lunes, 27 de enero de 2014

Capítulo 31. SI ESTOY LOCA

Disfruté un poco más de sus labios y se echó hacia atrás, con las piernas colgando y casi rozando el suelo. Noté sus manos subir por mi espalda. Tiré de ella hacia arriba para quedar sobre la cama por completo. Mordí su mandíbula y ella rió. Soplé en su cuello y la carcajada fue mayor.
-Sabes que tengo cosquillas. -retiró mi cara, pero volví a hacerlo. -Marina… jo. -dijo entre carcajadas.
-Vale… ya paro. -Cedí. Me di la vuelta y caí a su lado. Giró la cabeza y se quedó mirándome. El color dorado de sus párpados me tenía embobada. Estaba guapísima. Me preguntó algo pero no lo oí. Estaba ensimismada ante su belleza. Chilló mi nombre.
-¿Eh? -moví la cabeza, haciéndome volver al mundo real. Rió ante mi reacción.
-¿Te queda algo de cubata?
-No... ¿Quieres más? -asintió con una gran sonrisa. -Voy a por otro.  
-No, no te vayas.
-¡Mayordomo, ven! -bromeé. -será un minuto, amor. -besé sus labios con cariño y fui en busca de otra bebida. En la barra que de la cocina me encontré a Lorena preparando una ronda.
-¡Marina! ¿Dónde estáis? Hace un rato que desaparecisteis.
-Ni pienso ni busco ni quiero volver, no quiero ni verte ni hablar ni saber, yo quiero irme lejos tanto como pueda, quiero que me veas desaparecer… -canté. Ella me pegó un codazo. -Hazme dos de los que me gustan.
-¿Cargaditos? -me miró con una sonrisa pícara. Guiñé un ojo como respuesta. Vi de lejos a Quique con una chica. Corrí hasta él.
-Hola guapa. -me acerqué a ella y la rodeé por los hombros. Levanté las cejas mirando a mi amigo.
-¡Hola! -me saludó. -Ostras… -se apartó y se quedó con la boca abierta mientras observaba mi cara. -Tú…-abrió los ojos por completo. -ganaste la voz…  
-Así es. -dije orgullosa. Me dio dos besos apresuradamente. Miré de reojo a mi amigo. Ardía en celos. Resopló y miró hacia otro lado.
-¿Te haces una foto conmigo? -me pidió. Yo asentí y Enrique tomó la foto con el mismo careto de sieso. Yo no podía reírme más. Le di una palmada en la espalda y le susurré:
-Vuelve a tirarle los tejos a mi novia, machote. -me pegó un pellizco en la barriga y me dirigí entre carcajadas al encuentro de Lorena. La risa se me cortó de golpe. Vanesa. Le cogí los dos vasos a la chica, le di las gracias y me fui ignorando su presencia. Vi como agachó la cabeza. Noté su mano en mi codo. Aparté el codo con fuerza y coraje, derramando algo de bebida.
-Escúchame. -dijo con la voz quebrada  y los ojos casi llorosos. Yo no podía verla así. Me jodía mucho porque me hacía sentir culpable, cuando toda la culpa la tenía ella en realidad. Yo no había hecho nada para que estuviésemos así.
-Por favor, solo un momento. -me rogó su mejor amiga.
-¿Te ocurre algo? -le pregunté algo preocupada. Su mirada era opaca, apagada. Sin brillo. Estaba muy cambiada desde la última vez que la vi… Por mucho daño que me hubiese causado… era ella. Fue la persona más importante de mi vida durante mucho tiempo. En el fondo, aún me importaba. Solté los vasos en la encimera y vino a abrazarme. Maldita navidad que me debilitaba. Malditos los momentos que pasé con ella y que se agolparon de repente en mi cabeza. Malditos sentimientos. Su olor seguía siendo el de siempre. Lo adoraba. Jamás imaginé que lo echaría tanto de menos. Volver a tenerla en mis brazos… me hacía sentir rara. Su cuerpo temblaba.
-Perdóname.
-Oye, princesa. -mierda. La había cagado. Me había confundido. Me estaba volviendo loca... -Vanesa. -corregí. -yo no quiero estar mal contigo pero tía, te portaste fatal.
-Lo sé… pero perderte me desquició tanto que llevé a hacer ese tipo de cosas. Tú me conoces… no soy así. Fue el momento, la rabia, el miedo a perderte, la impotencia.... -la apreté aún más contra mí. Casi se me escapan unas lágrimas. Esa sí que era mi Vanesa. La chica que cambió mi vida.
-¿Marina? -Malú estaba a mi lado con la cara desencajada. Cerró los ojos lentamente y respiró. Los latidos de mi corazón se dispararon. No sabía cómo podía sentirse en ese momento. Solté a Vane, que se resentía a separarse de mí. Cogí los cubatas y le pedí que volviéramos a la habitación. Cuando íbamos de camino a ella giré la cabeza. Un impulso me llevó a hacerlo. Le dije a Vanesa con un gesto que me llamase al móvil más tarde.
Entramos y me senté a su lado en el lecho. Su mano se rozó con la mía al darle su vaso. Me quedé mirando como tomaba un buen trago. Yo no bebí. Me quedé con la cabeza agachada dándole vueltas al recipiente de cristal con la boca torcida. Menuda forma de empezar el año.
-¿Me puedes explicar qué coño hacías con Vanesa? -me preguntó de golpe y rompiendo un largo silencio. No me moví. Jamás la había visto así. Tragué saliva, me daba miedo mirarla. No quería encontrarme con esos ojos oscuros tan poderosos que me empequeñecían. Tenía ganas de llorar. -no te entiendo, en serio. -dijo cabreada. Se cruzó de piernas y dio un sorbo a la bebida. -Te ha destrozado… y…
-Bueno, lo sé. Me ha destrozado… pero Malú, llevo con ella toda la vida. No puedo olvidarla un día para otro.
-¿Eso significa que la sigues queriendo?
-No. -respondí rápida y segura. -pero tampoco… verás. Joder. -estaba hecha un auténtico lío.  No sabía qué responderle exactamente. -Malú yo te quiero.
-Mira Marina… -Emitió un bufido y caminó hacia la salida. Corrí tras ella y sujeté la puerta para que no la abriese. Se giró y nuestras miradas se cruzaron. Su rostro era una mezcla entre enfadado y tristeza.
-Siento que hayamos comenzado así el año... -me disculpé. Ella cerró los ojos y miró hacia otro lado. Besé entonces su mejilla. -Te quiero, cielo.
-No me digas esas cosas, se supone que estamos discutiendo.
-Yo discuto así. -volví a besar sus cachetes, colorados por el alcohol. Retiré el mechón de pelo que me impedía acercarme a su boca. Se giró para encontrarse con mis labios.
-Joder, Marina. -reí al oírlo. -Estoy enfadada. -levantó el dedo índice y sus cejas a la vez, dándome la advertencia.
-Te amo. -reí, dándole otro pico. Ella lo esquivó.
-No en serio, estoy muy disgustada. -me aparté un poco. La agarré de la cintura y atendí a lo que me decía. -Te hizo mucho daño, cariño... No quiero volverte a ver con ella. -aquello me aterrorizó. Acababa de pedirle que me llamase… Estiró sus brazos, apoyándolos en mis hombros. Acariciaba ahora mi nuca y me miraba poniendo unos ojillos irresistibles. -¿Podrás hacerlo? -me quedé un rato callada. No quería mentirle, pero ni yo sabía qué iba a pasar. -Ey. -me levantó la cabeza. -No te lo pido por capricho. Es que… después de lo que hizo…
-Ya, Malú, pero no era ella.
-¿Entonces quién era? ¿Yo? -me soltó y yo retiré las manos de sus curvas.
-No. Tú no. -contesté furiosa. -pero acabábamos de dejarlo y te vio conmigo… Fue un golpe muy duro.
-Peor fue para ti. ¿Te recuerdo cómo estabas aquel día en los ensayos? Eres tan buena que pareces tonta. -de repente, la otra puerta que daba a ese cuarto se abrió. Quique y la joven con la que estaba anteriormente iban liándose, dando tropezones, quizás por el alcohol, hasta llegar a la cama. Malú y yo nos miramos risueñas. Ni se habían dando cuenta de nuestra presencia. Estuve a tientas de romper ese momento, pero ella me frenó, agarrándome el brazo y sacándome del dormitorio. La llevé hasta la terraza del apartamento. Allí estaríamos igual de tranquilas, pero con el inconveniente de la baja temperatura. Nos pusimos los chaquetones y nos sentamos en las sillas que rodeaban una pequeña mesa.
-No la conozco, pero lo de publicar por Twitter que estaba en tu casa…
-Eso… -no encontraba argumento para defenderla. -Yo te juro que vuelvo atrás en el tiempo y me cuentas eso y te prometo que no me lo creería. Porque te adora… Y fuese el motivo que fuese por el que rompiésemos jamás pensé que me haría algo así. A mí también me dolió y mucho.
-Adoraba. -corrigió. Volvió a invadirnos un silencio. Acaricié su mano, siguiendo con mis dedos el tatuaje que decoraba su muñeca. -¿Te gusta?
-Sí. Me recuerda al dibujo que tenía en mi "gameboy" de pequeña. -se echó a reír. -Jo, que es verdad. -puse voz de niño pequeño.
-Me encanta cuando pones esa voz. -confesó.
-Por fin algo bonito después de esta escena de celos.
-¿Celos? ¿Has dicho celos? -apartó su mano, obligándome a que dejara de acariciarla. -Perdona, pero solo pretendía protegerte. -asentí entre risas. -que te den por culo. -dijo enfadada, girando la silla y dándome la espalda.
-Uy… lo que me ha dicho… -bromeé.
-No me hables. -dijo sin girarse.  Me moría de risa.
-No estoy de broma, que lo sepas.
Me levanté y volví a la fiesta. Me entrometí en el círculo que formaban Jessy, Gloria y Lidia.
-¿De qué habláis, cotillas?
-Quique, que no lo vemos por ningún lado. -me explicó Li. Rompí a carcajadas.
-Ya está borracha. -les dijo mi compañera de piso.
-No… que… Quique… -no podía hacer la frase sin reírme. Me salían carcajadas entre palabra y palabra. -se está tirando a una en tu habitación, Gloria. -solté de un tirón y se me saltaron las lágrimas de la risa. Las otras dos me siguieron, la dueña de la casa se enfureció y corrió hacia su cuarto mientras nosotras seguíamos con el cachondeo. Malú llegó y se sentó junto a Li, ignorándome.
-¿Qué os pasa? -se sorprendió Jessy, dándose cuenta del enfado entre nosotras.

-Ya hablaremos en casa. -respondió seria ella.


