domingo, 27 de julio de 2014

T2.Capítulo 4. DICEN POR AHÍ.

-¿Maleta?
-Listo. -contesté.
-¿Aseo? -preguntó Malú.
-Listo. -repetí.
-¿DNI?
-Aquí lo tengo.
-Me temo que ya estás preparada para marchar… -dijo algo nostálgica.
-Va, solo serán unos días. -la abracé. Una vez más el trabajo nos distanciaba, y aunque solo fueran 72 horas, se nos iban a hacer eternas. Agarré la maleta por el mango plateado y desfilé con ella, como si fuera el objeto más preciado de mi vida, al coche. La cogí con energía y la tiré en el maletero de cualquier forma.
-¡¡Ha retumbado todo, ten más cuidado!! -se quejó Mari. Sonreí, tampoco con mucho énfasis, y me acerqué de nuevo a mi chica.
-Llámame en cuánto llegues. -me pidió, rodeándome el cuello  de nuevo.
-Sí, mamá. -bromeé. Nos besamos, repitiendo una y otra vez lo mucho que nos queríamos.
-Me cago en la ostia… -resoplaba mi representante desde el automóvil.
-Venga, vete ya. -me empujó mi chica. -cuidado con las fans. -me advirtió, yo le regalé una mirada, y subí al mini.
Tomamos el avión hacia el sur, concretamente a Sevilla, donde me esperaba un nuevo proyecto que me quitaba el sueño desde hacía unas semanas. Una nueva cantante con una voz completamente diferente a todas las que había podido oír a lo largo de mi existencia había surgido de un pequeño pueblo de la provincia andaluza. Recuerdo aún el momento. Estaba con Malú preparando la comida, cuando salió en la radio. Nos sorprendimos. Enseguida comuniqué a Mari mi deseo de conocerla y grabar algo con ella. Según decían en el programa, estaba inmersa preparando un disco. Su mánager estuvo encantado con la idea, creyó que una colaboración conmigo la ayudaría en su carrera. Desempolvé mi cuaderno de canciones y allí encontré una que le vendría perfecta. Al menos, eso creía. Y no me decepcionó, supo darle el tono que yo aún no había conseguido, el ritmo que yo no había hallado. Satisfecha y orgullosa, me decidí a compartir mi canción con ella, y no descarté la opción de regalarle alguna composición mía.
-¡Buenos días! -me saludó nada más verme entrar. Nos dimos dos besos y entramos en el estudio. -siento no invitarte a un café ni nada, pero no tenemos mucho tiempo.
-Tranquila, está bien. -sonreí. La verdad es que el café de poco me importaba. Estaba deseando oír el resultado final. Nos pusimos a ello. Me coloqué los enormes, pero cómodos, cascos, y el luminoso rojo se encendió. Hora de trabajar.
-¡Qué maravilla! -después de cinco horas encerradas, al fin pudimos oír una de las canciones más esperadas de su disco "Soy". La nuestra. Y como soy de lágrima fácil, lloré. Me emocioné. No me creía que esa fuera mi voz, ni esas palabras, que conectaban entre ellas creando musicalidad, fueran escritas de mi puño y letra.
-Muchas gracias, Marina. -me ofreció un pañuelo mientras mostraba su agradecimiento,  Marta.-de verdad, creo que será un gran éxito. Gracias por creer en mí, porque ni siquiera me conocías cuando me llamaste… joder. -demasiada carga emocional para decir un simple "a ti". No me salía nada en ese momento.
-Es una sentimental. -avisó mi mánager, provocando las risas, calmando el ambiente. Bajamos a un restaurante, nos merecíamos una recompensa. Mari fue con Jimena, la representante de Marta, para coger sitio. Nosotras fuimos por la puerta de atrás, según ellas, la entrada estaba llena de seguidores enloquecidos. A veces me preguntaba cómo conseguían saber donde estábamos en cada momento. ¿Nos habían puesto un radar a todos los cantantes del planeta?
Entablamos amistad. Su mánager era tan divertida y encantadora como la mía.
-¿Malú no ha querido venir? -me preguntó.
-Está ocupada con sus cosas…
-Ah, bueno, ya pasaré a verla. Dale recuerdos de mi parte. -me pidió. Marta estuvo en Madrid hacía unos días, la invitamos a casa para conocernos un poco más y presentarle la canción. Entre las tres creamos la melodía e hicimos unos cuantos cambios en la letra para que quedara completamente perfecta.

A la mañana siguiente, cuando las cortinas del hotel no consiguieron tapar los rayos de sol, me desperté. Miré la hora, y me encontré con algo mucho peor. Dieciséis llamadas perdidas de mi madre. Me pregunté qué había pasado para tener tal cantidad de llamadas. Ni que fuera una adolescente. Como una bala marqué su número.
-¿Qué ha pasado? -me interrogó nada más descolgar.
-Eso mismo quiero saber yo.
-¡¡No me mientas, soy tu madre!! ¿Por qué no me cuentas las cosas?
-¿De qué hablas? -no entendía nada de lo que pasaba. -¿me quieres explicar a qué se debe eso? Yo te lo cu…
-¡¡He visto las revistas!! ¡¡No soy tonta!! -¿revistas? ¿cómo qué revistas? Algo iba muy mal.
-¿Qué ponen las revistas, mamá? -intenté suavizarlo.
-Te leo, eh. "¿Posible distanciamiento? La pareja del momento parece vivir un tiempo amargo. La cantante madrileña se ha quedado en el chalet que comparten, mientras que su novia, viajaba a Sevilla. Ayer la vimos salir de un edificio junto a Marta, una joven que comienza a grabar su nuevo disco. ¿Será ella el motivo de este despego? ¿Están dándose un tiempo?" -me eché a reír. Qué graciosa llegaba a ser la prensa rosa.
-Marta es una amiga, estoy en Sevilla porque canto con ella en su CD, Malú tiene trabajo en Madrid. Estamos perfectamente.
-Ay, qué susto. No sé para que me creo estas cosas… Pero claro, venía una foto…
-¿Una foto?
-Tú con la niña esa, saliendo de un sitio. -explicó. Debió ser cuando íbamos a comer…
-Tranquila, no pasa nada. Todo va viento en popa.
-Es que ya tengo el vestido de la boda. -reí al escucharla. Madres…
Nada más colgar, "Malú llamando".
-¡Cómo se te ocurre! ¡No vuelvas a casa!
-¡No pienso volver! ¡Vuelve a tu mentira de plástico gris! -grité. Reímos a la vez.
-Ya lo has visto, ¿eh? -acertó.
-Bueno, tu suegra me ha llamado como veinte veces. No sabes el sofocón que le ha dado. -la escuché carcajear al otro lado de la línea. -y todo porque se acababa de comprar el traje para nuestra boda. -aumentó su risa.
Pero aquí no acabó esta historia. De camino al embarque, una ola de periodistas me asaltó. Formaron un círculo y me dejaron dentro. Mari estaba delante de mí, haciéndose hueco entre la masa. Pegaba bolsazos y patadas.
-¿Es cierto que se cancela la boda?
-La boda sigue en pie. -me limité a contestar. -oye, está todo bien, ¿vale?
-¿Te has acostado ya con Marta? -se me escapó una risa, que no sé si restó credibilidad al asunto.
-Marta es una amiga, y no solo mía, también de Malú. -contesté mirando al periodista que había lanzado la estúpida pregunta. -voy a perder el avión, si me lo permitís… -intenté pasar.
-¿Confirmas el distanciamiento?
-Estamos perfectamente. Eso lo habéis inventado vosotros. -decidí que esas fueran las últimas palabras. Llegamos al embarque de una vez por todas. En unas horas volvería a estar con ella.

