jueves, 7 de agosto de 2014

T2. Capítlo 5. SIN CAMINOS.

Fue un mensaje. Más bien, uno de esos tecnicismos modernos que todo el mundo usa. Un TT, hashtag, o como quiera que lo llamen. Lo vi desde el teléfono, en letras grandes. Lo pedían, lo ansiaban. ¿Y qué podía hacer yo? Tan fácil como ignorar o hacer caso. Tan fácil como rechazar o aceptar.
-Así que twitcam de Marina, ¿eh? -esos fueron los buenos días de Malú.
-Ya lo has visto… -reí.
-Cariño, cómo para no verlo. -contestó. -eres tendencia "numer one". -dijo con un acento entremezclado de lo más raro. -¿vas a hacerla?
-Puede. -me hice la interesante. Ella sonrió.
-Sé que la harás. No hace falta que me contestes. -rió malvada. Me limité a suspirar. Podía conmigo. Bajé la cabeza hacia el escritorio y continué encajando rimas. La canción se me resistía. No hacía más que pensar en los millones de tweets… Para colmo, la chica de mis sueños comenzó a tararear una popular cancioncilla, lo que me desconcentraba aún más.
-¿No tienes nada mejor que hacer? -le pregunté un tanto cabreada.
-Eh, relájate. -refutó.
-Intento escribir, ¿sabes?
-Bueno, tranquila, ya me voy a otro sitio… -se alejó hasta desaparecer de mi vista. Tampoco quería decirlo así, pero en fin, ya no había vuelta atrás. Decidí volver a la poesía, sin mucho éxito. Hoy las palabras no parecían muy amables. Se volvían en mi contra, en vez de moverse fácilmente por el papel. En vez de concordar entre ellas y ayudarme como en ocasiones solían hacer. Hoy no, hoy no les apetecía formar una bonita estrofa. Tiré el boli desesperada. Odiaba que no me salieran las cosas.
Me hallé al final de la mañana entre hojas arrugadas y lápices rotos. Sí, los partía desquiciada. Las papelerías me amaban por ello. Apenas conseguí escribir dos versos, me di por vencida. Si no era el día, no era el día. Y es que mi trabajo dependía directamente de mi inspiración, así lo llaman los artistas. Había momentos en los que podría sacar miles de canciones, y otros ninguna. Había sido reacia al término "inspiración". Alguien que sabe escribir, sabe escribir. Puede sacar lo que quiera, cuándo y dónde le apetezca. Que eso salga mejor o peor depende del estado de ánimo, del color que tenga ese día el cielo, o de la cantidad de tinta que tenga el bolígrafo. Cada grande tiene sus influencias, y las hay de la más estúpida a la más seria.
-¿Ya has terminado? -me preguntó con un tono firme y frío al verme entrar en el salón. Solté un bufido. Se quedó callada. Silencio incómodo.
-No me sale nada.
-No lo pagues conmigo, porfavor. -me rogó. Entendí que se refería al grito que le había pegado sin ningún motivo.
-Perdona… me puse nerviosa. -me disculpé cabizbaja. Noté como me miraba mientras removía la ensalada con dos cubiertos especiales.
-¿Vas a querer algo más de comer?
-No, está bien eso. -vuelta al silencio. Había tensión entre nosotras, hasta un tonto podría verlo. Incluso sus animales lo percibieron. No brincaban por los sofás, ni ladraban alocados. Caminaban sin hacer mucho ruido hacia el jardín. Nuestro mal rollo los ahuyentaba. Tampoco había hecho algo tan grave para que estuviésemos así… Ella tampoco, así que ni yo misma entendía mi cabreo.
