miércoles, 1 de enero de 2014

Capítulo 22. QUE MAS TE DA.

Su pierna derecha me abrazó. Con la punta de los dedos acarició mi oreja. 
-No quiero salir de la cama. -me dijo muy flojito, casi en un susurro.
-No salgamos, pues. -le sonreí. Volví a fundirme en su boca durante unos minutos. Llegamos a un ritmo desenfrenado. Me apretó contra su cuerpo, presionando la pierna que me envolvía. Me agarró del pelo y con un giro sutil y sensual se colocó sobre mí. No paraba de besarme. Me estaba volviendo loca. Sujetando sus caderas, la moví y dimos una vuelta. Era yo la que estaba sobre ella. Dejé sus besos para bajar hasta su pecho, pero entonces.
-No. Quiero seguir saboreando tus labios. -me cogió la mandíbula con sus manos heladas y volvió a depositar mis boca en la suya. Aquella frase se quedó grabada a fuego en mi memoria. Mordió mi labio inferior muy fuerte.
-¡Ah! -me retiré. -Dios... -me acaricié y noté la marca que había dejado. Comenzó a reírse bajo mi cuerpo. No dejaba de temblarme el labio.  -…me has hecho daño… -dije poniendo pucheritos. Me dejé caer a su izquierda, quedando boca arriba.
-Deja que te la cure. -me acarició la cintura y vino hacia mí para besarme. Me aparté.
-¡No! ¡Ni se te ocurra! -giré la cabeza. Buscó mi boca entre risas. Yo seguía estirando el cuello, alejándome de ella. Me puse de lado y escapé.
-Pues vale. -se cruzó de brazos y se sentó en la cama. Seguí tocándome la herida. Exageré que me dolía mucho.
-Parecemos retrasadas. -dije al cabo de un rato y con carcajadas. Me incorporé y me senté a su lado, apoyando la espalda al cabezal de la cama.
-¿Tanto te ha dolido? Ahora me siento mal.
-No tanto. -reí. -Estaba fingiendo un poco. -me pegó en la pierna entre risas. -¿Puedo preguntarte algo?
-Dime. -acaricié su muslo más cercano.
-¿Eres lesbiana?-solté de golpe. -Ya sabes, se dice mucho pero tú nos mareas. -comenzó a dar carcajadas amplias.
-Ese misterio me hace especial. -arqueó las cejas y sonrió. -Si te lo dijera perdería parte de mi encanto.
-Idiota. -la insulté. -Pero dímelo, soy tu chica. ¿Eres homosexual?
-Soy "marinasexual". -dijo tras pensar unos segundos.
-¿Y eso en qué consiste? -ante mi pregunta, se echó en mi hombro y apartó mi mano de su pierna para entrelazarla con sus dedos.
-Que solo me gustas tú. -no terminó de decirlo y ya estaba fundiéndome en su boca de nuevo. Me agarró la mano con fuerza y comenzó a acariciarla estirando el dedo gordo. Subió la otra a mi pelo, para acariciarlo. Elevé la pierna y envolví su cuerpo. Giré y me puse sobre ella, de rodillas. Se fue escurriendo hasta quedar tumbada por completo y no pudimos resistirnos…

