Abrí los ojos y me encontraba en su pecho. Noté sus caricias en mi pelo. No me moví, me hice la dormida. Quería disfrutar un poco más de aquel placer.
-No te hagas la tonta, sé que estás despierta. -me dijo. No contesté, me tragué las risas. -sí, sigue haciéndote la dormida. -volví a contenerme. -Antes te ha sonado el móvil. He hablado con tu productora, el ocho de enero tienes que ir a la discográfica para grabar el disco. -me levanté de golpe y se me puso una cara de sorpresa alucinante. Ella comenzó a dar carcajadas. Me había engañado. -Siento haberme quedado dormida anoche.
-No te preocupes, es normal, estábamos muy cansadas. Me hiciste andar la de dios.
-Anda, vamos a vestirnos que el desayuno lo cierran en media hora. -me pidió mientras se incorporaba. Bostezó y estiró sus brazos.
Me abalancé y la tumbé. Me quedé sobre ella riendo y mirándola a los ojos. Besé sus dulces labios y seguí a lo largo de sus mejillas.
-Cariño, ¿qué te ha dado?
-Voy a darte todos los besos que no te pude dar anoche. -le susurré en el oído. Le hice cosquillas y se encogió hacia el otro lado. -Ah... tienes cosquillas. -reí, sin dejar de besar sus mofletes. Bajé mi mano hasta su vientre y le hice cosquillas. Se revolvía y daba patadas al colchón con los ojos llenos de lágrimas.
-Para, por favor, para. -lograba decir entre carcajadas. Después de unos segundos más, consiguió deshacerse de mí.
-Te mato. -amenazó. Me dio la vuelta, poniéndome bajo su cuerpo. Me agarró las manos sobre la almohada. Intenté escapar pero no pude.
-Uy, cuidado con la jefa. -bromeé. Puso cara de enfadada.
-Me das miedito. -reí. No se movió, siguió con esa expresión en la cara. -Malú... para. -dije con voz de niño pequeño asustado. No aguantó más y se echó a reír. Tras la absurda pero divertida escena, nuestros labios volvieron a juntarse.
-Mierda. -paró de repente tras largos minutos en su boca, dejándome con la miel en los labios. -el desayuno. No llegamos ni de broma. -se levantó corriendo, sacando su ropa de la maleta. -¡Marina, vamos!
-Voy, voy. -me desperecé despacio y caminé sin ninguna prisa a por mi vestimenta.
-Me desesperas. -soltó, yendo al cuarto de baño.
Corrimos a toda velocidad por los pasillos del hotel, el ascensor no venía y tomamos las escaleras.
-¡NO SE CORRE! -gritó un guardia, sin éxito ninguno. Tomó uno de mis dedos para arrastrarme más rápido.
-¡Marina, que no llegamos! -chilló. Yo ya me veía buscando un bar... Por suerte el bufé seguía abierto.
Se cogió varias piezas de fruta. Era muy sana, no como yo, que había cogido donuts y porquerías del estilo.
-Te tengo que enseñar a comer, esto no puede ser.
-Vas lista si crees que voy a desayunar una frutita.
-Ya lo veremos... -levantó una ceja. No se lo negué, estaba segura que al final acabaría comiendo sano solo por darle el capricho. -Ay, ya sé que vamos a hacer ahora.
-Miedo me das.
Volvió a colocarse las gafas y la gorra. Me paré en la parada de los taxis del día anterior pero me negó con la cabeza. Fuimos andando hasta un parque.
-Parque María Luisa. -señaló.
-Encantado, Marina. -Malú rió ante el estúpido chiste. Volvió a cogerme del dedo índice para correr como en el hotel. -Qué manía con correr hija...
-Floja. -¿cuántas veces oiría ese adjetivo?
-¿Floja? -a la misma vez que lo dije, me puse a correr a toda velocidad, adelantándola. Ahora era yo quien la arrastraba.
-¡POR EL OTRO LADO! -me frenó de golpe, sacándome medio dedo.
-¡Ah! -me quité y me lo miré. -a crujido y todo...
-Ay, mi niña. -dijo con pucheritos. Puso sus labios en la yema de mi dedo y me quedé embobada mirando cómo me besaba. -la baba. -bromeó.
-¿Qué dices? -dije mirando a otro lado.
-Vamos, anda. -rió. Continuamos andando bajo un sol que comenzaba a cegarme y entre la hermosa vegetación. Aquel camino arenoso terminó en una especie de plaza donde había muchísima gente y sobretodo, palomas. Malú echó a correr otra vez. Era muy hiperactiva por lo que estaba comprobando. O yo demasiado tranquila.
-¿Tú querer dar de comer? -me preguntó un moro.
-Vale. -le di el euro en la mano y me dio una bolsa de comida para palomas. O lo que fuera lo que tuviese. Me puse unas cuantas en la mano y cuatro o cinco se acercaron a picarme. Ella se agachó junto a mí, apoyando su brazo en mi espalda inclinada. -¡Ostia! -exclamé. -¡Me ha picado! -la miré. Se rió en mi cara.
-Mira que eres sensible. Quito el brazo vaya a ser que te haga pupa.-le di un empujón y al estar en cuclillas, se calló sobre la arena, espantando a muchas de las aves. Se echó a reír y me pegó una patada desde el suelo, me caí también. Todos nos miraban estupefactos. Me levanté y le tendí mi mano para ayudarla. Iba a soltarla, una vez de pie, pero me retuvo la mano. Me la apretó aún más. Echamos a correr con los brazos abiertos a lo largo de la plaza, las palomas levantaban el vuelo junto con nuestros dos corazones.
Pasamos a ver la Plaza de España. Había visto aquel lugar millones de veces en la tele... pero nada tenía que ver con la imagen. Era bastante ideal. La fuente me enamoró por completo.
-¡Barcas! -exclamé al ver el pequeño puesto con los precios de las embarcaciones.
-¿Subimos? -me preguntó. Acepté. Adoraba eso de dar paseos sobre el agua. Tomé los remos y los moví con rapidez. Solo teníamos media hora para cruzar la plaza entera y volver.
Remé mientras la observaba. Se situaba frente a mí, mirando de un lado a otro todo el tiempo y sin dejar de sonreír. Su perfil era tan bello como el resto de su cuerpo.
-Deja de mirarme y mira a tu alrededor. -torció mi rostro a la izquierda y pude ver el precioso edificio. Volví la cara, de nuevo frente a ella.
-Prefiero mirarte a ti. -sonrió al oír el piropo.
-Pero Marina, en serio. -rió. -mira los monumentos, ya me tendrás luego.
-Ningún monumento mejor que tú. -volví a piropearla, ahora sus cachetes se enrojecieron. Negó con la cabeza y se mordió el labio.
Noté el cansancio en mis brazos y Malú se percató. Insistió en que quería probar eso de remar y cambiamos posiciones.
-¡AL OTRO LADO, AL OTRO LADO! -exclamé, pero nos chocamos contra el borde del "río".
-¡A la mierda! ¡Esto no funciona! -chilló, intentando separar la barca de la pared. Me levanté y di un empujón, devolviendo la embarcación al centro del cauce.
Entre risas y más risas, conseguimos llegar al final. Aunque para ello tuvimos que volver a cambiarnos y ser yo quien la condujera.
Esa noche si pudimos disfrutar de las calles de Sevilla bajo la luz impactante de sus alumbrados y una radiante luna llena. Apenas se podía andar, estaba todo colapsado. Malú me agarró la mano. Busqué su mirada. entre la gente. Iba delante.
-No te sueltes. -me gritó. -o te perderé.
-Nunca me perderás. -lo nuestro era como un cuento. Siempre a nuestra bola, en nuestra historia. Sacando todo de contexto, imaginando. Fuera de la vida real. Podíamos ser quien quisiéramos ser. Podíamos estar donde quisiéramos. Eso nos hacía especial. No éramos una pareja como otra cualquiera.
Continuamos, aplastadas por la gente, pero sin despegarme de su helada mano. Llegamos a un lugar que me dejo algo trastocada.
-¿Qué es esto...? -pregunté asombrada. Dos enormes... ¿infraestructuras? No tenía ni idea que era aquello. Me parecieron naves espaciales.
-Plaza de la encarnación. -dijo con voz de GPS. Me eché a reír.
-¿Pero eso que es? -señalé a los dos enormes edificios.
-Son las setas. Es un mirador. ¿Quieres subir?
-¿Un mirador? ¿Seguro que no son naves?
-Loca. -rió. -Venga, vamos a subirnos con mi amigo E.T y nos vamos a Venus.
-Take me to your planet. Your venus. Your venus. -canté la conocida canción de Gaga.
Las vistas eran increíbles. Me quedé asombrada ante la belleza de la ciudad. Ella me miraba con una gran sonrisa. Le encantaba verme sorprendida.
-Tiene que ser increíble darte un beso aquí. -dijo casi al final del recorrido.
-Algún día. -le prometí. Y con esa promesa despedimos otro gran día de nuestras vacaciones.
Al amanecer, una llamada me despertó.
-Hola, soy Mari. -mi mánager me solicitaba. ¿Qué querría?
-Dime. -contesté adormilada, aún con los ojos cerrados.
-Quería invitarte a comer para hablar. Conocernos un poco y tal... -no sabía si decirle donde estaba...
-Eh... ¿podría ser después de fin de año? -Malú se despertó. Su brazo me rodeaba la cintura y su cabeza estaba en mi hombro. Lo primero que hizo fue besarme en el cuello. Había dormido casi con su boca en él. Continuó llegando a mi mandíbula, subiendo a mis cachetes y alcanzó mi oreja. Yo me eché hacia un lado. Le pedí que parara con un gesto, pero sonrió más todavía y volvió a besarme.
-Claro. ¿Te parece el día dos? -no pude evitar soltar una risilla, provocada por las cosquillas que me producía tener su respiración en mi oreja.
-Sí, sí. ¡Felices fiestas! -colgué de golpe. Fue un poco borde por mi parte, pero era la única escapatoria. Lancé el móvil a la mesilla de noche y me fundí en sus labios. No podía estar mucho tiempo sin sentirlos. El calor que me transmitían, la sensación tan bonita que dejaba con ellos era insuperable. Repasé una vez más su cuerpo desnudo con la yema de mis dedos.
Me quedé muy pegada a ella pero sin llegar a besarnos. Mis ojos se clavaron en los suyos. Me encandilé con su precioso iris oscuro.
-Te quiero. -susurré.
-Te amo. -esa palabra era demasiado grande y nunca la había oído de su boca. Sentí un escalofrío. -Eres muy especial.
-Tú también.
-Nunca había estado con alguien como tú. Eres diferente al resto. Eres tú, eres...
-¿Marina?
-Sí, eso. Eres Marina y eres única e irrepetible.
-Falta algo. -dije. -soy Marina y soy tuya. -mordió mi labio y volvimos a cerrar los ojos para disfrutar de otro largo beso.
"El mayor desafío de la vida es vivir" cuenta la historia de amor entre Marina, una cantautora de 25 años y Malú, tras conocerse en el concurso musical, La Voz. Esta novela es completamente ficticia, y espero que no sea usada contra la cantante, a la que admiro profundamente y escribo ésto desde el respeto.
sábado, 18 de enero de 2014
miércoles, 15 de enero de 2014
Capítulo 27. HACES LLOVER
Decían que Sevilla tenía un color especial y en nada se
equivocaban. Nada más abrieron la puerta del avión pude notar esa magia. Corría
una brisa fría, pero que nada tenía que ver con el frío polar de la capital.
Malú ya se había puesto las gafas de sol y la gorra, supuso que el aeropuerto a
estas horas estaría lleno de gente.
De poco sirvió el improvisado disfraz, nada más salir por la
puerta una chica pegó un grito.
-¡MALÚ! -dio varios zapatazos con las manos en la cabeza, me
recordaba a Vanesa cuando íbamos a las firmas de discos. Yo era bastante
tranquila, reservaba mis nervios por dentro. Reí. -¿Te importa una foto? -le
preguntó. Ella no dudó en quitarse las lentes oscuras y poner su mejor sonrisa.
Le cogí la cámara y le hice la foto.
-Ah, muchas gracias. Me suena mucho tu cara pero no sé de
qué... fíjate tú. -comentó mientras se alejaba.
-Puede que sea porque es la ganadora de La Voz. -dejó Malú
en el aire.
-No te preocupes, cariño. -le dije, empujándola de la
cintura hacia delante.
Subimos a un taxi que nos llevó hasta el hotel Al-Andalus.
-La de veces que he venido a este hotel. -dijo mientras
cruzábamos la puerta giratoria en la que me quedé dando vueltas como una
idiota. -¡Marina! -se echó a reír desde la recepción, había pasado.
-Que no puedo salir... -bromeé con voz de niña pequeña. Ella
se metió junto a mí y exclamó... ¡AHORA! y dándome un tirón de la manga, me
llevó hasta el interior del edificio. Entre risas y arrastrando la maletas, nos
acercamos a la recepción. Mientras se encargaba del papeleo me dediqué a
observar cada rincón de aquel encantador lugar. Una hermosa lámpara en
forma de rosa iluminaba la entrada. Bajo su luz, unos aparentemente cómodos
sillones formaban un círculo, rellenado de una madera de distinto color que el
resto del suelo. Era un lugar magnífico.
-¿Te gusta? -me sorprendió en mi oreja.
-Me encanta. -sonreí. Subimos por el lujoso ascensor hasta
la planta cuarta, donde teníamos la habitación.
-Mira el número de la puerta. -me pidió, mientras pasaba la
"tarjeta llave".
-418. -leí en voz alta.
-18. -me besó en la mejilla. Qué detallista, 18 era el día
en el que empezamos a salir. Volví a enamorarme. Se encendieron las luces y
eché un vistazo. El baño era más grande de lo que imaginaba. Las paredes eran
de un mármol oscuro precioso, los muebles y utensilios en blanco y plata y la
puerta era de madera y corredera, para ahorrar espacio.