Antes de que el avión me exigiera apagar el móvil o dejarlo en el famoso "modo avión", colgué una foto en las redes. Un beso en el caribe entre ella y yo, y añadí "Por fin esta noche volveré a dormir a tu lado. Y mañana, despertaré allí. Te quiero."  Que les den por culo a la prensa. 

sábado, 26 de julio de 2014

T2. Capítulo 3. VESTIR UN COLOR

El estruendoso despertador sonó, haciendo vibrar toda la mesilla de noche. El sonido se coló por nuestros oídos, provocando un susto mortal, capaz de incorporarnos en la cama.
-Hay que comprar un reloj, es urgente. -propuso la cantante, que me había acompañado en la oscuridad de la noche, una vez más.
-Desde luego. -dije, echándome hacia atrás, con un dolor incómodo en los oídos a causa del maldito aparato. -tantos discos de oro y un despertador de mierda. -bromeé con una pequeña risa. Me lanzó una mirada cargada de rencor.
-Levántate, nos espera un largo día. -me ordenó, con esa seriedad que solía forzar y que la hacía tan irresistible.
Apenas estábamos empezando a desayunar, cuando el pito del coche de Mari nos despistó.
-¡¡Qué mujer!! -opinó mi chica, corriendo hacia el portón de  nuestra casa. Llevábamos una mañana de lo más escandalosa.  Yo que me había acostumbrado a la silenciosa vida medio rural. El chalet estaba apartado del mundo, a diferencia de mi anterior hogar. Si tuviera que volver no dormiría nunca. Allí los decibelios presumían de grandeza. Había varios bares en mi calle que traían voces de padres llamando a sus hijos a la hora de irse, celebraciones de goles, música alta, balonazos contra la pared. Por no hablar de la cantidad de sirenas de policía, ambulancia, y bomberos. Aquí el ruido brillaba por su ausencia. Un enorme silencio decoraba nuestras noches y mañanas. Lo único que nos podía quitar el sueño eran los gruñidos y ladridos del pequeño zoo, como le llamaba Malú, o algún canto de pájaro madrugador.
-¡¡Buenos días mi estrella!! -asomó por la cocina, tan eufórica como de costumbre, mi mánager.
-¿En el amplio sentido de la palabra? -sonreí.
-Sabes que sí. -me guiñó el ojo.
-Oye, ¿y este rollito? -intervino algo celosa mi futura mujer. Ella le atizó un periodicazo en el brazo.
-¡¡Ni falta me hace repetir que soy de otra acera!! -exclamó.
Estuvimos buscando estilistas, pero ninguno nos llegaba a convencer. En especial a mí, que soy jodidamente rara a la hora de vestir. Ninguno de ellos conseguía darme el estilo que buscaba. Ese toque que quería darle a mi persona. Acabé desquiciando a Malú y a Mari. Era demasiado exigente. Aún así lo comprendieron, sabían lo importante que era la imagen en este oficio. Vestir de una forma u de otra me hacía diferente, me daba distintas personalidades. Lo primero que ve alguien es el exterior. Le tenía que entrar por el ojo para luego conocer el interior, mirar mi alma, y a mi música en mi caso. Andábamos desesperadas. ¿Dónde estaba mi estilista? Tenía que existir alguien, el caso era encontrarlo. Por suerte, la maravillosa y amplia agenda de contactos de mi chica dio con algo que podría servirnos. La mujer de Antonio Orozco. Sí, sí. Decían que era de las mejores del país. Así que allá íbamos, dispuestas a saber si habíamos dado en el clavo.
-Mira, como no te sirva… -murmuraba Mari mientras conducía.
-Toda buena reina tiene su sastre. -le solté a lo más clásico.
-Me enamora cuando pronuncia esas frases. -suspiró Malú desde el asiento de atrás.
-Vaya dos empalagosas. ¡¡AG!! -reímos ante su respuesta.
Entramos a una cafetería de la tercera planta del centro comercial más amplio de todo Madrid. Allí estaba Orozco, con un café en la mano y las gafas de sol puestas. Sí, dentro de un recinto cerrado había mucho sol. Sí.
-¿Ves algo? -fue mi forma de saludarle, entre risas.
-Gajes del oficio, Marinita. -sabía que odiaba que me llamara así. Pero lo seguía haciendo.
-Creo que la gente se fija más en ti… pero allá tú.
-¿En serio?
-Hombre, no es habitual que alguien lleve unas gafas de sol y una gorra en un sitio cubierto. Llamas más la atención. -argumenté.
-Eres muy lista para llevar tan poco tiempo en este mundillo… -opinó. En el mostrador, una chica morena de la misma estatura que el madrileño se giró con un donut de lo más pringoso.
-Hola, soy Marina. -la saludé, prestándole la mano. -una chica muy guapa, Orozco. -la joven puso cara extraña, y la del cantautor era de descojonamiento absoluto.
-Hola, soy Isabel, tu, espero, futura estilista. -a mi lado llegó una rubia.
-Vale… soy idiota. -me reí de mi misma. Me disculpé y saludé, ahora sí, a la esposa de Antonio. Llevaba el pelo enredado en una trenza. Unas gafas de sol blancas se posaban en sus pequeñas orejas y descansaban en su cabello dorado. (Me encantaba llevar así las gafas, podría sumar puntos). Portaba una curiosa camiseta blanca, lisa, pero con algo que no tenían las demás. No sabía decir qué. Para la parte de abajo había elegido un vaquero ajustado con tonos celestes y unas vans a conjunto con su camiseta. He de reconocer que nunca me fijaba en la ropa, pero dadas las circunstancias, lo mejor era hacerlo. Y he de decir que me gustó mucho su forma de combinar.
-¡¡Malú, cuánto tiempo!! -exclamó muy gentil. -a ver si te dejas ver más a menudo.
-¡¡Desde luego!! Un día podrías invitarme a un gazpachito, que todavía me acuerdo del que me hiciste en Sevilla. -vaya, sevillana, aunque se podía deducir de su acento. Adoraba el seseo. Cada vez depositaba más esperanzas en ella.
-¿Tomamos algo y comentamos un poco? -no sabía que quería hablar, pero acepté y me senté con ella y el resto, acompañados de unos cafés para despertarnos. -cuéntame, Marina, cómo te defines.
-Vaquera. -reí. -suelo llevar camisas.
-No, respecto a moda no, cómo te defines como persona. -me preguntaba para qué hacía falta eso.
-Pero… ¿Qué tiene que ver esto con la ropa? -me atreví a cuestionar.
-Es muy importante, tengo que conocerte para saber cómo adornarte. De este modo adaptaré tu personalidad a tu estilo. -¡Sorprendente! ¡Alucinante! era exactamente lo que quería. Una fachada que mostrara lo que soy.
Fue apuntando todo lo que le decía en una libreta con mi nombre. Organización, me gustaba. Parecía ser la candidata perfecta. Estaba deseando trabajar con ella. Tras el interrogatorio, la ficha técnica, o como quiera llamarlo, repasamos todas las tiendas del centro comercial. No me atraía eso de meterme en un probador y que miles de prendas pasaran por mi cuerpo mientras cuatro individuos me miraban de arriba abajo y una de ellas, en concreto, la señorita Isabel, apuntara algo de cada conjunto en un cuaderno azul adornado con el rótulo de "MARINA MARÍN" en la portada.