martes, 21 de enero de 2014

Capítulo 30. AULILÍ

Durante la cena alargamos la noche en casa de Lorena. Era la que mejor vivía de todos. Su padre era uno de esos peces gordos del gobierno, por lo que el dinero circulaba con facilidad por su familia y le pagaba todos los gustos. Le costearon la carrera de medicina, así que ya empezó a embolsar en su cuenta grandes cantidades de dinero gracias a su trabajo en un hospital. Su casita adosada era muy mona. Y sobretodo espaciosa. Estaba decorada de manera inteligente, no al azar. Eso podía notarse fácilmente. Entramos en la sala favorita de la casa para todos nosotros. Había numerosos pufs repartidos por la habitación, alrededor de una mesa bajita. Más adelante, dos enormes sofás unidos frente a un gigantesco proyector. En él veíamos películas, jugábamos a videojuegos...
Después de un rato bebiendo y con la música a toda leche, Jessy saltó:
-¡UN SINGSTAR! ¡Yo lo veo!
-Marina no, que tiene que descansar la voz para el disco. -intervino Malú. Le di un beso en la mejilla. Cómo me cuidaba. Todos empezaron a abuchear.
-¡Venga ya...!¡Una sola!-gritaban.
-Así tenéis más oportunidades de ganar... -me hice la chula.
-A mí me haría ilusión cantar una contigo, estrellita. -se acercó sugerente Quique, haciéndole ojitos y levantando las cejas. Le pegué un pisotón en el pie y se le inundó el rostro de dolor, se tragó el grito que iba a soltar y arqueó la espalda. Ella se echó a reír, agarrándome del brazo.
-¡Es mía! -le exclamé en el oído a mi amigo. Él levantó el pulgar y dijo entre dientes:
-Lo capto... Pero déjame cantar una canción solo.
-Una. -levanté el dedo índice. Malú se levantó aclarando la voz y me dio un cariñoso beso en los labios. Mis colegas se quedaron mirando la escena embobados.
-Oye, mañana hago fiesta en mi casa después de las uvas. ¿Os venís? -nos ofreció Gloria. Li y yo nos miramos. Maldita sea, se nos pasó la cena de nochevieja. No habíamos preparado nada. Estallamos en risas.
-Claro, claro. -asentí, aún riéndome. Eché la vista a la zona donde cantaban, delante de los sofás y de cara al proyector. Sonaba a todo volumen "Resistiré".
-Te la quitan, Marina. -susurró Leire, agarrada a la cintura de David, su novio. Di un salto del puf y me puse justo detrás de Enrique, que abrazaba por el hombro a mi chica a la vez que cantaba la veraniega canción. Tiré de su oreja, separándolo de ella y me senté en el sofá.
-Te vigilo desde aquí. -le advertí.
-¡Vale, vale! -puso las manos en alto. Lorena se acercó y se sentó a mi lado con dos cubatas en sus manos. Me tendió uno y pegó un buen buche al suyo.
-¿Qué tal todo? -me preguntó.
-Mejor que nunca. -sonreí satisfecha. -veremos cómo será eso de ser cantante...
-Lo harás genial. -me guiñó un ojo. -Siempre se te dio bien la música. ¿Qué tal con Vane? -la cara se me cambió por completo.
-Prefiero no hablar. -dije sin mirarla, ella me acarició la pierna.
-Ella es mi mejor amiga, y lo sabes... Oí su versión y ahora me apetece oír la tuya.
-Te creerás la suya, es tu amiga.
-Tú también eres mi amiga... por favor.
-¿Qué te ha contado? -le pregunté. Tomé un sorbo de alcohol, lo iba a necesitar.
-Bueno... que... -bebió. -Te empezaste a olvidar de ella, salías por las noches con... -señaló a Malú. -y que un día se vengó acostándose con un chico, la pillaste y la dejaste, bueno, la echaste del hotel. -me quedé totalmente perpleja.
-¿Eso te dijo?
-Eso me dijo. Y viniendo de ti, lo dudé mucho. Sé cuánto querías a Vanesa. Ya podía venirte Beyoncé a ligar contigo que la rechazarías.
-No salí ni una noche con Malú, ¿pero qué dice? Iba de los estudios al hotel y del hotel a los estudios... Y cuando más feliz estaba, cuando el concurso iba mejor imposible... me la encuentro en la cama con otro. Yo, sin nadie, en Barcelona... Me vi tan... sola. -me dolió recordar la escena y acabé con la bebida. No entendía por qué sentía aún dolor. Pensé que lo había superado del todo... me había fastidiado tanto.
-¿Y cómo empezaste con ella? Si puedo saber...
-Qué cotilla estás hoy... -bromeé. Le conté toda la historia y se quedó con cara adorable mirándome.
-Qué monis sois. -reí al oírlo.
-¿Y tú?
-Yo...el hospital va bien. Muy bien, de hecho. Y... -sonrió levemente. -estoy conociendo a un chico.
-Me alegro por ti. -giré la cabeza y vi que seguían cantando.
-¡Tú! ¡TE DIJE UNA CANCIÓN! -siguió bailando, ignorándome. Reí negando con la cabeza.

Empezó el día muy tarde. Me levanté a la una envuelta en sudor. No estaba acostumbrada a beber... El dolor de cabeza me taladraba el cerebro. Me tomé un ibuprofeno y bajé al barrio a buscar una pescadería antes de que cerraran. Hice una compra de los restos que había... apenas quedaban dos o tres piezas de cada clase de pescado y algunas gambas sueltas. Las consecuencias de la navidad...
Luego, en el supermercado que me pillaba de camino, compré dos latas de uvas sin hueso, especial nochevieja.
-¡Hombre Marina! -la cajera se acercó eufórica y me llenó de besos.
-¿Qué tal? -pregunté entre risas.
-Muy bien, ¿y tú? Ay, hija, que bien estuviste en la tele. ¿Y Vane? Oye, ¿y cuándo disco? ¿Algo más? ¿Solo dos latas? ¿Nochevieja romántica?
-Disco muy pronto. -era la única pregunta que respondí.
-Bueno, ¿cómo estáis? ¿sigues trabajando en el bar? -metió la compra en una bolsa.
-No, ya no. Bueno, feliz año. -escapé corriendo antes de que siguiera marujeando conmigo.
Llegué a casa y aún seguía escuchando la voz de pito e irritable de la trabajadora.
-¿Te gusta? -Li había preparado un postre.
-¿Qué es? -me acerqué a mirarlo.
-Helado de turrón. -me saboreé los labios y le besé el moflete. -pero te has pasado un poco... vamos a tener para medio año.
-"Exagerá". -me dio un golpe de caderas.

Volvimos a la misma escena de la nochebuena. Ella y yo en una enorme mesa donde claramente sobraba mucha comida. Nos entretuvimos un rato con los programas de música que ponían en la tele. Al final no era tan malo como parecía. No era tan dramático pasar una cena tan importante solo con una persona.... porque Li era especial y cuando ella y yo estábamos juntas podíamos hacer divertido hasta barrer la casa.
-¡Ni se te ocurra! -chilló. La apuntaba con una gamba.
-Una... dos... y... -tiré la gamba antes de llegar al 3.
-¡Idiota! -cogió una y me la arrojó a mí.
-Capulla. -volví a tirarle otra.
Conectaron con la Puerta del Sol. Los presentadores iban de punta en blanco, como cada año. Los nervios ya se notaban en el estómago. Lidia ya preparaba las uvas encima de una servilleta estirada. Sonreía como si fuera la primera vez que lo hiciese. Puse las frutas en filita, y cada vez que ponía una me paraba a pensar en el futuro. En el año que entraba. No era un año cualquiera, sabía que sería mi año. La ilusión de mi vida, mi sueño, estaba a punto de comenzar. Respecto al amor no podía estar mejor. Ella me hacía feliz y yo la hacía feliz a ella. Lo nuestro era especial. Miré a Li. Ella estaría en el 2016 conmigo, una vez más. Siempre junto a mí. Siempre a mi lado.
-¡5 minutos! -miró el móvil Li. Puso cara de sorpresa sin despegar los dedos de la pantalla.
-¿Qué pasa? -le pregunté, acercándome a ver qué era lo que había leído que había causado esa expresión en ella.
-Nada. -lo escondió y me miró roja y sonriente.
-Eh... -puse una sonrisa pervertida. -¿Noviete?
-No... -rió. -mucho mejor.
-¿No me lo vas a contar?
-Espera aquí y no te muevas. -sonrió, alejándose por la puerta. Me quedé mirando la caja tonta, oyendo la explicación de las campanadas. Lo de toda la vida. Los cuartos, el carillón... Por muchas veces que lo repitiesen, en cada familia, había alguien que se equivocaba y empezaba a tragar en los cuartos. U otros que se ahogaban y paraban a la cuarta.
-¿Estoy a tiempo para tomar las uvas con mi amor? -Malú apareció para mi grata sorpresa. Me quedé perpleja mirando aquel vestido dorado que me deslumbraba. Me levanté corriendo y la envolví en mis brazos. La llené de besos por la cara y Lidia nos recordó que solo faltaban dos minutos.
-No tenemos uvas para ti. -se dio cuenta mi amiga.
-6 y 6. -le di la mitad de las mías.
-No comer las 12 trae mala suerte. -opinó Li.
-Malú y yo somos una. -sonreí. Ella me dio un beso en los labios, que se alargó hasta que los cuartos comenzaron a sonar.
-Qué tranquila me las voy a comer este año... -reí con la primera en la boca. Una a una, fueron desapareciendo de mi servilleta. Miré de reojo a mi amiga. Tenía la boca llena y no paraba de reírse. Se metió la última y los presentadores exclamaron el ¡Feliz año 2016!
Lo primero que hice en ese año nuevo que entraba fue besar sus labios, abrazada a su perfecto cuerpo.
-Te quiero. Feliz año. -me susurró en el oído.
-Feliz año princesa.
Fui corriendo a por una de las personas más importantes de mi vida. Se subió a mis brazos y dimos vueltas como nos encantaba. En seguida la solté, su móvil sonaba. La familia la llamaba para felicitarle el año. Malú hablaba con la suya. Me senté en el sofá, rebuscando en la cesta los bombones que me gustaban. Era un poco triste no tener a nadie a quien llamar... mi móvil se puso a sonar en el momento en el que pensé eso.
-¡Feliz año Marina! -oí la voz de Mari.
-¡Feliz año manáger! -di carcajadas. No me la esperaba. Después de colgar, otra llamada inesperada.
-¡Feliz 2016 cargado de éxitos! -me deseó Pablo López.
-¡Igualmente tío! A ver si nos vemos pronto.
-¡Eso está hecho! -después del turno de llamadas tocó el brindis. La hora del champán.
Brindamos por la salud, por el amor y por la música. Iba a ser un gran año, podía sentirlo.
Lo mejor estaba por venir. Nos subimos en el coche y partimos hacia la casa de Gloria. Al entrar, pudimos notar el gran ambiente que se respiraba en su pequeño piso. La música estaba muy alta, apenas pude oírla saludarnos...
Entre baile y baile, las horas fueron pasando. Me había dado una gran sorpresa, jamás lo olvidaría. Aún no daba crédito... Era la mejor.
-¡GUAPA! -se acercó Quique a mi chica.
-¡TE VAS A LLEVAR UNA OSTIA AL FINAL! -le chillé en la oreja. Él se echó a reír, buscando otra mujer a la que tirarle los trastos.
La agarré de la mano y la llevé hasta el cuarto de mi amiga. Cerré la puerta, aislándonos del ruido mortal que machacaba nuestros oídos.
-Me empezaba a doler la cabeza. -le confesé. Se sentó sobre la cama sonriente.
-No son ni las tres. -rió. Me arrodillé y rodeé su cintura. Me besó desde arriba. Acariciaba mi pelo con sus uñas. Paré y me recosté en su hombro. Allí, su olor era más notable. No podía sentirme mejor que en aquellos brazos.

domingo, 19 de enero de 2014

Capítulo 29. ESTÚPIDO.

-Aún es muy temprano para levantarnos... -dije mirando al reloj. No eran ni las 8 cuando Mari nos despertó. Ella pegó un salto de la cama y fue dando grandes zancadas hasta el baño. ¿No se le acababa la energía nunca? -¿QUÉ PILAS UTILIZAS?
-No te lo voy a decir, no me pagan para hacerles publicidad.
-Pues sería una idea interesante. -reí. -¿Dónde me vas a llevar hoy?
-Hoy toca deporte, que tengo que mantenerme en forma. -gritó desde el baño. Yo seguía dando vueltas en la cama, intentando superar el dolor de cabeza que me había producido dormir tan poco. Solté un pff y me escondí bajo la almohada boca abajo. -¿Todavía estás así? ¡Venga! Tendrás que empezar a hacer deporte y a comer sano si quieres soportar el ritmo de vida que te llegará en cuanto acaben las vacaciones. -se tiró sobre mi espalda, intentando arrancarme de la cama. Tirando de mis hombros.
-¡No! -me resistí. -vete tú. Necesito dormir...
-¿No te apetece acompañarme? -me preguntó, dando un beso en mi dorso desnudo.
-Nada de nada. Solo quiero sobar.
-Ea, pues ahí te quedas. -dijo, levantándose de mi cuerpo. Se abrochó los cordones de los botines sentada en la cama.
-¿De verdad te vas? -le pregunté muy seria. No me contestó. Se levantó seria y caminó hacia la salida. -¡Cariño! -exclamé, levantándome y corriendo tras ella.
-Vuelvo en una hora, duerme todo lo que quieras. -dio un portazo y se largó. Me quedé quieta mirando la puerta cerrada. Me sentía como una estúpida. El pulso se me aceleró y sentí rabia. No había hecho nada para que se pusiera así... No me apetecía hacer deporte y punto. Nunca me había gustado. Solo jugaba al fútbol y porque me entusiasmaba.
Decidí vestirme, no podría dormir después de discutir. Aún no tenía hambre para desayunar, me quedé sentada en el sofá y maté el tiempo en Twitter. Inevitablemente, una sonrisa apareció en mi rostro al leer la cantidad de menciones bonitas que tenía. Los seguidores habían pasado a sesenta y cinco mil... Eso se merecía un tweet.
"Descansando unos días en Sevilla... hermosa ciudad. Gracias por vuestros comentarios, estoy muy emocionada... Muy prontito empiezo con el disco!" -añadí una foto que me hizo Malú junto a la giralda.
Me aburría muchísimo. Quizás debía haber hecho el esfuerzo de salir con ella a correr. A esa hora y en vacaciones...¿Con quién iba a hablar? Bajé a desayunar. Caminé por la sección de bollería. Me quedé mirando la caña de chocolate que tantas ganas le tenía... pero me paré un segundo. Se me ocurrió una idea. Giré y me cogí una manzana. Me quedaría con el antojo de aquel dulce, pero valdría la pena. Me hice una autofoto dándole un mordisco y la mandé a su WhatsApp.
Mientras me la comía miré fijamente el móvil esperando su respuesta... Le puse un mensaje. "Mira que he desayunado. Te quiero." No era de esas personas de enfadarme. No tardaba nada en dar mi brazo a torcer. Seguí mirando... pero no contestaba. Hinché de aire mis mofletes. Estaba algo arrepentida. Salí a tomar algo de aire a la zona de la piscina. Había unas camas bajo las sombrillas y me tumbé en una de ellas.