Después de un corto pasillo, se encontraba la enorme cama,
bien decorada y con unas lámparas a ambos laterales de lo más modernas. A la
derecha había otra puerta corredera, que tras abrirla descubrí un pequeño salón
con dos sofás y un escritorio. Malú me abrazó por detrás y pegó su cabeza a mi
espalda. No dijo nada, nos quedamos un rato así, acaricié sus manos, que
envolvían mi cintura.
-¿Has pensado algo? -le pregunté al cabo de un tiempo.
-Improvisación. -rió con su boca pegada en mi dorso.
-Podemos ir a ver a mi Gran Poder.
-¿Tu Gran Poder? Tu gran poder está en la sonrisa y ya la
tengo aquí.
-Tonta qué eres. -rió.-es un Cristo. ¿No te suena?
-Soy creyente, pero estoy muy alejada de la iglesia...
-Pero si es mega famoso. -Dejó de abrazarme y me puse frente
a ella.
-No te digo que no, pero yo no le echo mucha cuenta a esas
cosas, ¿sabes?
-Ah, vale. Bueno, podemos ir a...
-A ver ese Cristo. -terminé la frase. Sonrió y me besó en
los labios.
-Ponte zapatos cómodos, nos vamos a hartar de andar. -aquel
aviso no me gustó y fruncí el ceño. -Floja.
-Guapa. -rió y me golpeó el brazo.
-No podemos ni discutir. -dijo, de camino a la puerta.
-Conmigo pelearás poco, desde luego. No valgo para eso.
Llegamos a la famosa "Plaza de San Lorenzo". Era
completamente enorme y con un encanto muy particular. Noté el olor a azahar,
tan fresco y sevillano como siempre había oído. La fachada de la hermandad era
roja y amarilla, me recordó a las plazas de toros.
-¿No puede ser más grande la puerta? -pregunté al ver el
enorme portón de la iglesia.
-Es para que quepa el paso en semana santa. -explicó,
mientras se recolocaba el pelo, movido por el viento que se estaba levantando.
Entramos y me pareció estar en un lugar muy serio y alejado
de mi mundo. Malú se presinó y yo la imité, fijándome en sus movimientos. Ya ni
me acordaba de eso. Hacía años y años que no pisaba una iglesia. Caminamos
hasta acercarnos a la figura religiosa del tan hablado Gran Poder. Es cierto
que yo de todo ese rollo pasaba un poco. Ni me iba ni me venía... pero me
impactó. Me quedé un tiempo observando y me di cuenta de lo increíble que era
ese Cristo. Me fijé en los detalles de la ropa, el talle... era fabuloso. Vi
entonces que ella me miraba risueña.
-¿Te gusta? -se acercó a mí, susurrándome para no hacer
ruido.
-Es impresionante. -dije sin apartar la mirada de aquella
fantástica obra.
Tras un rato observando y admirando el amplio templo,
salimos a comer algo. No eran ni la una, pero mis tripas no dejaban de
revolverse. Mi desayuno de aquel día fue de película... Nótese la ironía.
Almorzamos en un bar típico sevillano. Era muy acogedor y la
gente realmente simpática. Hacían sonreír a cualquiera solo por la forma de
hablar. Adoraba el acento andaluz, en particular ese seseo tan original que
tenían en la capital del sur.
-¡Malú! ¡Malú! -exclamó el trabajador tras la barra.
-¡Joaquín! -al parecer se conocían. Se levantó para darle
dos besos y se quedaron un rato charlando mientras yo le daba vueltas a la carta.
Tenía tanta hambre que no sabía ni cual pedirme. Todos me parecían deliciosos y
todos me parecían incapaces de saciar toda mi hambre.
Por la tarde estuvimos dando vueltas por las estrechas
calles del barrio de Santa Cruz. Según me contaba la mejor guía del mundo, mi
amor, correspondía a una Judería en los tiempos en los que reinaba Fernando III
de Castilla.
-La que no había estudiado... -reí.
-Mi padre me lo contó y lo he mirado hace un rato en Wikipedia
para hacerme la inteligente, no te creas. -me eché a reír e hice el amago de
rodearla... pero sabía que en público no podía hacer eso, así que me retiré a
tiempo. Ella se entristeció y agachó la cabeza. Introdujo sus manos en los
bolsillos de su gran chaquetón negro y seguimos paseando mientras el cielo se
oscurecía. Aquello casi parecía un laberinto. Yo no sabía ni donde estaba, ni
por donde había venido. Las calles se cruzaban unas con otras y yo seguía a
Malú, sin darme de cuenta de la dirección que llevábamos.
Después nos dirigimos al centro de la ciudad, me moría de
ganas por ver el alumbrado sevillano. Siempre me habían llamado la atención las
luces de navidad.
Me sorprendió el chorro de gente que circulaba por el casco
antiguo. Al final de la larga calle vi la giralda sobresalir por el resto de edificios,
más alta de lo que pensaba.
De camino a ella vi un montón de puestos unidos, vendían
figuras para belenes.
-¿Te interesa eso? -me preguntó, viendo como los observaba.
-No, solo voy mirándolo todo. Esta ciudad es... especial, y
encima nuestro primer viaje juntas. -sonreí al decirlo, y ella me devolvió una
mirada cargada de amor. -el mejor destino que podíamos coger.
Entramos en la catedral, había que volver a presinarse.
-Es gigante. -dije al entrar. Dimos unas vueltas por el
interior, no era de esas personas cultas que se paraban media hora a contemplar
cada minúsculo detalle, así que no tardamos mucho en salir.
-¡La virgen! -exclamó Malú justo en la puerta. Estaba
lloviendo a cántaros. Miles de paraguas se unían casi formando una carpa.
-¿Y ahora qué hacemos?
-Ay, mira. -señaló hacia la derecha. Un chico de tez negra
vendía paraguas. Qué puntual.
-Quédate aquí. -le pedí. Di una carrera y compré uno. El
paraguas no podía ser más horrible, pero al menos nos cubriría. Lo abrí y volví
a la entrada. -Vamos. -le sonreí, abriendo mi brazo izquierdo para que se
metiera en él. La presioné contra mi cuerpo y ella se abrazó a mí por la
cintura. Corrimos hasta la zona de taxis. Los zapatos encharcados, el final del
vaquero envuelto en barro.
-Ver llover en Sevilla es una maravilla... -recordé el
poema. -y una mierda.
-No te quejes. -me dijo Malú, aún abrazada a mi cuerpo.
-Bajo el paraguas nadie nos ve. -me dio un beso en los labios, sorprendiéndome.
-Ma...-no me dejó terminar de decir su nombre, cuando me
volvió a dejar helada con otro. -deja de hacer eso, o me dará un infarto. No
quiero morir bajo la llu... -repitió beso y paró para reírse.
-Me encanta la cara que pones cada vez que te impresiono.
-Es que... tío. -balbuceé mientras ella daba carcajadas.
Pillamos un taxi al fin, el conductor nos miró con mala cara
al ver como teníamos los pies y los goterones que soltaba el paraguas.
Nos lanzamos unas cuantas miradas cómplices en el auto hasta
llegar tras largo camino al hotel. Cenamos en el bufé y subimos a la
habitación. Se metió en la ducha, yo saqué de inmediato un papel y me senté en
el escritorio de la junior suite.
"Besos bajo el agua
Bajo nada más que un paraguas.
Besos en Sevilla
Bajo la luz de tu sonrisilla.". No me acababa de
convencer el último verso.
Nada me inspiraba más que ella. Era mi fuente de
creatividad.
Salió de la ducha con una toalla. Seguí con la mirada
clavada en el folio.
-Puedes mirar, eh. -aquello me dejó algo cortada.
-Estoy... concentrada.
-¿En qué? -vino hacia mí y se puso detrás mía. -Oish, que
bonito. -me besó en la cara, mientras acariciaba mi pecho. Me puse nerviosa.
-Voy a ducharme. -dije tartamudeando y dando una carrera
hacia el baño.
-No tardes. -me guiñó un ojo.
No sabía que me estaba pasando, me entró el nervio. No
era la primera vez que lo íbamos a hacer, por lo que me extrañó ese
comportamiento en mí.
El agua caliente desprendía vapor. Casi me quemaba, pero lo
necesitaba. Había pasado mucho frío tras la tormenta.
Salí de la ducha y vi en el cristal, pintado con un dedo el
siguiente mensaje: "TE ESPERO EN LA CAMA". Seguido de una marca
de sus labios y una carita feliz. Me puse el pijama y recogí un poco el baño.
Salí en busca suya con miles de mariposas en el estómago. Al llegar vi que
estaba dormida boca abajo. Reí y me tumbé a su lado. Apagué las dos luces que
rodeaban la cama y di un beso en su espalda. Subí la colcha y la tapé por
completo. Di un beso en su mejilla. Eché parte de mi cuerpo sobre ella y la
acaricié hasta quedarme dormida. Había sido un día muy largo.
lunes, 13 de enero de 2014
Capítulo 26. SOLO EL AMOR NOS SALVARÁ.
Aquella tarde tuve el enorme placer de tocar junto a José de
Lucía. Li se animó a cantar con Malú. Siempre fue vergonzosa para eso... pero
al final conseguimos que se arrancase.
Después de unos cuantos temas, mi recién cuñado me pidió que
le interpretara uno de los temas de mi nuevo disco. No dudé y acepté.
-Es preciosa, me encanta. -sonrió, asintiendo. Tras unos segundos
de silencio... -¿Me enseñas los acordes?
-Por supuesto. Empieza con un Fa menor con la séptima
añadida.
-¿Y el arpegio?
-Así. -hice el laborioso juego de dedos mientras el chico
observaba atento la secuencia. Agarró la silla y se puso más cerca de mí.
Malú volvió de la cocina con una caja de bombones y tras
dejarlos en la pequeña mesa, vino por detrás. Arqueó su cuerpo y me abrazó por
el cuello, me dio varios besos en la mejilla. Dejé de tocar y giré la cabeza,
robándole un pico.
-Hermanita, que me la desconcentras. -nos interrumpió.
Reímos y volví a explicarle la serie. Ella siguió a lo suyo y a mí me
encantaba. -¿Ni un minuto me la puedes dejar? -miró muy serio a mi chica.
-Búscate a otra, ésta es para mí sola. -me mordió en la
oreja. José negó con la cabeza, observando cómo me reía yo ante la escena. Me
encogí de hombros sin dejar de sonreír.
-Ya lo tengo. -al fin se aprendió la canción entera.
-¡Venga, concierto! -exclamó Li, sentándose en el sofá junto
a Malú. Las dos guitarras ponían la melodía a la canción que yo cantaba. Sentí
un cosquilleo, era un gran guitarrista. La primera vez que actuaba junto a él,
y dudé que fuera la última.
El almuerzo se alargó, convirtiéndose en una cena.
-Oye, ¿nos puedes acercar mañana al aeropuerto? -le preguntó
a su hermano.
-¿A dónde os vais? -puso cara de sorpresa.
-A Sevilla. -le contesté con una enorme sonrisa. Siempre me
llamó la atención aquella ciudad.
-¿No has estado nunca? -fijó la mirada en mí con las cejas
levantadas.
-Que va. -hice una mueca con la boca.
-Te embrujará. -asintió muy seguro de lo que decía. Yo no lo
dudaba.
Volví a casa con Lidia y preparé la maleta. Estuve casi una
hora sacando y metiendo prendas.
-La rosa mejor. -opinó Li, que me ayudaba.
-Me mola más la de cuadros. -dije.
-Pero esa ya la tienes muy vista. -no discutí más, metí la
chaqueta rosa y así finalicé de comerme el coco con mi vestuario. -Oye, ¿me
traerás una tortuga?
-Por supuesto. -besé su frente. Le chiflaban estos animales
y solía regalarle peluches de ellos.
No me acosté muy tarde, pues a las ocho pasarían a recogerme
los hermanos Sánchez Benítez.
Me desvelé. Miré el reloj, me sentía como si fuera
madrugada... pero las agujas marcaban las siete y cuarenta y cinco...SOLO
QUINCE MINUTOS. Me cagué en todos los astros que circulaban por el espacio y
corrí a toda velocidad a la cocina. Preparé un desayuno exprés, cereales con
leche. Mientras se calentaban pegué unas zancadas hasta mi habitación y me
vestí apresuradamente. Oí el molesto pitido del microondas y volé hasta él.
Casi me atraganto, y sin llegar a terminar, ya estaba con el cepillo de dientes
en la boca. Mis piernas seguían moviéndose, llevando la maleta hasta la puerta.
Retorné al baño para escupir la pasta de dientes y me di una leve capa de
maquillaje.
-¿Y este zapateo? -Li apareció en el pasillo con los pelos
revueltos y un ojo cerrado, la luz la cegaba.
-¡La alarma, que se olvidó de tocar! -exclamé mientras me
abrochaba los cordones de las zapatillas.
-Estás muy hiperactiva...
-¿Y cómo quieres que esté? ¡CINCO MINUTOS! -continué dando
vueltas por el piso, revisando cada rincón de la casa. No podía olvidarme de
nada. -pasaporte, cargador de móvil, cascos, cartera...
-Chicles.
-¿Chicles?
-Para la presión de los oídos. -explicó. Me quedé igual, no
lo entendí. -tú llévalos, hay una caja en el tercer cajón del salón. -fui a por
ella y la guardé en el bolsillo del pantalón. El telefonillo sonó y me puse
histérica del todo. Le di dos besos a Lidia y bajé por el ascensor con ilusión
y nervios. Mis primeras vacaciones junto a ella.
-¿Ganas? -me preguntó con esa sonrisa que me enamoraba.
Estaba sentada en el capó del coche, esperándome.