-Ese le queda muy bien. -murmuraba mi chica.
-No sé yo, eh, me gusta más el de antes. -comentaba mi representante.
-Estás preciosa, Marinita. -Orozco siempre decía la misma frase. Sin olvidarse del horrendo mote que me había puesto. Se notaba que no entendía mucho de ropajes. Según él, todo me quedaba perfecto, todo me hacía preciosa. Yo me limitaba a dar vueltas sobre mí y a sonreír forzada por los halagos, o a reírme en caso contrario.
-¡¡Quítate eso!! ¡Ag! -chilló Malú.
-Las flores las descartamos, por favor. -rogué. Isa carcajeó y lo anotó, cómo no.
-Ay, dios mío, pareces un cuadro del "Museo del Pardo". -bromeó Mari.
-¿No será "del Prado"? -intervine.
-Es que estás tan fea que ni en el Prado, cariño. -su respuesta me dejó por los suelos, pero me hizo llorar de risa.
-No le queda tan mal. Estás preciosa, Marinita. -repitió por decimoséptima vez.
-Créeme que no, Orozquito.
A pesar de los sudores, los interminables cambios de ropa, el estrés de las compras, las colas de los baños, las colas en los cajeros, las colas en los probadores, y la insoportable presencia de Antonio y sus "Marinita", el día fue divertido, y lo mejor, muy productivo. Tenía armario para meses y meses. Además, firmamos el contrato con Isabel. Para celebrarlo, invitamos a todos a cenar, y se añadieron nuestros amigos Pablo y Li, que vivían un momento de lo más dulce y especial. Esperaban su primer hijo.
-¡¡Pablito!! -exclamó Orozco al verlo entrar de la mano de su chica.
-Veo que tú tampoco te escapas… -reí para mis adentros.
-Isabel Coronel. -se presentó  la rubia. Pablo se puso recto y llevó su mano, completamente rígida, a su frente. Saludando al puro estilo militar. Nos echamos a reír. -estoy acostumbrada al chiste…
-Lidia. -saludó mi mejor amiga. Enseguida se acercó a mí para darme un abrazo. Yo le toqué la barriga y me dio un pisotón. -aún no se mueve, pesada.
-Jo. -me quejé. -ey, lentejita… -le dije a la panza.
-¡¡NO LE PONGAS NOMBRE!!
-Marina, deja ya de molestar. -se acercó Malú y se apoyó en mi hombro con su codo. -¿cómo lo llevas?
-Bien, Pablo da más por culo que él. -rió.
-¡¡TE HE OÍDO!! -chilló López. Menuda antena parabólica…
Nos acomodamos en la mesa  del patio. Encendimos las luces del jardín. Era una velada muy agradable, fresca, y de lo más encantadora. Estábamos rodeadas de buena gente. La conversación era divertida, reíamos una y otra vez, raro era el momento en el que dejábamos de sonreír. Me sentía feliz, querida. Era genial saber que tienes gente alrededor. Te hace creer que si te caes, ellos harán de manta. Y yo era así, pensaba en el golpe cuando mejor me iban las cosas. Extraño, irónico, pero real. Tristemente, me había habituado a eso de estrellarme contra el muro…
La noche terminó entre copas, estrellas, sonidos de guitarra y piano, voces de lo más dulces, otras más roncas, y un olor a césped mojado

viernes, 11 de julio de 2014

T2. Capítulo 2. RESUCITAR EN UN ABRAZO.

-¿EMBARAZADA? -repitió Malú, algo alterada. Yo asomaba la cabeza, intentado ver quién era. Mi chica tiró de mi brazo para acercarme a la valla.
-¿LI? -no podía dar crédito a lo que veían mis ojos. -no… no puede ser. -mientras yo intentaba liberarme del shock que había sufrido, la cantante madrileña abrió la puerta y dejó pasar a mi amiga. La abrazamos entre las dos. -¿dónde está Pablo?
-No lo sé… -murmuró entre sollozos. Estaba muy asustada. -no le digáis nada, por favor.
-Tranquila. -le susurró María Lucía.
-No sabía a quién contárselo… -elevó el llanto.
-Va, venga. Entremos a casa, te voy a hacer una tila o algo. -la llevamos hasta dentro con pequeños pasos, como si fuera un jarrón de la más preciada cerámica. Nunca la había visto así. Estaba demasiado acostumbrada a verla con aquella sonrisita divertida, sus ojos casi rasgados por la felicidad que iba derramando. Era ella la que me animaba a mí. La que me cuidaba y sacaba adelante. Ahora las tornas cambiaban. Los roles se intercambiaban. Ahora era ella la que me necesitaba.
-Bébetela. -le tendió la infusión Malú. Lidia la cogió y bebió un poco. Entrelacé mis dedos con los suyos.
-No tienes que tener miedo, estamos contigo. -le aseguré. Tumbó su cabecita en mi hombro en señal de agradecimiento.
-Además, has dicho "creo". -subrayó mi prometida.
-Me he hecho siete pruebas. Siete.
-¿Y…? -quise saber.
-Dos rayitas.
 -¿Eso qué significa? -pregunté. Rieron exageradamente. -oye…
-Y contigo quiero yo formar una familia… -cuchicheó Malú. Conseguimos hacerla reír aunque fueran solo unos segundos. -dos rayas es positivo.
-Es que no puedes beber tanto, Li. -bromeé. Rió de nuevo.
-Idiota. -me pegó un codazo mientras se limpiaba las lágrimas risueña. Rodeé su cuello y la abracé entre risas. -no sé cómo se lo voy a decir a Pablo… -volvió a la seriedad y preocupación con la que llegó. -lo voy a destrozar…
-¿Por qué? Tendrá que apoyarte. Está contigo, te quiere. -dijo ella.
-Voy a cargarme su carrera… -se tapó la cara.
-No digas eso. -la achuché. Malú me miró y con un gesto me preguntó qué hacer. Yo me limité a besarle el pelo. Era una situación complicada. -a Pablo le encantan los niños… ¿no lo has visto con su sobrino?
-Sí… pero es un sobrino. No su hijo. Es mucha responsabilidad… -respondió sin alzar la cabeza, escondida en mi pecho. -somos muy jóvenes… él está empezando a vivir su sueño. No puedo hacerle esto.
-A veces los planes no salen como queremos. -intervino la cantante. -pero no por ello tenemos que tirar la toalla. Puede que ahora esto te parezca algo malo, pero quizás más tarde te ilusiones. Un niño significa alegría… quieras o no. -el móvil de mi mejor amiga comenzó a vibrar bajo el bolsillo de su pantalón.
-Es la décima vez que llama. -murmuró.
-¿Por qué no lo coges? Trae.
-No, Marina, no lo hagas. -me pidió. -no puedo hablar con él. Me derrumbaría.
-¿Por qué no le digo que venga y habláis? -propuso la madrileña.
-No, no, por favor, chicas, no. -estaba temblando, aún así, Malú cogió el teléfono y lo hizo. Algún día nos lo agradecería… Teníamos que ayudarla a afrontar aquello. El malagueño no tardó en aparecer en Majadahonda, donde a base de infusiones, Lidia comenzaba a calmarse. Al menos un poco.
-¿Qué te ocurre? -se alteró al ver a Li. -¡qué pasa! -exclamó. Lo entendíamos. No sabía nada y se encontró con un ambiente dramático, de lo más desagradable. La mesa estaba llena de clínex usados y vasos de tila vacíos, sin una gota. El rostro de su novia estaba aún desencajado, blanco como la más pura nieve de los Alpes. Sus manos destrozaban papeles, muy temblorosas. Mi chica la abrazaba por la cintura, sin soltarla. -Marina, ¿qué está pasando? Estoy asustado. ¡Joder! ¡hablad!
-No soy quién para decírtelo… es algo que debéis hablar vosotros. -miré a María Lucía. -ven. -le ofrecí la mano.
-No, quedaros. -la retuvo. No quería que la soltara. Pensé que lo mejor sería que se quedaran a solas, pero ante la petición de mi compañera, no me moví.
-Me voy a volver loco si no me dices ya qué te pasa, cielo. -flexionó su rodillas y aguantó su peso en los gemelos frente a la joven.
-Pablo… -una lágrima más derramó por su rostro. Ésta fue limpiada por su chico. -que…
-¡¡¡QUÉ!!! -gritó.
-Estoy embarazada. -el tono de piel cambió por completo. Su rostro se relajó, fue cómo si se cayera a cachos. Tragó saliva, sin saber qué decir. Intentaba vocalizar, pero no le salía. Se dejó caer en el suelo, no pudo seguir en cuclillas. Se echó las manos a la cara y la bajó lentamente. -lo siento. -intenté tirar de Malú para irnos de allí, pero su mano estaba bien sujeta por Lidia. El ambiente estaba muy cargado, ese sitio no me gustaba.
-Eso debería decirlo yo. -dijo él, con la cara aún cubierta. Se levantó rápidamente y se sentó a su lado. Sostuvo su mano con fuerza, apretándola. -tranquila, ¿vale? Saldremos de ésta. -Se abrazaron en  nuestro sofá. Ese abrazo resucitó su amor. Ésta era la nuestra. Nos escapamos a la cocina rápidamente.
-Qué bonito. -parecía emocionada. Reí. -qué buenos chicos.
-Seguro que les sale todo genial. -aseguré, sentándome en la encimera.
-Igual tenemos un invitado más para la boda. -bromeó, abrazándome por la cintura. Besé su frente, que me pillaba justo delante de mis labios.
-Pues sí que tardaríamos en casarnos. -reí.
-A este paso… el niño hace la comunión antes que nosotras nos casemos.
-¿Y quién tiene la culpa…?
-Deja ya a mi madre, pesada. -me pegó. -a ella le hacía ilusión organizarla, ¿vale?
-Vale, vale. Yo lo único que quiero es hacerlo antes de que tenga que usar un bastón. -volví a llevarme un guantazo. Por bocazas. -podríamos echarle un cable.
-No nos deja, ya lo sabes. -rió. -todo para ella. -alargó el "todo".
-Oye, estaba yo pensando… -me puse la mano en la barbilla. -y si te pones uno de tus modelitos de la gira. -soltó una carcajada. -estaría gracioso. -siguió riéndose.
-Cariño, ¿cómo me voy a casar con eso?
-Poder puedes. -me encogí de hombros. -podrías ponerte el de la gira sí, y cuando lleguemos al hotel me cantas "Como una flor" y te quedas en body. Yo lo veo, eh.
-No puedo, en serio. No puedo contigo. -dijo mientras se limpiaba las lágrimas. Lloraba de risa.
-A mi me dejas ese que parece un murciélago. Con la capita y todo.
-¡¡Para ya, que me duele la barriga de reírme!! -me golpeó la pierna.
-A tu madre podemos ponerle el mono ese de flecos dorados. -bromeé.
-¡¡Y dale con mi madre!! ¿Por qué te ha dado ahora por meterte con tu suegra? ¿Te ha hecho algo?
-Darme a la mujer de mi vida. -susurré.
-¡No hagas eso! ¡Estoy enfadada! ¿no me ves? -sonreí torcido. -¡MARINA!
-¿¿TODO BIEN?? -gritó desde el salón López.
-¡¡¡¡¡PERFECTÍSIMO!!!!!-contestó Malú alterada. Se giró. -paso de ti. -caminamos hasta los chicos.
-Si es niña Mar, y si es niño Jorge. -nos comentaron.
-¡Jorge no! -gritamos las dos a la vez.