Cerré los ojos y sentí algo de frío. Corría una brisa. El cielo estaba nublado.
-¿Marina? -un joven de unos quince años me sorprendió.
-¿Te conozco? -me levanté y me acerqué.
-Soy de Twitter, una vez me contestaste. -dijo con una gran sonrisa y algo nervioso. -Te puse que me encantaba tu voz.
-Ah, sí, lo recuerdo. Muchas gracias. -En verdad no me acordaba... Me estuvo un rato diciendo que amaba mi forma de cantar y nos hicimos una foto. En seguida la colgó a Twitter. Se alejó con sus padres y me dio las gracias. Me llegó la mención al instante. "Gracias por este momento". Subí a la habitación. Me aburrí de aquel paisaje.
Al entrar, oí la ducha. Malú había vuelto. Me lo pensé un poco... y abrí la puerta del baño muy despacio.
-Princesa. -la llamé con la voz algo entrecortada. No sabía cómo estaría... Cortó el chorro de agua. -Perdona. -seguía en silencio.
-¿Me traes la toalla? -aquella pregunta me atravesó el corazón. Ignoró mis disculpas... fui a buscarla al cuarto y al volver estaba ya sobre la esterilla y abrazando su propio cuerpo, desnudo y tiritando. La envolví en la toalla y la achuché contra mi cuerpo. Lo sentía mucho. Seguía considerando que aquel enfado era una estupidez, pero su comportamiento hacía que me sintiera fatal.
-Te quiero. -dijo por fin, apoyada en mi hombro.
-Si tienes lengua y todo... -bromeé. -Lo siento. -al decirlo, se separó de mi cuerpo y soltó un pf.
-Sal del baño, anda. Voy a vestirme. -hice lo ordenador y me quedé justo enfrente de la puerta. Al cabo de unos minutos se abrió. -Solo lo hacía por ti. Dentro de poco tendrás que ponerte a trabajar mucho. No sabes la capacidad que tienes que tener para aguantar un concierto... -la corté con un beso en los labios. No se quejó, ni se apartó. Dejó que los besara y arrastré su cuerpo al mío.
-¿Sepo a manzana? ¿O no sepo a manzana? -dije imitando aquella escena tan graciosa que a muchos se nos quedó marcada en la segunda edición de "La Voz". Se echó a reír en mi boca.
-Sabes a manzana, sí. -continuó riendo. -pero me gusta más cuando sabe a chocolate.
-¡NO ME LIES, EH!

Al terminar los días de vacaciones, volvimos a Madrid, aquella ciudad de la que no había salido en muchos años. La echaba de menos, quiera que no.
Lidia me abrazó muy fuerte.
-¡Puta, cómo te echaba de menos! -la primera palabra sobraba.
-Yo no tanto. -reí. -estaba en buena compañía.
-Qué mala leche tienes. -dijo Malú.
-¿Te quedas a comer? -le preguntó Li.
-Hazme esos macarrones de la otra vez.
-¡A Malú le gustan mis macarrones! -exclamó varias veces dando saltitos a la cocina. Nosotras nos limitamos a reír. Era tan adorable.
Durante la comida le contamos a Lidia todo lo que hicimos por Sevilla, y ella nos comentó que su prima la visitó unos días, y luego estuvo aburrida hasta que volvimos.
-Oye, los del barrio dicen de jugar hoy un partido. Pensaba ir, ¿vienes Marina?
-Claro que sí. Hace mazo de tiempo que no los veo.
-Estuvieron hablando de ti por el grupo. Dicen que como ya eres famosa no les quieres ver.
-Serán cabritos. -reí. -Qué mentirosos, hablé con ellos hace nada.
-Yo a ti te mato. -dijo de repente Malú. -¿NO QUISISTE VENIR CONMIGO A CORRER EN SEVILLA Y AHORA TE VAS A JUGAR AL FÚTBOL?
-SÍ. -dije contundente.
-¿Puedo ir con vosotras? -se autoinvitó. Li y yo nos miramos. Si fuera tan normal como cualquier persona aceptaríamos sin pensar pero... era ella. Paramos a pensar un momento... -Bueno, si no queréis que vaya...
-Ven. -le dije, con una sonrisa. Mi amiga me miró con esa cara de... ¿Estás loca?
-¡Guay! Pero yo me quedo de espectadora.

Fuimos al parque en el que siempre jugábamos. Varias sudaderas ya colgaban de los arboles, que hacían de portería. Salí corriendo y me metí en mitad del partidillo. Robé el balón y salí corriendo con él, regateando a los defensas del campo contrario.
-¡MARINA! -gritaron, viniéndose a por mí, una vez que metí gol y me estuve quieta.
-¡Cuánto tiempo! -me abrazó otro de mis colegas. -Eh... ¿Esa que viene con Lidia es Malú...? -No respondí, dejé caer una sonrisa. -Marina... ¿es Malú? -no quité la sonrisa. -Es Malú. -dijo asombrada, corriendo hacia ella y dedicándole unas cuantas palabras de admiración. -¿Y qué haces por aquí? -Se formó un círculo, mis ocho amigos alrededor suya.
-Pues nada, vengo a ver cómo mi novia juega al fútbol. -me quedé algo cortada, con los colores en los mofletes. Se produjo el silencio. Un silencio de sorpresa, de confusión. Un silencio que decía más que muchas palabras. Un silencio muy significante.
-Qué calladito te lo tenías... -me pegó un codazo Quique.
-Va... vamos a jugar. -quise cambiar de tema. A la hora de hablar del amor entre mis amigos era muy vergonzosa. Salí corriendo a por el balón, mientras mi chica se reía con el resto. Me quedé sola dándole pataditas al balón, casi acrobacias.
-Intenta sorprenderte. -pude oír a Leire, la celebrito de la pandilla. Lancé la pelota, estampándola en su cara.
-¡Empecemos a jugar! -les grité. -Luego nos vamos de cañas y os la dejo un ratillo...
Después de pasarlo genial entre gol y gol, entre caída y penalti, entre empujones y pelotazos en miembros sensibles... fuimos a cambiarnos y quedamos en el mismo parque para ir a tomar algo.
-¿Al Rincón Musical, no? -preguntó Jorge. El más despistado. Menuda forma de cagarla...
-Tío... -le dio una colleja David.
-Mejor vamos al Índalo. -opinó Jessy. Yo no podía estar más de acuerdo... Un encuentro con Vanesa no sería nada agradable.
Me di cuenta de lo importantes que eran para mí en esa noche. Nos hicimos una foto de grupo y la puse de fondo en el móvil. A partir de ahora los tendría muchísimo más presentes. Al fin y al cabo, eran como una familia para mí. Guardarían el secreto de nuestra relación. Lo juraron cortándose una pequeña raja en la yema del dedo corazón. Eran muy divertidos y esa noche pude reír junto a ellos. Como echaba de menos esas tardes futboleras y esas tapas bajo la luna.

sábado, 18 de enero de 2014

Capítulo 28. HOY DESPERTÉ.

Abrí los ojos y me encontraba en su pecho. Noté sus caricias en mi pelo. No me moví, me hice la dormida. Quería disfrutar un poco más de aquel placer.
-No te hagas la tonta, sé que estás despierta. -me dijo. No contesté, me tragué las risas. -sí, sigue haciéndote la dormida. -volví a contenerme. -Antes te ha sonado el móvil. He hablado con tu productora, el ocho de enero tienes que ir a la discográfica para grabar el disco. -me levanté de golpe y se me puso una cara de sorpresa alucinante. Ella comenzó a dar carcajadas. Me había engañado. -Siento haberme quedado dormida anoche.
-No te preocupes, es normal, estábamos muy cansadas. Me hiciste andar la de dios.
-Anda, vamos a vestirnos que el desayuno lo cierran en media hora. -me pidió mientras se incorporaba. Bostezó y estiró sus brazos.
Me abalancé y la tumbé. Me quedé sobre ella riendo y mirándola a los ojos. Besé sus dulces labios y seguí a lo largo de sus mejillas.
-Cariño, ¿qué te ha dado?
-Voy a darte todos los besos que no te pude dar anoche. -le susurré en el oído. Le hice cosquillas y se encogió hacia el otro lado. -Ah... tienes cosquillas. -reí, sin dejar de besar sus mofletes. Bajé mi mano hasta su vientre y le hice cosquillas. Se revolvía y daba patadas al colchón con los ojos llenos de lágrimas.
-Para, por favor, para. -lograba decir entre carcajadas. Después de unos segundos más, consiguió deshacerse de mí.
-Te mato. -amenazó. Me dio la vuelta, poniéndome bajo su cuerpo. Me agarró las manos sobre la almohada. Intenté escapar pero no pude.
-Uy, cuidado con la jefa. -bromeé. Puso cara de enfadada.
-Me das miedito. -reí. No se movió, siguió con esa expresión en la cara. -Malú... para. -dije con voz de niño pequeño asustado. No aguantó más y se echó a reír. Tras la absurda pero divertida escena, nuestros labios volvieron a juntarse.
-Mierda. -paró de repente tras largos minutos en su boca, dejándome con la miel en los labios. -el desayuno. No llegamos ni de broma. -se levantó corriendo, sacando su ropa de la maleta. -¡Marina, vamos!
-Voy, voy. -me desperecé despacio y caminé sin ninguna prisa a por mi vestimenta.
-Me desesperas. -soltó, yendo al cuarto de baño.

Corrimos a toda velocidad por los pasillos del hotel, el ascensor no venía y tomamos las escaleras.
-¡NO SE CORRE! -gritó un guardia, sin éxito ninguno. Tomó uno de mis dedos para arrastrarme más rápido.
-¡Marina, que no llegamos! -chilló. Yo ya me veía buscando un bar... Por suerte el bufé seguía abierto.
Se cogió varias piezas de fruta. Era muy sana, no como yo, que había cogido donuts y porquerías del estilo.
-Te tengo que enseñar a comer, esto no puede ser.
-Vas lista si crees que voy a desayunar una frutita.
-Ya lo veremos... -levantó una ceja. No se lo negué, estaba segura que al final acabaría comiendo sano solo por darle el capricho. -Ay, ya sé que vamos a hacer ahora.
-Miedo me das.
Volvió a colocarse las gafas y la gorra. Me paré en la parada de los taxis del día anterior pero me negó con la cabeza. Fuimos andando hasta un parque.
-Parque María Luisa. -señaló.
-Encantado, Marina. -Malú rió ante el estúpido chiste. Volvió a cogerme del dedo índice para correr como en el hotel. -Qué manía con correr hija...
-Floja. -¿cuántas veces oiría ese adjetivo?
-¿Floja? -a la misma vez que lo dije, me puse a correr a toda velocidad, adelantándola. Ahora era yo quien la arrastraba.
-¡POR EL OTRO LADO! -me frenó de golpe, sacándome medio dedo.
-¡Ah! -me quité y me lo miré. -a crujido y todo...
-Ay, mi niña. -dijo con pucheritos. Puso sus labios en la yema de mi dedo y me quedé embobada mirando cómo me besaba. -la baba. -bromeó.
-¿Qué dices? -dije mirando a otro lado.
-Vamos, anda. -rió. Continuamos andando bajo un sol que comenzaba a cegarme y entre la hermosa vegetación. Aquel camino arenoso terminó en una especie de plaza donde había muchísima gente y sobretodo, palomas. Malú echó a correr otra vez. Era muy hiperactiva por lo que estaba comprobando. O yo demasiado tranquila.
-¿Tú querer dar de comer? -me preguntó un moro.
-Vale. -le di el euro en la mano y me dio una bolsa de comida para palomas. O lo que fuera lo que tuviese. Me puse unas cuantas en la mano y cuatro o cinco se acercaron a picarme. Ella se agachó junto a mí, apoyando su brazo en mi espalda inclinada. -¡Ostia! -exclamé. -¡Me ha picado! -la miré. Se rió en mi cara.
-Mira que eres sensible. Quito el brazo vaya a ser que te haga pupa.-le di un empujón y al estar en cuclillas, se calló sobre la arena, espantando a muchas de las aves. Se echó a reír y me pegó una patada desde el suelo, me caí también. Todos nos miraban estupefactos. Me levanté y le tendí mi mano para ayudarla. Iba a soltarla, una vez de pie, pero me retuvo la mano. Me la apretó aún más. Echamos a correr con los brazos abiertos a lo largo de la plaza, las palomas levantaban el vuelo junto con nuestros dos corazones.
Pasamos a ver la Plaza de España. Había visto aquel lugar millones de veces en la tele... pero nada tenía que ver con la imagen. Era bastante ideal. La fuente me enamoró por completo.
-¡Barcas! -exclamé al ver el pequeño puesto con los precios de las embarcaciones.
-¿Subimos? -me preguntó. Acepté. Adoraba eso de dar paseos sobre el agua. Tomé los remos y los moví con rapidez. Solo teníamos media hora para cruzar la plaza entera y volver.