-Muchísimas. -miré a ambos lados de la calle. Desierta. Nos
miramos fijamente y ambas sabíamos que iba a pasar.
-Viva el amor. -una vez más, José rompiendo un beso. Se
acercó y cogió mi maleta, llevándola al maletero. Malú me volvió a besar,
acarició después mis mejillas.
-Vamos tortolitas. -me aparté de sus labios con pena. Besé
su mejilla y nos metimos en el coche. Nos sentamos las dos atrás. No queríamos
estar separadas si quiera en el coche. Nuestras manos se encontraron en el
asiento de en medio, el cual estaba libre. -Os vigilo, eh. -movió el espejo
retrovisor interior. -Nada de guarradas en mi carro, ¿comprendido?
-Eres un cerdo. -alargó la pierna hasta golpearle en el
brazo.
-¡LOCA, QUE NOS LA PEGAMOS! -chilló, devolviendo su pie al
suelo.
-Pues no seas cochino. -yo reía mientras observaba mi
barrio. Pasamos por delante del bar y se me borró la sonrisa de golpe. Eché la
vista al suelo y volví a escucharlos discutir.
-¡Sube el volumen! -pedía mi chica.
-Que no, pesada.
-Pesado tú. -le pegó otra patada.
-¡Que no me des mientras conduzco!
-Pues para el coche.
-No me lo digas dos veces, tengo unas ganas de reventarte
esa cara. -Miró hacia atrás buscando mi rostro. -Vaya impresión se va a llevar
Marina de nosotros.
-Me encantáis. -reí.
El aeropuerto era enorme. Yo iba observando por todos lados,
fijándome en cada detalle. Era increíble lo que el hombre era capaz de
construir.
-Vamos amor. -Malú iba casi tres un metro delante de mí. Di
un acelerón hasta ponerme en su línea.
Me puse algo nerviosa en el control policial. Me quité todo
objeto de metal, pero al pasar el arco pitó. Me puse roja como un tomate.
-Vuelve a pasar. -me pidió la de seguridad. Mediría unos dos
metros y era delgaducha. Tenía la cara muy chupada. Hice lo ordenador y volvió
a pitar. La chica se acercó y me dijo que pusiera los brazos en cruz. Mi chica
miraba desde el otro lado, recogiendo sus pertenencias. Palpó mi cuerpo,
buscando el causante de las pitadas.
-Anda, pasa. -se rindió por fin. Malú tenía mis objetos en
sus manos, esperándome.
-Me he puesto algo celosilla. -reconoció, de camino al embarque.
-Yo solo soy tuya.
-¿Por qué me dices estas cosas cuando no te puedo besar?
-¿Quién ha dicho que no me puedas besar? -la desafié. Me
pegó una palmada en el trasero.
-Tú sigue así campeona, que verás cuando llegues al hotel.
-me eché a reír ante su amenaza. -sigue riéndote. Tú sigue. -la agarré por los
hombros y la atraje hasta mí. Ella se revolvió, haciéndose de rogar, pero
conseguí darle un beso en la sien más cercana.
Subimos al avión y me quedé embobada mirando a la azafata
mientras explicaba las indicaciones de vuelo. María Lucía observó mi atención y
se acercó a mi oído, remedando la voz del altavoz.
-¿Te lo sabes de memoria?
-Pues claro, así que puedes dejar de prestar atención que si
nos la pegamos ya te explico yo todo.
-No me digas eso. -dije. -estoy muy asustada.
-No va a pasar nada... -intentó animarme.-Además, si pasa
algo, el amor nos salvará.-Acarició mi espalda. -échate en el asiento. -me
pidió, empujándome hacia atrás. -Ahora cierra los ojos y respira. -el avión
comenzó a moverse y despegué mis párpados de golpe. -tranqui, aún estamos en
pista.
-¿Cogiendo carrerilla? -pregunté. Ella se echó a reír.
-Nunca lo había visto así, pero supongo que sí.
-Bien. -vi que rebuscaba algo en su bolso. Sacaba un paquete
de chicles, supuse que era el momento y cogí los de Li. Me metí tres de golpe,
por si acaso.
Las ruedas se guardaron y el avión se inclinó, iniciando el
despegue. Me sujeté fuertemente al brazo del asiento y apreté los ojos. Noté un
pitido agudo en los oídos. Malú me cogió de la mano y la apretó muy fuerte,
relajándome.
-Me pitan los oídos. -dije.
-Para eso son los chicles, para que no te piten. Es por la
presión.
-Pues estos chicles están caducados. -bromeé, sacándole una
enorme risa.
-Mastica rápido. -seguí su recomendación y funcionó.
Al cabo de unos minutos, anunciaron que podíamos
desabrocharnos los cinturones. Yo no lo hice, todo lo contrario que ella, que
se lo quitó nada más oírlo.
-Suéltate. -me dijo.
-No, no. -negué con la cabeza. Se acercó y me lo quitó ella
misma.
-No pasa nada, cariño. Confía en mí.
-Si yo confío en ti, pero no en el aparato este. -volví a
atarlo.
Pasaron al rato unas azafatas vendiendo chocolates y
bebidas.
-¿Te apetece algo? -me preguntó.
-Sí, pero no viene aquí. -dije pasando las hojas de la revista.
-¿No está en el catálogo? Podemos preguntar a ver si tienen.
¿Qué es?
-Un besolú.
-¿Un qué? -solté una carcajada al ver su cara.
-Un beso de Malú. -expliqué entre risas. Apoyó la cabeza en el asiento y se echó a reír con los ojos cerrados.
-¿Queréis algo? -pasó la muchacha con el carrito.
-Un besolú. -dije sonriente. Mi chica daba golpes en el asiento, revolviéndose entre risas. La mujer puso una cara extraña. -nada, no te preocupes. -con la misma cara de sorpresa siguió empujando el carro cargado de comestibles.
Después de una media hora, el avión comenzó a moverse, como sacudiéndose. Yo me cagué.
-Son turbulencias, todo normal. -me susurró.
-Todo normal no, esto se mueve... ay... mucho. -me temblaba la voz.
-Ven aquí. -cogió mi brazo y lo puso en sus piernas. Me remangó el chaleco y comenzó a acariciarme desde el codo hasta mi muñeca. Sonreí, aún con el tembleque de dientes.
El altavoz anunció que íbamos a aterrizar. Los chorros de sudor resbalaban por mi frente. Volvió a agarrarme la mano muy fuerte, esta vez con las dos. Una debajo y otra arriba.
Noté como las ruedas tocaban el suelo.
-¿Ves como todo ha salido bien? -me miró Malú esbozando esa sonrisa que volvía locos a tantos.
domingo, 12 de enero de 2014
Capítulo 25. YA LO VES
No parábamos. Íbamos de un lado a otro por las calles de Madrid. La acompañé a comprar regalos de navidad y yo aproveché para adquirir también el de Li y el de mis tíos postizos. Porque por muy enfadada que estuviese con Vane, ellos me dieron todo y no se merecían que por culpa suya yo los dejara de lado.
-Deja que lleve yo algunas. -se quejó. -la mayoría son mías.
-Que pesadita eres. Anda, calla ya. -me miró de reojo y me pegó con el puño cerrado en el brazo.
-¡Bruta! -reí. La oscuridad de la noche invadía la calle. Había muchísima gente, apenas cabíamos en la acera en busca del coche. Se acercó y se agarró a mi brazo. -Malú. -la miré seria.
-¿Qué pasa?
-Estamos en la calle. -le recordé. Se apartó de mi lado.
-Qué difícil es esto... a veces desearía ser una persona normal y trabajar en lugar normal con 8 horas y mis días de descanso. -dejó de sonreír, cosa que detestaba.
-Eh, alegra esa cara. -le pedí, dejando las bolsas en el suelo para abrir el coche.
-Quiero pasear contigo bajo las luces de navidad de tu mano, o agarrada a tu cintura. No a siete pasos de ti.
-A siete tampoco estabas. -metí las bolsas cuidadosamente en el maletero.
De camino al restaurante donde habíamos quedado con Pastora y Vero de nuevo, estuvo seria todo el rato y sin decir nada.
-Malú, no puede verte así. -se giró para verme mientras conducía y forzó una sonrisa.
-¿Mejor?
-Mejor. -di unas palmadas en su pierna. Iba a devolver la mano al volante, pero la agarró. Acarició la palma y luego se quedó sobre ella, jugando con mis dedos.
-Te quiero. -dijo de repente. Cada vez que lo hacía el cuerpo se me descomponía. No me acostumbrada a oír esas palabras de la voz que había estado escuchando y admirando durante tantos años. Un semáforo permitió que pudiera fijar mis ojos en sus ojos. No tardé en quitarme. -¡Vuelve a mirarme! -exclamó en una orden.
-No puedo, me matas con esa mirada. -se mordió el labio y se lanzó hacia mi boca.
-Semáforo en verde. -dije, apartándola y arrancando el coche apresuradamente ante las pitadas de los demás conductores.
Llegamos al fin al punto de quedada con las dos chicas. Malú caminaba delante de mí, yo me quedé atrás comprobando que el coche estuviese bien cerrado. Pegué una carrera hasta ponerme a su altura y la agarré de la mano. Me acordé entonces de la discreción y tuve que soltarla con cierta pena. Me gustaba sentir el calor de su piel.
-Esto es una tortura. -resopló, entrando en el local. Allí nos encontramos a las que ya consideraba también mis amigas.
Pasamos una buena cena en una inmejorable compañía. Me acogieron muy bien en su grupo. Nunca fui muy sociable, me costaba hacer amigos. Siempre tenía a Vane, me refugiaba en ella y pasaba del resto. Tenía unos cuantos en el barrio, con los que jugaba al fútbol y demás pero no era capaz de mantenerlos... Después a penas hablaba con ellos. Quizás con Malú sería distinto... El otro día compaginé muy bien con Pablo y ahora con ellas dos. Parecía una nueva Marina, una nueva persona. Me estaba cambiando a mejor.
-¿Tú quieres postre? -me preguntó la sevillana mirando la carta.
-El postre lo tengo a mi derecha. -bromeé. Todas rieron. Ella me miró con cara de perversa, incrementando las risas. Me encantaba cuando se ponía a hacer la tonta.
-Oye, a nosotras nos regalarás tu disco, ¿no? -intervino Vero.
-Por supuesto, y con dedicatoria. -sonreí.
Salimos del restaurante y la noche se alargó en un pub de copas.
Tras dos días en el chalet que tenía Malú, volví a mi nueva casa en la que apenas había pasado veinte minutos para dejar las cosas. Abracé a Li al verla. Empezaba a echarla de menos.
-¿Has traído lo que te pedí? -le pregunté.
-Sí, todo está en la nevera. -asintió. Le mandé un correo con la lista de la compra para la cena de nochebuena.
Pasé toda la tarde en la cocina, preparando los platos. Lidia me dijo que no me pasara, pero aunque fuéramos dos tristes personas, la navidad había que celebrarla. Después de una refrescante ducha, me vestí para la ocasión.
Comenzamos a cenar con el mensaje del rey de fondo, sin prestarle mucha atención. Estaba concentrada en pelar una por una las gambas.
-El país se va a la mierda. -dijo Li de repente, volviéndome al mundo.
-No estoy oyendo nada, bastante tengo con pelar este bichejo.
-Mejor... -resopló. Siempre tan preocupada por todo. Era la persona más altruista y atenta del mundo.
Eché la vista atrás en el tiempo y recordé aquellas animadas cenas de nochebuena... Mis abuelos se fueron antes de que yo naciera, mi abuela al cumplir yo los diez y la otra dos años más tarde... así que quedábamos mis padres y yo. Mi tío nunca venía, vivía en Bilbao con su mujer y sus cuatro hijos. Por esta razón. nos uníamos a los vecinos, los Martínez. Nos juntábamos más de treinta personas... La noche se alargaba hasta las tantas entre villancicos y chistes. Uno de los tíos de Miguel, el chico de mi edad, era humorista y mantenía a todo el mundo con la sonrisa en la cara. Después de irme de casa vinieron las cenas con Pedro, Natalia, y la que consideraba la mujer de mi vida. Estás más aburridas que las anteriores... pero al pasarlas con la persona a la que quería pues no me importaba... ni siquiera las echaba de menos.
-¿En qué piensas? -interrumpió mis pensamientos Li.
-En el pasado...
-El pasado pasado está. -me acarició el hombro. -voy a llamar a mi familia para felicitarle las fiestas. -asentí y se retiró a su cuarto. Yo cogí el móvil y llamé al fijo de la casa de Pedro.
-¿Dígame? -respondió Natalia, con aquella voz que me hacía sonreír nada más oírla.
-Soy Marina. -oí una respiración de sorpresa.
-Faltas aquí... -dijo con pena. -Te echamos mucho de menos, pero bueno, ¿cómo te va? ¿Has grabado el disco? ¿Cuándo sale a la ven...?
-¡Una por una! -la corté. -Me va muy bien, aún no he grabado nada, no hay fecha todavía. Pero estoy mega feliz. ¿Y vosotros?
-El bar sigue igual, con su mierda en los rincones y con las aceitunas en los cuencos. -reí y se produjo un silencio. -Pedro quiere saludarte.
-¡Hola Marina! -exclamó. Siempre había sido muy pasivo, se escondía tras las faldas de su mujer. -Felices fiestas.
-Igualmente. -suspiré, sin saber que más decirle. -¿Todo bien?
-Genial, pero te extraño mucho. La nueva camarera es muy lela.
-Bueno, tampoco es que yo fuese...
-Ya... pero te queríamos. -me sorprendió. Él nunca era de mostrar sus sentimientos. -Te dejo, que viene Vane y supongo que no querrás hablar con ella.
-Ni loca... lo siento. Hablamos pronto, ¡un beso! -colgué.