martes, 8 de julio de 2014

T2. Capítulo 1. DILES

El frío se acababa. Nueva primavera. Vuelta al color, al olor. Mangas cortas, largas hierbas. Las cosas habían cambiado radicalmente. Mi vida había dado un giro de 360 grados, otra vez. Los últimos años habían sido vertiginosos para mí. Nada era igual, ni iba a volver a serlo. El mundo, la vida. Todo es una locura. Una completa locura. Nada más despertar la mañana siguiente al concierto, hace ya casi 5 meses, los medios de comunicación se revolucionaron. Malú y yo salíamos en todas las revistas de la papelería, los programas de televisión echaban humo por la forma en la que la cantante había aceptado mi proposición. Una nube de comentarios y críticas nos rodeaba. La puerta del chalet se llenó de periodistas. Fue un boom que nadie dejó pasar. Unos aseguraban que nos estábamos precipitando, que éramos muy jóvenes. Otros estaban ilusionados y efusivos. Por otro lado, abrimos el debate constante de las bodas homosexuales. Se puede decir que durante aquella semana no se hablaba de otra cosa. La fama de mi chica alcanzaba las cotas más altas. Era de las más buscadas por la prensa, y la reacción ante ese notición dejó clara su importancia en el país.
No solo respondieron la población, la prensa y los fandoms, también surgió polémica en nuestro círculo. Sus padres no estaban contentos con la idea. Al menos, la forma en la que lo hicimos, más bien, lo hizo público. Se sintieron molestos, ya que ella no les había comentado nada. Igual pasó con muchos de sus amigos, que se quejaban con el mismo argumento. Su familia, aunque me adoraran, alertó a Malú. "Ni siquiera lo has masticado", le dijo su sabia madre. "Deberías haberlo dicho, te hubiéramos aconsejado". Pero el carácter de mi chica era el que era. Le dio exactamente igual. Cuando hablábamos del tema se limitaba a cantar "Diles, que nuestro amor será infinitamente eterno". Por mi lado no hubo problema. Yo les había contado mis ganas de proponérselo, y ya sabían parte de la historia. Tanta presión, tantas vueltas de hoja a la situación acabó por agobiarnos. Estábamos hartas de todo y de todos. Tal fue así, que partimos en avión hacia México. Allí nos alojamos en un hotel cerca del mar. Nos vino genial para liberarnos de la masa popular. De ser nosotras, de conocernos aún más, de desconectar del mundo. Nos olvidamos de la posible boda, de los conciertos, de los discos, de nuestras familias, de nuestros amigos, de los productores, de los fans. Lo dejamos en el aeropuerto y nos centramos en nosotras. Necesitábamos eso. Estar completamente solas, sin una sola influencia. Para "masticar", como decía mi suegra, esa decisión tan importante. ¿Realmente queríamos eso o se nos había ido la olla?
Esos días fueron decisivos para las dos. Nos dimos cuenta de lo mucho que nos queríamos. De que nuestra relación no era efímera, ni mucho menos. Estaba tan consolidada que ni una manada de elefantes furiosos podría derribarla. Disfrutamos de la soledad, de nuestra compañía. Aprendí aún más, si cabía, de ella. Descubrí que en su interior se escondían cosas que nadie había sacado, o al menos, eso decía. Los móviles estuvieron apagados durante esas vacaciones tan placenteras. Esas vacaciones que se convirtieron en las mejores de mi vida.
A la vuelta a España, a la vida, a la realidad, nos topamos con la misma masa que dejamos al volver. La polémica seguía en pie. Los medios al pie del cañón. Pero ahora era diferente. No teníamos dudas, estábamos seguras de nuestros sentimientos, de nuestra postura. De nuestro futuro. Veníamos fuertes. Con ganas de luchar. Una seguridad que cruzaba mares y océanos. Nada podría interponerse. Nada podría destruirlo. En seguida nos pusimos a trabajar en nuestros respectivos proyectos. Yo me dediqué a componer nuevas canciones y reparar antiguas, buscando un nuevo sonido a mi próximo disco. Ella se volcó de nuevo en el programa de televisión para el que trabajaba, y al que tanto le debíamos. Quiso hacer un paréntesis en su carrera y empezar un nuevo álbum más adelante. Le apetecía tomarse un respiro y dedicarse exclusivamente a la grabación del talent junto a los preparativos de nuestro enlace.
-¿Qué escribes? -preguntó Malú entrando en el estudio.
-Nada. -cerré el diario de golpe.
-¿Qué tienes ahí…? -sonrió, sentándose en mis piernas y abriéndolo. -¿escribes un diario? -carcajeó.
-No es un diario…
-Hoy el día ha sido mejor de lo que esperaba. No sé por qué, pero tengo la sensación de que todo me está… -leía. Se lo arranqué de golpe.
-Es privado. -dije, guardándolo en el primer cajón.
-Pensé que no teníamos secretos. -me puso a prueba como tanto le gustaba hacer.
-Y no tenemos secretos… a ver, solo es un poco de privacidad… -intenté defenderme. Me abrazó entre risas.
-Era broma, tonta.  No me hace falta espiarte el diario para saber qué sientes. -rodeó mi cuello.
-¿Ah, no?-sonreí.
-No. Me basta con mirarte.
-¿Qué estoy sintiendo ahora mismo? -la desafié. Entrecerró los ojos, apretándolos con fuerza y empezó a poner caras raras, provocando en mí carcajadas irremediables.
-Tienes ganas de salir a cenar.
-¿Qué dices?
-Venga, vístete, nos vamos. -se levantó y me azotó en la pierna. Me quedé mirándola con los brazos abiertos.
-¿Pero qué…?
-Que te vistas. -repitió, desnudándose a lo largo del pasillo. Me quedé cual tonta sentada en esa silla forrada con cuero, cayendo en la cuenta de que ella no dejaría de sorprenderme por muchos años que viviésemos juntas.  -¿pero aún sigues ahí? -me eché a reír. No había nada más gracioso en el mundo que verla enfadada. -no sé qué te hace tanta gracia…
-Tú enfadada.
-Ah, ¿te doy risa? -preguntó muy seria, mientras se abrochaba los pantalones. Asentí sin más.-a ver si te vas a seguir riendo… -cogió mi guitarra.
-Eh, deja eso ahí.  Se la colgó y empezó a tocar notas al azar. -¡que la desafinas, idiota! -me fui tras ella.
-Ea, ya conseguí levantarte. Malú siempre gana.
-Sí, majestad.
Conducimos hasta nuestro restaurante favorito acompañadas por la música de la radio. Cantando en todo momento, aunque con algunas pausas por culpa de sus caras. Era imposible tomarse en serio algo con ella al lado.
-¿Lo de siempre? -nos preguntó el camarero al reconocernos. Asentimos sonrientes.
-Y bien… ¿has pensado en algún sitio para irnos de luna de miel? -quiso saber, mientras probaba con la punta de los labios el vino. Me quedé pensativa.
-París descartado, ¿verdad? -reí.
-Allí no nos dejarán entrar. Espero que tomaras muchas fotos de la Torre Eiffel porque ya no la podrás ver más. -bromeó.
-Dios… la que liamos. -me tapé la cara.
-Sabes que en el fondo lo pasamos genial. -sonrió a quemarropa. Yo me quedé embobada. -¿Cariño?
-Sí… sí.
-¿Estás bien? -rió.
-Perfectame… Eh, no sonrías así… -me quedé algo atontada.
-Uy… el vino…
-No le eches la culpa al vino… eres tú. Y solo tú. -nos quedamos en silencio, mirándonos sonrientes. No cambiaría esos momentos por nada. Eran simplemente perfectos. Como si alguien hubiese dado a pausa. Todo se paraba. El mundo dejaba de girar. El silencio era nuestro. El silencio estaba cargado de sentimientos. Gritos. Palabras. Besos. Agarré su mano y la acaricié. Soltó una pequeña risa y dejó de mirarme.
-Qué feliz soy. -suspiró. Me dio un vuelco el estómago. Tragué saliva con dificultad.
-Me alegro. -logré decir.
-Gracias, gracias por haberme encontrado. -me apretó la mano. Nuestras pupilas volvieron a encontrarse. -te lo digo en serio… has cambiado mi forma de ver la vida. -acarició mi mejilla. Me quedé muda, como tantas veces solía conseguir. Era una de sus habilidades. Silenciar al mundo. Siempre lo lograba. Sus armas eran infalibles.
-De nada. -me encogí de hombros. Carcajeamos a la vez.
-Qué idiota eres. -negó con la cabeza, sin dejar de reír de aquella forma tan brillante, capaz de iluminar kilómetros y kilómetros.
-¿Sabes? Eres como ese deseo que nunca pedí.
-¿Qué? -sonrió algo colorada.
-Eres como ese deseo que nunca pedí.
-Ya me he enterado, tonta. -me dio con la servilleta. Su móvil vibró bruscamente.
-Dios, que susto. -tomé aire. Ella rió y contestó al mensaje.
-Mi estilista. -me informó. -tiene nuevas cositas para mí. -se frotó las manos. -en serio, lo contenta que estoy yo con él no es normal.
-¿Y eso?
-No es por él, es por el simple hecho de no tener que escoger la ropa que me compro. Qué pesadez. Lo odio.
-Qué suerte… -bufé.
-Puedo encontrarte a alguien. -cogió el móvil.
-Tendría que hablarlo con la discográfica.
-No pondrán oposición. Estás recaudando mucho con tu último disco. -dijo ella, que sabía mucho del tema. Eso sí, tenemos que encontrar a alguien que sepa entenderte. A ti y a tu estilo.
-Entendido, pero deja eso ahora. -le quité el smartphone.
-Ya sabes cómo me pongo con el trabajo. -rió.
-¡Adictiva! -exclamé. -disfruta de la noche, anda. -le guiñé un ojo.