-¿Habrá que hacer algo productivo, no? -pregunté entre risas mientras mordía su cuello envuelto en sudor.
-¿Más productivo que esto? -solté una risa ahogada.
-¿Tienes algo que hacer hoy? -pregunté mientras acariciaba el tatuaje de su muñeca.
-Sesión de fotos a las cinco. -hice una pedorreta. No quería separarme de ella. -necesito ir al baño pero no quiero levantarme.
-¿Quién conseguirá arrancarnos de la cama? -pregunté alzando las manos. Ella rió en mi oreja, dejándome medio sorda, pero no me importó sentir sus carcajadas tan dentro de mí.
-Hace un día estupendo para salir a…
-¡YO NO ANDO MÁS! -me quejé. Sabía que era el final de la frase.
-Mira que eres floja.
-¿No decías que no querías salir de la cama? -se quedó callada. -¡Malú!
-Calla, que estoy reteniendo el pipi. -dijo con cara de concentrada. Yo no pude evitar echarme a reír.
-¡Pero ve al servicio! -exclamé. No pudo aguantar más y se levantó. Anduvo de puntillas hacia el WC. Me quedé embobada mirando su cuerpo desnudo.
-¿Me estás mirando el culo? -se giró de golpe.
-No… estoy leyendo tu tatuaje.
-No sabía que entendías árabe. -carcajeó, apoyándose en el marco de la puerta. Se la veía tan hermosa.
-Bueno… chapurreo un poco. -bromeé.
-Ya… ¿y qué pone? -dio media vuelta para que pudiese verlo, y quedó con la mirada fijada en mí, con el cuello torcido.
Me hice la tonta y me quedé pensando, sujetándome la barbilla. -…El mayor… desafío de la vida… es… A ver, gírate un poco. Vivir. -terminé.
-Malditas maluleras. -rió y pegó un portazo.
Di una vuelta y quedé boca abajo en el lecho donde había disfrutado toda la noche y parte de la mañana. Ya eran casi las tres de la tarde. La pasión hizo que me olvidara de llevar a cabo mis funciones vitales.
-¡VOY A DUCHARME! -chilló, asustándome.
-¡VALE! -exclamé. Me levanté y fui a vestirme. Olvidé donde había dejado la ropa. Fui andando por el pasillo, colocándome cada prenda. Y cuando encontraba una, recordaba la forma en la que se había deshecho de ella. Inevitable sonreír. Me recorría un escalofrío por el cuerpo cada vez que recordaba cada beso, cada caricia, cada mirada. Rebusqué por los armarios y por la nevera, a ver qué podía hacer de comer. Preparé una deliciosa lubina al horno. Mientras se hacía, puse la mesa. Oí la campana y acudí al electrodoméstico. Puse el pescado sobre la mesa y esperé a que viniese. Serví un poco de refresco en ambos vasos. Estaba tardando demasiado.
-Qué olor… -al fin venía por el pasillo. -Me has hecho la comidita… oh.
-Has tardado mucho.-le dije. Se sentó a mi lado y me besó en los labios.
-Me encanta el pescado. -dijo, deshaciéndose de las escamas.
-¿Eso es en respuesta de mi pregunta…? -me eché a reír.
-¿Por qué sacas todo de contexto, mi amor? -se quedó mirándome con el tenedor y el cuchillo hacia arriba.
-Soy así. Y te encanta, lo sabes. -me puse a comer. Ella seguía con la vista clavada en mí, hasta que arrancó a reír.
-Lo peor es que sí.
Tras la comida, Malú fue a la revista y yo acudí a mi casa. Ya no sentía tanto dolor al entrar. Volqué los cuadros con sus fotos. No quería ver a Vanesa. Nunca más. Me había hecho demasiado daño. No se merecía nada de mí. Vi en el pasillo que la puerta del baño se encendía. Mierda. Había vuelto. Di pequeñas y silenciosas zancadas hasta la cocina.
-¿Quién ha tapado los cuadros? -preguntó. Aguanté unos segundos sin respirar. Me escondí detrás de la puerta de la cocina. -¿Quién anda ahí? -oí como se acercaba.
-Yo. -salí por mi propia voluntad. Sabía que antes o después me pillaría. No cruzó palabra conmigo. Supuse que seguía cabreada.
-¿Vas a seguir viviendo aquí? -me preguntó al rato, mientras yo tocaba la guitarra en el estudio que tenía. Llegó de repente y me hablaba sin llegar a entrar en la habitación.
-No sé lo que voy a hacer. Supongo que sí. Es mi casa.
-Nuestra casa. -me corrigió.
-Mira, Vane. -solté la guitarra en la mesa y giré la silla de ruedas. -no quiero volver a verte. No voy a mentirte.
-Pues hija, a buen sitio has venido. -se cruzó de brazos. -¿Qué tal Malú?
-Vanesa, joder. Necesito la casa. ¿No puedes irte con tus tíos? ¿Qué más te da que me quede? Necesito concentrarme en el disco.
-¿No puedes irte tú con tu nuevo amorcito? -dijo remedándome.
-Veo que contigo no se puede tener una conversación de adultos. -metí el instrumento en su funda y me la colgué.
-No te vayas. -me pidió. -quédate.
-No quiero estar por aquí y tener que verte. -le confesé, poniéndome el abrigo. No dijo nada más. Ni siquiera un adiós. Me subí al coche y acudí a mi rincón favorito para componer. Allí releí todas las canciones de mi libreta y cambié algunas palabras. Hacía un frío de muerte, pero poco me importó. Me recosté en el árbol, nuestro árbol, y no pude evitar acordarme de Malú y aquel precioso día.  Marqué el número de la productora que me llamó la otra vez.
-¿Sí?
-Hola, soy Marina Marín. Ya tengo todas las canciones listas para que las escuches.
-¡Perfecto!-me pareció maja. -¿mañana a las cinco en los estudios de Universal?
-Genial. Allí estaré. -que fuerte. Mi primer disco. Releí los títulos y me emocioné. El móvil, que aún seguía en mi mano, comenzó a vibrar. Ella.
-¡Cariño! ¿Qué tal las fotos?
-Fantásticamente bien. Te quiero.
-¿Vas a colgar? -pregunté al oír aquellas palabras.
-No. ¿Por?
-Me has dicho te quiero…
-Tonta, pero porque te quiero. -sonreí. Quería besarla en ese instante. Bueno, en ese y en todos.
-Mañana voy a proponerle a la productora unas canciones…
-¡Ostras! ¡Pues muchísima suerte! Seguro que le encantan. ¿Yo puedo oírlas?
-Obviamente.
-Yo tengo que ir a la radio por la tarde y ya… vacaciones. -había olvidado la navidad. Apenas quedaban tres días para nochebuena y yo sin planes. Sin familia. Sin cena…
-¿Vas de viaje? -crucé los dedos para oír un no.
-No he planeado nada. No creo. -respiré aliviada. -Pero en caso afirmativo te traeré conmigo. -no podía ser más mona… Ahora me preguntaba por mis planes… no sabía cómo decirle que me quedaba sola… no quería que lo supiese, porque sabía que insistiría en quedarse conmigo o llevarme con sus familiares y yo era reacia a eso. Tampoco podía mentirle… sabía que no tenía a nadie. -me tomaré ese silencio cómo un no. Vente a mi cena.
-Esos días son para estar con la familia, yo no pinto nada cariño.
-Tú eres mi familia. -me cortó.
-De verdad que no. Disfruta con los tuyos. Ya encontraré algo que hacer.
-No permitiré que pases esos días sola… son para estar con las personas que amas. Y yo te amo. -no dejaba de lanzar argumentos y yo los rechazaba como podía, pero éste me dejó muda.
-Me están llamando, ya lo hablamos. Te amo princesa. -le colgué sin escuchar contestación. Había sido una escusa… pero el teléfono comenzó a sonar. Vaya como estaba hoy.
-¡Holi! -Lidia y su forma de saludar tan estúpida y graciosa.
-¿Qué tal?
-¿Qué haces esta noche?
-¿Puedo ir a tu casa…? -le conté lo ocurrido con Vanesa y no dudó en asentir. Era la mejor amiga que podía tener. Me acogió por segunda vez en su hogar. Le debía todo lo que era y más.
Durante la cena le pregunté por la dichosa navidad.
-Pues creo que me quedaré en Madrid. -me dejó flipada. Solía viajar a Cataluña para visitar a sus padres y abuelos. Me explicó que tenía mucho trabajo en el periódico, que habían reducido la plantilla y solo le correspondían cinco días libres.
-Buaf, pues vete esos cinco. No los ves en todo el año…
-Ya… ¿y qué pasa contigo? ¿Te dejo sola? -se había dado cuenta antes de que se lo contara. No podía creer que se quedara en Alcalá solo para hacerme compañía.
-Chica… ¿y tus padres y todo? No, no. Ve. -me puse en su lugar.
-Que va. Tampoco me echarán mucho en falta. Seguro que me lo paso mejor aquí, contigo y tus bobadas.
-Eres la mejor. -la besé en la frente. -¡Te quiero!
-Pero una cosa mariposa. -levantó el dedo. -cocinas tú.
-Por supuesto. Menuda lubina le he hecho hoy a Malú. Le ha encantado mi pescado. -se me quedó mirando mientras soltaba carcajadas. Ya había mal pensado. -joder, Li. -le tiré un trozo de pan.  -oye, que ya puedo responder a la pregunta que me hiciste el otro día. -se quedó blanca, abriendo mucho los ojos.
-No jodas…