 Remé mientras la observaba. Se situaba frente a mí, mirando de un lado a otro todo el tiempo y sin dejar de sonreír. Su perfil era tan bello como el resto de su cuerpo.
-Deja de mirarme y mira a tu alrededor. -torció mi rostro a la izquierda y pude ver el precioso edificio. Volví la cara, de nuevo frente a ella.
-Prefiero mirarte a ti. -sonrió al oír el piropo.
-Pero Marina, en serio. -rió. -mira los monumentos, ya me tendrás luego.
-Ningún monumento mejor que tú. -volví a piropearla, ahora sus cachetes se enrojecieron. Negó con la cabeza y se mordió el labio.
Noté el cansancio en mis brazos y Malú se percató. Insistió en que quería probar eso de remar y cambiamos posiciones.
-¡AL OTRO LADO, AL OTRO LADO! -exclamé, pero nos chocamos contra el borde del "río".
-¡A la mierda! ¡Esto no funciona! -chilló, intentando separar la barca de la pared. Me levanté y di un empujón, devolviendo la embarcación al centro del cauce.
Entre risas y más risas, conseguimos llegar al final. Aunque para ello tuvimos que volver a cambiarnos y ser yo quien la condujera.
Esa noche si pudimos disfrutar de las calles de Sevilla bajo la luz impactante de sus alumbrados y una radiante luna llena. Apenas se podía andar, estaba todo colapsado. Malú me agarró la mano. Busqué su mirada. entre la gente. Iba delante.
-No te sueltes. -me gritó. -o te perderé.
-Nunca me perderás. -lo nuestro era como un cuento. Siempre a nuestra bola, en nuestra historia. Sacando todo de contexto, imaginando. Fuera de la vida real. Podíamos ser quien quisiéramos ser. Podíamos estar donde quisiéramos. Eso nos hacía especial. No éramos una pareja como otra cualquiera.

Continuamos, aplastadas por la gente, pero sin despegarme de su helada mano. Llegamos a un lugar que me dejo algo trastocada.
-¿Qué es esto...? -pregunté asombrada. Dos enormes... ¿infraestructuras? No tenía ni idea que era aquello. Me parecieron naves espaciales.
-Plaza de la encarnación. -dijo con voz de GPS. Me eché a reír.
-¿Pero eso que es? -señalé a los dos enormes edificios.
-Son las setas. Es un mirador. ¿Quieres subir?
-¿Un mirador? ¿Seguro que no son naves?
-Loca. -rió. -Venga, vamos a subirnos con mi amigo E.T y nos vamos a Venus.
-Take me to your planet. Your venus. Your venus. -canté la conocida canción de Gaga.
Las vistas eran increíbles. Me quedé asombrada ante la belleza de la ciudad. Ella me miraba con una gran sonrisa. Le encantaba verme sorprendida.
-Tiene que ser increíble darte un beso aquí. -dijo casi al final del recorrido.
-Algún día. -le prometí. Y con esa promesa despedimos otro gran día de nuestras vacaciones.
Al amanecer, una llamada me despertó.
-Hola, soy Mari. -mi mánager me solicitaba. ¿Qué querría?
-Dime. -contesté adormilada, aún con los ojos cerrados.
-Quería invitarte a comer para hablar. Conocernos un poco y tal... -no sabía si decirle donde estaba...
-Eh... ¿podría ser después de fin de año? -Malú se despertó. Su brazo me rodeaba la cintura y su cabeza estaba en mi hombro. Lo primero que hizo fue besarme en el cuello. Había dormido casi con su boca en él. Continuó llegando a mi mandíbula, subiendo a mis cachetes y alcanzó mi oreja. Yo me eché hacia un lado. Le pedí que parara con un gesto, pero sonrió más todavía y volvió a besarme.
-Claro. ¿Te parece el día dos? -no pude evitar soltar una risilla, provocada por las cosquillas que me producía tener su respiración en mi oreja.
-Sí, sí. ¡Felices fiestas! -colgué de golpe. Fue un poco borde por mi parte, pero era la única escapatoria. Lancé el móvil a la mesilla de noche y me fundí en sus labios. No podía estar mucho tiempo sin sentirlos. El calor que me transmitían, la sensación tan bonita que dejaba con ellos era insuperable. Repasé una vez más su cuerpo desnudo con la yema de mis dedos.
Me quedé muy pegada a ella pero sin llegar a besarnos. Mis ojos se clavaron en los suyos. Me encandilé con su precioso iris oscuro.
-Te quiero. -susurré.
-Te amo. -esa palabra era demasiado grande y nunca la había oído de su boca. Sentí un escalofrío. -Eres muy especial.
-Tú también.
-Nunca había estado con alguien como tú. Eres diferente al resto. Eres tú, eres...
-¿Marina?
-Sí, eso. Eres Marina y eres única e irrepetible.
-Falta algo. -dije. -soy Marina y soy tuya. -mordió mi labio y volvimos a cerrar los ojos para disfrutar de otro largo beso.

miércoles, 15 de enero de 2014

Capítulo 27. HACES LLOVER

Decían que Sevilla tenía un color especial y en nada se equivocaban. Nada más abrieron la puerta del avión pude notar esa magia. Corría una brisa fría, pero que nada tenía que ver con el frío polar de la capital. Malú ya se había puesto las gafas de sol y la gorra, supuso que el aeropuerto a estas horas estaría lleno de gente.
De poco sirvió el improvisado disfraz, nada más salir por la puerta una chica pegó un grito.
-¡MALÚ! -dio varios zapatazos con las manos en la cabeza, me recordaba a Vanesa cuando íbamos a las firmas de discos. Yo era bastante tranquila, reservaba mis nervios por dentro. Reí. -¿Te importa una foto? -le preguntó. Ella no dudó en quitarse las lentes oscuras y poner su mejor sonrisa. Le cogí la cámara y le hice la foto.
-Ah, muchas gracias. Me suena mucho tu cara pero no sé de qué... fíjate tú. -comentó mientras se alejaba.
-Puede que sea porque es la ganadora de La Voz. -dejó Malú en el aire.
-No te preocupes, cariño. -le dije, empujándola de la cintura hacia delante.

Subimos a un taxi que nos llevó hasta el hotel Al-Andalus.

-La de veces que he venido a este hotel. -dijo mientras cruzábamos la puerta giratoria en la que me quedé dando vueltas como una idiota. -¡Marina! -se echó a reír desde la recepción, había pasado.
-Que no puedo salir... -bromeé con voz de niña pequeña. Ella se metió junto a mí y exclamó... ¡AHORA! y dándome un tirón de la manga, me llevó hasta el interior del edificio. Entre risas y arrastrando la maletas, nos acercamos a la recepción. Mientras se encargaba del papeleo me dediqué a observar cada rincón de aquel encantador lugar.  Una hermosa lámpara en forma de rosa iluminaba la entrada. Bajo su luz, unos aparentemente cómodos sillones formaban un círculo, rellenado de una madera de distinto color que el resto del suelo. Era un lugar magnífico.
                         
-¿Te gusta? -me sorprendió en mi oreja.
-Me encanta. -sonreí. Subimos por el lujoso ascensor hasta la planta cuarta, donde teníamos la habitación.
-Mira el número de la puerta. -me pidió, mientras pasaba la "tarjeta llave".
-418. -leí en voz alta.
-18. -me besó en la mejilla. Qué detallista, 18 era el día en el que empezamos a salir. Volví a enamorarme. Se encendieron las luces y eché un vistazo. El baño era más grande de lo que imaginaba. Las paredes eran de un mármol oscuro precioso, los muebles y utensilios en blanco y plata y la puerta era de madera y corredera, para ahorrar espacio.
Después de un corto pasillo, se encontraba la enorme cama, bien decorada y con unas lámparas a ambos laterales de lo más modernas. A la derecha había otra puerta corredera, que tras abrirla descubrí un pequeño salón con dos sofás y un escritorio. Malú me abrazó por detrás y pegó su cabeza a mi espalda. No dijo nada, nos quedamos un rato así, acaricié sus manos, que envolvían mi cintura.
-¿Has pensado algo? -le pregunté al cabo de un tiempo.
-Improvisación. -rió con su boca pegada en mi dorso. -Podemos ir a ver a mi Gran Poder.
-¿Tu Gran Poder? Tu gran poder está en la sonrisa y ya la tengo aquí.
-Tonta qué eres. -rió.-es un Cristo. ¿No te suena?
-Soy creyente, pero estoy muy alejada de la iglesia...
-Pero si es mega famoso. -Dejó de abrazarme y me puse frente a ella.
-No te digo que no, pero yo no le echo mucha cuenta a esas cosas, ¿sabes?
-Ah, vale. Bueno, podemos ir a...
-A ver ese Cristo. -terminé la frase. Sonrió y me besó en los labios.
-Ponte zapatos cómodos, nos vamos a hartar de andar. -aquel aviso no me gustó y fruncí el ceño. -Floja.
-Guapa. -rió y me golpeó el brazo.
-No podemos ni discutir. -dijo, de camino a la puerta.
-Conmigo pelearás poco, desde luego. No valgo para eso.

Llegamos a la famosa "Plaza de San Lorenzo". Era completamente enorme y con un encanto muy particular. Noté el olor a azahar, tan fresco y sevillano como siempre había oído. La fachada de la hermandad era roja y amarilla, me recordó a las plazas de toros.
-¿No puede ser más grande la puerta? -pregunté al ver el enorme portón de la iglesia.
-Es para que quepa el paso en semana santa. -explicó, mientras se recolocaba el pelo, movido por el viento que se estaba levantando.

Entramos y me pareció estar en un lugar muy serio y alejado de mi mundo. Malú se presinó y yo la imité, fijándome en sus movimientos. Ya ni me acordaba de eso. Hacía años y años que no pisaba una iglesia. Caminamos hasta acercarnos a la figura religiosa del tan hablado Gran Poder. Es cierto que yo de todo ese rollo pasaba un poco. Ni me iba ni me venía... pero me impactó. Me quedé un tiempo observando y me di cuenta de lo increíble que era ese Cristo. Me fijé en los detalles de la ropa, el talle... era fabuloso. Vi entonces que ella me miraba risueña.


-¿Te gusta? -se acercó a mí, susurrándome para no hacer ruido.
-Es impresionante. -dije sin apartar la mirada de aquella fantástica obra.
Tras un rato observando y admirando el amplio templo, salimos a comer algo. No eran ni la una, pero mis tripas no dejaban de revolverse. Mi desayuno de aquel día fue de película... Nótese la ironía.
Almorzamos en un bar típico sevillano. Era muy acogedor y la gente realmente simpática. Hacían sonreír a cualquiera solo por la forma de hablar. Adoraba el acento andaluz, en particular ese seseo tan original que tenían en la capital del sur.
-¡Malú! ¡Malú! -exclamó el trabajador tras la barra.
-¡Joaquín! -al parecer se conocían. Se levantó para darle dos besos y se quedaron un rato charlando mientras yo le daba vueltas a la carta. Tenía tanta hambre que no sabía ni cual pedirme. Todos me parecían deliciosos y todos me parecían incapaces de saciar toda mi hambre.