Al caer la madrugada, nosotras seguíamos en el jardín de su casa, tumbadas en el césped, muy cerquita.
-Me pasaría el resto de mi vida aquí. -rompí el tranquilo silencio.
-¿Conmigo? -sonreí. Estaba clara la respuesta. -mirando las estrellas. -asentí. Entrelazamos nuestros dedos. Su mano era cálida, suave. Me encantaba agarrarme a ella. -¿crees que será diferente?
-¿El qué? -giramos nuestras cabezas. Dejamos de ver el universo, para observar nuestros rostros.
-Lo nuestro. Cuando nos casemos, cuando pasen los años… -me reí. -oye, que es serio. Tengo miedo de que cambiemos.
-No tiene por qué cambiar… solo es un anillo y un par de papeles. -intenté tranquilizarla. Probablemente serían los nervios.
-Es que ahora es todo tan bonito…
-Lo seguirá siendo. Te lo prometo. -besé su puño. -no creas que por tenerte voy a relajarme. Voy a seguir tratándote como el primer… -unos pasos acelerados me interrumpieron. Nos encogimos asustadas. Quedamos sentadas y miramos a la cancela del chalet. Oímos un llanto ahogado y unas manos de tez blanca se agarraron con fuerza a las barandillas.
Malú y yo nos miramos sin saber qué hacer. No eran horas. Nos acercamos con cuidado.
-Pero… cariño, ¿qué ocurre? -le preguntó mi chica. Yo aún no había conseguido ver quién era.
-Creo que estoy embarazada… -soltó, moqueando.

miércoles, 11 de junio de 2014

EPÍLOGO.

Toda noche especial, según Malú, merecía un baño de agua caliente. El vapor convertía la habitación en un auténtico bosque de niebla. El espejo había quedado empañado, al igual que la pequeña ventana, muy cerca del techo. Apenas se visualizaba nada. Ni siquiera la veía a ella, que estaba a medio metro de mí, pegada al borde de la bañera. Tenía la cabeza echada hacia atrás, de forma que sobresalía. Sus ojos estaban completamente cerrados. Su cuerpo respiraba y espiraba. Mis piernas se mezclaban con las suyas en el fondo. Una leve sonrisa se nos escapaba cuando nos rozábamos. Me sentía como en el edén. ¿Qué más podía pedir en ese instante? Una paz enorme rodeaba nuestro ambiente. Y una vez más, el resto de mortales y el mundo desaparecían para quedarnos a las dos solas. Levantó la cabeza levemente, al mismo tiempo que entreabría los ojos.
-Qué bien se está. -dijo con la voz algo quebrada. -no saldría de aquí por nada.
-¿Ni aunque hubiese un pastel de chocolate en la cocina? -pregunté con una sonrisilla. Abrió los ojos como platos.
-¿¿CHOCOLATE DÓNDE??
-Eres una glotona. -reí.
-Y tú una mentirosa. Pues ahora vas a comprarlo. -me salpicó. Yo negué con la cabeza y solté un vago "no tienes remedio". -venga. -levantó mis piernas y las puso sobre el borde, haciéndome resbalar. El agua me cubrió. Me ayudé con las manos para salir. Tosí por el ahogamiento mientras Malú se reía sin consideración alguna.
-No llevo ni una noche viviendo contigo y ya me vas a matar. -dije con los ojos rojos.
-Te voy a matar de amor, ven aquí. -tiró de mis brazos, tumbándome de espaldas en su pecho. Rodeó mi cintura y acarició mi barriga. Dio un pequeño beso en mi pelo y apoyó su barbilla en él. -que yo en el fondo te quiero, eh. -reí.
-Me quieres matar, sí. -bromeé. Entrelazamos nuestros dedos y volvimos a quedarnos en silencio. Retornamos al paraíso, esta vez, sintiendo su piel bajo la mía. -¿tenías pensado decirme eso en el concierto?
-No, no en el concierto… pensaba decírtelo cuando vieras las llaves de casa. Pero no aguanté más, ya sabes cómo soy de impulsiva.
-Bueno, ya estaremos en todos los programas de televisión… -murmuré entre risas.
-Somos TT. -me dijo. Me giré impresionada para mirarla. Asintió. -me lo ha chivado Vero. Almohadilla boda Malú. -dijo todo seguido.
-Qué cotilla la gente, oye. -comenté.
-Anda, no te quejes que nosotras somos las primeras. -reímos.