-Buenísima. -reímos. 

domingo, 22 de diciembre de 2013

FELIZ NAVIDAD!

Aquí tenéis mi regalo de navidad...
Os quiero muchísimo!
(descargad el archivo)
https://app.box.com/s/2ozinr7ho3gx2hstsxgd

sábado, 21 de diciembre de 2013

Capítulo 21. TODA.

Y a cada beso que me daba, la locura iba ascendiendo. Entreabrí un poco los ojos y vi su precioso rostro. Me parecía la cara más bonita que había visto nunca.
Acaricié su espalda mientras disfrutaba del placer que sus labios me provocaban. Levanté muy despacio su camiseta y continué las caricias.
-¡Ah! ¡Tienes las manos heladas! -levantó la cabeza.
-Uish. Perdona... -las quité corriendo.
-No. -volvió a fundirse en mi boca y llevó mis manos a su cintura. Se puso de rodillas, teniendo mi cuerpo entre sus piernas. Desabrochó despacio cada uno de los botones de la camisa vaquera que tanto me gustaba. Ahora le tendría más cariño aún... Tiró de mis brazos hasta dejarme sentada y retiró la prenda con delicadeza, mientras volvía a besarme. La envolví en un abrazo y me despegué de su irresistible boca para apartar su camiseta apretada que tan buen cuerpo le hacía. Se echó hacia atrás y quedó tumbada en el otro extremo del sofá. Fui dándole besos por su abdomen hasta encontrarme con sus ojos. Nos sonreímos. El cosquilleo que invadía mi estómago se fue extendiendo por todas las esquinas de mi cuerpo. Di pequeños besos en su cuello. Rió, le hacía cosquillas. Se revolvió y acabó echándome del sofá. Caí de lleno en el suelo y comenzamos a dar fuertes carcajadas. No podíamos parar. Se levantó y me ayudó a alzarme. Yo seguía con el ataque de risa, no podía conmigo. Al final me apoyé en la mesa y me puse de pie. Me rodeó la cintura y se apoyó en mi hombro. Estuvimos un tiempo así. No teníamos ninguna prisa, poseíamos el resto de nuestra vida para consumir nuestro amor.
-Te quiero. -susurré a su oído. Se giró para verme. Respondió con un beso.
-Sígueme. -sujetó mi dedo índice y tiró de él. Miraba hacia atrás con una sonrisa a cada dos o tres pasos. Me llevó hasta su cuarto y me soltó para tumbarse sobre su gran cama. No había visto nunca una tan grande. -¿Qué haces ahí parada? Ven.
-¿Segura?
-Tonta. -me tiró uno de los cojines. Le había cogido el gusto a pegarme con ellos. Esta vez lo cogí en el aire.
-Já. -lo solté en una silla en la que había colgada ropa y me subí a la cama en la que cada noche descansaba. Apoyé las manos a ambos lados de su cuerpo y me situé encima suya. Arañó mi cabeza con sus dedos y nos besamos de nuevo. Seguí con las rodillas clavadas en el colchón.
-Relájate, estás muy tensa. -me pidió. -disfruta.
-Nunca he disfrutado tanto. -le confesé.
-¡Estás rígida!
-No quiero aplastarte. -rió al escucharlo. -soy demasiado cursi, ¿verdad?
-Y me encanta. -volví a su boca sabor primavera.
Hacía mucho frío, pero poco me importaba en aquel lugar. Desabrochó mi sujetador y posteriormente, me puso bajo ella. Me dio besos hasta llegar al pantalón, el cuál sacó sin vacilar y lo arrojó a la silla.
Despacio y dulcemente, la ropa fue desprendiéndose de nuestros dos cuerpos. Dos cuerpos que se deseaban y atraían. Me perdí por su piel y cubrí de besos cada rincón de su perfecta figura. No me quedó ningún lugar por explorar. Escalé de nuevo para encontrarme con su rostro.
-Ahora que me has visto entera. ¿Qué es lo que más te gusta de mí? -me preguntó, rodeando mi cuello y acariciándolo, además de sostenerme la mirada.
-Seguirá siendo esta sonrisa por muchos lugares ocultos que me enseñes. -cerró los ojos y volvió a besarme.
El contacto de mi piel con la suya me hacía delirar. ¿Cómo podía ser tan perfecta? Era tan suave...
Decidió que era el momento de pasar a mayores. Y lo hizo. Se puso sobre mí y no paró de besarme mientras me hacía suya. Una nube de placer me cegó, todos mis sentidos se unieron para sentirla.
Por muchas veces que hubiera soñado o imaginado aquello, no tenía ni punto de comparación con la realidad. Era mucho más placentero de lo que jamás habría podido pensar. Y me tocó mi turno. Adopté una postura cómoda. Tenía miedo de que no fuese suficiente, de no ser tan eficaz como quería. Que no le gustase. Mordí su cuello. Dejé varias marcas mientras oía sus gemidos en mi oreja. Pude sentir los latidos de su corazón...
-Soy tuya. -me dijo entre fuertes respiraciones.
-¿Entera?