Por la tarde estuvimos dando vueltas por las estrechas calles del barrio de Santa Cruz. Según me contaba la mejor guía del mundo, mi amor, correspondía a una Judería en los tiempos en los que reinaba Fernando III de Castilla.
-La que no había estudiado... -reí.
-Mi padre me lo contó y lo he mirado hace un rato en Wikipedia para hacerme la inteligente, no te creas. -me eché a reír e hice el amago de rodearla... pero sabía que en público no podía hacer eso, así que me retiré a tiempo. Ella se entristeció y agachó la cabeza. Introdujo sus manos en los bolsillos de su gran chaquetón negro y seguimos paseando mientras el cielo se oscurecía. Aquello casi parecía un laberinto. Yo no sabía ni donde estaba, ni por donde había venido. Las calles se cruzaban unas con otras y yo seguía a Malú, sin darme de cuenta de la dirección que llevábamos.
Después nos dirigimos al centro de la ciudad, me moría de ganas por ver el alumbrado sevillano. Siempre me habían llamado la atención las luces de navidad.
Me sorprendió el chorro de gente que circulaba por el casco antiguo. Al final de la larga calle vi la giralda sobresalir por el resto de edificios, más alta de lo que pensaba.
De camino a ella vi un montón de puestos unidos, vendían figuras para belenes.
-¿Te interesa eso? -me preguntó, viendo como los observaba.
-No, solo voy mirándolo todo. Esta ciudad es... especial, y encima nuestro primer viaje juntas. -sonreí al decirlo, y ella me devolvió una mirada cargada de amor. -el mejor destino que podíamos coger.
Entramos en la catedral, había que volver a presinarse.
-Es gigante. -dije al entrar. Dimos unas vueltas por el interior, no era de esas personas cultas que se paraban media hora a contemplar cada minúsculo detalle, así que no tardamos mucho en salir.
-¡La virgen! -exclamó Malú justo en la puerta. Estaba lloviendo a cántaros. Miles de paraguas se unían casi formando una carpa.
-¿Y ahora qué hacemos?
-Ay, mira. -señaló hacia la derecha. Un chico de tez negra vendía paraguas. Qué puntual.
-Quédate aquí. -le pedí. Di una carrera y compré uno. El paraguas no podía ser más horrible, pero al menos nos cubriría. Lo abrí y volví a la entrada. -Vamos. -le sonreí, abriendo mi brazo izquierdo para que se metiera en él. La presioné contra mi cuerpo y ella se abrazó a mí por la cintura. Corrimos hasta la zona de taxis. Los zapatos encharcados, el final del vaquero envuelto en barro.
-Ver llover en Sevilla es una maravilla... -recordé el poema. -y una mierda.
-No te quejes. -me dijo Malú, aún abrazada a mi cuerpo. -Bajo el paraguas nadie nos ve. -me dio un beso en los labios, sorprendiéndome.
-Ma...-no me dejó terminar de decir su nombre, cuando me volvió a dejar helada con otro. -deja de hacer eso, o me dará un infarto. No quiero morir bajo la llu... -repitió beso y paró para reírse.
-Me encanta la cara que pones cada vez que te impresiono.
-Es que... tío. -balbuceé mientras ella daba carcajadas.
Pillamos un taxi al fin, el conductor nos miró con mala cara al ver como teníamos los pies y los goterones que soltaba el paraguas.
Nos lanzamos unas cuantas miradas cómplices en el auto hasta llegar tras largo camino al hotel. Cenamos en el bufé y subimos a la habitación. Se metió en la ducha, yo saqué de inmediato un papel y me senté en el escritorio de la junior suite.
"Besos bajo el agua
Bajo nada más que un paraguas.
Besos en Sevilla
Bajo la luz de tu sonrisilla.". No me acababa de convencer el último verso.
Nada me inspiraba más que ella. Era mi fuente de creatividad.
Salió de la ducha con una toalla. Seguí con la mirada clavada en el folio.
-Puedes mirar, eh. -aquello me dejó algo cortada.
-Estoy... concentrada.
-¿En qué? -vino hacia mí y se puso detrás mía. -Oish, que bonito. -me besó en la cara, mientras acariciaba mi pecho. Me puse nerviosa.
-Voy a ducharme. -dije tartamudeando y dando una carrera hacia el baño.
-No tardes. -me guiñó un ojo.
 No sabía que me estaba pasando, me entró el nervio. No era la primera vez que lo íbamos a hacer, por lo que me extrañó ese comportamiento en mí.
El agua caliente desprendía vapor. Casi me quemaba, pero lo necesitaba. Había pasado mucho frío tras la tormenta.
Salí de la ducha y vi en el cristal, pintado con un dedo el siguiente mensaje: "TE ESPERO EN LA CAMA". Seguido de una marca de sus labios y una carita feliz. Me puse el pijama y recogí un poco el baño. Salí en busca suya con miles de mariposas en el estómago. Al llegar vi que estaba dormida boca abajo. Reí y me tumbé a su lado. Apagué las dos luces que rodeaban la cama y di un beso en su espalda. Subí la colcha y la tapé por completo. Di un beso en su mejilla. Eché parte de mi cuerpo sobre ella y la acaricié hasta quedarme dormida. Había sido un día muy largo.



lunes, 13 de enero de 2014

Capítulo 26. SOLO EL AMOR NOS SALVARÁ.

Aquella tarde tuve el enorme placer de tocar junto a José de Lucía. Li se animó a cantar con Malú. Siempre fue vergonzosa para eso... pero al final conseguimos que se arrancase.
Después de unos cuantos temas, mi recién cuñado me pidió que le interpretara uno de los temas de mi nuevo disco. No dudé y acepté.
-Es preciosa, me encanta. -sonrió, asintiendo. Tras unos segundos de silencio... -¿Me enseñas los acordes?
-Por supuesto. Empieza con un Fa menor con la séptima añadida.
-¿Y el arpegio?
-Así. -hice el laborioso juego de dedos mientras el chico observaba atento la secuencia. Agarró la silla y se puso más cerca de mí.
Malú volvió de la cocina con una caja de bombones y tras dejarlos en la pequeña mesa, vino por detrás. Arqueó su cuerpo y me abrazó por el cuello, me dio varios besos en la mejilla. Dejé de tocar y giré la cabeza, robándole un pico.
-Hermanita, que me la desconcentras. -nos interrumpió. Reímos y volví a explicarle la serie. Ella siguió a lo suyo y a mí me encantaba. -¿Ni un minuto me la puedes dejar? -miró muy serio a mi chica.
-Búscate a otra, ésta es para mí sola. -me mordió en la oreja. José negó con la cabeza, observando cómo me reía yo ante la escena. Me encogí de hombros sin dejar de sonreír.

-Ya lo tengo. -al fin se aprendió la canción entera.
-¡Venga, concierto! -exclamó Li, sentándose en el sofá junto a Malú. Las dos guitarras ponían la melodía a la canción que yo cantaba. Sentí un cosquilleo, era un gran guitarrista. La primera vez que actuaba junto a él, y dudé que fuera la última.
El almuerzo se alargó, convirtiéndose en una cena.
-Oye, ¿nos puedes acercar mañana al aeropuerto? -le preguntó a su hermano.
-¿A dónde os vais? -puso cara de sorpresa.
-A Sevilla. -le contesté con una enorme sonrisa. Siempre me llamó la atención aquella ciudad.
-¿No has estado nunca? -fijó la mirada en mí con las cejas levantadas.
-Que va. -hice una mueca con la boca.
-Te embrujará. -asintió muy seguro de lo que decía. Yo no lo dudaba.

Volví a casa con Lidia y preparé la maleta. Estuve casi una hora sacando y metiendo prendas.
-La rosa mejor. -opinó Li, que me ayudaba.
-Me mola más la de cuadros. -dije.
-Pero esa ya la tienes muy vista. -no discutí más, metí la chaqueta rosa y así finalicé de comerme el coco con mi vestuario. -Oye, ¿me traerás una tortuga?
-Por supuesto. -besé su frente. Le chiflaban estos animales y solía regalarle peluches de ellos.
No me acosté muy tarde, pues a las ocho pasarían a recogerme los hermanos Sánchez Benítez.
Me desvelé. Miré el reloj, me sentía como si fuera madrugada... pero las agujas marcaban las siete y cuarenta y cinco...SOLO QUINCE MINUTOS. Me cagué en todos los astros que circulaban por el espacio y corrí a toda velocidad a la cocina. Preparé un desayuno exprés, cereales con leche. Mientras se calentaban pegué unas zancadas hasta mi habitación y me vestí apresuradamente. Oí el molesto pitido del microondas y volé hasta él. Casi me atraganto, y sin llegar a terminar, ya estaba con el cepillo de dientes en la boca. Mis piernas seguían moviéndose, llevando la maleta hasta la puerta. Retorné al baño para escupir la pasta de dientes y me di una leve capa de maquillaje.
-¿Y este zapateo? -Li apareció en el pasillo con los pelos revueltos y un ojo cerrado, la luz la cegaba.
-¡La alarma, que se olvidó de tocar! -exclamé mientras me abrochaba los cordones de las zapatillas.
-Estás muy hiperactiva...
-¿Y cómo quieres que esté? ¡CINCO MINUTOS! -continué dando vueltas por el piso, revisando cada rincón de la casa. No podía olvidarme de nada. -pasaporte, cargador de móvil, cascos, cartera...
-Chicles.
-¿Chicles?
-Para la presión de los oídos. -explicó. Me quedé igual, no lo entendí. -tú llévalos, hay una caja en el tercer cajón del salón. -fui a por ella y la guardé en el bolsillo del pantalón. El telefonillo sonó y me puse histérica del todo. Le di dos besos a Lidia y bajé por el ascensor con ilusión y nervios. Mis primeras vacaciones junto a ella.
-¿Ganas? -me preguntó con esa sonrisa que me enamoraba. Estaba sentada en el capó del coche, esperándome.
-Muchísimas. -miré a ambos lados de la calle. Desierta. Nos miramos fijamente y ambas sabíamos que iba a pasar.
-Viva el amor. -una vez más, José rompiendo un beso. Se acercó y cogió mi maleta, llevándola al maletero. Malú me volvió a besar, acarició después mis mejillas.
-Vamos tortolitas. -me aparté de sus labios con pena. Besé su mejilla y nos metimos en el coche. Nos sentamos las dos atrás. No queríamos estar separadas si quiera en el coche. Nuestras manos se encontraron en el asiento de en medio, el cual estaba libre. -Os vigilo, eh. -movió el espejo retrovisor interior. -Nada de guarradas en mi carro, ¿comprendido?
-Eres un cerdo. -alargó la pierna hasta golpearle en el brazo.
-¡LOCA, QUE NOS LA PEGAMOS! -chilló, devolviendo su pie al suelo.
-Pues no seas cochino. -yo reía mientras observaba mi barrio. Pasamos por delante del bar y se me borró la sonrisa de golpe. Eché la vista al suelo y volví a escucharlos discutir.
-¡Sube el volumen! -pedía mi chica.
-Que no, pesada.
-Pesado tú. -le pegó otra patada.
-¡Que no me des mientras conduzco!
-Pues para el coche.
-No me lo digas dos veces, tengo unas ganas de reventarte esa cara. -Miró hacia atrás buscando mi rostro. -Vaya impresión se va a llevar Marina de nosotros.
-Me encantáis. -reí.

El aeropuerto era enorme. Yo iba observando por todos lados, fijándome en cada detalle. Era increíble lo que el hombre era capaz de construir.
-Vamos amor. -Malú iba casi tres un metro delante de mí. Di un acelerón hasta ponerme en su línea.
Me puse algo nerviosa en el control policial. Me quité todo objeto de metal, pero al pasar el arco pitó. Me puse roja como un tomate.
-Vuelve a pasar. -me pidió la de seguridad. Mediría unos dos metros y era delgaducha. Tenía la cara muy chupada. Hice lo ordenador y volvió a pitar. La chica se acercó y me dijo que pusiera los brazos en cruz. Mi chica miraba desde el otro lado, recogiendo sus pertenencias. Palpó mi cuerpo, buscando el causante de las pitadas.
-Anda, pasa. -se rindió por fin. Malú tenía mis objetos en sus manos, esperándome.
-Me he puesto algo celosilla. -reconoció, de camino al embarque.
-Yo solo soy tuya.
-¿Por qué me dices estas cosas cuando no te puedo besar?
-¿Quién ha dicho que no me puedas besar? -la desafié. Me pegó una palmada en el trasero.
-Tú sigue así campeona, que verás cuando llegues al hotel. -me eché a reír ante su amenaza. -sigue riéndote. Tú sigue. -la agarré por los hombros y la atraje hasta mí. Ella se revolvió, haciéndose de rogar, pero conseguí darle un beso en la sien más cercana.
Subimos al avión y me quedé embobada mirando a la azafata mientras explicaba las indicaciones de vuelo. María Lucía observó mi atención y se acercó a mi oído, remedando la voz del altavoz.
-¿Te lo sabes de memoria?
-Pues claro, así que puedes dejar de prestar atención que si nos la pegamos ya te explico yo todo.
-No me digas eso. -dije. -estoy muy asustada.
-No va a pasar nada... -intentó animarme.-Además, si pasa algo, el amor nos salvará.-Acarició mi espalda. -échate en el asiento. -me pidió, empujándome hacia atrás. -Ahora cierra los ojos y respira. -el avión comenzó a moverse y despegué mis párpados de golpe. -tranqui, aún estamos en pista.
-¿Cogiendo carrerilla? -pregunté. Ella se echó a reír.
-Nunca lo había visto así, pero supongo que sí.
-Bien. -vi que rebuscaba algo en su bolso. Sacaba un paquete de chicles, supuse que era el momento y cogí los de Li. Me metí tres de golpe, por si acaso.
Las ruedas se guardaron y el avión se inclinó, iniciando el despegue. Me sujeté fuertemente al brazo del asiento y apreté los ojos. Noté un pitido agudo en los oídos. Malú me cogió de la mano y la apretó muy fuerte, relajándome.
-Me pitan los oídos. -dije.
-Para eso son los chicles, para que no te piten. Es por la presión.
-Pues estos chicles están caducados. -bromeé, sacándole una enorme risa.
-Mastica rápido. -seguí su recomendación y funcionó.
Al cabo de unos minutos, anunciaron que podíamos desabrocharnos los cinturones. Yo no lo hice, todo lo contrario que ella, que se lo quitó nada más oírlo.
-Suéltate. -me dijo.
-No, no. -negué con la cabeza. Se acercó y me lo quitó ella misma.
-No pasa nada, cariño. Confía en mí.
-Si yo confío en ti, pero no en el aparato este. -volví a atarlo.
Pasaron al rato unas azafatas vendiendo chocolates y bebidas.
-¿Te apetece algo? -me preguntó.
-Sí, pero no viene aquí. -dije pasando las hojas de la revista.
-¿No está en el catálogo? Podemos preguntar a ver si tienen. ¿Qué es?
-Un besolú.