Quién sabe qué pasará con los planes de boda, nuestra vida en pareja, su carrera, la mía. Había tantas cosas por descubrir, por vivir, que pondría el acelerador del tiempo ahora mismo. Tenía muchísimas ganas de todo. De aprender cosas nuevas, de visitar nuevos lugares, de encontrar nuevos retos, de conocer a más gente. Me sentía intrigada por el mañana. Cómo serían las cosas dentro de unos años. Lo que yo solo deseaba era que la persona que se encontraba bajo mi cuerpo, protegiéndome en sus brazos, fuera con la que despertase en cada amanecer, con la que compartiese cada desayuno, almuerzo y cena. Quería que fuese esa chica que me alegrara las mañanas, las tardes y las noches. Aquella a la que confiase todos mis secretos y mis verdades. Esa mujer que estuviese conmigo en mis mejores y en mis peores momentos. Y a pintar, por qué no, el árbol de nuestra familia. Llenar las paredes de fotos, tener los pasillos llenos de huelas dactilares con tempera, crear una nueva generación. ¿Por qué no soñar? ¿por qué no imaginar?

Nadie puede predecir qué pasará. Nosotros somos los dueños de nuestro destino. Hagamos lo que queramos, cumplamos nuestras metas y labremos nuestra vida. Esa vida que siempre hemos querido tener. Si he conseguido sacar mi disco, ¿por qué no podría cumplir mis siguientes objetivos? ¿Quién me lo podría impedir? ¿Qué me podría frenar? Nada podía arrancarme la felicidad. Ya había sufrido bastante, ahora llegaba lo bueno. Ahora tocaba ser la afortunada. La que gozara y divirtiera como nunca. Aunque ya era infinitamente feliz, no hay que ser conformista. Hay que aspirar más allá. Yo quería desafiarme. Conseguir rozar el universo con mis propios dedos. Yo quería la alegría, el éxtasis, el agrado, la satisfacción, la placidez. Y cómo no, ella venía conmigo. La arrastraría allá donde fuera. Siempre conmigo, siempre con ella. 

"Gracias a todos los que habéis leído la novela. Personas que me acompañaron desde el primer capítulo hasta el último, otras que se incorporaron por la mitad, y otras, que de forma completamente loca, se engancharon a la trama y se leyeron la novela en dos días. Pasaron horas y horas pegados a la pantalla siguiendo con intriga la historia de Marina y Malú. Gracias a todos los que después de leer cada nuevo capítulo, dejáis vuestro comentario, vuestro RT, vuestro fav. Gracias a los que la habéis compartido, añadiendo nuevos lectores a ella. Sumándolos a la cadena. Deciros que esto no es el final, ni mucho menos, es el comienzo de una nueva parte. Habéis leído, que digo, vivido, en la carne de Marina, su historia y el principio de su vida. Pronto habrá más, anuncio así, una segunda temporada en la que habrá más drama, más amor, más pasión. A estas dos cantantes les quedan muchas cosas que pasar... ¡¡No sabéis cuántas!! Espero volver a engancharos, a robaros vuestro tiempo para encarnaros en un personaje y haceros olvidar un poco del mundo. Espero, de verdad, que sigáis de nuevo conmigo." 

Quiero mandarle saludos a determinadas personas que me ayudaron muchísimo durante el curso de mi novela. Es un enorme trabajo que, a veces, requiere consejos y opiniones para saber si realmente lo estás haciendo bien. Esto va por mi hermana y Lidia, que leían lo escrito, en ocasiones, antes de ser subido. Que gracias a una estúpida idea o una frase, ponían mi mente en marcha y sacaba algo de ahí. A Marina, que le dio nombre al personaje principal y que apostó por la novela incluso antes de escribir el primer capítulo. A mi grupo de maluleras, las cuales se enteran de las novedades y disfrutan de adelantos exclusivos. Con las que me evado de vez en cuando y paso ratos divertidísimos. A Yolanda, por su distribución y sabios consejos. A Isabel, que devoró las páginas sin pestañear, y me ha dado esta grandísima idea de escribir la segunda temporada. Y a todos los que me escribís por privado, me buscáis, me preguntáis cuándo subo desesperadamente. 
¡¡HASTA MUY PRONTO!!

jueves, 5 de junio de 2014

Capítulo 77. HÁBLAME.