-Toda, entera y tuya. Toda. -tarareó entre risas y gemidos.


Di tantas vueltas por aquella cuna de placer como estrellas hay en el cielo. Encontré el paraíso. Un nirvana entre sus brazos. Cada vez que repetía me gustaba más. Jamás me cansaría de ella. Ella y su forma de hacerme feliz. Ella y sus maneras de conquistarme. Ella y sus miradas. No quería que la noche acabase. No quería que el sol saliese. Nuestra primera vez juntas no podría haber sido mejor.
-¿A qué juegas? -preguntó. Estaba tumbada boca abajo y yo no paraba de decir números mientras besaba su espalda.
-A besarte y contarte todos los lunares que tienes. -oí su risa.
-¡Ahg, que pegajoso! -exclamó sin sentido.
-¿El qué?
-¡El caramelo que desprendes! -echamos a reír. Bajé de su cuerpo y me tumbé junto a ella, de lado, para poder observar su preciosa cara. Extendió un dedo por mi boca y acarició mis labios. No podía apartar mi vista de ella. Era tan hermosa. Me embrujaba.
-Ha sido increíble. -suspiró. Al parecer había sido genial también para ella. -ojalá no amanezca nunca. -sonreí. Había pensado justo lo mismo que yo. Tal vez éramos almas gemelas. Tal vez era ella la mujer de mi vida. Tal vez todo lo que me había pasado eran pasos para encontrarla.
Me moría de sueño, eran las cuatro y media de la mañana, pero sus besos me mantenían despierta. Aunque pareciese imposible, su rostro en la oscuridad era todavía más precioso.
Paró y se tumbó sobre mí. Se echó un poco hacia la izquierda y quedó tumbada entre el colchón y mi cuerpo. Mi brazo la rodeaba. Acarició mi pecho con lentas cosquillas. Hice lo mismo con su espalda.
No tardó en quedarse dormida. Era muy especial que se durmiera sobre mí y con mis caricias. Deseé que todas las noches fueran así a partir de aquel momento.
Yo no podía dormir. En mi mente no se paraba de repetir lo que ella y yo acabábamos de vivir. No podía quitarlo de mi memoria. Una y otra vez... Fue tan mágico, tan idílico, tan romántico, tan yo, tan nuestro. Inevitablemente, mi vena artística comenzó a aflorar. Letras de canciones se creaban por sí solas. Lo malo era no poder anotarlas. Tuve miedo de olvidarlas, pero peor me sentiría si al moverme la despertase. Ella era la clave de mi inspiración. La musa que andaba buscando. Su olor seguía invadiendo mi olfato... con solo respirar y notarlo me sentía bien. Subí un poco más el edredón y la arropé. Hacía muchísimo frío. Diciembre era mortal en Madrid. Solo a nosotras se nos ocurría dormir desnudas en invierno. Nadie lo entendería. No podrían comprender que sentíamos al rozarnos. Nadie. Por muchas palabras que quisiese añadir y por muchos detalles y adjetivos que escribiese jamás llegaría a plasmarlo exactamente.
Con momentos así junto a ella podría escribir un disco entero en media hora.

Me desperté y lo primero que hice fue mirar el reloj-despertador que mostraba la hora con fuertes tonos rojos. Las dos menos cuarto. Bufé. Madre mía, que horas para levantarse. No nos habíamos movido ni siquiera un centímetro. Seguía con su mano en mi vientre, donde estuvo acariciándome hasta quedarse dormida, y su cabeza en mi hombro. No sentía mi brazo, que quedó bajo su cuerpo atrapado. No podía ni moverlo.
Arrastré mi dedo por su mejilla colorada.
-Buenos días princesa. -le susurré muy bajito.
-Buenos días mi amor. -era la primera vez que me llamaba así y consiguió que me retorciese. -qué bien... quiero dormir sobre ti lo que me queda de vida. -sonreí al oírla. Me alegraba, porque yo también lo deseaba.
-Yo también, cariño. Pero mi brazo izquierdo se niega. -se levantó y me retorcí de dolor. Lo había puesto en mal sitio, la próxima vez lo pondría más arriba.
-No podía ser tan perfecto. -sonrió, dándome el primer beso del día. Siguió hacia abajo, buscando mi cuello. Había encontrado mi punto débil.
-Como vayas por ahí... mal. -dije. Soltó una carcajada. -que mala eres. -se levantó bruscamente.
-¡Uy, lo que me has dicho! ¡Ahora te vas a enterar! -volvió al cuello como una vampira y dio fuertes mordiscos.
-¡MALÚÚÚ! -intenté quitarla, pero no pude.
-¡Já! -exclamó con una cara perversa.
-Cuando dormías parecías tan dulce...
-Parecía. -rió, tumbándose como dormimos, pero en el otro lado.
-¿Vas a destrozarme el brazo que tengo bueno? -rió ante mi pregunta. Esta vez lo puse en mejor lugar. Volvió a hacerme cosquillitas por mi tren superior.
-¿Crees en el destino? me preguntó sin parar su dedo.
-No. -respondí secamente. -hasta que te besé.
 -Marina, me encantas. -confesó, me dio un vuelco el corazón. -Nadie me ha tratado como tú.
-¿A qué te refieres?