Puse la mesa con cautela, colocando cada tenedor de manera cuadriculada, tardando una eternidad en desatascar la vajilla del mueble, llenando los vasos de agua. Todo para estar entretenida y no tener que hablar. Mantenernos ocupadas para no dar el paso. ¿Quién hablaría primero? Decidí hacerlo yo. Su orgullo era muchísimo más pesado que el mío.
-¿Puedo ayudarte?
-Tranquila, ya está terminada. -dijo, añadiendo unas gotas de aceite y vinagre.
-¿Has llorado? -pregunté preocupada al ver la cuenca de sus ojos. Ella rió tímidamente.
-No, ha sido la cebolla. -explicó. Me fijé en la ensalada para comprobar si decía la verdad.
-Cariño, no hay cebolla. -frené su paso. -¿qué pasa?
-No me gusta esto. Odio estar así contigo. -se decidió por fin. -porque no sé qué cojones ha pasado para que estemos así de serias. -reí un poco.
-Pero cielo…
-Estoy tonta. Déjame.
-Más sensible que el culito de un bebé, diría yo. -la hice sonreír, iluminando la casa con el brillo de su dentadura. -tonta. -susurré, abrazándola. Retiré el bol que había entre nuestros cuerpos y la dejé en la encimera donde había sido aliñada.
-Tengo la regla.
-No se nota. -bromeé. Reímos increíblemente alto. -¿de qué nos reímos?
-No necesariamente tenemos que reírnos por alguna razón. Por un chiste o una broma. A veces simplemente reímos de felicidad. Es tanta que una sola sonrisa no basta. -abrí los ojos. Madre mía.
-Al final me va a gustar que tengas la regla y todo… -dio una carcajada. -¿ahora ríes por la broma?
-Y porque soy la mujer más feliz del mundo. -sonreímos. La miré. No pude contenerme. La besé. No quería soltarla, y parecía que ella tampoco. Así que dejamos el reloj correr mientras nuestras manos se deslizaban peligrosamente a lo largo de nuestros cuerpos. -Joder. -exclamó al separarnos.
-Tienes las hormonas que arden, eh. -dije impresionada por el chillido que acababa de meter.
-Que sepas que no he parado porque es ensalada, que si llega a ser pescado ya hubiéramos terminado de comer. -decía a la vez que cogía el recipiente y lo llevaba a la mesa.
-¿Prefieres el pescado antes que mis sensuales besos? -levanté la ceja.
-Eso está claro.
-Pues sí que eres lesbiana, oye. -bromeé. Me arreó una patada. Varios trozos de lechuga volaron por los aires. Unos volvieron al bol y otros aterrizaron en el precioso suelo de mármol. Encima seguro que me mandaría a mí a barrer…
-Ahora lo limpias.
Eran simples y directas. Las infinitas cosas que me hacía sentir con el roce de su piel, un beso en el límite de la cama, una media sonrisa con la mirada baja. Si pudiera expresarlo con palabras, si pudiera transmitirlo en una melodía… Entonces escribiría la mejor canción de mi vida. Qué digo, la canción de mi vida.
-¿Al final la vas a hacer? -preguntó, dándole vueltas al tenedor.
-¿El qué? -me desconcertó.
-La twitcam.-mierda. Lo había olvidado.
-Supongo. -me encogí de hombros. -échame una mano, no tengo ni idea.
-Eres una negada para la tecnología… -suspiró. -bueno, mira quién va a hablar.-carcajeó ella sola. La miré fijamente. -lo sé, estoy fatal. -dijo ella misma. Seguí comiendo sin comentarlo. -jo, di algo. -me lanzó maíz.
-¿También tengo que recoger eso?
-Obviamente. -rió. -estoy en mis días. -sonrió plenamente, al igual que una niña pequeña pidiendo un juguete nuevo. Una niña consentida. Estiré el brazo y cogí el cachito de verdura. Ella aplaudió y siguió disfrutando del placer de comer.

