lunes, 27 de enero de 2014

Capítulo 31. SI ESTOY LOCA

Disfruté un poco más de sus labios y se echó hacia atrás, con las piernas colgando y casi rozando el suelo. Noté sus manos subir por mi espalda. Tiré de ella hacia arriba para quedar sobre la cama por completo. Mordí su mandíbula y ella rió. Soplé en su cuello y la carcajada fue mayor.
-Sabes que tengo cosquillas. -retiró mi cara, pero volví a hacerlo. -Marina… jo. -dijo entre carcajadas.
-Vale… ya paro. -Cedí. Me di la vuelta y caí a su lado. Giró la cabeza y se quedó mirándome. El color dorado de sus párpados me tenía embobada. Estaba guapísima. Me preguntó algo pero no lo oí. Estaba ensimismada ante su belleza. Chilló mi nombre.
-¿Eh? -moví la cabeza, haciéndome volver al mundo real. Rió ante mi reacción.
-¿Te queda algo de cubata?
-No... ¿Quieres más? -asintió con una gran sonrisa. -Voy a por otro.  
-No, no te vayas.
-¡Mayordomo, ven! -bromeé. -será un minuto, amor. -besé sus labios con cariño y fui en busca de otra bebida. En la barra que de la cocina me encontré a Lorena preparando una ronda.
-¡Marina! ¿Dónde estáis? Hace un rato que desaparecisteis.
-Ni pienso ni busco ni quiero volver, no quiero ni verte ni hablar ni saber, yo quiero irme lejos tanto como pueda, quiero que me veas desaparecer… -canté. Ella me pegó un codazo. -Hazme dos de los que me gustan.
-¿Cargaditos? -me miró con una sonrisa pícara. Guiñé un ojo como respuesta. Vi de lejos a Quique con una chica. Corrí hasta él.
-Hola guapa. -me acerqué a ella y la rodeé por los hombros. Levanté las cejas mirando a mi amigo.
-¡Hola! -me saludó. -Ostras… -se apartó y se quedó con la boca abierta mientras observaba mi cara. -Tú…-abrió los ojos por completo. -ganaste la voz…  
-Así es. -dije orgullosa. Me dio dos besos apresuradamente. Miré de reojo a mi amigo. Ardía en celos. Resopló y miró hacia otro lado.
-¿Te haces una foto conmigo? -me pidió. Yo asentí y Enrique tomó la foto con el mismo careto de sieso. Yo no podía reírme más. Le di una palmada en la espalda y le susurré:
-Vuelve a tirarle los tejos a mi novia, machote. -me pegó un pellizco en la barriga y me dirigí entre carcajadas al encuentro de Lorena. La risa se me cortó de golpe. Vanesa. Le cogí los dos vasos a la chica, le di las gracias y me fui ignorando su presencia. Vi como agachó la cabeza. Noté su mano en mi codo. Aparté el codo con fuerza y coraje, derramando algo de bebida.
-Escúchame. -dijo con la voz quebrada  y los ojos casi llorosos. Yo no podía verla así. Me jodía mucho porque me hacía sentir culpable, cuando toda la culpa la tenía ella en realidad. Yo no había hecho nada para que estuviésemos así.
-Por favor, solo un momento. -me rogó su mejor amiga.
-¿Te ocurre algo? -le pregunté algo preocupada. Su mirada era opaca, apagada. Sin brillo. Estaba muy cambiada desde la última vez que la vi… Por mucho daño que me hubiese causado… era ella. Fue la persona más importante de mi vida durante mucho tiempo. En el fondo, aún me importaba. Solté los vasos en la encimera y vino a abrazarme. Maldita navidad que me debilitaba. Malditos los momentos que pasé con ella y que se agolparon de repente en mi cabeza. Malditos sentimientos. Su olor seguía siendo el de siempre. Lo adoraba. Jamás imaginé que lo echaría tanto de menos. Volver a tenerla en mis brazos… me hacía sentir rara. Su cuerpo temblaba.
-Perdóname.
-Oye, princesa. -mierda. La había cagado. Me había confundido. Me estaba volviendo loca... -Vanesa. -corregí. -yo no quiero estar mal contigo pero tía, te portaste fatal.
-Lo sé… pero perderte me desquició tanto que llevé a hacer ese tipo de cosas. Tú me conoces… no soy así. Fue el momento, la rabia, el miedo a perderte, la impotencia.... -la apreté aún más contra mí. Casi se me escapan unas lágrimas. Esa sí que era mi Vanesa. La chica que cambió mi vida.
-¿Marina? -Malú estaba a mi lado con la cara desencajada. Cerró los ojos lentamente y respiró. Los latidos de mi corazón se dispararon. No sabía cómo podía sentirse en ese momento. Solté a Vane, que se resentía a separarse de mí. Cogí los cubatas y le pedí que volviéramos a la habitación. Cuando íbamos de camino a ella giré la cabeza. Un impulso me llevó a hacerlo. Le dije a Vanesa con un gesto que me llamase al móvil más tarde.
Entramos y me senté a su lado en el lecho. Su mano se rozó con la mía al darle su vaso. Me quedé mirando como tomaba un buen trago. Yo no bebí. Me quedé con la cabeza agachada dándole vueltas al recipiente de cristal con la boca torcida. Menuda forma de empezar el año.