-Nadie me ha dado el cariño que tú me has dado en tan poco tiempo. Y tu forma de hacerme el amor... haces que me sienta protegida. Me cuidas y me amas a la vez que me lo haces... Eres la mejor. -terminó aquel relato con un beso enorme. -Ahora sí que soy tuya para siempre.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Capítulo 20. EN OTRA PARTE

Parecía mentira aquello que vivía. Una vez más eché la vista atrás e hice balance. Necesitaba pararme y hacerlo para poder continuar. Todo había cambiado mucho...
Recibí la llamada de la productora para que le presentase canciones... necesitaban seleccionar unas cuantas para el disco. Estaba realmente emocionada con la idea. Al fin iba a comenzar mi sueño, el sueño que había perseguido toda la vida. La música.
Pero la música también me alejaba de lo que más quería. Malú tenía que ir a Sudamérica para promocionar el suyo, que había salido a la venta el pasado mes de septiembre.
-Te echaré mucho de menos. -le dije antes de irse.
-Y yo a ti. Hablaremos todos los días, te lo prometo. -me cogió la cara y me besó. Nuestros labios encajaban como un puzle. Parecía que hubieran sido hechos para abrazarse los unos a los otros.
Y sí que la eché de menos. Muchísimo. El primer día recogí el coche que tenía en Barcelona aún, y me hospedé en casa de Lidia a la vuelta.
Me centré en la música. Compuse nuevos temas y perfeccioné otros que tenía aplicando las técnicas que me habían enseñado en el programa. Me sentí muy inspirada con las nuevos momentos que me había regalado la vida.
-Mola mucho la guitarra. Cuando la vi en "La Voz" me encantó. ¿De dónde la has sacado? ¿Y el dinero?
-Malú me la regaló. -dije llenándome la boca.
-Pillina... -puso una sonrisa perversa. -me voy a trabajar. -me dio un beso en la mejilla. -¡No me desmontes la casa!
-No prometo nada. -bromeé. Siempre estaba de cachondeo con ella. Pero también podía ponerse seria si quisiera.
Miré la hora. Hice un rápido cálculo con la mente... en México debían ser las 6 de la mañana, hora a la que se tenía que despertar ella. Marqué su número.
-Buenos días princesa.
-Buenas... tardes amor. -contestó, pude notar que detrás de ese teléfono había una enorme sonrisa.
-Bien pensado. -reí. -¿cómo has dormido?
-Fatal. Me duele el cuello un montón... Y tú, ¿qué tal la mañana?
-He estado componiendo. Me han llamado de la discográfica para que presente temas. Quieren hacer una selección para el disco.
-¡Qué bien! -exclamó. -Quiero oír algo.
-Pues coge un avión y vente. -la reté.
-Ojalá... -suspiró. -ya pasado mañana estoy ahí. -solo decía "pasado mañana" para que sonara más cercano. Pero en realidad quedaban dos grandes y largos días. Me moría de ganas por volver a perderme en esos ojos oscuros.
Tras un silencio, volvió a hablarme.
-¿Qué tal por ahí?
-Llueve a mares... -dije mirando por la ventana. -el cielo llora porque no estás aquí.
-Ohhhh. Eres un amor... -suspiró. -cariño, hablamos más tarde. Tengo que estar en la radio en menos de una hora.
-Vale. Cuídate. Te quiero.
-Y yo a ti. -oí el sonido de un beso. Su voz por teléfono seguía siendo dulce y cariñosa.
Hablar con ella era como el impulso de la inspiración. El mechero que encendía un cigarro. Los dedos se movían solos en las cuerdas de la guitarra. Era increíble la facilidad con la que me salió aquella canción. Apenas tardé dos horas en terminarla y me sonaba completamente perfecta. La toqué varias veces y cambié algunos acordes.
El sonido de las llaves me indicaron la vuelta de mi compañera. No interrumpí la canción. Se paró en la puerta y se quedó escuchándome.
-Ostras. Es preciosa. -dijo al terminar.
-¿Verdad? Acaba de nacer. Jamás había escrito un tema en tan poco tiempo.
-Ay, "la Malú" como te pone. -echó a reír, me contagió.
-Capulla... -la insulté entre risas.
-Estúpida. -me lo devolvió. Solté la guitarra en el sofá y corrí hacia ella para darle un fuerte abrazo.
-Gracias. -me dijo.
-¿Por?
-Por ser cómo eres conmigo. -sería tonta. Si alguien tenía que dar las gracias era yo...
-Li, siempre serás mi pequeña. Y gracias a ti, por cuidarme y estar conmigo cuando me sentía sola.
-Eso no lo dudes. -volvió a envolverse en mis brazos. -Oye.  Que no te moleste la pregunta.
-¿Qué me va a molestar...? -fuimos poniendo la mesa para comer.
-¿Malú es...? -comenzó a reírse. A saber que iba a preguntar. Miedo me daba con esa risa tan perversa.
-Es guapísima, sí. -me dio por continuar. Me dio un puñetazo en el hombro.
-Que si es... buena en la cama. Es que tiene toda la pinta. -preguntó entre carcajadas.
-No lo sé.
-¿No lo sabes? -comenzamos a comer.
-No. Aún no hemos... -lo dejé en el aire. No hacía falta decir nada más. Se sobreentendía.
-¡Ah! Perdona.
-No pasa nada. -le sonreí cortando el filete. Estaba muy bien hecho, a Lidia se le había dado bien la cocina desde pequeña.
-Pero cuando lo sepas me lo cuentas. -me eché a reír. -juraría que lo habíais probado ya.
-No. Ya surgirá. -le guiñé el ojo. -todo a su tiempo. -No pude evitar pensar en el tema. Desde que empezamos jamás me había parado a pensarlo. Si solo con sus besos me hacía delirar... sacudí la cabeza. Preferí dejarlo para cuando llegase el momento. Ya descubriría aquella sensación.
Aquellos días se me hicieron eternos esperando a que volviera.
Y aún se me hizo peor al decirme que no iba a estar conmigo en cuanto llegase.
-Voy a comer a casa de mis padres y por la tarde voy a quedar con Vero y Pastora. -me explicó por teléfono. Me dio un poco de rabia, pero por otro lado tenía que respetarlo. No todo en su vida era yo.
-Vale... ¿cuándo nos vemos entonces?
-¿Te apetece que cenemos en mi casa? -qué pregunta. Pues claro que sí.
-Por supuesto.