Me dejó fría, impactada, confusa. Mi cuerpo temblaba. Mis manos eran incapaces de sujetar el micro sin moverse. Me miró de reojo, sonriente. La quería matar, si no me moría yo antes. Estas cosas se hablan, se avisan. Me había pillado por sorpresa completamente. Se acercó a mí y me preguntó, susurrándome al oído, si estaba bien. Le negué con la cabeza. Se echó a reír, al igual que el público, que disfrutaba del espectáculo.
-Te noto un poco…
-¿Pálida? -pregunté a la vez que chillaba. Yo asentí junto a ella. -lo sé. ¿cómo me haces esto? -exclamé seria, pero al segundo empecé a reírme y la abracé. No sabía qué decir, era una situación tan extraña… Abandonamos el recinto entre grandes aplausos y silbidos. Había sido una noche inolvidable. Iba a quedar grabada en mi memoria para siempre. No lo dudaba. Al llegar al camerino, donde caí rendida en el pequeño sofá, miles de notificaciones llegaron a mi móvil.
-La que has liado guapa… -suspiré. Ella rió, acomodándose a mi lado.
-Anda, come algo. -me dijo.
-No puedo, estoy muerta. -contesté, con la lengua fuera.
-Venga, y así saludamos a los fans que siguen en la puerta.
-¿Hay gente? -pregunté incrédula.
-Hay un grupito en la salida esperando a que salgas. -sonrió. -así que, aligera y a ser amable. -me presionó. -tienes que cuidar cada gesto que haces… lo valorarán mucho. -me aconsejó la maestra.
-Sí, mamá. -bromeé.
-Prometida. -corrigió sonriente. El corazón me dio un vuelco. Resoplé. -hoy te acabas muriendo.
-No, no. Hoy me acabas asesinando. Qué mujer, joder. Nada, que te has levantado con ganas de matarme. -rió exageradamente, con aquellas carcajadas que se quedaban grabadas en el alma. -¿quieres? -le ofrecí la hamburguesa que amablemente me había traído Li de un lugar de comida rápida.
-Ya he cenado, cariño. -rechazó mi oferta. Oímos la puerta de la pequeña sala. Invitamos a la persona a que pasara. No podía creerlo.
-¡¡Raúl!! -pegué un salto de la silla y salté sobre él. Me cogió y dio vueltas por la habitación. Escuchaba las risas de Malú de fondo. -¿qué haces aquí?
-Pues nada, que he venido a verte. Has cantado de puta madre, "mi arma".
-¡¡Mi sevillano!! -se acercó su excoach a saludarlo. -¿qué tal va todo?
-Espera, espera. Antes de nada, ¡enhorabuena chicas! Espero mi invitación de la boda, eh.
-Claro que la tendrás.-reí. -venga, cuenta cómo te va. -insistí.
-No muy bien… por desgracia. No encuentro nada. -explicó afligido. El mundo de la música era complicadísimo. Yo misma lo conocía.
-Ya verás como sale algo. -le animé. 
-He hecho castings para musicales, otros programas de canto… pero nada, no hay manera. -se quejó. -le pedí que se sentara un rato a hablar con nosotras mientras terminaba de cenar.
-Podría presentarte a productores. -propuso María Lucía. Al chico se le iluminaron los ojos.
-Por favor, por favor. Me harías un enorme favor, en serio. -rogaba. Ella reía.
-Tranquilo, que sí. -le aseguró. Qué buena persona era.
Después de estar un rato charlando con mi compañero, salimos al exterior. El grupito de marineras seguía allí reunido. Varias chicas estaban sentadas, apoyadas en la pared. No se habían dado cuenta de nuestra presencia. Me senté al lado de una de ellas, cómo quién no quiere la cosa.
-¡Hola! -exclamé. La joven pegó un respingo. Miro hacia mí y vio quién era. -¿qué tal?
-¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!! -chilló, reventando mi tímpano. Malú estaba de pie, contemplando la divertida escena junto al andaluz. Nos levantamos del suelo y me saludaron una por una. -ay, que no me lo creo.
-Chica, respira.
-¿Pero eres tú? -preguntó dudosa. Palpó mi brazo. -¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAH!!! -vio a mi prometida. Corrió hacia ella y la abrazó. -¡¡Malú!! ¡¡Malú!! -el resto del grupo la imitó, sin llegar a asaltarla, sino manteniendo las distancias.
-¿Os parece si nos hacemos una foto? -pidió una de las más calmadas. Nos colocamos y tomamos la fotografía. -llevamos aquí desde las seis de la tarde, estamos agotadas.
-Guau, yo también estoy cansadita. -intervine.
-¿Puedo darte otro abrazo? -yo reí y asentí con la cabeza. La euforia de la quinceañera me mataba. Me parecía muy graciosa la chavala.
Nos retuvieron un rato más, no pillaban las indirectas de que nos teníamos que ir. Cuando conseguimos deshacernos del fandom, cogimos el coche y marchamos a su chalet. Fuimos atendiendo las llamadas telefónicas. Nuestra familia y amigos más cercanos no paraban de intentar contactar con nosotros para felicitarnos.
-¿A quién llamas? -le pregunté, al ver que encendía el manos libres.
-Mi madre, que no puede aguantar más. -me explicó sonriente. Se la veía muy ilusionada y convencida.
-¡¡AYAYAYAYAYAY!! -exclamó. Nos miramos risueñas. -qué emoción. Felicidades mis niñas.
-Gracias. -contestamos a la vez. Hasta para eso coincidíamos. Éramos tal para cual.
-Me pido organizadora de la boda, eh.
-Mamá, relájate, eh. -le advirtió Malú, pero pasó totalmente. Empezó a hablar de cientos de lugares a los qué podríamos ir, el color de los manteles, la pamela… -¡¡¡MAMÁ!!! -tuvo que gritar para conseguir callarla.
-Ay, que mi hija se me casa. -era normal. Yo entendía su desmedido entusiasmo.
Como vio que era casi imposible mantener una conversación seria, Malú se despidió de su madre y colgó.
-Me estoy empezando a agobiar. -confesó. -me lo veía venir. -me quedé mirándola.
-¿De verdad quieres?
-Te he dicho que estoy segura delante de todo tu público. ¿No me crees?
-Oye, no te pongas así, te he preguntado porque más vale aclararlo ahora y no cuando estemos firmando. -se había molestado demasiado.
-Sí quiero. -repitió dos veces. -¡Sí quiero! -exclamó por tercera vez, más alto aún. -solo te he dicho que me agobia todo esto.
-¿El qué exactamente?
-Los preparativos de la boda, los invitados, el convite… Es mucho estrés. -la verdad es que tenía razón.
-Bueno, para eso está la suegra. -bromeé. -relájate, anda. Aún nos queda tiempo. -se puso las manos sobre la frente. -eh, tonti. -me miró arqueando las cejas. -te quiero mucho.
-Y yo. -me besó. -va a salir genial. -arañó mi nuca con sus dedos.
-¿Lo dudabas? -sonreí torcido. -oye, si te agobia la idea de la boda y sus infinitos problemas… nos vamos a una playa desierta y allí mismo nos casamos solitas.
-No estaría nada mal. -lo pensó. -pero por otro lado, aunque tengamos que esforzarnos más, me gustaría compartir ese momento con los nuestros.
-Totalmente de acuerdo. -asentí. -¿cómo has cambiado tan pronto de opinión sobre eso de casarnos?
-Me sorprendiste cuando me lo pediste. No me lo esperaba, y me entró el miedo. Soy una cobarde, aquí donde me ves.
-Bajo esa armadura negra. -bromeé, ella me dio un codazo, pero sé que le hizo gracia.
-Lo he pensado mucho, y bien, y estoy segura, quiero hacerlo. -a mi no me cabía la sonrisa en la boca.
-Lo que jamás te perdonaré es que lo hayas contado en el concierto. ¿CÓMO SE TE OCURRE?
-Pero si ha sido precio… -no dejé que terminara de pronunciar el adjetivo.
-¡¡NO!! ¡Joder, qué vergüenza! -pataleé.
-Me apetecía presumir de novia, jo. ¿Cuántas personas cómo tú puede haber en el mundo? Tú, solamente. Y encima eres mía.
-Eres tonta. -me puse colorada. -bueno, que no me cambies de tema, que la has liado parda.
-Tenías que haberte visto la cara… -carcajeó fuerte. Temblaban hasta los botones de la chaqueta.
-Oye, ya vale. -me puse seria. Ella seguía con su escándalo. -ya hemos llegado. -la avisé, aparcando el coche cerca de su cancela.
-Gracias por traerme, amor. -nos dimos un beso y se fue alejando poco a poco. Yo me quedé allí, observando su silueta en la oscuridad. Aún no podía asimilar que había aceptado mi proposición. Que aquella mujer de pequeña estatura, larga melena y sombra larga iba a convertirse en mi esposa. Abrí la guantera, cosa que hacia siempre antes de arrancar para buscar un CD, y me encontré unas llaves con un papel insertado en el llavero.
-Bienvenida a casa, te quiero. -leí susurrando. Miré por la ventana y la tenía justo ahí. Metí un bote.
-¡¡Qué susto!! -exclamé, dando un brinco.
-¿Vamos a nuestro hogar, futura mujer? -abrió la puerta. Sonreí plenamente. -¿quieres decir algo? te estoy pidiendo que vivamos juntas. ¡Háblame!

-Algo. -se mordió la lengua, yo reí. -por supuesto. -salí y nos fundimos, una vez más, mientras la luna nos observaba desde el espacio. 

lunes, 2 de junio de 2014

Capítulo 76. CAMINANTE NOCTURNO.

-¿De verdad dijo que no? -se impresionó Mari.
-De verdad.
-Joder, con lo mono que te había quedado todo el paripé ese. -reí con su comentario. Fue la única que supo lo que tenía entre manos. Le conté la loca idea y cómo lo haría. -¿cómo estás?
-No me he enfadado ni mucho menos. Existía el riesgo de un no…
-Pero, ¿cómo te sientes? -insistió en averiguar lo que pensaba respecto a su rechazo. Me quedé callada pensando en la respuesta. Analizando lo que pasaba. Estudiando la reacción de Malú, esa conversación. La repetía en mi mente. -chiquilla, exprésate.
-Voy, voy. -reí. -pues no lo sé. Es algo raro. -resoplé. -sé que es una decisión complicada, y entiendo su miedo. Ha pasado todo muy rápido y necesitará más tiempo…
-Marina, aún eres muy joven. Tanto tú, como ella.
-¿Quieres decir que me estoy precipitando? -pregunté, sorbiendo el repugnante té que me había servido.
-Si no quieres no te lo bebas, lo digo por la cara de asco que has puesto. -reí. Me había pillado.
-Gracias. Soy anti-té. Si eso existe… -arqueé una ceja. La hice reír. Me trajo un refresco y retomamos la conversación, dejando a un lado los temas laborales que deberíamos de estar tratando.
-No es precipitado si tú lo crees conveniente. Me has entendido mal. Te he dicho lo de la edad por el hecho de que aún os quedan muchos años que vivir. -no podía tener mejor psicóloga. -lo importante aquí es si tú estás totalmente segura.
-Lo estoy. -dije sin miedo.
-Ay, Marinita… -suspiró. -qué enamorada estás, coño. -ya tardaba en volver a su vocabulario y forma de hablar tan peculiares. Parecía que el tema serio se estaba esfumando. -pues nada, vamos a trabajar. -nos pusimos manos a la obra. El fin de gira se acercaba, solo me quedaban dos salas por animar. Después de eso, pensaba tomarme unas vacaciones con mi chica. Relajarnos y perdernos en algún sitio lejos de periodistas. Eso estaría más que bien.

