado más débil pedía más. No podía parar. Estar ciega me ayudaría a despejarme. El dolor de cabeza suplía al dolor de perderla.
Pronto empecé a encontrarme mal. El estómago me daba cuchilladas. Me di la vuelta en el asiento y me agarré el vientre. Vomité allí en medio. El camarero, muy amable, me agarró y me llevó al cuarto de baño para terminar la faena. Mi cuerpo desfallecido cayó en las lozas mugrientas.

No sé cómo pasó. Ni cuándo. Me desperté en la bañera con la ropa puesta y Li echándome agua con la manguera.
-No vuelvas a hacerme esto… -me pidió, con la garganta rota. -estaba muy asustada.
-Lo siento… -dije avergonzada. Cabizbaja. Mi olor a alcohol era insoportable, ni yo me aguantaba. Me eché a llorar. Mis lágrimas se mezclaban con el agua que salía de la manguera. Apoyé mis codos en las rodillas y sujeté mi cabeza. Lidia cortó el chorro y dejó la alcachofa sobre el grifo. Se arrodilló y apoyó la cabeza en el borde de la bañera. La miré de reojo. -¿cómo has sabido que…?
-Malú me avisó... me pidió que te cuidara. -la pronunciación de su nombre me volvió a descuartizar…


miércoles, 2 de abril de 2014

Capítulo 57. CORAZÓN PARTÍO.

Era curiosa la sensación. Inexplicable. Insuperable. Sentía un extraño vaivén en mi cuerpo. Un pequeño gusanito que se paseaba por mi pecho de arriba abajo. Un cosquilleo agradable. Mis ojos estaban a punto de morir. Las pestañas al borde de cerrarse, hacían lo que podían para mantenerse abiertas. Y si a algún globo suicida se le ocurría pasar cerca de mí, mi piel de gallina lo explotaría. Mis dedos se movían sin permiso por sus cabellos morenos. Mi otra mano estaba ocupada, sirviendo de cama para la suya. Estaba tan preciosa que me rasgaba el alma partiéndome en mil pedacitos. El ritmo de su respiración era tan silencioso que apenas se notaba. Expulsaba el aire lentamente, y lo inspiraba de igual forma, haciendo que su cuerpo se hinchase y deshinchase a la misma velocidad. El olor que desprendía no podía ser más perfecto. Se había echado más perfume de la cuenta. Probablemente quedaría incrustado en mis sábanas de por vida.