A eso de las nueve y media, el móvil vibró provocando casi, un terremoto. Terminé de abrocharme las convers y descolgué.
-Marina. -era Malú, notaba su voz eufórica. Algo bueno acababa de pasar. -he hecho una locura. -rió.
-Verás. -me eché un poco de colonia y recogí el cuarto de invitados mientras la oía.
-Le acabo de contar a éstas dos lo nuestro. -me sorprendió tanto que se me cayó el montón de folios con las nuevas canciones. Comencé a recogerlos del suelo. -¿No vas a decir nada? Ah, y vente ya que no aguanto otro minuto más sin verte.
-Me he quedado sin palabras. -si acababa de hacer eso significaba que yo era importante para ella. Aquel acto de valentía me dio confianza. Con ese gesto me aseguró que tenía ganas de luchar por lo que acabábamos de empezar hace tan solo una semana. Me demostró que me quería. -ya voy. -me colgué la guitarra y salí con el coche hacia su piso.
Llamé al timbre. Estaba muy cerca de la puerta, esperando a que abriera para comérmela a besos. Pero no fue así como yo imaginaba... la de la puerta no era ella.
-La famosa Marina. -una guapísima cantante a la que también admiraba me recibió en la casa de Malú. Me quedé impactada.
-Guau. Pastora Soler... -se rió y me dio dos besos.
-Encantada. -me dijo.
-Encantadísima estoy yo. -reímos.-eres una gran artista.-Entramos en el salón y vi a Vero, la mejor amiga de la jefa. A ella ya la conocía, me la presentó en el concierto. La saludé y pregunté por mi chica.
-¡MARINA! -vino corriendo por el pasillo y se arreguinchó a mi cuello. Poco le importó mi instrumento. Me la descolgué de la espalda y muy amablemente, Soler me la agarró. Pude abrazarla entonces. Como echaba de menos aquel olor a jazmín. Me besó. Había olvidado por completo el enorme placer que me producía su sabor.
-¡Viva el amor! ¡Viva! -tocó las palmas Verónica. Al parecer, se apuntaron a la cena. Yo que pensé que iba a compartir una noche romántica con mi princesa. A pesar de ello, fue divertida. Me lo pasé en grande. Las dos eran muy graciosas y no paraban de hacer chistes y lanzarnos buenos comentarios por lo nuestro.
A eso de las once, decidieron marcharse.
-¡Pero si ahora empieza la fiesta! -exclamé.
-La fiesta la vas a tener tú en la cama con ella. -bromeó Pastora. Malú le dio un pellizco retorcido en la espalda. -Qué agresiva... -rió, saliendo por la puerta de la entrada.
-Bueno, encantada y a ver si nos vemos pronto. -se despidieron de mi.-y en cuanto salga el disco lo compraré. -prometió la cantante.
-Pasadlo bien. -carcajearon camino del ascensor.
-El vino es "mu" malo. -dijo cerrando. La apoyé contra el portón y la sujeté de la cintura. Me besó. Esta vez el beso fue muchísimo más largo. Acabamos sonriendo en la boca de la otra.
Nos sentamos en el sofá y me contó lo que había hecho por las Américas, tumbada sobre mí.
-¿Y tú qué?
-Yo... aburrida sin ti. Qué largo se me ha hecho... -dije acariciando con la punta de mis dedos su pelo. -pero eso sí, he sacado unas buenas canciones.
-¿Y a qué esperas para tocármelas? -preguntó sonriendo. Abrí las manos y fui hacia sus pechos lentamente. Me retiró la mano y rió al darse cuenta de lo que había dicho. -cerda. -me insultó sin dejar de reír. Me levanté a por la guitarra y una vez más, bajo su mirada cautiva, me dispuse a hacer lo que más adoraba en el mundo.
"Apareciste como si nada
y ahora no veo un futuro sin ti.
Empecé a creer en cuentos de hadas
y sé que lo importante es verte feliz
porque con una foto tuya puedo morir,
porque me siento tan bien cuando te veo sonreír.
Dime si soñaste conmigo
y si pensaste en un futuro.
Sé que me quieres y no poder verte es muy duro.
Si pudiera tocarte, besarte, tenerte
y que con cada silencio nos hagamos más fuertes.
No te vayas de mi vida
porque me matas.
Me dejas sin aliento
y sé que solo soy una entre cientos
pero lo que siento es amor eterno.
Tú eres el amor de mi vida y no te miento".*
Su mirada seguía clavada en mis ojos. Sonreía. Se la veía tan feliz... Dejé la guitarra tumbada en el sillón de al lado.
-¿Qué te ha parecido? -no me contestaba. Seguía quieta, sonriente y embobada. Tras unos segundos de más silencio, me arrastró hasta su boca y comenzó a darme besos que me aceleraban el pulso. Iba muy rápido. Nunca antes me había besado así. Posé mis manos en sus caderas, una vez más. Me tiró hacia atrás sin apartarse de mis labios, tumbándose sobre mí en aquel sofá que tantas veces había visto por twitcam.
Fue dándome besos por la cara hasta llegar al cuello, donde me mordió. Comencé a temblar y a ponerme muy nerviosa... Aquella noche iba a ser muy especial.