-¿Un qué? -solté una carcajada al ver su cara.

-Un beso de Malú. -expliqué entre risas. Apoyó la cabeza en el asiento y se echó a reír con los ojos cerrados.
-¿Queréis algo? -pasó la muchacha con el carrito.
-Un besolú. -dije sonriente. Mi chica daba golpes en el asiento, revolviéndose entre risas. La mujer puso una cara extraña. -nada, no te preocupes. -con la misma cara de sorpresa siguió empujando el carro cargado de comestibles.
Después de una media hora, el avión comenzó a moverse, como sacudiéndose. Yo me cagué.
-Son turbulencias, todo normal. -me susurró.
-Todo normal no, esto se mueve... ay... mucho. -me temblaba la voz.
-Ven aquí. -cogió mi brazo y lo puso en sus piernas. Me remangó el chaleco y comenzó a acariciarme desde el codo hasta mi muñeca. Sonreí, aún con el tembleque de dientes.
El altavoz anunció que íbamos a aterrizar. Los chorros de sudor resbalaban por mi frente. Volvió a agarrarme la mano muy fuerte, esta vez con las dos. Una debajo y otra arriba.
Noté como las ruedas tocaban el suelo.
-¿Ves como todo ha salido bien? -me miró Malú esbozando esa sonrisa que volvía locos a tantos.


domingo, 12 de enero de 2014

Capítulo 25. YA LO VES

No parábamos. Íbamos de un lado a otro por las calles de Madrid. La acompañé a comprar regalos de navidad y yo aproveché para adquirir también el de Li y el de mis tíos postizos. Porque por muy enfadada que estuviese con Vane, ellos me dieron todo y no se merecían que por culpa suya yo los dejara de lado.
-Deja que lleve yo algunas. -se quejó. -la mayoría son mías.
-Que pesadita eres. Anda, calla ya. -me miró de reojo y me pegó con el puño cerrado en el brazo.
-¡Bruta! -reí. La oscuridad de la noche invadía la calle. Había muchísima gente, apenas cabíamos en la acera en busca del coche. Se acercó y se agarró a mi brazo. -Malú. -la miré seria.
-¿Qué pasa?
-Estamos en la calle. -le recordé. Se apartó de mi lado.
-Qué difícil es esto... a veces desearía ser una persona normal y trabajar en lugar normal con 8 horas y mis días de descanso. -dejó de sonreír, cosa que detestaba.
-Eh, alegra esa cara. -le pedí, dejando las bolsas en el suelo para abrir el coche.
-Quiero pasear contigo bajo las luces de navidad de tu mano, o agarrada a tu cintura. No a siete pasos de ti.
-A siete tampoco estabas. -metí las bolsas cuidadosamente en el maletero.
De camino al restaurante donde habíamos quedado con Pastora y Vero de nuevo, estuvo seria todo el rato y sin decir nada.
-Malú, no puede verte así. -se giró para verme mientras conducía y forzó una sonrisa.
-¿Mejor?
-Mejor. -di unas palmadas en su pierna. Iba a devolver la mano al volante, pero la agarró. Acarició la palma y luego se quedó sobre ella, jugando con mis dedos.
-Te quiero. -dijo de repente. Cada vez que lo hacía el cuerpo se me descomponía. No me acostumbrada a oír esas palabras de la voz que había estado escuchando y admirando durante tantos años. Un semáforo permitió que pudiera fijar mis ojos en sus ojos. No tardé en quitarme. -¡Vuelve a mirarme! -exclamó en una orden.
-No puedo, me matas con esa mirada. -se mordió el labio y se lanzó hacia mi boca.
-Semáforo en verde. -dije, apartándola y arrancando el coche apresuradamente ante las pitadas de los demás conductores.
Llegamos al fin al punto de quedada con las dos chicas. Malú caminaba delante de mí, yo me quedé atrás comprobando que el coche estuviese bien cerrado. Pegué una carrera hasta ponerme a su altura y la agarré de la mano. Me acordé entonces de la discreción y tuve que soltarla con cierta pena. Me gustaba sentir el calor de su piel.
-Esto es una tortura. -resopló, entrando en el local. Allí nos encontramos a las que ya consideraba también mis amigas.
Pasamos una buena cena en una inmejorable compañía. Me acogieron muy bien en su grupo. Nunca fui muy sociable, me costaba hacer amigos. Siempre tenía a Vane, me refugiaba en ella y pasaba del resto. Tenía unos cuantos en el barrio, con los que jugaba al fútbol y demás pero no era capaz de mantenerlos... Después a penas hablaba con ellos. Quizás con Malú sería distinto... El otro día compaginé muy bien con Pablo y ahora con ellas dos. Parecía una nueva Marina, una nueva persona. Me estaba cambiando a mejor.
-¿Tú quieres postre? -me preguntó la sevillana mirando la carta.
-El postre lo tengo a mi derecha. -bromeé. Todas rieron. Ella me miró con cara de perversa, incrementando las risas. Me encantaba cuando se ponía a hacer la tonta.
-Oye, a nosotras nos regalarás tu disco, ¿no? -intervino Vero.
-Por supuesto, y con dedicatoria. -sonreí.
Salimos del restaurante y la noche se alargó en un pub de copas.

Tras dos días en el chalet que tenía Malú, volví a mi nueva casa en la que apenas había pasado veinte minutos para dejar las cosas. Abracé a Li al verla. Empezaba a echarla de menos.
-¿Has traído lo que te pedí? -le pregunté.
-Sí, todo está en la nevera. -asintió. Le mandé un correo con la lista de la compra para la cena de nochebuena.
Pasé toda la tarde en la cocina, preparando los platos. Lidia me dijo que no me pasara, pero aunque fuéramos dos tristes personas, la navidad había que celebrarla. Después de una refrescante ducha, me vestí para la ocasión.
Comenzamos a cenar con el mensaje del rey de fondo, sin prestarle mucha atención. Estaba concentrada en pelar una por una las gambas.
-El país se va a la mierda. -dijo Li de repente, volviéndome al mundo.
-No estoy oyendo nada, bastante tengo con pelar este bichejo.
-Mejor... -resopló. Siempre tan preocupada por todo. Era la persona más altruista y atenta del mundo.
Eché la vista atrás en el tiempo y recordé aquellas animadas cenas de nochebuena... Mis abuelos se fueron antes de que yo naciera, mi abuela al cumplir yo los diez y la otra dos años más tarde... así que quedábamos mis padres y yo. Mi tío nunca venía, vivía en Bilbao con su mujer y sus cuatro hijos. Por esta razón. nos uníamos a los vecinos, los Martínez. Nos juntábamos más de treinta personas... La noche se alargaba hasta las tantas entre villancicos y chistes. Uno de los tíos de Miguel, el chico de mi edad, era humorista y mantenía a todo el mundo con la sonrisa en la cara. Después de irme de casa vinieron las cenas con Pedro, Natalia, y la que consideraba la mujer de mi vida. Estás más aburridas que las anteriores... pero al pasarlas con la persona a la que quería pues no me importaba... ni siquiera las echaba de menos.
-¿En qué piensas? -interrumpió mis pensamientos Li.
-En el pasado...
-El pasado pasado está. -me acarició el hombro. -voy a llamar a mi familia para felicitarle las fiestas. -asentí y se retiró a su cuarto. Yo cogí el móvil y llamé al fijo de la casa de Pedro.
-¿Dígame? -respondió Natalia, con aquella voz que me hacía sonreír nada más oírla.
-Soy Marina. -oí una respiración de sorpresa.
-Faltas aquí... -dijo con pena. -Te echamos mucho de menos, pero bueno, ¿cómo te va? ¿Has grabado el disco? ¿Cuándo sale a la ven...?
-¡Una por una! -la corté. -Me va muy bien, aún no he grabado nada, no hay fecha todavía. Pero estoy mega feliz. ¿Y vosotros?
-El bar sigue igual, con su mierda en los rincones y con las aceitunas en los cuencos. -reí y se produjo un silencio. -Pedro quiere saludarte.
-¡Hola Marina! -exclamó. Siempre había sido muy pasivo, se escondía tras las faldas de su mujer. -Felices fiestas.
-Igualmente. -suspiré, sin saber que más decirle. -¿Todo bien?
-Genial, pero te extraño mucho. La nueva camarera es muy lela.
-Bueno, tampoco es que yo fuese...
-Ya... pero te queríamos. -me sorprendió. Él nunca era de mostrar sus sentimientos. -Te dejo, que viene Vane y supongo que no querrás hablar con ella.
-Ni loca... lo siento. Hablamos pronto, ¡un beso! -colgué.
Li volvió con una sonrisa de oreja a oreja y al ver mi rostro de nostalgia me pellizcó las mejillas.
-¡Suelta! -le chillé.
-Pues quiero ver una sonrisa.
-No.
-Sí.
-No. -negué ahora con la cabeza.
-Sí.
-No.
-Pues verás. -pulsó un contacto de la agenda y llamó. -Malú, dile a tu novia que sonría que no lo hace.
-¡CARIÑO! ¿QUÉ ES ESO QUE DICE LI? -puso el altavoz y la oí regañarme, automáticamente reí.
-Bueno, ya ha sonreído. Puedes dejar de gritarle.
-¡TE QUIERO! -contestó. -¡FELIZ NAVIDAD COSAS GUAPAS!
-Igualmente jefa. -se adelantó Lidia.
-Feliz Navidad cariño, luego te llamo. -prometí.
-Vale, voy a comer. Un besito amor.
-Eres una chivata. -dije al ver que mi compañera de piso había cortado la llamada.
-Con tal de que sonrías... -siempre lo conseguía de alguna extraña manera.

Odié no poder estar con ella una noche en la que se suponía, debías estar con las personas que más querías. Saqué la guitarra y toqué unos cuantos temas que Lidia cantaba a grito pelado.
Después de casi una hora hablando con Malú en la cama, revisé twitter y me sorprendí al ver que ya habían creado dos o tres cuentas de información sobre mí. Llenas de mis fotos. Aquello me daba miedo en cierto modo. Ya no podía fallarles. Estaban conmigo en mi nacimiento como artista. Dediqué un rato a contestar a personas y a seguir a muchas de mis seguidoras. Al rato vi que habían subido una captura de pantalla de la notificación, estaban realmente emocionadas. Eso me llenó de orgullo. La batería se agotó y se apagó el móvil. Esa noche me iba a dormir muy tarde... ya eran casi las cinco y no paraba de dar vueltas en la cama. Después de tres días durmiendo con ella entre mis brazos... tenía que volver a conciliar el sueño sola, en aquel lecho frío.
Pero el día 25 sí que comimos juntas. Dijo que faltaría a la comida con su familia pero que poco le importaba. Yo no me negué esta vez, mis ganas de verla superaban mi consideración. Cogimos el coche y acudimos a su chalet.
-Marina, tenemos que disfrutar cada minuto.
-¿Qué? -no venía a cuento.
-Cuando terminen las vacaciones pasaremos días sin vernos... -dijo entristecida, probando la ensaladilla.
-No me lo recuerdes. -le pedí.
-NAVIDAD, NAVIDAD, DULCE NAVIDAD. -entonó el villancico Li, interrumpiendo la tristeza. Sonreímos a la vez y nos miramos riendo.
-Lidia, comiendo no se canta. -le dije.
-¿Qué no de qué? NAVIDAD, NAVIDAD, DULCE NAVIDAD. -continuó Malú.
-Pasáis de mi culo. Ok. -dije medio enfadada. Ellas me ignoraron y siguieron cantando, esta vez añadiendo palmadas. Se me escaparon las carcajadas, no pude aguantarme más.