-¡Buenos días, parejita! -entró entre chillidos Malú a su chalet. Pablo y Li seguían tal cual los dejamos. En el sofá tirados, totalmente dormidos. -¡Hora de levantarse! -dio palmas.
-Qué delicadeza… -reí, corriendo las cortinas.
-Hombre, mira la hora. -respondió ella, sacudiendo los cuerpos pegados de nuestros amigos.
-¿Dónde estoy…? preguntó Lidia, saliendo del regazo de su chico. Solté una carcajada. Vaya careto que llevaba.
Desayunamos los cuatro comentando el día anterior. El concierto había sido increíble. Arrasó. Me sentía orgullosa de ella. La miraba sonriente. Era una fiera.
-¡Sales en todos! -exclamó emocionada Li ojeando los periódicos del día. -¡Marina, tú también! -gritó aún más fuerte. Me levanté de la silla y observé mi foto junto a ella. Habían dedicado un párrafo para mí. Lidia lo leyó en voz alta con una vocecilla que lo decía todo. Estaba muy contenta… terriblemente feliz por mí. Terminó con un suspiro y bebió un sorbo de la taza. -¿ves? te dije que algún día la conseguirías.
-¿El qué?
-La felicidad. -dijo sonriente. Le cogí el moflete con fuerza y tiré de él. Chilló quejándose y se echó hacia atrás. Echamos a reír. No había cosa más divertida en el mundo que picarla. Decidimos pasar el día de compras. Acudimos a un centro comercial de poco tránsito. Por suerte, no había mucha gente.
Al atardecer y buscando un restaurante, mi móvil sonó. Vi que era Paula. ¿Qué querría…? Era domingo. ¿Habría pasado algo importante? Tenía que ser, era mi día de descanso.
-Marina, soy Paula, tu productora musical. -¿no sabía que existía la agenda de contactos? Ya sabía quién era…
-Hola, ¿ocurre algo? -me adelanté.
-Sí… es Mari. -dijo tan normal. No tenía ni idea de lo que había pasado… pero su tranquilidad y seriedad me enfurecían. Yo ya estaba temblando. Algo no iba bien. -ha tenido que abortar. -mierda. Mierda. Mierda. Con lo emocionada que estaba los últimos días… Habían superado la crisis… Había estado junto a su marido en el concierto. Los dos tan felices. Joder. Cómo cambian las cosas de un día a otro. La vida se tuerce y te da la espalda de repente. Sin avisos. Muestra su lado más duro y frío y te destroza. Te rompe por dentro quitándote todo lo que te ha regalado antes.
-¿Cómo está…? -me atreví a preguntar, con miedo a la inevitable respuesta.
-Fatal. Destrozada. -su tono de voz seguía tan estricto como el de siempre. ¿Ni una situación así la cambiaba? -deberías llamarla. -Obvio que lo iba a hacer…
-¿Todo bien, mi amor? -se dio cuenta Malú de que me había parado a hablar por teléfono mientras ellos seguían perdiéndose por las oscuras calles de Madrid. Le hice un gesto con la mano de que se esperara. Tenía mucho que contarle…
-Marina, mañana mismo vienes a la oficina. Te he asignado otro mánager mientras se recupera ella. -tras la escalofriante conversación, le conté lo ocurrido a los chicos, que se quedaron totalmente conmocionados. Conocían a Mari, y era difícil imaginársela mal… Siempre tan graciosa, con ganas de comerse el mundo.
-¿Por qué no vamos a verla, cielo? -me preguntó mi chica.
-No sé si tendrá ganas de vernos… -opiné, poniéndome en su lugar. Marqué su número. No me lo cogió… Mantuve la llamada hasta oír el contestador. Volví a hacerlo una segunda vez. En esta ocasión tuve suerte.
-Hola. -su voz apagada me sorprendió. Jamás la había oído así… podía notar su dolor.
-Me acabo de enterar… Lo siento mu… -me cortó.
-No te preocupes, estoy bien… En nada estaré contigo otra vez. -su fuerza era tremenda. -Menudo desastre… joder. -se quejó. -con lo feliz que estaba yo… Ofú. Tengo el corazón "partío".
-¿Podemos ir a verte?
-Ahora mismo estoy ocupada… estoy dejándole los deberes a tu nuevo representante.
-Campeona, deja eso y descansa. -le dije.
-No, no. Además, así me despejo un poco. No paran de llegar familiares y estoy hasta el… -se ahorró la palabrota por vez primera. Solté una risa. Asombroso su coraje.
Esta mujer daba lecciones de vida, sinceramente. Tendría algún pozo en su casa cargado de fuerza o algo. Cualquier madre requeriría un psicólogo, entraría en depresión… y mil historias más. Perder a su primer hijo después de todo lo que me había contado… Me dolía hasta a mí. No entendí como pudo salir de eso tan rápido. Mari, a simple vista, ya parecía de por sí una mujer con un par de ovarios bien puestos. Demostrar eso era otra cosa. Y ella lo había logrado.

Llegué a la discográfica a eso de las doce de la mañana. Allí estaba Pedro junto a un hombre de pelo engominado y muy bien arreglado. Llevaba un traje llamativo, se notaba que le había costado un ojo de la cara. La corbata anudada cuidadosamente y un maletín oscuro en la mano izquierda.
-Buenas. -me saludó mi director musical. De pronto llegó Paula. Le sonrió al engominado. Los dos estaban cortados por la misma tijera… Eran muy similares. Se miraron de nuevo.
-Marina, éste es Jorge. -me dijo. -tu representante a partir de ahora.
-Encantada. -le tendí la mano, no la estrechó. La quité algo molesta.
-Llevo toda la mañana informándome sobre ti.-ni hola. Muy bien. Sacó el móvil y me enseñó la pantalla. -María Dolores me ha pasado todo lo que necesitaba saber.  Viajamos a Sevilla en unas horas, tienes firma de discos a las seis y media. -¿En serio? No lo sabía. Nótese la ironía… me sabía mi agenda como la palma de mi mano. Asentí con la cabeza mientras mencionaba los planes de la semana. Menuda tortura. Ya empezaba a echar de menos a Mari. Ojalá se recuperase pronto. Ojalá. No aguantaría mucho con éste.
-Te va a ir muy bien con él, ya verás. -me guiñó Paula despidiéndose de mí. Yo asentí riéndome. Claro que sí… Pedro y Jorge ya se habían largado. Yo me quedé cerca del parque con mi guitarra. Necesitaba un poco de tranquilidad antes de volver a casa y recoger la maleta. Me puse a tocar e inevitablemente, mis dedos inventaron una nueva melodía. La apunté a toda prisa. Sonaba muy bien.
El tiempo no corre. El tiempo vuela. Me había entretenido demasiado con mi instrumento. Iba tarde. Muy tarde. Llegué sudando al aeropuerto dando largas zancadas y esquivando a los viajeros.
-A buena hora. -seguía con el mismo peinado y la cara de sieso. -la puntualidad es un rasgo muy importante. Te hace madura y seria. -comentó. Yo miré a las pantallas sin prestar mucha atención a sus palabras.
Durante el vuelo no articuló palabra. Miraba por la ventana para distraerse. Yo tenía el cuaderno en la mano. Movía el boli dando golpecitos sobre la libreta. Estaba pensando la letra de mi próxima canción.
-¿Puedes estarte quietecita? -preguntó desagradable, mirándome de reojo. Me quedé sorprendida y paré el bolígrafo. Tras otro instante de silencio, decidí intervenir.
-Bueno… ¿qué tal? -no sé si no me oyó o simplemente me ignoró. Volví a repetírselo, ahora más alto.
-¿POR QUÉ CHILLAS?
-NO SÉ. -elevé también mi voz. Retornó a mirar por la ventana. Joder, qué mal lo iba a pasar con ese hombre.
Al bajar del avión y aspirar el aroma de aquella ciudad, miles de momentos se me vinieron a la mente. Sevilla. Nuestro primer viaje… Casi se me cae la baba mientras bajaba las escaleras.