Y entonces volví a subirme a un escenario, la última vez ese año. Era una sala muy conocida por Madrid, mucho más grande que las anteriores. Eso no fue un factor inconveniente. Todo lo contario. Conseguí llenarla.  Se trataba de la sala caracol, donde los mejores artistas un día empezaron. Unas cuantas veces la visité, en busca de nuevos talentos que pudieran ocupar mi iPod. Y una vez más, cambiaba el papel. De estar debajo, a estar arriba.
Llevar a Malú allí era un secreto bien guardado. Lo habíamos hablado con el equipo y prometieron no decir nada.
La noche estaba siendo muy especial. El espacio cerrado me ayudaba mucho a ponerme en contacto con el público. Era mucho más acogedor. Me sentía cómoda. El espectáculo lo formaban tanto ellos como yo. Pablo López estaba con Li, podía verlos saltar como locos en la segunda fila. Cerca de ellos estaban muchos vecinos del barrio. Eso me hacía pensar que estaba en casa. Con ellos. No era lo mismo actuar en otra ciudad, donde no reconoces a nadie, que en tu tierra. Aunque sea adoptiva. Allí viví mis mejores momentos y conocí a gente increíble. Lo consideraba mi lugar, mi sitio.
Odiaba eso de parar de cantar y hablar. Me daba un miedo escénico horrible. Sonaba raro y paradójico. Pero era una realidad. Me daba mucha más vergüenza contar algo, que cantarlo. Aunque lo repelase, tenía que hacerlo. Me levanté del sillín y solté la guitarra. Cogí el micrófono y me acerqué al borde. Oí cómo chillaban.
-La siguiente canción es muy especial para mí. -sonreí y miré hacia la derecha. Ella estaba allí, adaptándose el pinganillo y mordiéndose la lengua. Me guiñó el ojo al darse cuenta que la estaba mirando. -giré la mirada hacia mi público. -fue. -hice una pausa. -fue la primera que le escribí a Malú. -no pude evitar soltar una risa mientras lo decía. Respondieron con silbidos. -a veces, supongo que os habrá pasado, conocéis profundamente a alguien y sentís que queréis estar con esa persona, y que por mucho que intentes revocarlo, esos sentimientos acaban saliendo. Son inevitables, incontrolables. -empezaba a ponerme nerviosa. Ya no sabía ni lo que decía. -el simple roce de su piel, una mirada, una sonrisa. O tan solo un rastro de su olor pueden llegar a erizar tu piel, a perder la noción del tiempo y creer que acaricias el cielo. Todo esto quise expresarlo en esta canción. Y qué mejor que cantarla con la persona que me hizo vivir todo esto. -los asistentes gritaron eufóricos. -¡MALÚ! -la locura se desató en la sala. Aplaudió y cruzó hasta llegar a mí como un caminante nocturno. Me preguntaba cómo reaccionaría. Cómo me saludaría. Qué haría yo. Estaba totalmente perdida, hecha un flan. Me abrazó. El albedrío no se calmaba. Me acerqué a susurrarle:
-Vamos a revolucionar esto aún más. Ella sonrió y saludó al entregado público.
                             

Cantamos cerquita, sin miedo a nada. Mirándonos, cogiéndonos de la mano en alguna que otra estrofa. Era todo demasiado perfecto. Por un momento, olvidé los focos, los músicos, los fans. Olvidé el mundo. Me centré en sus ojos, en los labios que articulaban mi canción. La cantaba suave, con cariño, la hacía especial. Tenía los vellos de punta. Era increíble. Irrepetible. Estaba completamente segura de que quería pasar con ella el resto de mis días.
Terminé con los ojos empapados. Demasiadas emociones juntas. Me abrazó mordiéndose el labio. Estuvimos unos segundos así.
-Muchas gracias. -gritamos. El cierre del concierto y gira no podía haber sido mejor. Por muchas veces que lo hubiésemos repetido jamás podría haber salido así.
-Antes de abandonar la sala, quería decir unas palabras. -me sorprendió Malú. Eso no estaba en el plan.
-Cómo no, ella tiene que tener su momento de sermón. -bromeé. Rieron. Ella me miró de reojo.
-A ver si te vas a quedar sin cenar, guapa. -solté una carcajada. -quería dedicarte unas palabras, graciosita. No, en serio, deja de reírte. -yo no podía parar. Los nervios no me dejaban. -pero Marina… -se quejó. Conseguí tranquilizarme bebiendo un trago de agua. Me cogió la mano y me adelantó un poco más. -quiero decir que la conocí hace más o menos un año… en aquellas audiciones en las que me dejó con la boca abierta. -reí. -no me interrumpas, pesada. Bueno, que, mirando atrás, recuerdo cada momento que viví junto a ella y la verdad, mi vida cambió a mejor. Había conseguido encontrar a alguien que me entendiese, que me apoyase cuando más lo necesitase. Era todo un poco locura, pero me dio igual. Ella me completa, me enamora día a día, me cuida y demuestra que haría todo por mí. Con mi gira por Sudamérica me di cuenta de lo importante que era a mi lado. La echaba muchísimo de menos. Creo que nunca extrañé tanto a alguien. Yo, en serio, os animo a que luchéis por vuestros sentimientos. Dejaros llevar por lo que sentís y olvidaros de todo cuanto os rodea. Lanzaros, sin miedo. No le hagáis caso a nadie. -se quedó callada. Le encantan las pausas. A mí me estresan. Quería que siguiera con sus maravillosas palabras.
-¿Algo más? -la animé a continuar.
-Sí. -volvió a  pararse. -hace unas semanas. -alzó la voz. -aquí la chica. -movió la cabeza señalándome. -me preparó una enorme cena de bienvenida en el jardín. Todo muy romántico… muy Marina, ¿no? -rieron. Yo estaba sonrojada. -lo que yo no sabía. -volvió a elevar su potente voz. -es el regalo que me tenía. -NO, NO, NO. Lo iba a contar. Me puse la mano en la frente. -había rellenado una enorme caja de emanems. El chistecito viene de M&M, Malú y Marina. -aclaró. -esperaros, esperaros. -dijo, acallando los "oh".
-Cállate. -le pedí. Ella rió y negó con la cabeza.
-Mirad qué rojita está. -se burló. Por un lado quería matarla, pero por otro lado, estaba jodidamente dulce. -en el fondo de la caja había este anillo. -lo sacó del bolsillo y lo enseñó. -me pidió matrimonio. -un enorme silencio se extendió por la sala. Yo no sabía si esconderme detrás de la batería o salir corriendo de allí. -y yo fui una idiota. Y le dije que no. -de vuelta los "ooooh". -pero lo he reflexionado mejor, he masticado esto a solas, conmigo misma. Y me he dicho, ¿por qué no? -no podía creer lo que estaba haciendo. ¿Y su privacidad tan bien guardada esos años de profesión?  -por eso antes os he dicho, dejaros llevar. Hacer locuras. Yo voy a cometer la locura más grande de mi vida. Pueda que sea un error, o pueda que un acierto. Solo sé que lo voy a hacer. Voy a casarme con ella.