[Letras de la canción @maluleras_cf. Desde aquí le doy las gracias por participar en la novela... A partir de ahora es un fichaje de esta historia... compondrá las canciones de Marina. A mi me encanta como escribe... espero que también os llegue a vosotros. ]

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Capítulo 19. NO ME EXTRAÑA NADA.

Me di una ducha para bajar a desayunar. Le pedí a Malú que se pusiera unas gafas de sol y algo que le tapara el rostro o no podríamos llegar al bar. Conocía a muchas maluleras por mi zona, incluso había un grupo en el que yo participaba. Nos movíamos juntas para ir a firmas y conciertos. Si se enteraban de que la estrella paseaba por el barrio...
Bajamos por el ascensor. Al pararse, oí mucho barullo por parte del exterior del edificio. Le pedí que se quedara un momento allí. Giré la esquina del portal y vi un buen cúmulo de gente en la puerta. Me di la vuelta automáticamente.
-Pulsa el -1. -volví al elevador a paso ligero.
-¿Qué ocurre?
-Maluleros... -le dije. -he visto cámaras, pancartas y de todo ahí... -seguía conmocionada mirándola fijamente.
-Vanesa. -soltó Malú. Eso era... seguro. Tenía que haber sido ella. Nadie más sabía que estaba conmigo en mi casa excepto Lidia y ella.
-Será... -me mordí el labio y entrecerré los ojos. Quise dar un puñetazo pero me agarró el puño y lo bajó.
-Tranqui. -respiré hondo. Aún no sabía que tenía para calmarme de aquel modo.
Me metí en twitter mientras caminábamos sin rumbo por el oscuro garaje. Mírala...
"Malú en nuestra casa. Esperad en el portal 5 y veréis..."
Apreté el móvil con fuerza, en ese momento podría romperlo... La miré a los ojos, me sentía avergonzada.
-Perdona... en serio. Vaya forma de comenzar nuestra historia...
-No es culpa tuya. -sonrió. -¿qué vamos a hacer? ¿Algún plan?
-Esto es una misión para 007, no para una princesita como tú, te has equivocado de película. Vuelve a Disney. -bromeé, aunque estuviera de muy mal humor, intenté afrontarlo con algo de risa. Me besó en los labios. -vale ya sé. Escúchame. -le pedí, acorralándola detrás de una columna. La apoyé contra ella y la agarré de la cintura. Le hablé bajito y muy deprisa, convirtiendo aquel marrón en un clip de cine. -la bomba se activará en diez minutos, si no conseguimos desactivarla en... -no pudimos evitar reírnos, dejando el guión a medias.
Se me ocurrió una idea que quizás saldría bien.
-Saldré a la calle por la puerta y diré que es mentira... mientras las entretengo sal por la puerta de los coches. -le tendí la llave electrónica. -pulsa en el de arriba, luego se cerrará sola. Sube al coche y ve hasta la casa de Lidia... ¿recuerdas dónde es?
-Sí, sí. Creo que puedo llegar.
-Cuando me deshaga de todas iré allí. -me despedí con un beso en la frente, que me pillaba a buena altura y caminé hacia el ascensor.
-Bond, Marina Bond, ven y dame un beso en condiciones por si es la última vez que nos vemos... -bromeó entre carcajadas. Corrí hacia ella e hice lo ordenado.
-¡Aguanta! ¡Saldremos de ésta! -exclamé con voz grave y alzando los brazos. La puerta se abrió y subí hasta el cero. Aún podía oír su risa. Saqué el móvil y avisé a mi mejor amiga del plan.
Salí al portal y fingí una cara de sorpresa.
-¿Qué dan gratis? -pregunté al abrir la puerta.
-¡MALÚ! ¡QUE SALGA MALÚ!
-¿Malú? ¿Quién es Malú? -me hice la tonta.
-¡Idiota! -escuché por el fondo.
-Sabemos que está en tu casa. -afirmó Paula, a ella si la conocía.
-Ojalá. -reí. -anda, volved al trabajo. -les pedí.
-¡No! ¡No nos moveremos hasta que baje! -zapateó un fan desquiciado.
-Como queráis... -me metí las manos en los bolsillos y crucé la esquina, tan normal.
-Oye, por cierto, muy bien en "La Voz". Estamos muy orgullosas de ti... lo hiciste genial. Eso sí, nos gastamos todo el saldo contigo. -me dijo una.
-Muchas gracias, guapa. -piropeé. Me giré y seguí andando. Cuando ya estaba lejos, crucé la acera dirección el parque. Por allí cortaría camino. Tardé unos cinco minutos en llegar, no estaba lejos. Teníamos suerte de vivir tan cerca.
-¡Estás a salvo! -exclamó Malú al verme. Seguía con la tontería aquella.