Li volvió con una sonrisa de oreja a oreja y al ver mi rostro de nostalgia me pellizcó las mejillas.
-¡Suelta! -le chillé.
-Pues quiero ver una sonrisa.
-No.
-Sí.
-No. -negué ahora con la cabeza.
-Sí.
-No.
-Pues verás. -pulsó un contacto de la agenda y llamó. -Malú, dile a tu novia que sonría que no lo hace.
-¡CARIÑO! ¿QUÉ ES ESO QUE DICE LI? -puso el altavoz y la oí regañarme, automáticamente reí.
-Bueno, ya ha sonreído. Puedes dejar de gritarle.
-¡TE QUIERO! -contestó. -¡FELIZ NAVIDAD COSAS GUAPAS!
-Igualmente jefa. -se adelantó Lidia.
-Feliz Navidad cariño, luego te llamo. -prometí.
-Vale, voy a comer. Un besito amor.
-Eres una chivata. -dije al ver que mi compañera de piso había cortado la llamada.
-Con tal de que sonrías... -siempre lo conseguía de alguna extraña manera.
Odié no poder estar con ella una noche en la que se suponía, debías estar con las personas que más querías. Saqué la guitarra y toqué unos cuantos temas que Lidia cantaba a grito pelado.
Después de casi una hora hablando con Malú en la cama, revisé twitter y me sorprendí al ver que ya habían creado dos o tres cuentas de información sobre mí. Llenas de mis fotos. Aquello me daba miedo en cierto modo. Ya no podía fallarles. Estaban conmigo en mi nacimiento como artista. Dediqué un rato a contestar a personas y a seguir a muchas de mis seguidoras. Al rato vi que habían subido una captura de pantalla de la notificación, estaban realmente emocionadas. Eso me llenó de orgullo. La batería se agotó y se apagó el móvil. Esa noche me iba a dormir muy tarde... ya eran casi las cinco y no paraba de dar vueltas en la cama. Después de tres días durmiendo con ella entre mis brazos... tenía que volver a conciliar el sueño sola, en aquel lecho frío.
Pero el día 25 sí que comimos juntas. Dijo que faltaría a la comida con su familia pero que poco le importaba. Yo no me negué esta vez, mis ganas de verla superaban mi consideración. Cogimos el coche y acudimos a su chalet.
-Marina, tenemos que disfrutar cada minuto.
-¿Qué? -no venía a cuento.
-Cuando terminen las vacaciones pasaremos días sin vernos... -dijo entristecida, probando la ensaladilla.
-No me lo recuerdes. -le pedí.
-NAVIDAD, NAVIDAD, DULCE NAVIDAD. -entonó el villancico Li, interrumpiendo la tristeza. Sonreímos a la vez y nos miramos riendo.
-Lidia, comiendo no se canta. -le dije.
-¿Qué no de qué? NAVIDAD, NAVIDAD, DULCE NAVIDAD. -continuó Malú.
-Pasáis de mi culo. Ok. -dije medio enfadada. Ellas me ignoraron y siguieron cantando, esta vez añadiendo palmadas. Se me escaparon las carcajadas, no pude aguantarme más.
Malú nos propuso irnos con ella de viaje unos días. Li se negó rotundamente, dijo que nos merecíamos pasar tiempo a solas... por mucho que insistimos no la convencimos.
-Mi prima Elena va a venir a verme uno de estos días, no estaré sola, no te preocupes Marina. Vete y pásalo bien. -argumentó. Ambas nos encogimos de hombros, que le íbamos a hacer.
-¿Y a dónde vamos, cariño?
-Mmm... ¿Qué te gustaría visitar?
-Pf... no lo sé.
-¿Por qué no vais a Sevilla? -preguntó Lidia, metiéndose en la conversación.
-Pues sí, te encantará, lo sé. -arqueó las cejas Malú.
-Vamos, pues. -alcé los brazos. -cualquier sitio será ideal si vamos juntas. -al decirlo, se acercó a mí y me mordió la mejilla.
-¡DELANTE MÍA NO! -exclamó Li, corriendo a la ventana. Se quedó mirando el jardín. -Los pájaros son muy bonitos... lalalala. -Mi chica y yo explotamos a carcajadas. Me dolía la barriga de reírme. Era muy graciosa cuando quería. -En serio, que no tengo novio y me entran unas ganas locas de registrarme en meetic cada vez que os veo. -las mandíbulas se me iban a caer de tanto reír. A Malú ya le habían salido las primeras lágrimas... -Va, dejaros de cachondearos de mí, jo.
-Para ya, por favor... -le rogué abrazando mi vientre. Me estaba descomponiendo por dentro de tanta risa.
Después de la comida, la cantante cogió el ordenador y sacó los billetes para la mañana siguiente y la vuelta el 30. Serían los mejores cinco días de mi vida, no cabía duda.
-Nunca he montado en avión. -le dije, sentándome a su lado en el sofá.
-¿De verdad? -preguntó abriendo al máximo sus oscuros ojos. Yo asentí, sintiéndome una cateta.
-Y tengo un pánico horrible. -confesé, para que fuera preparada.
-Bueno, no te preocupes, será rápido. -dijo acariciando mi rostro. -y yo estaré a tu lado. -besé sus labios y me quedé en su boca un rato. Los ladridos de Danka nos interrumpieron. Llegó hasta su dueña pasando por encima de mis piernas.
-¡Otra vez la maldita perra! ¿QUÉ TE HE ECHO YO? -pregunté mirándola.
-Le has quitado a su mami. -rió, dándole un beso.
-Eh, Danka, ¿por qué no te vas a jugar con Li y Rumba un rato? -la aparté, sin éxito. Volvió a subirse por el cuerpo de Malú, casi tira el portátil.-Va, me rindo. -me levanté y me fui con mi amiga y los otros animales al exterior.
Después de un rato hablando, unas manos taparon mi vista. No eran las de Malú, eran mucho más grandes.
-¿Quién soy...? -por la voz lo adiviné. Su hermano. -Hola cuñada. -¿CUÑADA? Me dejó fría, sorprendida.
-No sabía que tú...
-Sí, lo sé todo. Anoche me enteré cuando el resto de gente se fue... nos quedamos tu novia y yo charlando.
-¿Iba muy bebida, no? -bromeé. Malú apareció y preguntó de qué hablábamos que nos hacía tanta gracia.
-Cosas de cuñados. -le guiñó el ojo José.
-Ya... oye, se me olvidó decirte que se lo había contado.
-A buena hora, princesa. -reí.
-Oh, princesa te llama. -entrelazó sus dedos y miró al cielo, simulando ser un angelito. Se me subieron los colores.
-Y cosas mejores. -puso morritos y me agarró de la cintura, apoyando su cabeza en mi hombro.
-Tenías razón... es un encanto. -el chico subió una ceja. Tragué saliva. No me esperaba eso.
-Ya lo ves.
-Deja que lleve yo algunas. -se quejó. -la mayoría son mías.
-Que pesadita eres. Anda, calla ya. -me miró de reojo y me pegó con el puño cerrado en el brazo.
-¡Bruta! -reí. La oscuridad de la noche invadía la calle. Había muchísima gente, apenas cabíamos en la acera en busca del coche. Se acercó y se agarró a mi brazo. -Malú. -la miré seria.
-¿Qué pasa?
-Estamos en la calle. -le recordé. Se apartó de mi lado.
-Qué difícil es esto... a veces desearía ser una persona normal y trabajar en lugar normal con 8 horas y mis días de descanso. -dejó de sonreír, cosa que detestaba.
-Eh, alegra esa cara. -le pedí, dejando las bolsas en el suelo para abrir el coche.
-Quiero pasear contigo bajo las luces de navidad de tu mano, o agarrada a tu cintura. No a siete pasos de ti.
-A siete tampoco estabas. -metí las bolsas cuidadosamente en el maletero.
De camino al restaurante donde habíamos quedado con Pastora y Vero de nuevo, estuvo seria todo el rato y sin decir nada.
-Malú, no puede verte así. -se giró para verme mientras conducía y forzó una sonrisa.
-¿Mejor?
-Mejor. -di unas palmadas en su pierna. Iba a devolver la mano al volante, pero la agarró. Acarició la palma y luego se quedó sobre ella, jugando con mis dedos.
-Te quiero. -dijo de repente. Cada vez que lo hacía el cuerpo se me descomponía. No me acostumbrada a oír esas palabras de la voz que había estado escuchando y admirando durante tantos años. Un semáforo permitió que pudiera fijar mis ojos en sus ojos. No tardé en quitarme. -¡Vuelve a mirarme! -exclamó en una orden.
-No puedo, me matas con esa mirada. -se mordió el labio y se lanzó hacia mi boca.
-Semáforo en verde. -dije, apartándola y arrancando el coche apresuradamente ante las pitadas de los demás conductores.
Llegamos al fin al punto de quedada con las dos chicas. Malú caminaba delante de mí, yo me quedé atrás comprobando que el coche estuviese bien cerrado. Pegué una carrera hasta ponerme a su altura y la agarré de la mano. Me acordé entonces de la discreción y tuve que soltarla con cierta pena. Me gustaba sentir el calor de su piel.
-Esto es una tortura. -resopló, entrando en el local. Allí nos encontramos a las que ya consideraba también mis amigas.
Pasamos una buena cena en una inmejorable compañía. Me acogieron muy bien en su grupo. Nunca fui muy sociable, me costaba hacer amigos. Siempre tenía a Vane, me refugiaba en ella y pasaba del resto. Tenía unos cuantos en el barrio, con los que jugaba al fútbol y demás pero no era capaz de mantenerlos... Después a penas hablaba con ellos. Quizás con Malú sería distinto... El otro día compaginé muy bien con Pablo y ahora con ellas dos. Parecía una nueva Marina, una nueva persona. Me estaba cambiando a mejor.
-¿Tú quieres postre? -me preguntó la sevillana mirando la carta.
-El postre lo tengo a mi derecha. -bromeé. Todas rieron. Ella me miró con cara de perversa, incrementando las risas. Me encantaba cuando se ponía a hacer la tonta.
-Oye, a nosotras nos regalarás tu disco, ¿no? -intervino Vero.
-Por supuesto, y con dedicatoria. -sonreí.
Salimos del restaurante y la noche se alargó en un pub de copas.
Tras dos días en el chalet que tenía Malú, volví a mi nueva casa en la que apenas había pasado veinte minutos para dejar las cosas. Abracé a Li al verla. Empezaba a echarla de menos.
-¿Has traído lo que te pedí? -le pregunté.
-Sí, todo está en la nevera. -asintió. Le mandé un correo con la lista de la compra para la cena de nochebuena.
Pasé toda la tarde en la cocina, preparando los platos. Lidia me dijo que no me pasara, pero aunque fuéramos dos tristes personas, la navidad había que celebrarla. Después de una refrescante ducha, me vestí para la ocasión.
Comenzamos a cenar con el mensaje del rey de fondo, sin prestarle mucha atención. Estaba concentrada en pelar una por una las gambas.
-El país se va a la mierda. -dijo Li de repente, volviéndome al mundo.
-No estoy oyendo nada, bastante tengo con pelar este bichejo.
-Mejor... -resopló. Siempre tan preocupada por todo. Era la persona más altruista y atenta del mundo.
Eché la vista atrás en el tiempo y recordé aquellas animadas cenas de nochebuena... Mis abuelos se fueron antes de que yo naciera, mi abuela al cumplir yo los diez y la otra dos años más tarde... así que quedábamos mis padres y yo. Mi tío nunca venía, vivía en Bilbao con su mujer y sus cuatro hijos. Por esta razón. nos uníamos a los vecinos, los Martínez. Nos juntábamos más de treinta personas... La noche se alargaba hasta las tantas entre villancicos y chistes. Uno de los tíos de Miguel, el chico de mi edad, era humorista y mantenía a todo el mundo con la sonrisa en la cara. Después de irme de casa vinieron las cenas con Pedro, Natalia, y la que consideraba la mujer de mi vida. Estás más aburridas que las anteriores... pero al pasarlas con la persona a la que quería pues no me importaba... ni siquiera las echaba de menos.
-¿En qué piensas? -interrumpió mis pensamientos Li.
-En el pasado...
-El pasado pasado está. -me acarició el hombro. -voy a llamar a mi familia para felicitarle las fiestas. -asentí y se retiró a su cuarto. Yo cogí el móvil y llamé al fijo de la casa de Pedro.
-¿Dígame? -respondió Natalia, con aquella voz que me hacía sonreír nada más oírla.
-Soy Marina. -oí una respiración de sorpresa.
-Faltas aquí... -dijo con pena. -Te echamos mucho de menos, pero bueno, ¿cómo te va? ¿Has grabado el disco? ¿Cuándo sale a la ven...?
-¡Una por una! -la corté. -Me va muy bien, aún no he grabado nada, no hay fecha todavía. Pero estoy mega feliz. ¿Y vosotros?
-El bar sigue igual, con su mierda en los rincones y con las aceitunas en los cuencos. -reí y se produjo un silencio. -Pedro quiere saludarte.
-¡Hola Marina! -exclamó. Siempre había sido muy pasivo, se escondía tras las faldas de su mujer. -Felices fiestas.
-Igualmente. -suspiré, sin saber que más decirle. -¿Todo bien?
-Genial, pero te extraño mucho. La nueva camarera es muy lela.
-Bueno, tampoco es que yo fuese...
-Ya... pero te queríamos. -me sorprendió. Él nunca era de mostrar sus sentimientos. -Te dejo, que viene Vane y supongo que no querrás hablar con ella.
-Ni loca... lo siento. Hablamos pronto, ¡un beso! -colgué.
Li volvió con una sonrisa de oreja a oreja y al ver mi rostro de nostalgia me pellizcó las mejillas.
-¡Suelta! -le chillé.
-Pues quiero ver una sonrisa.
-No.