-¿Me puedes explicar qué coño hacías con Vanesa? -me preguntó de golpe y rompiendo un largo silencio. No me moví. Jamás la había visto así. Tragué saliva, me daba miedo mirarla. No quería encontrarme con esos ojos oscuros tan poderosos que me empequeñecían. Tenía ganas de llorar. -no te entiendo, en serio. -dijo cabreada. Se cruzó de piernas y dio un sorbo a la bebida. -Te ha destrozado… y…
-Bueno, lo sé. Me ha destrozado… pero Malú, llevo con ella toda la vida. No puedo olvidarla un día para otro.
-¿Eso significa que la sigues queriendo?
-No. -respondí rápida y segura. -pero tampoco… verás. Joder. -estaba hecha un auténtico lío.  No sabía qué responderle exactamente. -Malú yo te quiero.
-Mira Marina… -Emitió un bufido y caminó hacia la salida. Corrí tras ella y sujeté la puerta para que no la abriese. Se giró y nuestras miradas se cruzaron. Su rostro era una mezcla entre enfadado y tristeza.
-Siento que hayamos comenzado así el año... -me disculpé. Ella cerró los ojos y miró hacia otro lado. Besé entonces su mejilla. -Te quiero, cielo.
-No me digas esas cosas, se supone que estamos discutiendo.
-Yo discuto así. -volví a besar sus cachetes, colorados por el alcohol. Retiré el mechón de pelo que me impedía acercarme a su boca. Se giró para encontrarse con mis labios.
-Joder, Marina. -reí al oírlo. -Estoy enfadada. -levantó el dedo índice y sus cejas a la vez, dándome la advertencia.
-Te amo. -reí, dándole otro pico. Ella lo esquivó.
-No en serio, estoy muy disgustada. -me aparté un poco. La agarré de la cintura y atendí a lo que me decía. -Te hizo mucho daño, cariño... No quiero volverte a ver con ella. -aquello me aterrorizó. Acababa de pedirle que me llamase… Estiró sus brazos, apoyándolos en mis hombros. Acariciaba ahora mi nuca y me miraba poniendo unos ojillos irresistibles. -¿Podrás hacerlo? -me quedé un rato callada. No quería mentirle, pero ni yo sabía qué iba a pasar. -Ey. -me levantó la cabeza. -No te lo pido por capricho. Es que… después de lo que hizo…
-Ya, Malú, pero no era ella.
-¿Entonces quién era? ¿Yo? -me soltó y yo retiré las manos de sus curvas.
-No. Tú no. -contesté furiosa. -pero acabábamos de dejarlo y te vio conmigo… Fue un golpe muy duro.
-Peor fue para ti. ¿Te recuerdo cómo estabas aquel día en los ensayos? Eres tan buena que pareces tonta. -de repente, la otra puerta que daba a ese cuarto se abrió. Quique y la joven con la que estaba anteriormente iban liándose, dando tropezones, quizás por el alcohol, hasta llegar a la cama. Malú y yo nos miramos risueñas. Ni se habían dando cuenta de nuestra presencia. Estuve a tientas de romper ese momento, pero ella me frenó, agarrándome el brazo y sacándome del dormitorio. La llevé hasta la terraza del apartamento. Allí estaríamos igual de tranquilas, pero con el inconveniente de la baja temperatura. Nos pusimos los chaquetones y nos sentamos en las sillas que rodeaban una pequeña mesa.
-No la conozco, pero lo de publicar por Twitter que estaba en tu casa…
-Eso… -no encontraba argumento para defenderla. -Yo te juro que vuelvo atrás en el tiempo y me cuentas eso y te prometo que no me lo creería. Porque te adora… Y fuese el motivo que fuese por el que rompiésemos jamás pensé que me haría algo así. A mí también me dolió y mucho.
-Adoraba. -corrigió. Volvió a invadirnos un silencio. Acaricié su mano, siguiendo con mis dedos el tatuaje que decoraba su muñeca. -¿Te gusta?
-Sí. Me recuerda al dibujo que tenía en mi "gameboy" de pequeña. -se echó a reír. -Jo, que es verdad. -puse voz de niño pequeño.
-Me encanta cuando pones esa voz. -confesó.
-Por fin algo bonito después de esta escena de celos.
-¿Celos? ¿Has dicho celos? -apartó su mano, obligándome a que dejara de acariciarla. -Perdona, pero solo pretendía protegerte. -asentí entre risas. -que te den por culo. -dijo enfadada, girando la silla y dándome la espalda.
-Uy… lo que me ha dicho… -bromeé.
-No me hables. -dijo sin girarse.  Me moría de risa.
-No estoy de broma, que lo sepas.
Me levanté y volví a la fiesta. Me entrometí en el círculo que formaban Jessy, Gloria y Lidia.
-¿De qué habláis, cotillas?
-Quique, que no lo vemos por ningún lado. -me explicó Li. Rompí a carcajadas.
-Ya está borracha. -les dijo mi compañera de piso.
-No… que… Quique… -no podía hacer la frase sin reírme. Me salían carcajadas entre palabra y palabra. -se está tirando a una en tu habitación, Gloria. -solté de un tirón y se me saltaron las lágrimas de la risa. Las otras dos me siguieron, la dueña de la casa se enfureció y corrió hacia su cuarto mientras nosotras seguíamos con el cachondeo. Malú llegó y se sentó junto a Li, ignorándome.
-¿Qué os pasa? -se sorprendió Jessy, dándose cuenta del enfado entre nosotras.

-Ya hablaremos en casa. -respondió seria ella.


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