Malú nos propuso irnos con ella de viaje unos días. Li se negó rotundamente, dijo que nos merecíamos pasar tiempo a solas... por mucho que insistimos no la convencimos.
-Mi prima Elena va a venir a verme uno de estos días, no estaré sola, no te preocupes Marina. Vete y pásalo bien. -argumentó. Ambas nos encogimos de hombros, que le íbamos a hacer.
-¿Y a dónde vamos, cariño?
-Mmm... ¿Qué te gustaría visitar?
-Pf... no lo sé.
-¿Por qué no vais a Sevilla? -preguntó Lidia, metiéndose en la conversación.
-Pues sí, te encantará, lo sé. -arqueó las cejas Malú.
-Vamos, pues. -alcé los brazos. -cualquier sitio será ideal si vamos juntas. -al decirlo, se acercó a mí y me mordió la mejilla.
-¡DELANTE MÍA NO! -exclamó Li, corriendo a la ventana. Se quedó mirando el jardín. -Los pájaros son muy bonitos... lalalala. -Mi chica y yo explotamos a carcajadas. Me dolía la barriga de reírme. Era muy graciosa cuando quería. -En serio, que no tengo novio y me entran unas ganas locas de registrarme en meetic cada vez que os veo. -las mandíbulas se me iban a caer de tanto reír. A Malú ya le habían salido las primeras lágrimas... -Va, dejaros de cachondearos de mí, jo.
-Para ya, por favor... -le rogué abrazando mi vientre. Me estaba descomponiendo por dentro de tanta risa.
Después de la comida, la cantante cogió el ordenador y sacó los billetes para la mañana siguiente y la vuelta el 30. Serían los mejores cinco días de mi vida, no cabía duda.
-Nunca he montado en avión. -le dije, sentándome a su lado en el sofá.
-¿De verdad? -preguntó abriendo al máximo sus oscuros ojos. Yo asentí, sintiéndome una cateta.
-Y tengo un pánico horrible. -confesé, para que fuera preparada.
-Bueno, no te preocupes, será rápido. -dijo acariciando mi rostro. -y yo estaré a tu lado. -besé sus labios y me quedé en su boca un rato. Los ladridos de Danka nos interrumpieron. Llegó hasta su dueña pasando por encima de mis piernas.
-¡Otra vez la maldita perra! ¿QUÉ TE HE ECHO YO? -pregunté mirándola.
-Le has quitado a su mami. -rió, dándole un beso.

-Eh, Danka, ¿por qué no te vas a jugar con Li y Rumba un rato? -la aparté, sin éxito. Volvió a subirse por el cuerpo de Malú, casi tira el portátil.-Va, me rindo. -me levanté y me fui con mi amiga y los otros animales al exterior.
Después de un rato hablando, unas manos taparon mi vista. No eran las de Malú, eran mucho más grandes.
-¿Quién soy...? -por la voz lo adiviné. Su hermano. -Hola cuñada. -¿CUÑADA? Me dejó fría, sorprendida.
-No sabía que tú...
-Sí, lo sé todo. Anoche me enteré cuando el resto de gente se fue... nos quedamos tu novia y yo charlando.
-¿Iba muy bebida, no? -bromeé. Malú apareció y preguntó de qué hablábamos que nos hacía tanta gracia.
-Cosas de cuñados. -le guiñó el ojo José.
-Ya... oye, se me olvidó decirte que se lo había contado.
-A buena hora, princesa. -reí.
-Oh, princesa te llama. -entrelazó sus dedos y miró al cielo, simulando ser un angelito. Se me subieron los colores.
-Y cosas mejores. -puso morritos y me agarró de la cintura, apoyando su cabeza en mi hombro.
-Tenías razón... es un encanto. -el chico subió una ceja. Tragué saliva. No me esperaba eso.
-Ya lo ves.

sábado, 11 de enero de 2014

Capítulo 24. SE NOS ROMPIÓ EL AMOR.

El tono de "Blanco y Negro" nos despertó. Era mi tono de llamada. Estiré el brazo hasta llegar al móvil y descolgué sin mirar quién me buscaba. Con voz de dormida respondí, Malú se tumbó boca abajo y suspiró, metiéndose bajo la almohada.
-Hola Marina. -saludó seria... Vanesa. Solté un "pff" desganado y me dejé caer sobre el cabecero de la cama. Con la mano libre acaricié la espalda de mi enamorada. -Joder, que alegría te da hablar conmigo. -dijo con ironía.
-Pues ya ves. -contesté borde. No me gustaba responder así, pero no me sentaba nada bien que me despertaran, y menos ella, después de lo que había hecho.
-Te llamaba para decirte que recogieras todo lo que hay en casa.
-Dame tiempo, aún no tengo... -no me permitió terminar la frase.
-Búscate la vida. No quiero ver nada tuyo por aquí. No tardes en venir. -ni me dejó contestar, me quedé petrificada mirando el teléfono.
-¿Quién era? -balbuceó bajo la almohada la cantante.
-El demonio o algo parecido. -tiré el móvil con desprecio a la mesilla de noche. Mi chica salió de su escondite y me miró con unas grandes ojeras y cara de dormida.
-¿Qué dices? -apenas vocalizó.
-Vanesa me echa del piso. Como si la hubiese molestado, vamos. Ni si quiera he dormido allí cuando ha estado.
-¿Y a dónde te vas a ir?
-Un momento. -se me ocurrió una idea. Agarré el Xperia y abrí la conversación con Li.
-¿POR QUÉ ME DESPIERTAS? NO SON NI LAS NUEVE. -contestó aparentemente enfadada. -Perdona por ser tan borde cielo, ¿pasa algo?
-Hombre pasar, pasa... Vane me ha pedido que me vaya de casa... ¿Te parece bien si compartimos piso?
-¡MEGA GUAY!
-Cariño, ¿por qué sonríes? -preguntó Malú, que me observaba tumbada y con las manos bajo la almohada.
-Ahora te cuento. -después de una caricia en su pelo, volví a la conversación. -pero tenemos que ajustar cuentas. Pagaré el alquiler contigo, eh.
-Vale. Voy a seguir durmiendo. -que le gustaba un fin de semana a mi amiga.
Le conté mis planes a Malú y no parecieron gustarle mucho.
-Pensé que te gustaría venirte a vivir conmigo. -un escalofrío recorrió mi cuerpo al oír sus palabras. -No estaría nada mal verte las veinticuatro horas del día los siete días de la semana. -sonreí y me tumbé de lado para poder ver su rostro. No pude evitar acercarme para besarla.
-Todo a su tiempo. Te hartarías de mí muy pronto y quiero tenerte a mi lado más de lo que llevamos.
-Tonta. No me cansaré de ti.
-Eso dices ahora. -reí.
-Venga, vente a vivir conmigo. -me hizo pucheros y se subió sobre mi cuerpo, repitiendo la frase una y otra vez.

-Me hace mucha "ilu". -A mi sí que me hacía ilusión irme con ella y comenzar a vivir juntas. No deseaba otra cosa en el mundo... pero por otro lado no quería correr y hacer las cosas deprisa.
-Te quiero. -le susurré al oído.
-Pues vente conmigo. ¿O es que prefieres a Lidia?
-Malú, no quiero fallarte. -negó con la cabeza y me llamó estúpida. -No puede salir mal, me importas demasiado. -me miraba con aquellos ojos brillantes y sus dedos entrelazados en los míos, sobre mí.
-Eres tonta. -volvió a insultarme.
-Pero te gusto.
-Y mucho. -admitió la cantante, seguido de un beso. No insistió más en aquello, sabía que era inútil. En el poco tiempo que llevábamos, se había dado cuenta de que era una cabezona. Y yo misma lo reconocía, cuando yo decía no era no. Me apetecía esperar un poco más, vivir juntas era un gran paso desde mi punto de vista. Quería vivir despacio y sin prisas, quería una historia preciosa a su lado.
Mientras sus labios seguían mezclados entre los míos y mis manos recorrían su espalda, Danka saltó a la cama y comenzó a dar ladridos. Malú daba carcajadas.
-¡Alguien está celosa..! -exclamó, tumbándola en la cama y rascándole el tórax. La perra se revolvía y emitía ladridos agudos. Parecían tan felices. Me aparté un poco y reposé el codo en la almohada, aguantando con la mano el peso de mi cabeza. Me quedé mirando como jugaba con su mascota.
-Eh, yo también quiero. -dije al cabo de un rato. Me llamó celosa y me quitó el brazo que me sostenía, cayendo en la almohada. Metió la mano bajo la camisa de mi pijama y me rascó como a Danka. No paraba de reírse mientras lo hacía, yo tampoco podía contenerme, tenía muchas cosquillas. El animal dio un giro impresionante y se puso de pie en la cama. Nos ladraba y le daba zarpazos a Malú.
-¡Joder! -me quejé. -Maldito chucho. -me enfadé de broma.
-¡Eh! No le hables así a mi Danka. -se retiró de mi cuerpo y abrazó a su querida compañera. Me levanté simulando indignación hacia el baño. Ella siguió mis pasos con la mirada y con una enorme sonrisa.
Después del desayuno acudí a casa a recoger todas mis cosas. Malú insistió en acompañarme, quería ayudarme con la mudanza. Llevamos su vehículo y el mío, para tener que dar menos viajes. Pedí cajas en la tienda en la que solía comprar el pan y me dispuse a deshacer lo que un día monté con la mayor de las ilusiones. Ella se encargó de la ropa, la fue metiendo en las maletas con cuidado, doblándolas.
-Joder, que bien lo haces. -le sonreí.
-Estoy acostumbrada a hacer y deshacer maletas... no sabes lo que te queda. -suspiró, cerrando la primera. -oye... ¿y Vane?
-Trabajando, me imagino. -comenté, mientras colocaba en una caja los libros.
-Sí que te gusta leer... -observó.
-Me apasiona. -confesé. Terminé por fin de coger todo lo del dormitorio. Ya iban dos maletas y una caja. Fuimos ahora al estudio, mi rincón favorito de la casa. Allí todo era mío.
-Uy, cuantos espejos. -comencé a reír ante su chiste. Lo decía por los posters de ella que decoraban la habitación. Abrimos las cajas y las pusimos en la cama de invitados que había. Le pedí que metiera los CD´s que descansaban sobre la estantería de la pared derecha. Yo abrí los cajones del escritorio y a cada cosa que sacaba, un recuerdo me venía a la mente.
-Dios, que desordenada soy. -admití.
-¿Por? -preguntó Malú, sin apartar la mirada de los discos que colocaba.
-Asómate. -la animé. Echó la vista al cajón, estaba repleto de hojas dobladas y rotas, algún que otro lápiz sin punta, cables y cajas de rotuladores.
-Yo... prefiero seguir recogiendo la música, gracias. -volvió a la estantería. Yo seguí bicheando entre los cajones. Los dejé vacíos, tiré lo que creí inservible, como los cartuchos de tinta de impresora ya usados. ¿Por qué los habría guardado..? Empecé a desenchufar el ordenador. Lo compré yo para mis juegos, así que me pertenecía. Me concentré en quitar cada cable y tener cuidado con la torre. Al girarme, pillé a Malú cotilleando mis folios. Le arranqué el que estaba leyendo y al mirar su rostro vi que unas lágrimas recorrían sus mejillas.
-Joder, que vergüenza. -me puse como un tomate al ver que texto era el que estaba leyendo.
-Es muy bonito. -se levantó y vino hacia mí. En el escrito hablaba sobre ella y su forma de transmitirme fuerza para continuar... lo escribí cuando aún vivía en Calanda y mis padres me discriminaban.
"No tengo ganas de seguir aquí. No puedo más. No le encuentro un sentido a mi vida. Despierto para ser golpeada y humillada cada mañana. No sé que sigo haciendo aquí, debería escapar y ser libre. Por muy complicado que sea debe haber un lugar donde pueda ser feliz. Pero soy una cobarde. No soy capaz de hacerlo... ¿Y si me pillaran...? Me llevaría más palos de los que ya recibo cada día... A pesar de toda la oscuridad que inunda mi ser, hay un pequeño rayo de luz que consigue mantenerme despierta y no rendirme. Ese rayo de luz se llama Malú. Aún no entiendo cómo la música, cómo una voz, puede hacer resurgir de entre las cenizas. A mucha gente le sonará estúpido, pero para mí, su música es una de las cosas más importantes de mi vida. No se qué haría si no pudiera oírla mientras desayuno, para tomar fuerzas y algo de valor para poder enfrentarme a la guerra que me ahoga lentamente". -Lo debiste de pasar fatal... -se limpió sus ojos.
-No sabes cuánto. -la melancolía invadió la iluminada habitación. -Pero tu música me mantuvo viva y aquí estoy -sonreí, volviendo al trabajo. Malú me ayudó a colocar cuidadosamente el PC en una de las cajas más grandes. La pantalla la llevaría a cuestas.
-¿TIENES UNA PLAYSTATION? -preguntó en un grito al ver que comenzaba a desconectar la consola.
-¿Pues no la ves? -reí. -¿Quieres probarla?
-Nunca he jugado...
-Venga que te enseño. -volví a colocar el cable. -¿Zombies o fútbol?
-Zombies, zombies. -dijo convencida. Metí el juego y cogí el mando. Me senté sobre la cama y le pedí que se posara en mis piernas. Puse el modo más fácil y ella me dijo que lo cambiara al más complicado.
-¿Seguro?
-Que sí, que sí. -asintió. Besé su espalda mientras le explicaba los controles. -vale, vale.
-¿Por qué lo dices todo dos veces? -pregunté entre risas.
-No sé, no sé. -rió. Esta vez lo hizo queriendo. Colocó sus dedos en los botones que le indiqué y la partida comenzó. -¿Cómo me muevo? Ya se me ha olvidado. -soltó una carcajada.
-Con el joystick. -expliqué.
-¿Con el qué?
-Con la palanca ésta. -llevé su dedo hasta el botón correspondiente. Acaricié sus piernas mientras intentaba familiarizarse con el juego. Un zombie salió de repente al girarse y emitió un chillido, soltó el mando. Suerte que lo pillé a tiempo.
-¡Ay, que susto!. -se puso la mano en el pecho cuando pulsé el pausa. No pude evitar reírme. -Venga, dale. Ya no me pasa más.
-Espera, que me cargo yo a éste que lo vas a tener en tu cara nada más reanudar. -Y así fue. Estaba justo enfrente. Lo maté y ella exclamó: ¡EA, POR ASUSTARME!
Volvió a tomar el control y pronto volvió a soltarlo.
-Cógelo, voy a ayudarte. -se preparó y yo puse mis manos sobre las suyas, guiando sus dedos.
-¡TOMA, TOMA, MUERE BICHO! -gritaba una y otra vez. Yo no podía parar de reír sin dejar de disparar la pistola. Los altavoces estaban al máximo, nos metíamos en el juego de lleno.
-Que bien os lo pasáis. -la puerta se abrió, Vanesa. Una vez más para estropear las cosas. Con lo bien que lo estaba pasando... Al entrar, Malú soltó el mando y se levantó de golpe, como si estuviéramos haciendo algo malo. Se retiró sin decir nada más.
-Será mejor que nos vayamos. -opinó muy seria. Odiaba verla tan apagada. Quise volver atrás en el tiempo y seguir matando muertos junto a ella.
-Recojo la play y la pantalla y nos vamos. -le prometí.
No tardamos en guardarlas y nos dispusimos a dar viajes hasta el maletero del coche.
-Os ayudo con ésta. -se ofreció mi ex, intentando ser amable.
-No te preocupes. -le contesté de mala manera. -Ya vuelvo ahora.
-Solo os quedan dos, te la bajo yo y ya no tienes que pasar más por mi casa. -ya me resultaba extraño ver una buena intención de ella. Solo quería perderme de vista.
-Bueno, que te vaya todo bien. -le deseé, dándole dos besos. Me resultó extraño besar sus mejillas, cuando antes... en fin.
-Igualmente. -dijo muy seca. -te quiero.
-No, no me quieres. -no dejé que me contestase, cerré la puerta del auto. Aún así, hoy su grito apagado desde fuera.
-¡SE NOS ROMPIÓ EL AMOR PORQUE TÚ QUISISTE! -qué absurdo. ¿Cómo tenía la cara de decirme eso después de lo que pasó aquella noche en el hotel?
En cuanto recogimos todo, acudí al primer banco que vi para dejar de pagar la hipoteca del piso. Cerrada quedaba mi historia junto a ella.