Me lo dejó todo listo. Pulsó cientos de botones y colocó el portátil en la mesa pequeña. "¿Preparados?". Pregunté en mi red social. Estaba a punto de empezar, cuando Malú decidió retirarse.
-Es tu twitcam. -aclaró. -me voy a dar una ducha, ya si eso aparezco luego. -le sonreí. Me dio un rápido beso en la mejilla y se perdió en el pasillo. Sola ante la multitud invisible. Sola frente a un ordenador conectado a una enorme cadena llamada internet. ¿Y qué era internet? Siempre había imaginado una habitación enorme, blanca y vacía. Sin suelo, sin techo. Sin caminos. Cuatro paredes separadas por grandes kilómetros.  Y tras la pared, las millones de personas que habitábamos en el planeta. Tirando sus datos al vacío, pasando fotos a las personas de la pared de enfrente. Cuán listo tenías que ser para entender la magia de internet. ¿Cómo podía yo interpretarlo? No asimilaba ese invento. Formaba parte de nuestras vidas, y sin él, cambiaríamos completamente. Nos hemos acostumbrado demasiado a la tecnología, sería imposible vivir sin ella. Era simplemente genial. Y quizás por ello no conseguía entender su funcionamiento. Me parecía cosa de magos. Lo único que yo podía hacer era arrodillarme ante ella y admirarla.
-¡Hola chicos! -saludé. En seguida llegaron una oleada de mensajes, imposibles de leer todos. Pillé algunos. "Holaaaaaaa", "¿Qué tal?","Qué guapa estás"
-Pues, aquí estamos, a ver… si… hablamos un poco… -hablaba pausado, lento, me era complicado leer los comentarios y pensar qué decir a la vez. Jamás imaginé que una twitcam fuese tan difícil de hacer. -bueno, venga, preguntad.-en seguida llegaron. "¿Dónde estás?" "¿Para cuándo nuevo disco?" y alguna que otra opinión, "me muero por verte de nuevo en directo", "me encantaría conocerte".
-Tranquilos. -reí. Tras un silencio estúpido en el que mi mente analizaba las respuestas, comencé a contestarles. -¿no sabéis dónde estoy? ¿no os suena esto? -di la vuelta al portátil, haciendo una panorámica de la casa. -el próximo disco aún tiene mucho trabajo. Ahora mismo estoy centrada en las composiciones.
"¡Ese es el chalet de Malú!", "¿Es la casa de tus padres?" , "¡¡Un adelanto!!.
-Sí. -reí de nuevo. Me sentía estúpida haciéndolo, pero era una forma de hacer algo mientras buscaba alguna pregunta que responder. -Es la casa de Malú. Bueno, nuestra casa. -reí tontamente de nuevo. -"Solo tienes fama por ser la novia de." Aquel comentario saltó a mi vista por encima del resto. ¿Por qué no me habría fijado en otro? Ponerme de mala ostia con alguien no era mi plan de la tarde. Pero entré al trapo. Ese era un tema que me hacía hervir la sangre. -A "Anonymus_002", decirle que si tengo fama es porque me la he ganado, no por ser la chica de Malú. Llevo muchísimos años componiendo, cantando en bares sin ningún tipo de beneficio económico. Yo no buscaba la fama, solo quería expandir mi música. -respiré hondo unos segundos. "¿No podrías cantarnos algo?" Sí, esa sería una buena forma de despejar mi mente. No quería volver a leer ningún mensaje de ese tal "Anonymus_002". -¡¡Cariño!! ¿me traes la guitarra?
-¡¡Voy!! -los tweets se multiplicaron. Malú era Malú, y con un "VOY", despertaba a todo el ejército malulero. Cruzó el pasillo con una pequeña toalla que cubría su cuerpo desde las rodillas hasta las axilas.
-¿A qué no sabéis a quién acabo de ver pasar envuelta en una toallita? -otra vez revolución. Me eché a reír mientras esperaba la guitarra.
-Aquí tienes, amor. -buscó mi boca. Nos dimos un pequeño beso y volví al mundo de internet. "¡Qué monas!", "¡Me muero!". Era incapaz de disimular y soltaba carcajadas sin ton ni son. Cada usuario desde su ciudad, desde la más cercana, a la más lejana, hacía sus peticiones. Al final, y para qué no hubiera discusiones, fui cantando estribillos de los títulos que veía saliendo. Mi futura esposa se sentó en el sofá de enfrente. La miré y sonreí. Eso detonó la red social. Sabían que María Lucía estaba en la habitación. La invité a que participara. No quería que me comiesen.
-¡¡Hola!! -saludó, acomodándose a mi lado, muy pegada a mí. Se colocó el flequillo, totalmente empapado. -¡Qué os contáis! -agarré su cintura con la mano izquierda. Nos miramos furtivamente y volvimos la cara a la pantalla. La gente se enternecía con nosotras, cosa que nos hacía mucha gracia.
-¿Nos echamos un cante? -propuse. No esperaba un no como respuesta. La conocía. Ni un sí, ni un "¿por qué no?". Comenzó a cantar una de mis canciones, yo la seguí en cuánto pude. Cómo cuando intentas abrirte paso en la multitud del metro para salir. Me apretaba la rodilla con su mano, cálida como de costumbre. Pero aún no habíamos terminado de satisfacer a la audiencia. Seguían pidiendo insistentemente unos versos de mi próximo single. El cuál, ni siquiera estaba elegido. -Aún no tenemos single, de verdad, no os miento. -reí. Cómo no. Sentía que estaba haciendo un monólogo. Era una sensación extraña. Notaba aquel vacío tras la pantalla.
-Tonta, canta algo nuevo, venga. -me dio un codazo en la barriga.
-¿Quieres que me maten los de la discográfica? -le susurré, aun sabiendo que el micro me delataría ante la masa cibernética. Me sonrió con tanta intensidad que no pude decir más. Suspiré. -voy a cantaros un trocito de una nueva canción… ¡pero no os enfadéis si después no viene en el álbum, porque ya he dicho que nada es seguro!


-Si es que… si es que… ¡¡me encanta!! -exclamó ella al cesar el sonido de mis cuerdas. "¡¡Quiero ese disco ya!!, "Es increíble", "Deseando oír más", "Me caigo muerta", "Quiero beso". Malú señaló en la pantalla a este último. Ya la veía venir. Giré la cabeza y no pude hacer otro movimiento. Me había besado delante de todos los internautas. 

1 comentario:

  1. Tremendo el capítulo, me ENCANTA! . Estoy esperando con mil ganas el siguiente capítulo. Millones de besos de una malulera de Ceuta

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