-Sí.
-No. -negué ahora con la cabeza.
-Sí.
-No.
-Pues verás. -pulsó un contacto de la agenda y llamó. -Malú, dile a tu novia que sonría que no lo hace.
-¡CARIÑO! ¿QUÉ ES ESO QUE DICE LI? -puso el altavoz y la oí regañarme, automáticamente reí.
-Bueno, ya ha sonreído. Puedes dejar de gritarle.
-¡TE QUIERO! -contestó. -¡FELIZ NAVIDAD COSAS GUAPAS!
-Igualmente jefa. -se adelantó Lidia.
-Feliz Navidad cariño, luego te llamo. -prometí.
-Vale, voy a comer. Un besito amor.
-Eres una chivata. -dije al ver que mi compañera de piso había cortado la llamada.
-Con tal de que sonrías... -siempre lo conseguía de alguna extraña manera.
Odié no poder estar con ella una noche en la que se suponía, debías estar con las personas que más querías. Saqué la guitarra y toqué unos cuantos temas que Lidia cantaba a grito pelado.
Después de casi una hora hablando con Malú en la cama, revisé twitter y me sorprendí al ver que ya habían creado dos o tres cuentas de información sobre mí. Llenas de mis fotos. Aquello me daba miedo en cierto modo. Ya no podía fallarles. Estaban conmigo en mi nacimiento como artista. Dediqué un rato a contestar a personas y a seguir a muchas de mis seguidoras. Al rato vi que habían subido una captura de pantalla de la notificación, estaban realmente emocionadas. Eso me llenó de orgullo. La batería se agotó y se apagó el móvil. Esa noche me iba a dormir muy tarde... ya eran casi las cinco y no paraba de dar vueltas en la cama. Después de tres días durmiendo con ella entre mis brazos... tenía que volver a conciliar el sueño sola, en aquel lecho frío.
Pero el día 25 sí que comimos juntas. Dijo que faltaría a la comida con su familia pero que poco le importaba. Yo no me negué esta vez, mis ganas de verla superaban mi consideración. Cogimos el coche y acudimos a su chalet.
-Marina, tenemos que disfrutar cada minuto.
-¿Qué? -no venía a cuento.
-Cuando terminen las vacaciones pasaremos días sin vernos... -dijo entristecida, probando la ensaladilla.
-No me lo recuerdes. -le pedí.
-NAVIDAD, NAVIDAD, DULCE NAVIDAD. -entonó el villancico Li, interrumpiendo la tristeza. Sonreímos a la vez y nos miramos riendo.
-Lidia, comiendo no se canta. -le dije.
-¿Qué no de qué? NAVIDAD, NAVIDAD, DULCE NAVIDAD. -continuó Malú.
-Pasáis de mi culo. Ok. -dije medio enfadada. Ellas me ignoraron y siguieron cantando, esta vez añadiendo palmadas. Se me escaparon las carcajadas, no pude aguantarme más.
Malú nos propuso irnos con ella de viaje unos días. Li se negó rotundamente, dijo que nos merecíamos pasar tiempo a solas... por mucho que insistimos no la convencimos.
-Mi prima Elena va a venir a verme uno de estos días, no estaré sola, no te preocupes Marina. Vete y pásalo bien. -argumentó. Ambas nos encogimos de hombros, que le íbamos a hacer.
-¿Y a dónde vamos, cariño?
-Mmm... ¿Qué te gustaría visitar?
-Pf... no lo sé.
-¿Por qué no vais a Sevilla? -preguntó Lidia, metiéndose en la conversación.
-Pues sí, te encantará, lo sé. -arqueó las cejas Malú.
-Vamos, pues. -alcé los brazos. -cualquier sitio será ideal si vamos juntas. -al decirlo, se acercó a mí y me mordió la mejilla.
-¡DELANTE MÍA NO! -exclamó Li, corriendo a la ventana. Se quedó mirando el jardín. -Los pájaros son muy bonitos... lalalala. -Mi chica y yo explotamos a carcajadas. Me dolía la barriga de reírme. Era muy graciosa cuando quería. -En serio, que no tengo novio y me entran unas ganas locas de registrarme en meetic cada vez que os veo. -las mandíbulas se me iban a caer de tanto reír. A Malú ya le habían salido las primeras lágrimas... -Va, dejaros de cachondearos de mí, jo.
-Para ya, por favor... -le rogué abrazando mi vientre. Me estaba descomponiendo por dentro de tanta risa.
Después de la comida, la cantante cogió el ordenador y sacó los billetes para la mañana siguiente y la vuelta el 30. Serían los mejores cinco días de mi vida, no cabía duda.
-Nunca he montado en avión. -le dije, sentándome a su lado en el sofá.
-¿De verdad? -preguntó abriendo al máximo sus oscuros ojos. Yo asentí, sintiéndome una cateta.
-Y tengo un pánico horrible. -confesé, para que fuera preparada.
-Bueno, no te preocupes, será rápido. -dijo acariciando mi rostro. -y yo estaré a tu lado. -besé sus labios y me quedé en su boca un rato. Los ladridos de Danka nos interrumpieron. Llegó hasta su dueña pasando por encima de mis piernas.
-¡Otra vez la maldita perra! ¿QUÉ TE HE ECHO YO? -pregunté mirándola.
-Le has quitado a su mami. -rió, dándole un beso.
-Eh, Danka, ¿por qué no te vas a jugar con Li y Rumba un rato? -la aparté, sin éxito. Volvió a subirse por el cuerpo de Malú, casi tira el portátil.-Va, me rindo. -me levanté y me fui con mi amiga y los otros animales al exterior.
Después de un rato hablando, unas manos taparon mi vista. No eran las de Malú, eran mucho más grandes.
-¿Quién soy...? -por la voz lo adiviné. Su hermano. -Hola cuñada. -¿CUÑADA? Me dejó fría, sorprendida.
-No sabía que tú...
-Sí, lo sé todo. Anoche me enteré cuando el resto de gente se fue... nos quedamos tu novia y yo charlando.
-¿Iba muy bebida, no? -bromeé. Malú apareció y preguntó de qué hablábamos que nos hacía tanta gracia.
-Cosas de cuñados. -le guiñó el ojo José.
-Ya... oye, se me olvidó decirte que se lo había contado.
-A buena hora, princesa. -reí.
-Oh, princesa te llama. -entrelazó sus dedos y miró al cielo, simulando ser un angelito. Se me subieron los colores.
-Y cosas mejores. -puso morritos y me agarró de la cintura, apoyando su cabeza en mi hombro.
-Tenías razón... es un encanto. -el chico subió una ceja. Tragué saliva. No me esperaba eso.
-Ya lo ves.
sábado, 11 de enero de 2014
Capítulo 24. SE NOS ROMPIÓ EL AMOR.
El tono de "Blanco y Negro" nos despertó. Era mi tono de llamada. Estiré el brazo hasta llegar al móvil y descolgué sin mirar quién me buscaba. Con voz de dormida respondí, Malú se tumbó boca abajo y suspiró, metiéndose bajo la almohada.
-Hola Marina. -saludó seria... Vanesa. Solté un "pff" desganado y me dejé caer sobre el cabecero de la cama. Con la mano libre acaricié la espalda de mi enamorada. -Joder, que alegría te da hablar conmigo. -dijo con ironía.
-Pues ya ves. -contesté borde. No me gustaba responder así, pero no me sentaba nada bien que me despertaran, y menos ella, después de lo que había hecho.
-Te llamaba para decirte que recogieras todo lo que hay en casa.
-Dame tiempo, aún no tengo... -no me permitió terminar la frase.
-Búscate la vida. No quiero ver nada tuyo por aquí. No tardes en venir. -ni me dejó contestar, me quedé petrificada mirando el teléfono.
-¿Quién era? -balbuceó bajo la almohada la cantante.
-El demonio o algo parecido. -tiré el móvil con desprecio a la mesilla de noche. Mi chica salió de su escondite y me miró con unas grandes ojeras y cara de dormida.
-¿Qué dices? -apenas vocalizó.
-Vanesa me echa del piso. Como si la hubiese molestado, vamos. Ni si quiera he dormido allí cuando ha estado.
-¿Y a dónde te vas a ir?
-Un momento. -se me ocurrió una idea. Agarré el Xperia y abrí la conversación con Li.
-¿POR QUÉ ME DESPIERTAS? NO SON NI LAS NUEVE. -contestó aparentemente enfadada. -Perdona por ser tan borde cielo, ¿pasa algo?
-Hombre pasar, pasa... Vane me ha pedido que me vaya de casa... ¿Te parece bien si compartimos piso?
-¡MEGA GUAY!
-Cariño, ¿por qué sonríes? -preguntó Malú, que me observaba tumbada y con las manos bajo la almohada.
-Ahora te cuento. -después de una caricia en su pelo, volví a la conversación. -pero tenemos que ajustar cuentas. Pagaré el alquiler contigo, eh.
-Vale. Voy a seguir durmiendo. -que le gustaba un fin de semana a mi amiga.
Le conté mis planes a Malú y no parecieron gustarle mucho.
-Pensé que te gustaría venirte a vivir conmigo. -un escalofrío recorrió mi cuerpo al oír sus palabras. -No estaría nada mal verte las veinticuatro horas del día los siete días de la semana. -sonreí y me tumbé de lado para poder ver su rostro. No pude evitar acercarme para besarla.
-Todo a su tiempo. Te hartarías de mí muy pronto y quiero tenerte a mi lado más de lo que llevamos.
-Tonta. No me cansaré de ti.
-Eso dices ahora. -reí.
-Venga, vente a vivir conmigo. -me hizo pucheros y se subió sobre mi cuerpo, repitiendo la frase una y otra vez.
-Me hace mucha "ilu". -A mi sí que me hacía ilusión irme con ella y comenzar a vivir juntas. No deseaba otra cosa en el mundo... pero por otro lado no quería correr y hacer las cosas deprisa.
-Te quiero. -le susurré al oído.
-Pues vente conmigo. ¿O es que prefieres a Lidia?
-Malú, no quiero fallarte. -negó con la cabeza y me llamó estúpida. -No puede salir mal, me importas demasiado. -me miraba con aquellos ojos brillantes y sus dedos entrelazados en los míos, sobre mí.
-Eres tonta. -volvió a insultarme.
-Pero te gusto.
-Y mucho. -admitió la cantante, seguido de un beso. No insistió más en aquello, sabía que era inútil. En el poco tiempo que llevábamos, se había dado cuenta de que era una cabezona. Y yo misma lo reconocía, cuando yo decía no era no. Me apetecía esperar un poco más, vivir juntas era un gran paso desde mi punto de vista. Quería vivir despacio y sin prisas, quería una historia preciosa a su lado.
Mientras sus labios seguían mezclados entre los míos y mis manos recorrían su espalda, Danka saltó a la cama y comenzó a dar ladridos. Malú daba carcajadas.
-¡Alguien está celosa..! -exclamó, tumbándola en la cama y rascándole el tórax. La perra se revolvía y emitía ladridos agudos. Parecían tan felices. Me aparté un poco y reposé el codo en la almohada, aguantando con la mano el peso de mi cabeza. Me quedé mirando como jugaba con su mascota.
-Eh, yo también quiero. -dije al cabo de un rato. Me llamó celosa y me quitó el brazo que me sostenía, cayendo en la almohada. Metió la mano bajo la camisa de mi pijama y me rascó como a Danka. No paraba de reírse mientras lo hacía, yo tampoco podía contenerme, tenía muchas cosquillas. El animal dio un giro impresionante y se puso de pie en la cama. Nos ladraba y le daba zarpazos a Malú.
-¡Joder! -me quejé. -Maldito chucho. -me enfadé de broma.
-¡Eh! No le hables así a mi Danka. -se retiró de mi cuerpo y abrazó a su querida compañera. Me levanté simulando indignación hacia el baño. Ella siguió mis pasos con la mirada y con una enorme sonrisa.
Después del desayuno acudí a casa a recoger todas mis cosas. Malú insistió en acompañarme, quería ayudarme con la mudanza. Llevamos su vehículo y el mío, para tener que dar menos viajes. Pedí cajas en la tienda en la que solía comprar el pan y me dispuse a deshacer lo que un día monté con la mayor de las ilusiones. Ella se encargó de la ropa, la fue metiendo en las maletas con cuidado, doblándolas.
-Joder, que bien lo haces. -le sonreí.
-Estoy acostumbrada a hacer y deshacer maletas... no sabes lo que te queda. -suspiró, cerrando la primera. -oye... ¿y Vane?
-Trabajando, me imagino. -comenté, mientras colocaba en una caja los libros.
-Sí que te gusta leer... -observó.
-Me apasiona. -confesé. Terminé por fin de coger todo lo del dormitorio. Ya iban dos maletas y una caja. Fuimos ahora al estudio, mi rincón favorito de la casa. Allí todo era mío.
-Uy, cuantos espejos. -comencé a reír ante su chiste. Lo decía por los posters de ella que decoraban la habitación. Abrimos las cajas y las pusimos en la cama de invitados que había. Le pedí que metiera los CD´s que descansaban sobre la estantería de la pared derecha. Yo abrí los cajones del escritorio y a cada cosa que sacaba, un recuerdo me venía a la mente.
-Dios, que desordenada soy. -admití.
-¿Por? -preguntó Malú, sin apartar la mirada de los discos que colocaba.
-Asómate. -la animé. Echó la vista al cajón, estaba repleto de hojas dobladas y rotas, algún que otro lápiz sin punta, cables y cajas de rotuladores.
-Yo... prefiero seguir recogiendo la música, gracias. -volvió a la estantería. Yo seguí bicheando entre los cajones. Los dejé vacíos, tiré lo que creí inservible, como los cartuchos de tinta de impresora ya usados. ¿Por qué los habría guardado..? Empecé a desenchufar el ordenador. Lo compré yo para mis juegos, así que me pertenecía. Me concentré en quitar cada cable y tener cuidado con la torre. Al girarme, pillé a Malú cotilleando mis folios. Le arranqué el que estaba leyendo y al mirar su rostro vi que unas lágrimas recorrían sus mejillas.