[He corregido los 21 primeros capítulos, lo he vuelto a subir, he cambiado el enlace de la entrada de feliz navidad. Tenía detalles mal y al repasarlo me di cuenta. Perdonad. Aquí lo tenéis: https://app.box.com/s/2ozinr7ho3gx2hstsxgd ]

domingo, 5 de enero de 2014

Capítulo 23. TE CONOZCO DESDE SIEMPRE

Antes de presentarme en la discográfica, di un paseo. Iba con mi preciado instrumento colgado en la espalda. Necesitaba relajación antes de cruzar aquella puerta de cristal en la que empezaba mi camino como artista. Le sonreía a todo el que pasaba a mi lado. Metí las manos en los bolsillos y seguí andando a paso lento. Observando cada detalle que acaparaba mi vista. Miré el reloj. Llegó la hora.
Caminé hacia la entrada y a cada paso, iba soltando el miedo. No podía entrar con él. Debía ser fuerte y no tener miedo a nada. Ser yo misma y demostrar que merecía ese disco.
En la puerta me esperaba un hombre de pelo corto y canoso. Rozaría los 40 y vestía enchaquetado.
-¿Marina? -preguntó al verme, achinando los ojos.
-Marín me llamo. -le di dos besos.
-Encantado. Soy Vicente, directivo de la productora. Voy a llevarte con Mari, ella será tu mánager y representante. Se encargará de todos tus planes. -comenzó a andar por el pasillo, yo le seguía, sin perder detalle de lo que me explicaba. -fechas de grabaciones, firmas de discos, programas de televisión, conciertos...
-Entiendo. -asentía todo el rato.
-¡Hola! -La mujer exclamó al entrar en su despacho. Dio un bote de la silla y vino corriendo a darme dos besos. Era muy bajita, medía menos que yo. Llevaba el pelo recogido en un moño y vestía informal. Parecía natural y simpática.
-Hola. -la saludé.
-Soy Mari y a partir de este día me verás el resto de tu vida. -Me invitó a que me sentase y el hombre serio se largó.
-Eso da miedo. -reí nerviosa. Coloqué la guitarra en la otra silla y me senté frente a su mesa. Pasamos una hora entera hablando. Me explicaba todo lo que se me venía encima y aquello me asustó. Era demasiada información. Mi coco comenzaba a aturullarse de pensar todo el trabajo que me quedaba por hacer. El mundo de la música era mucho más difícil de lo que pensaba.
-Ahora vamos al estudio con Paula. -se levantó y cogimos el ascensor hasta una sala de grabación. Allí estaba la productora que habló conmigo por teléfono. No me la imaginaba así. Por el móvil parecía más agradable, pero todo apuntaba a que fuese una señorita Rottenmayer. Iba uniformada, como el misterioso Vicente y con el pelo suelto, planchado. Perfecto.
-¿Trajiste las canciones? -preguntó nada más verme. Ni un saludo.
-Claro. -reaccioné. Me pilló desprevenida, no sabía que quería ir tan rápido. Abrí la funda de la guitarra y me la colgué.
-No, no. -negó con la cabeza mi manáger. -Entra por esa puerta y cántale al micro. -hice lo mandado. Estaba en un estudio de grabación. A través de un cristal pude verlas. -coge una de esas sillas y ponte cómoda. Esto va para largo.
Me acomodé como me recomendó Mari y me dispuse a tocar las nuevas composiciones. La situación me empequeñecía. Sentí frío a causa del nerviosismo. Cerré los ojos un momento antes de empezar y soplé. Vamos allá. Puse el mismo sentimiento al cantar que cuando las compuse. Mis finos dedos recorrían las cuerdas de la guitarra y mi voz salía por sí sola. Al principio miraba con cierto miedo a ambas mujeres. Pero luego dejé de hacerlo. Miré a un punto infinito de aquel pequeño estudio y me concentré en mi música. Lo disfruté, una vez más. Cantar me hacía sentir bien.
-La primera y la penúltima no me agradan mucho pero bueno, para un primer disquito está bien. -me estrechó la mano Paula. -No supe que decir, me quedé seria. La mujer se fue, decía que tenía muchísimas cosas que hacer. Me dio dos besos y me dio la bienvenida al mundo de la música.
-No le hagas ni puñetero caso, tiene un mal día. A mí me han encantado. -me sonrió, dándome una palmada en el brazo. Aún así no me había quedado muy contenta. Me pidió que rellenase unos papeles y así lo hice. Datos personales y cosas así, supongo que sería para registrarme en la discográfica.-Pues ya te puedes marchar. Lo que sea me llamas, aquí tienes mi teléfono. Encantadísima.
-Igualmente, muchas gracias por todo, de verdad. -le sonreí. Me dio un abrazo. Salí por la puerta con mi guitarra al hombro una vez más, pero antes de cerrarla me llamó.
-Vas a llegar muy alto, tengo un pálpito. Nos vemos después de navidad para grabar el CD. Descansa y coge fuerzas, las necesitarás. -le guiñé el ojo ante sus palabras y encajé la puerta. Esa frase me llegó al alma. Es cierto que necesitaba oír algo así de personas que no conocía. Quiera que no me impulsaba. Caminé por el pasillo buscando la salida y me perdí. ¿Cómo podía ser tan estúpida de perderme en un lugar cerrado?

-Respira Marina, respira. -me dije a mi misma. Por fin vi el ascensor al final del pasillo, alguien lo esperaba. Se giró y me quedé plasmada al ver quién era.


-¡Pablo López! -exclamé. Entré y le di un abrazo con el instrumento colgando. Él sonrió.
-¡Marina Marín! -me sorprendí al ver que me reconoció. -Te vi en "La Voz". Eres una máquina. -me chocó los cinco.
-Tú si que eres un máquina. Me encanta tu forma de componer, eres genial.
-Muchas gracias. -rió, apretándome el hombro. -¿Qué haces por aquí?
-He venido a proponer unas cuantas canciones para mi nuevo disco.
-¿Puedo oírlas? Yo acabo de terminar lo que tenía que hacer y tengo el día libre. Te invito a unas cañas y me muestras tu talento. -me quedé fría. Acepté sin pensar en nada más.
Fuimos a un bar cercano y nos sentamos en la terraza. Pedimos dos cervezas y me invitó a tocar mis temas.
-¿Aquí en medio?
-¡Viva la música! Cualquier parte es un buen lugar para hacerla. -dio varios puñetazos en la mesa haciendo un ritmo musical. No pude negarme. Saqué el instrumento y me puse a tocar.
-Un momento. -me interrumpió en uno de los versos. Fue para retocar la letra un poco. Saqué el libreto de mis canciones y lo modifiqué con un lápiz.
-Ostras, pues mucho mejor así. Totalmente. -dije al volver a cantarla con el nuevo retoque.
-Deberíamos componer algo juntos, eh. Hacer una colaboración de estas. Somos muy semejantes a la hora de componer. -me sorprendió su proposición. Apenas me acaba de conocer y ya me estaba diciendo esas cosas. La vida me sorprendía. Aunque a él, la verdad, parecía que lo conociese desde siempre. -¿No me respondes?
-¡Claro que sí! Es que me he quedado súper pillada. -reímos.
-Me recuerdas mucho a mí, Marina. -confesó. -Y creo que ahora que estamos empezando debemos apoyarnos el uno al otro. Este mundillo es bastante difícil... me costó muchísimo hacerme un hueco y aquí estoy, con mi segundo disco después de años y años de duro trabajo.
-Completamente de acuerdo. -me hizo muy feliz con aquellas palabras que me dedicó.
Pasamos allí hasta las ocho, y se despidió de mi porque había quedado con su familia para cenar. Me pasó su número y me dijo que podía contar con él siempre. Aunque fuese una tontería. Yo le respondí que también.
Antes de arrancar el coche miré el móvil. Tenía tres llamadas de Malú y millones de whatsapps. Ni los leí, la llamé.
-¿SE PUEDE SABER DÓNDE TE HAS METIDO? ¡ESTABA ASUSTÁNDOME! -ni me dio tiempo a saludar.
-Lo siento, mi amor. He estado en lo del disco y luego he estado de cervezas con Pablo López.
-¿Pablo López? ¿Y eso?
-Me lo he encontrado en el ascensor y me ha invitado.
-Ya podrías haberme avisado, guapita.
-Ah, pues no se me había ocurrido.
-¿Cenamos? Tengo unas ganas locas de escuchar esos temas. -me hizo sonreír. Siempre lo hacía... Y es que aquel interés que mostraba de repente todo el mundo hacia mi música me hacía creer en mí. Creer en un futuro haciendo lo que desde peque había soñado.          

-Son... perfectas me cago en todo. -tiró el cojín al suelo.
-Qué manía con tirar cosas. -lo recogí y lo puse en su sitio.
-¿Qué tal te ha ido tu primer día de trabajo? -se echó sobre mis piernas y yo acaricié su cuerpo mientras le contaba lo sucedido. -Será gilipollas... si son preciosas tus canciones.
-Ala, relaja. Solo me ha dicho que no le hacían mucha gracia.
-Críticas constructivas por favor. -pidió. Arqueé mi cuerpo para besarla.
-Que buena defensora tengo. -dije entre sus labios. Ella rió y me siguió besando.
-Oye. -se apartó. -¿Qué vas a hacer con lo de la navidad? -me eché hacia atrás y levanté la cabeza, mirando al techo. Ella se incorporó y quedó sentada sobre mis piernas. Me rodeó el cuello con sus brazos y puso pucheritos. -Vente conmigo.
-Voy a quedarme con Li. -le dije. -no pinto nada con tu familia, cariño.
-Les contaré que eres tú para mí y lo entenderán.
-Y seré el muñeco de feria de la cena y... no me gusta nada llamar la atención.
-Tendrás que enfrentarte a eso algún día. ¿Por qué no ahora?
-Solo llevamos semanas... creo que es demasiado precipitado princesa.
-Me encanta que me llames así. -me besó en los labios.
-No cambies de tema, anda. -reí.
-Tienes razón, quizás es demasiado pronto. -reconoció. -pero seguiremos viéndonos todos los días, eh.

-No podría vivir sin eso. -cerramos los ojos y nos fundimos de nuevo.