A las seis y media, ni un minuto arriba, ni un minuto abajo, salí a firmar. La cola se extendía por los pasillos del centro comercial. Me quedé sorprendida, no esperaba tanta expectación… Cuando me vieron allí arriba empezaron a corear mi nombre. Una multitud gigantesca hacía la ola gritando. Me puse las manos en la boca mientras lloraba y reía a la vez. La tensión acumulada estalló tras esta sorpresa. Había sido un día extraño, cargado de sensaciones.
La primera chica de la cola vino corriendo a abrazarme. Qué espontaneidad. Me eché a reír mientras la apretaba en mis brazos.
-Toma. -dijo sonriente, dándome un clínex. Lo necesitaba. Limpié mis lágrimas y le firmé el disco. -estuviste tremenda en el concierto con Malú… -eso era. Joder, eso era. Por eso había tanta gente aquí… el concierto. Sonreí al recordarlo. La verdad es que fue una de las mejores experiencias de mi vida.
El público sevillano era como su ciudad. Tenía un color especial. Cariñosos cómo ellos solos. Me sentí tan acogida, tan bien recibida… Estaba como en casa. Aquello era inolvidable. Terminó la sucesión de gente y por allí seguían algunos fans, delante de la valla.
-¡QUE CANTE! ¡QUE CANTE! -corearon tocando las palmas.
-¡No, no! ¡Ya se tiene que ir! -chilló mi mánager, calmando a la oleada. A mí me apetecía mucho  hacerlo. Mari hubiera ido corriendo a buscar un micrófono… Los guardias me fueron empujando hacia la salida… Me di la vuelta y me acerqué a los chicos. Me arranqué con el single a capella. Sin guitarra y sin micro. Qué más daba. El silencio se hizo para que mi voz se proyectase a lo largo del edificio. Un momento mágico que quedó guardado en la caja de mi memoria. Esa firma tuvo algo especial, algo que no hubo en ninguna otra. No quería irme de allí…
Jorge me echó la bronca por hacer lo que hice. Yo asentía mirando por la ventana del taxi.
-Es que vamos a ver, ahora vamos a llegar tardísimo a la televisión. ¿Me estás oyendo? No sé si lo sabes pero tienes que actuar en…
-¡Lo sé! ¡Lo sé! -exclamé. Me sacó de quicio. -no hace falta que me estés diciendo a cada segundo que es lo que tengo que hacer. Lo tengo todo muy bien aprendido. Me ponía de los nervios.
-Pues no vuelvas a hacer algo si te digo lo contrario. -me dijo, refiriéndose a lo que había pasado en el centro comercial.
-He cantado en todas las firmas… no iba a irme de allí sin hacerlo. Además, lo merecían. Se han portado conmigo genial.
-¿Y qué pasa con los de "Canal Sur"? No puedes satisfacer a…
-Sí que puedo. -le corté. -Aún faltan veinte minutos para salir. Llegamos de sobra. -le callé la boca. Al fin. No me estaba gustando nada su actitud… Era el polo opuesto de Mari…