-Joder, que vergüenza. -me puse como un tomate al ver que texto era el que estaba leyendo.
-Es muy bonito. -se levantó y vino hacia mí. En el escrito hablaba sobre ella y su forma de transmitirme fuerza para continuar... lo escribí cuando aún vivía en Calanda y mis padres me discriminaban.
"No tengo ganas de seguir aquí. No puedo más. No le encuentro un sentido a mi vida. Despierto para ser golpeada y humillada cada mañana. No sé que sigo haciendo aquí, debería escapar y ser libre. Por muy complicado que sea debe haber un lugar donde pueda ser feliz. Pero soy una cobarde. No soy capaz de hacerlo... ¿Y si me pillaran...? Me llevaría más palos de los que ya recibo cada día... A pesar de toda la oscuridad que inunda mi ser, hay un pequeño rayo de luz que consigue mantenerme despierta y no rendirme. Ese rayo de luz se llama Malú. Aún no entiendo cómo la música, cómo una voz, puede hacer resurgir de entre las cenizas. A mucha gente le sonará estúpido, pero para mí, su música es una de las cosas más importantes de mi vida. No se qué haría si no pudiera oírla mientras desayuno, para tomar fuerzas y algo de valor para poder enfrentarme a la guerra que me ahoga lentamente". -Lo debiste de pasar fatal... -se limpió sus ojos.
-No sabes cuánto. -la melancolía invadió la iluminada habitación. -Pero tu música me mantuvo viva y aquí estoy -sonreí, volviendo al trabajo. Malú me ayudó a colocar cuidadosamente el PC en una de las cajas más grandes. La pantalla la llevaría a cuestas.
-¿TIENES UNA PLAYSTATION? -preguntó en un grito al ver que comenzaba a desconectar la consola.
-¿Pues no la ves? -reí. -¿Quieres probarla?
-Nunca he jugado...
-Venga que te enseño. -volví a colocar el cable. -¿Zombies o fútbol?
-Zombies, zombies. -dijo convencida. Metí el juego y cogí el mando. Me senté sobre la cama y le pedí que se posara en mis piernas. Puse el modo más fácil y ella me dijo que lo cambiara al más complicado.
-¿Seguro?
-Que sí, que sí. -asintió. Besé su espalda mientras le explicaba los controles. -vale, vale.
-¿Por qué lo dices todo dos veces? -pregunté entre risas.
-No sé, no sé. -rió. Esta vez lo hizo queriendo. Colocó sus dedos en los botones que le indiqué y la partida comenzó. -¿Cómo me muevo? Ya se me ha olvidado. -soltó una carcajada.
-Con el joystick. -expliqué.
-¿Con el qué?
-Con la palanca ésta. -llevé su dedo hasta el botón correspondiente. Acaricié sus piernas mientras intentaba familiarizarse con el juego. Un zombie salió de repente al girarse y emitió un chillido, soltó el mando. Suerte que lo pillé a tiempo.
-¡Ay, que susto!. -se puso la mano en el pecho cuando pulsé el pausa. No pude evitar reírme. -Venga, dale. Ya no me pasa más.
-Espera, que me cargo yo a éste que lo vas a tener en tu cara nada más reanudar. -Y así fue. Estaba justo enfrente. Lo maté y ella exclamó: ¡EA, POR ASUSTARME!
Volvió a tomar el control y pronto volvió a soltarlo.
-Cógelo, voy a ayudarte. -se preparó y yo puse mis manos sobre las suyas, guiando sus dedos.
-¡TOMA, TOMA, MUERE BICHO! -gritaba una y otra vez. Yo no podía parar de reír sin dejar de disparar la pistola. Los altavoces estaban al máximo, nos metíamos en el juego de lleno.
-Que bien os lo pasáis. -la puerta se abrió, Vanesa. Una vez más para estropear las cosas. Con lo bien que lo estaba pasando... Al entrar, Malú soltó el mando y se levantó de golpe, como si estuviéramos haciendo algo malo. Se retiró sin decir nada más.
-Será mejor que nos vayamos. -opinó muy seria. Odiaba verla tan apagada. Quise volver atrás en el tiempo y seguir matando muertos junto a ella.
-Recojo la play y la pantalla y nos vamos. -le prometí.
No tardamos en guardarlas y nos dispusimos a dar viajes hasta el maletero del coche.
-Os ayudo con ésta. -se ofreció mi ex, intentando ser amable.
-No te preocupes. -le contesté de mala manera. -Ya vuelvo ahora.
-Solo os quedan dos, te la bajo yo y ya no tienes que pasar más por mi casa. -ya me resultaba extraño ver una buena intención de ella. Solo quería perderme de vista.
-Bueno, que te vaya todo bien. -le deseé, dándole dos besos. Me resultó extraño besar sus mejillas, cuando antes... en fin.
-Igualmente. -dijo muy seca. -te quiero.
-No, no me quieres. -no dejé que me contestase, cerré la puerta del auto. Aún así, hoy su grito apagado desde fuera.
-¡SE NOS ROMPIÓ EL AMOR PORQUE TÚ QUISISTE! -qué absurdo. ¿Cómo tenía la cara de decirme eso después de lo que pasó aquella noche en el hotel?
En cuanto recogimos todo, acudí al primer banco que vi para dejar de pagar la hipoteca del piso. Cerrada quedaba mi historia junto a ella.
[He corregido los 21 primeros capítulos, lo he vuelto a subir, he cambiado el enlace de la entrada de feliz navidad. Tenía detalles mal y al repasarlo me di cuenta. Perdonad. Aquí lo tenéis: https://app.box.com/s/2ozinr7ho3gx2hstsxgd ]
-Hola Marina. -saludó seria... Vanesa. Solté un "pff" desganado y me dejé caer sobre el cabecero de la cama. Con la mano libre acaricié la espalda de mi enamorada. -Joder, que alegría te da hablar conmigo. -dijo con ironía.
-Pues ya ves. -contesté borde. No me gustaba responder así, pero no me sentaba nada bien que me despertaran, y menos ella, después de lo que había hecho.
-Te llamaba para decirte que recogieras todo lo que hay en casa.
-Dame tiempo, aún no tengo... -no me permitió terminar la frase.
-Búscate la vida. No quiero ver nada tuyo por aquí. No tardes en venir. -ni me dejó contestar, me quedé petrificada mirando el teléfono.
-¿Quién era? -balbuceó bajo la almohada la cantante.
-El demonio o algo parecido. -tiré el móvil con desprecio a la mesilla de noche. Mi chica salió de su escondite y me miró con unas grandes ojeras y cara de dormida.
-¿Qué dices? -apenas vocalizó.
-Vanesa me echa del piso. Como si la hubiese molestado, vamos. Ni si quiera he dormido allí cuando ha estado.
-¿Y a dónde te vas a ir?
-Un momento. -se me ocurrió una idea. Agarré el Xperia y abrí la conversación con Li.
-¿POR QUÉ ME DESPIERTAS? NO SON NI LAS NUEVE. -contestó aparentemente enfadada. -Perdona por ser tan borde cielo, ¿pasa algo?
-Hombre pasar, pasa... Vane me ha pedido que me vaya de casa... ¿Te parece bien si compartimos piso?
-¡MEGA GUAY!
-Cariño, ¿por qué sonríes? -preguntó Malú, que me observaba tumbada y con las manos bajo la almohada.
-Ahora te cuento. -después de una caricia en su pelo, volví a la conversación. -pero tenemos que ajustar cuentas. Pagaré el alquiler contigo, eh.
-Vale. Voy a seguir durmiendo. -que le gustaba un fin de semana a mi amiga.
Le conté mis planes a Malú y no parecieron gustarle mucho.
-Pensé que te gustaría venirte a vivir conmigo. -un escalofrío recorrió mi cuerpo al oír sus palabras. -No estaría nada mal verte las veinticuatro horas del día los siete días de la semana. -sonreí y me tumbé de lado para poder ver su rostro. No pude evitar acercarme para besarla.
-Todo a su tiempo. Te hartarías de mí muy pronto y quiero tenerte a mi lado más de lo que llevamos.
-Tonta. No me cansaré de ti.
-Eso dices ahora. -reí.
-Venga, vente a vivir conmigo. -me hizo pucheros y se subió sobre mi cuerpo, repitiendo la frase una y otra vez.
-Me hace mucha "ilu". -A mi sí que me hacía ilusión irme con ella y comenzar a vivir juntas. No deseaba otra cosa en el mundo... pero por otro lado no quería correr y hacer las cosas deprisa.
-Te quiero. -le susurré al oído.
-Pues vente conmigo. ¿O es que prefieres a Lidia?
-Malú, no quiero fallarte. -negó con la cabeza y me llamó estúpida. -No puede salir mal, me importas demasiado. -me miraba con aquellos ojos brillantes y sus dedos entrelazados en los míos, sobre mí.
-Eres tonta. -volvió a insultarme.
-Pero te gusto.
-Y mucho. -admitió la cantante, seguido de un beso. No insistió más en aquello, sabía que era inútil. En el poco tiempo que llevábamos, se había dado cuenta de que era una cabezona. Y yo misma lo reconocía, cuando yo decía no era no. Me apetecía esperar un poco más, vivir juntas era un gran paso desde mi punto de vista. Quería vivir despacio y sin prisas, quería una historia preciosa a su lado.
Mientras sus labios seguían mezclados entre los míos y mis manos recorrían su espalda, Danka saltó a la cama y comenzó a dar ladridos. Malú daba carcajadas.
-¡Alguien está celosa..! -exclamó, tumbándola en la cama y rascándole el tórax. La perra se revolvía y emitía ladridos agudos. Parecían tan felices. Me aparté un poco y reposé el codo en la almohada, aguantando con la mano el peso de mi cabeza. Me quedé mirando como jugaba con su mascota.
-Eh, yo también quiero. -dije al cabo de un rato. Me llamó celosa y me quitó el brazo que me sostenía, cayendo en la almohada. Metió la mano bajo la camisa de mi pijama y me rascó como a Danka. No paraba de reírse mientras lo hacía, yo tampoco podía contenerme, tenía muchas cosquillas. El animal dio un giro impresionante y se puso de pie en la cama. Nos ladraba y le daba zarpazos a Malú.
-¡Joder! -me quejé. -Maldito chucho. -me enfadé de broma.
-¡Eh! No le hables así a mi Danka. -se retiró de mi cuerpo y abrazó a su querida compañera. Me levanté simulando indignación hacia el baño. Ella siguió mis pasos con la mirada y con una enorme sonrisa.
Después del desayuno acudí a casa a recoger todas mis cosas. Malú insistió en acompañarme, quería ayudarme con la mudanza. Llevamos su vehículo y el mío, para tener que dar menos viajes. Pedí cajas en la tienda en la que solía comprar el pan y me dispuse a deshacer lo que un día monté con la mayor de las ilusiones. Ella se encargó de la ropa, la fue metiendo en las maletas con cuidado, doblándolas.
-Joder, que bien lo haces. -le sonreí.
-Estoy acostumbrada a hacer y deshacer maletas... no sabes lo que te queda. -suspiró, cerrando la primera. -oye... ¿y Vane?
-Trabajando, me imagino. -comenté, mientras colocaba en una caja los libros.
-Sí que te gusta leer... -observó.
-Me apasiona. -confesé. Terminé por fin de coger todo lo del dormitorio. Ya iban dos maletas y una caja. Fuimos ahora al estudio, mi rincón favorito de la casa. Allí todo era mío.
-Uy, cuantos espejos. -comencé a reír ante su chiste. Lo decía por los posters de ella que decoraban la habitación. Abrimos las cajas y las pusimos en la cama de invitados que había. Le pedí que metiera los CD´s que descansaban sobre la estantería de la pared derecha. Yo abrí los cajones del escritorio y a cada cosa que sacaba, un recuerdo me venía a la mente.
-Dios, que desordenada soy. -admití.
-¿Por? -preguntó Malú, sin apartar la mirada de los discos que colocaba.
-Asómate. -la animé. Echó la vista al cajón, estaba repleto de hojas dobladas y rotas, algún que otro lápiz sin punta, cables y cajas de rotuladores.
-Yo... prefiero seguir recogiendo la música, gracias. -volvió a la estantería. Yo seguí bicheando entre los cajones. Los dejé vacíos, tiré lo que creí inservible, como los cartuchos de tinta de impresora ya usados. ¿Por qué los habría guardado..? Empecé a desenchufar el ordenador. Lo compré yo para mis juegos, así que me pertenecía. Me concentré en quitar cada cable y tener cuidado con la torre. Al girarme, pillé a Malú cotilleando mis folios. Le arranqué el que estaba leyendo y al mirar su rostro vi que unas lágrimas recorrían sus mejillas.
-Joder, que vergüenza. -me puse como un tomate al ver que texto era el que estaba leyendo.
-Es muy bonito. -se levantó y vino hacia mí. En el escrito hablaba sobre ella y su forma de transmitirme fuerza para continuar... lo escribí cuando aún vivía en Calanda y mis padres me discriminaban.
"No tengo ganas de seguir aquí. No puedo más. No le encuentro un sentido a mi vida. Despierto para ser golpeada y humillada cada mañana. No sé que sigo haciendo aquí, debería escapar y ser libre. Por muy complicado que sea debe haber un lugar donde pueda ser feliz. Pero soy una cobarde. No soy capaz de hacerlo... ¿Y si me pillaran...? Me llevaría más palos de los que ya recibo cada día... A pesar de toda la oscuridad que inunda mi ser, hay un pequeño rayo de luz que consigue mantenerme despierta y no rendirme. Ese rayo de luz se llama Malú. Aún no entiendo cómo la música, cómo una voz, puede hacer resurgir de entre las cenizas. A mucha gente le sonará estúpido, pero para mí, su música es una de las cosas más importantes de mi vida. No se qué haría si no pudiera oírla mientras desayuno, para tomar fuerzas y algo de valor para poder enfrentarme a la guerra que me ahoga lentamente". -Lo debiste de pasar fatal... -se limpió sus ojos.
-No sabes cuánto. -la melancolía invadió la iluminada habitación. -Pero tu música me mantuvo viva y aquí estoy -sonreí, volviendo al trabajo. Malú me ayudó a colocar cuidadosamente el PC en una de las cajas más grandes. La pantalla la llevaría a cuestas.
-¿TIENES UNA PLAYSTATION? -preguntó en un grito al ver que comenzaba a desconectar la consola.
-¿Pues no la ves? -reí. -¿Quieres probarla?
-Nunca he jugado...
-Venga que te enseño. -volví a colocar el cable. -¿Zombies o fútbol?
-Zombies, zombies. -dijo convencida. Metí el juego y cogí el mando. Me senté sobre la cama y le pedí que se posara en mis piernas. Puse el modo más fácil y ella me dijo que lo cambiara al más complicado.
-¿Seguro?
-Que sí, que sí. -asintió. Besé su espalda mientras le explicaba los controles. -vale, vale.
-¿Por qué lo dices todo dos veces? -pregunté entre risas.
-No sé, no sé. -rió. Esta vez lo hizo queriendo. Colocó sus dedos en los botones que le indiqué y la partida comenzó. -¿Cómo me muevo? Ya se me ha olvidado. -soltó una carcajada.
-Con el joystick. -expliqué.
-¿Con el qué?
-Con la palanca ésta. -llevé su dedo hasta el botón correspondiente. Acaricié sus piernas mientras intentaba familiarizarse con el juego. Un zombie salió de repente al girarse y emitió un chillido, soltó el mando. Suerte que lo pillé a tiempo.
-¡Ay, que susto!. -se puso la mano en el pecho cuando pulsé el pausa. No pude evitar reírme. -Venga, dale. Ya no me pasa más.
-Espera, que me cargo yo a éste que lo vas a tener en tu cara nada más reanudar. -Y así fue. Estaba justo enfrente. Lo maté y ella exclamó: ¡EA, POR ASUSTARME!
Volvió a tomar el control y pronto volvió a soltarlo.
-Cógelo, voy a ayudarte. -se preparó y yo puse mis manos sobre las suyas, guiando sus dedos.
-¡TOMA, TOMA, MUERE BICHO! -gritaba una y otra vez. Yo no podía parar de reír sin dejar de disparar la pistola. Los altavoces estaban al máximo, nos metíamos en el juego de lleno.
-Que bien os lo pasáis. -la puerta se abrió, Vanesa. Una vez más para estropear las cosas. Con lo bien que lo estaba pasando... Al entrar, Malú soltó el mando y se levantó de golpe, como si estuviéramos haciendo algo malo. Se retiró sin decir nada más.
-Será mejor que nos vayamos. -opinó muy seria. Odiaba verla tan apagada. Quise volver atrás en el tiempo y seguir matando muertos junto a ella.
-Recojo la play y la pantalla y nos vamos. -le prometí.
No tardamos en guardarlas y nos dispusimos a dar viajes hasta el maletero del coche.
-Os ayudo con ésta. -se ofreció mi ex, intentando ser amable.
-No te preocupes. -le contesté de mala manera. -Ya vuelvo ahora.
-Solo os quedan dos, te la bajo yo y ya no tienes que pasar más por mi casa. -ya me resultaba extraño ver una buena intención de ella. Solo quería perderme de vista.
-Bueno, que te vaya todo bien. -le deseé, dándole dos besos. Me resultó extraño besar sus mejillas, cuando antes... en fin.
-Igualmente. -dijo muy seca. -te quiero.
-No, no me quieres. -no dejé que me contestase, cerré la puerta del auto. Aún así, hoy su grito apagado desde fuera.
-¡SE NOS ROMPIÓ EL AMOR PORQUE TÚ QUISISTE! -qué absurdo. ¿Cómo tenía la cara de decirme eso después de lo que pasó aquella noche en el hotel?
En cuanto recogimos todo, acudí al primer banco que vi para dejar de pagar la hipoteca del piso. Cerrada quedaba mi historia junto a ella.
[He corregido los 21 primeros capítulos, lo he vuelto a subir, he cambiado el enlace de la entrada de feliz navidad. Tenía detalles mal y al repasarlo me di cuenta. Perdonad. Aquí lo tenéis: https://app.box.com/s/2ozinr7ho3gx2hstsxgd ]
domingo, 5 de enero de 2014
Capítulo 23. TE CONOZCO DESDE SIEMPRE
Antes de presentarme en la discográfica, di un paseo. Iba
con mi preciado instrumento colgado en la espalda. Necesitaba relajación antes
de cruzar aquella puerta de cristal en la que empezaba mi camino como artista.
Le sonreía a todo el que pasaba a mi lado. Metí las manos en los bolsillos y
seguí andando a paso lento. Observando cada detalle que acaparaba mi vista.
Miré el reloj. Llegó la hora.
Caminé hacia la entrada y a cada paso, iba soltando el
miedo. No podía entrar con él. Debía ser fuerte y no tener miedo a nada. Ser yo
misma y demostrar que merecía ese disco.
En la puerta me esperaba un hombre de pelo corto y canoso.
Rozaría los 40 y vestía enchaquetado.
-¿Marina? -preguntó al verme, achinando los ojos.
-Marín me llamo. -le di dos besos.
-Encantado. Soy Vicente, directivo de la productora. Voy a
llevarte con Mari, ella será tu mánager y representante. Se encargará de todos
tus planes. -comenzó a andar por el pasillo, yo le seguía, sin perder detalle
de lo que me explicaba. -fechas de grabaciones, firmas de discos, programas de
televisión, conciertos...
-Entiendo. -asentía todo el rato.
-¡Hola! -La mujer exclamó al entrar en su despacho. Dio un
bote de la silla y vino corriendo a darme dos besos. Era muy bajita, medía
menos que yo. Llevaba el pelo recogido en un moño y vestía informal. Parecía
natural y simpática.
-Hola. -la saludé.
-Soy Mari y a partir de este día me verás el resto de tu
vida. -Me invitó a que me sentase y el hombre serio se largó.
-Eso da miedo. -reí nerviosa. Coloqué la guitarra en la otra
silla y me senté frente a su mesa. Pasamos una hora entera hablando. Me
explicaba todo lo que se me venía encima y aquello me asustó. Era demasiada
información. Mi coco comenzaba a aturullarse de pensar todo el trabajo que me
quedaba por hacer. El mundo de la música era mucho más difícil de lo que
pensaba.
-Ahora vamos al estudio con Paula. -se levantó y cogimos el
ascensor hasta una sala de grabación. Allí estaba la productora que habló
conmigo por teléfono. No me la imaginaba así. Por el móvil parecía más
agradable, pero todo apuntaba a que fuese una señorita Rottenmayer. Iba
uniformada, como el misterioso Vicente y con el pelo suelto, planchado.
Perfecto.
-¿Trajiste las canciones? -preguntó nada más verme. Ni un
saludo.
-Claro. -reaccioné. Me pilló desprevenida, no sabía que
quería ir tan rápido. Abrí la funda de la guitarra y me la colgué.
-No, no. -negó con la cabeza mi manáger. -Entra por esa
puerta y cántale al micro. -hice lo mandado. Estaba en un estudio de grabación.
A través de un cristal pude verlas. -coge una de esas sillas y ponte cómoda.
Esto va para largo.
Me acomodé como me recomendó Mari y me dispuse a tocar las
nuevas composiciones. La situación me empequeñecía. Sentí frío a causa del
nerviosismo. Cerré los ojos un momento antes de empezar y soplé. Vamos allá.
Puse el mismo sentimiento al cantar que cuando las compuse. Mis finos dedos
recorrían las cuerdas de la guitarra y mi voz salía por sí sola. Al principio
miraba con cierto miedo a ambas mujeres. Pero luego dejé de hacerlo. Miré a un
punto infinito de aquel pequeño estudio y me concentré en mi música. Lo
disfruté, una vez más. Cantar me hacía sentir bien.
-La primera y la penúltima no me agradan mucho pero bueno,
para un primer disquito está bien. -me estrechó la mano Paula. -No supe que
decir, me quedé seria. La mujer se fue, decía que tenía muchísimas cosas que
hacer. Me dio dos besos y me dio la bienvenida al mundo de la música.
-No le hagas ni puñetero caso, tiene un mal día. A mí me han
encantado. -me sonrió, dándome una palmada en el brazo. Aún así no me había
quedado muy contenta. Me pidió que rellenase unos papeles y así lo hice. Datos
personales y cosas así, supongo que sería para registrarme en la
discográfica.-Pues ya te puedes marchar. Lo que sea me llamas, aquí tienes mi teléfono.
Encantadísima.
-Igualmente, muchas gracias por todo, de verdad. -le sonreí.
Me dio un abrazo. Salí por la puerta con mi guitarra al hombro una vez más,
pero antes de cerrarla me llamó.
-Vas a llegar muy alto, tengo un pálpito. Nos vemos después
de navidad para grabar el CD. Descansa y coge fuerzas, las necesitarás. -le
guiñé el ojo ante sus palabras y encajé la puerta. Esa frase me llegó al alma.
Es cierto que necesitaba oír algo así de personas que no conocía. Quiera que no
me impulsaba. Caminé por el pasillo buscando la salida y me perdí. ¿Cómo podía
ser tan estúpida de perderme en un lugar cerrado?
-Respira Marina, respira. -me dije a mi misma. Por fin vi el
ascensor al final del pasillo, alguien lo esperaba. Se giró y me quedé plasmada
al ver quién era.
-¡Pablo López! -exclamé. Entré y le di un abrazo con el
instrumento colgando. Él sonrió.
-¡Marina Marín! -me sorprendí al ver que me reconoció. -Te
vi en "La Voz". Eres una máquina. -me chocó los cinco.
-Tú si que eres un máquina. Me encanta tu forma de componer,
eres genial.
-Muchas gracias. -rió, apretándome el hombro. -¿Qué haces
por aquí?
-He venido a proponer unas cuantas canciones para mi nuevo
disco.
-¿Puedo oírlas? Yo acabo de terminar lo que tenía que hacer
y tengo el día libre. Te invito a unas cañas y me muestras tu talento. -me
quedé fría. Acepté sin pensar en nada más.
Fuimos a un bar cercano y nos sentamos en la terraza.
Pedimos dos cervezas y me invitó a tocar mis temas.
-¿Aquí en medio?
-¡Viva la música! Cualquier parte es un buen lugar para
hacerla. -dio varios puñetazos en la mesa haciendo un ritmo musical. No pude
negarme. Saqué el instrumento y me puse a tocar.
-Un momento. -me interrumpió en uno de los versos. Fue para
retocar la letra un poco. Saqué el libreto de mis canciones y lo modifiqué con
un lápiz.
-Ostras, pues mucho mejor así. Totalmente. -dije al volver a
cantarla con el nuevo retoque.
-Deberíamos componer algo juntos, eh. Hacer una colaboración
de estas. Somos muy semejantes a la hora de componer. -me sorprendió su
proposición. Apenas me acaba de conocer y ya me estaba diciendo esas cosas. La
vida me sorprendía. Aunque a él, la verdad, parecía que lo conociese desde
siempre. -¿No me respondes?
-¡Claro que sí! Es que me he quedado súper pillada. -reímos.
-Me recuerdas mucho a mí, Marina. -confesó. -Y creo que
ahora que estamos empezando debemos apoyarnos el uno al otro. Este mundillo es
bastante difícil... me costó muchísimo hacerme un hueco y aquí estoy, con mi
segundo disco después de años y años de duro trabajo.
-Completamente de acuerdo. -me hizo muy feliz con aquellas
palabras que me dedicó.
Pasamos allí hasta las ocho, y se despidió de mi porque
había quedado con su familia para cenar. Me pasó su número y me dijo que podía
contar con él siempre. Aunque fuese una tontería. Yo le respondí que también.
Antes de arrancar el coche miré el móvil. Tenía tres
llamadas de Malú y millones de whatsapps. Ni los leí, la llamé.
-¿SE PUEDE SABER DÓNDE TE HAS METIDO? ¡ESTABA ASUSTÁNDOME!
-ni me dio tiempo a saludar.
-Lo siento, mi amor. He estado en lo del disco y luego he
estado de cervezas con Pablo López.
-¿Pablo López? ¿Y eso?
-Me lo he encontrado en el ascensor y me ha invitado.
-Ya podrías haberme avisado, guapita.
-Ah, pues no se me había ocurrido.
-¿Cenamos? Tengo unas ganas locas de escuchar esos temas.
-me hizo sonreír. Siempre lo hacía... Y es que aquel interés que mostraba de
repente todo el mundo hacia mi música me hacía creer en mí. Creer en un futuro
haciendo lo que desde peque había soñado.
-Son... perfectas me cago en todo. -tiró el cojín al suelo.
-Qué manía con tirar cosas. -lo recogí y lo puse en su
sitio.
-¿Qué tal te ha ido tu primer día de trabajo? -se echó sobre
mis piernas y yo acaricié su cuerpo mientras le contaba lo sucedido. -Será
gilipollas... si son preciosas tus canciones.
-Ala, relaja. Solo me ha dicho que no le hacían mucha
gracia.
-Críticas constructivas por favor. -pidió. Arqueé mi cuerpo
para besarla.
-Que buena defensora tengo. -dije entre sus labios. Ella rió
y me siguió besando.
-Oye. -se apartó. -¿Qué vas a hacer con lo de la navidad?
-me eché hacia atrás y levanté la cabeza, mirando al techo. Ella se incorporó y
quedó sentada sobre mis piernas. Me rodeó el cuello con sus brazos y puso
pucheritos. -Vente conmigo.
-Voy a quedarme con Li. -le dije. -no pinto nada con tu
familia, cariño.
-Les contaré que eres tú para mí y lo entenderán.
-Y seré el muñeco de feria de la cena y... no me gusta nada
llamar la atención.
-Tendrás que enfrentarte a eso algún día. ¿Por qué no ahora?
-Solo llevamos semanas... creo que es demasiado precipitado
princesa.
-Me encanta que me llames así. -me besó en los labios.
-No cambies de tema, anda. -reí.
-Tienes razón, quizás es demasiado pronto. -reconoció. -pero
seguiremos viéndonos todos los días, eh.
-No podría vivir sin eso. -cerramos los ojos y nos fundimos
de nuevo.
miércoles, 1 de enero de 2014
Capítulo 22. QUE MAS TE DA.
Su pierna derecha me abrazó. Con la punta de los dedos
acarició mi oreja.
-No quiero salir de la cama. -me dijo muy flojito, casi en
un susurro.
-No salgamos, pues. -le sonreí. Volví a fundirme en su boca
durante unos minutos. Llegamos a un ritmo desenfrenado. Me apretó contra su
cuerpo, presionando la pierna que me envolvía. Me agarró del pelo y con un giro
sutil y sensual se colocó sobre mí. No paraba de besarme. Me estaba volviendo
loca. Sujetando sus caderas, la moví y dimos una vuelta. Era yo la que estaba
sobre ella. Dejé sus besos para bajar hasta su pecho, pero entonces.
-No. Quiero seguir saboreando tus labios. -me cogió la
mandíbula con sus manos heladas y volvió a depositar mis boca en la suya.
Aquella frase se quedó grabada a fuego en mi memoria. Mordió mi labio inferior
muy fuerte.
-¡Ah! -me retiré. -Dios... -me acaricié y noté la marca que
había dejado. Comenzó a reírse bajo mi cuerpo. No dejaba de temblarme el
labio. -…me has hecho daño… -dije poniendo pucheritos. Me dejé caer a su
izquierda, quedando boca arriba.
-Deja que te la cure. -me acarició la cintura y vino hacia
mí para besarme. Me aparté.
-¡No! ¡Ni se te ocurra! -giré la cabeza. Buscó mi boca entre
risas. Yo seguía estirando el cuello, alejándome de ella. Me puse de lado y
escapé.
-Pues vale. -se cruzó de brazos y se sentó en la cama. Seguí
tocándome la herida. Exageré que me dolía mucho.
-Parecemos retrasadas. -dije al cabo de un rato y con
carcajadas. Me incorporé y me senté a su lado, apoyando la espalda al cabezal
de la cama.
-¿Tanto te ha dolido? Ahora me siento mal.
-No tanto. -reí. -Estaba fingiendo un poco. -me pegó en la
pierna entre risas. -¿Puedo preguntarte algo?
-Dime. -acaricié su muslo más cercano.
-¿Eres lesbiana?-solté de golpe. -Ya sabes, se dice mucho
pero tú nos mareas. -comenzó a dar carcajadas amplias.
-Ese misterio me hace especial. -arqueó las cejas y sonrió.
-Si te lo dijera perdería parte de mi encanto.
-Idiota. -la insulté. -Pero dímelo, soy tu chica. ¿Eres
homosexual?
-Soy "marinasexual". -dijo tras pensar unos
segundos.
-¿Y eso en qué consiste? -ante mi pregunta, se echó en mi
hombro y apartó mi mano de su pierna para entrelazarla con sus dedos.
-Que solo me gustas tú. -no terminó de decirlo y ya estaba
fundiéndome en su boca de nuevo. Me agarró la mano con fuerza y comenzó a
acariciarla estirando el dedo gordo. Subió la otra a mi pelo, para acariciarlo.
Elevé la pierna y envolví su cuerpo. Giré y me puse sobre ella, de rodillas. Se
fue escurriendo hasta quedar tumbada por completo y no pudimos resistirnos…
-¿Habrá que hacer algo productivo, no? -pregunté entre risas
mientras mordía su cuello envuelto en sudor.
-¿Más productivo que esto? -solté una risa ahogada.
-¿Tienes algo que hacer hoy? -pregunté mientras acariciaba
el tatuaje de su muñeca.
-Sesión de fotos a las cinco. -hice una pedorreta. No quería
separarme de ella. -necesito ir al baño pero no quiero levantarme.
-¿Quién conseguirá arrancarnos de la cama? -pregunté alzando
las manos. Ella rió en mi oreja, dejándome medio sorda, pero no me importó
sentir sus carcajadas tan dentro de mí.
-Hace un día estupendo para salir a…
-¡YO NO ANDO MÁS! -me quejé. Sabía que era el final de la
frase.
-Mira que eres floja.
-¿No decías que no querías salir de la cama? -se quedó
callada. -¡Malú!
-Calla, que estoy reteniendo el pipi. -dijo con cara de
concentrada. Yo no pude evitar echarme a reír.
-¡Pero ve al servicio! -exclamé. No pudo aguantar más y se
levantó. Anduvo de puntillas hacia el WC. Me quedé embobada mirando su cuerpo
desnudo.
-¿Me estás mirando el culo? -se giró de golpe.
-No… estoy leyendo tu tatuaje.
-No sabía que entendías árabe. -carcajeó, apoyándose en el
marco de la puerta. Se la veía tan hermosa.
-Bueno… chapurreo un poco. -bromeé.
-Ya… ¿y qué pone? -dio media vuelta para que pudiese verlo,
y quedó con la mirada fijada en mí, con el cuello torcido.
Me hice la tonta y me quedé pensando, sujetándome la
barbilla. -…El mayor… desafío de la vida… es… A ver, gírate un poco. Vivir.
-terminé.
-Malditas maluleras. -rió y pegó un portazo.
Di una vuelta y quedé boca abajo en el lecho donde había
disfrutado toda la noche y parte de la mañana. Ya eran casi las tres de la
tarde. La pasión hizo que me olvidara de llevar a cabo mis funciones vitales.
-¡VOY A DUCHARME! -chilló, asustándome.
-¡VALE! -exclamé. Me levanté y fui a vestirme. Olvidé donde
había dejado la ropa. Fui andando por el pasillo, colocándome cada prenda. Y
cuando encontraba una, recordaba la forma en la que se había deshecho de ella.
Inevitable sonreír. Me recorría un escalofrío por el cuerpo cada vez que
recordaba cada beso, cada caricia, cada mirada. Rebusqué por los armarios y por
la nevera, a ver qué podía hacer de comer. Preparé una deliciosa lubina al
horno. Mientras se hacía, puse la mesa. Oí la campana y acudí al
electrodoméstico. Puse el pescado sobre la mesa y esperé a que viniese. Serví
un poco de refresco en ambos vasos. Estaba tardando demasiado.
-Qué olor… -al fin venía por el pasillo. -Me has hecho la
comidita… oh.
-Has tardado mucho.-le dije. Se sentó a mi lado y me besó en
los labios.
-Me encanta el pescado. -dijo, deshaciéndose de las escamas.
-¿Eso es en respuesta de mi pregunta…? -me eché a reír.
-¿Por qué sacas todo de contexto, mi amor? -se quedó
mirándome con el tenedor y el cuchillo hacia arriba.
-Soy así. Y te encanta, lo sabes. -me puse a comer. Ella
seguía con la vista clavada en mí, hasta que arrancó a reír.
-Lo peor es que sí.
Tras la comida, Malú fue a la revista y yo acudí a mi casa.
Ya no sentía tanto dolor al entrar. Volqué los cuadros con sus fotos. No quería
ver a Vanesa. Nunca más. Me había hecho demasiado daño. No se merecía nada de
mí. Vi en el pasillo que la puerta del baño se encendía. Mierda. Había vuelto.
Di pequeñas y silenciosas zancadas hasta la cocina.
-¿Quién ha tapado los cuadros? -preguntó. Aguanté unos
segundos sin respirar. Me escondí detrás de la puerta de la cocina. -¿Quién
anda ahí? -oí como se acercaba.
-Yo. -salí por mi propia voluntad. Sabía que antes o después
me pillaría. No cruzó palabra conmigo. Supuse que seguía cabreada.
-¿Vas a seguir viviendo aquí? -me preguntó al rato, mientras
yo tocaba la guitarra en el estudio que tenía. Llegó de repente y me hablaba
sin llegar a entrar en la habitación.
-No sé lo que voy a hacer. Supongo que sí. Es mi casa.
-Nuestra casa. -me corrigió.
-Mira, Vane. -solté la guitarra en la mesa y giré la silla
de ruedas. -no quiero volver a verte. No voy a mentirte.
-Pues hija, a buen sitio has venido. -se cruzó de brazos.
-¿Qué tal Malú?
-Vanesa, joder. Necesito la casa. ¿No puedes irte con tus
tíos? ¿Qué más te da que me quede? Necesito concentrarme en el disco.
-¿No puedes irte tú con tu nuevo amorcito? -dijo
remedándome.
-Veo que contigo no se puede tener una conversación de
adultos. -metí el instrumento en su funda y me la colgué.
-No te vayas. -me pidió. -quédate.
-No quiero estar por aquí y tener que verte. -le confesé,
poniéndome el abrigo. No dijo nada más. Ni siquiera un adiós. Me subí al coche
y acudí a mi rincón favorito para componer. Allí releí todas las canciones de
mi libreta y cambié algunas palabras. Hacía un frío de muerte, pero poco me
importó. Me recosté en el árbol, nuestro árbol, y no pude evitar acordarme de
Malú y aquel precioso día. Marqué el número de la productora que me llamó
la otra vez.
-¿Sí?
-Hola, soy Marina Marín. Ya tengo todas las canciones listas
para que las escuches.
-¡Perfecto!-me pareció maja. -¿mañana a las cinco en los
estudios de Universal?
-Genial. Allí estaré. -que fuerte. Mi primer disco. Releí
los títulos y me emocioné. El móvil, que aún seguía en mi mano, comenzó a
vibrar. Ella.
-¡Cariño! ¿Qué tal las fotos?
-Fantásticamente bien. Te quiero.
-¿Vas a colgar? -pregunté al oír aquellas palabras.
-No. ¿Por?
-Me has dicho te quiero…
-Tonta, pero porque te quiero. -sonreí. Quería besarla en
ese instante. Bueno, en ese y en todos.
-Mañana voy a proponerle a la productora unas canciones…
-¡Ostras! ¡Pues muchísima suerte! Seguro que le encantan.
¿Yo puedo oírlas?
-Obviamente.
-Yo tengo que ir a la radio por la tarde y ya… vacaciones.
-había olvidado la navidad. Apenas quedaban tres días para nochebuena y yo sin
planes. Sin familia. Sin cena…
-¿Vas de viaje? -crucé los dedos para oír un no.
-No he planeado nada. No creo. -respiré aliviada. -Pero en
caso afirmativo te traeré conmigo. -no podía ser más mona… Ahora me preguntaba
por mis planes… no sabía cómo decirle que me quedaba sola… no quería que lo
supiese, porque sabía que insistiría en quedarse conmigo o llevarme con sus
familiares y yo era reacia a eso. Tampoco podía mentirle… sabía que no tenía a
nadie. -me tomaré ese silencio cómo un no. Vente a mi cena.
-Esos días son para estar con la familia, yo no pinto nada
cariño.
-Tú eres mi familia. -me cortó.
-De verdad que no. Disfruta con los tuyos. Ya encontraré
algo que hacer.
-No permitiré que pases esos días sola… son para estar con
las personas que amas. Y yo te amo. -no dejaba de lanzar argumentos y yo los
rechazaba como podía, pero éste me dejó muda.
-Me están llamando, ya lo hablamos. Te amo princesa. -le
colgué sin escuchar contestación. Había sido una escusa… pero el teléfono
comenzó a sonar. Vaya como estaba hoy.
-¡Holi! -Lidia y su forma de saludar tan estúpida y
graciosa.
-¿Qué tal?
-¿Qué haces esta noche?
-¿Puedo ir a tu casa…? -le conté lo ocurrido con Vanesa y no
dudó en asentir. Era la mejor amiga que podía tener. Me acogió por segunda vez
en su hogar. Le debía todo lo que era y más.
Durante la cena le pregunté por la dichosa navidad.
-Pues creo que me quedaré en Madrid. -me dejó flipada. Solía
viajar a Cataluña para visitar a sus padres y abuelos. Me explicó que tenía
mucho trabajo en el periódico, que habían reducido la plantilla y solo le
correspondían cinco días libres.
-Buaf, pues vete esos cinco. No los ves en todo el año…
-Ya… ¿y qué pasa contigo? ¿Te dejo sola? -se había dado
cuenta antes de que se lo contara. No podía creer que se quedara en Alcalá solo
para hacerme compañía.
-Chica… ¿y tus padres y todo? No, no. Ve. -me puse en su
lugar.
-Que va. Tampoco me echarán mucho en falta. Seguro que me lo
paso mejor aquí, contigo y tus bobadas.
-Eres la mejor. -la besé en la frente. -¡Te quiero!
-Pero una cosa mariposa. -levantó el dedo. -cocinas tú.
-Por supuesto. Menuda lubina le he hecho hoy a Malú. Le ha
encantado mi pescado. -se me quedó mirando mientras soltaba carcajadas. Ya
había mal pensado. -joder, Li. -le tiré un trozo de pan. -oye, que ya
puedo responder a la pregunta que me hiciste el otro día. -se quedó blanca,
abriendo mucho los ojos.
-No jodas…
-Buenísima. -reímos.
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