-¡Te dije que sobreviviríamos! -saltó sobre mí y nos abrazamos dando vueltas por la entrada del hogar.
-¿Qué...? -Lidia no entendía nada, eso provocó aún más risa.
-No hemos comido nada, ¿nos das de desayunar?. -le pedí a Li, que seguía aún confusa.
-¿Yo? ¿Preparando el desayuno a Malú? -puso las dos manos en la cara. -¡QUÉ EMOCIÓN!
La artista me miró sorprendida, levantando las cejas.
-Déjala... -suspiré.
Tras la primera comida del día, abrí el WhatsApp de Vanesa. Quería desahogar toda la rabia que me había provocado.
-Ya te vale, ¿no? -comencé.
-jajajajajajajajajajaja. Jódete. -escribió. Jamás pensé que podía ser así de cruel... me dolió bastante.
-¿Por qué eres así? Menuda manera de demostrarme que quieres volver conmigo.
-Ya me he hecho a la idea de que eso es imposible, así que si no vas a estar conmigo, no vas a estar con nadie. ¿Ya te han robado las maluleras a tu novia?
-No es mi novia. -mentí.
-Marina, no soy gilipollas. Sabía que pasaría desde aquel día después del concierto. Encajasteis. -me quedé mirando el mensaje, no sabía cómo seguir aquella conversación. Malú me miró desde aquel sofá en el que hablaba con Lidia. Me sonrió. No pude evitar morirme de amor. Quizás tenía razón y fue aquel momento el que lo cambió todo.
-Vane. Piensa lo que quieras pero por favor, déjala en paz. Puedes joderme todo lo que quieras, pero a ella no la molestes. No tienes ni idea de lo que ha hecho por mí.
-Por ti, pero a mí me ha arruinado la vida.
-¡LA VIDA TE LA ARRUINASTE TÚ SOLA! -comencé a calentarme. Estaba muy cabreada. -Yo te quería Vanesa. Y jamás quise tanto a nadie como a ti. Quizás ya no pueda volver a amar tanto como antes por tu culpa... y eso me jode muchísimo. No contestó, a pesar de que estaba en línea. En verdad no me extrañaba nada... siempre fue celosa. Aunque ese punto que había alcanzado era demasiado... Me quedé pensativa y esperando otro comentario absurdo y que me llenara otra vez de rencor, pero no llegó. Malú fue al baño.
-¿Algo va mal? -Li observó mi mal estado. Me pasé la mano por toda la cara. Emití un bufido.
-Vane. -dije al fin. -me va a destrozar la vida.
-Hay que ser muy... -prefirió callarse. -creo que será mejor que os vayáis de Alcalá. Yo no sé qué planes tenéis ahora pero... huir de aquí, ya.
-Pues la verdad es que yo tampoco sé que vamos a hacer ahora. -le confesé. Ya estaba aquí de nuevo.
-¿Planes? -preguntó mi colega.
-¿Qué os apetece?
-No, vosotras, yo sobro. -se echó hacia atrás.
-¿Qué dices? Vente. -la animó la cantante. Al parecer habían hecho buenas migas. -se de un sitio al que podríamos ir.
-Adelante.
-Me gusta mucho pasear por la sierra. ¿Os gusta la idea? -hice una pedorreta.
-Que perecita...
-Tú tan floja como siempre. -opinó Li. Echamos a reír.
-Pero en fin, si tú quieres ir, vamos. -le sonreí.
-¡Serás guarra! ¡Por ella sí, ¿no?! ¡Por mí una mierda!
-¿Qué dices, Lidia?
-Pues eso, que cuando te digo yo de ir a correr me mandas a freír espárragos.
-Pero es que a Malú la quiero más. -le mandé un guiño y mi chica y yo reímos. Ella se cruzó de brazos, simulando estar enfadada, aunque en realidad se partía por dentro.
Mi amiga se enfundó un chándal, y tras pasar por mi piso, el cual ya estaba despejado, y por el de Malú, para ponernos una prenda más cómoda, visitamos la sierra esa a la que tanto le gustaba ir. Que pereza me daba cada tramo, pero por ella lo hice. Mi novia y mi mejor amiga iban las primeras, yo detrás con la lengua fuera. Nunca me gustó hacer deportes como ese. Los veía estúpidos. Me apasionaba el fútbol y el voleyball. Los que se jugaban con pelota se me daban de miedo y me divertía con ello. No le veía yo aliciente a eso de andar...
-Seguid vosotras, yo me muero aquí. -les chillé.
-Vamos, cariño. -Malú corrió hacia mí y tiró de mi brazo. Lidia se descojonaba.
-No, no. -me negué. -no tires de mí que es peor.
-¡Serás floja! ¡Mueve ese culo! ¡Venga!
-¡Me meo! ¡Me meo! -Li se tiró al suelo y siguió con su pavazo. Jamás lo había abandonado y la adolescencia le pillaba lejillos ya.
-Yo quiero mi guitarrita, mi sofá, mi chocolate... -dije mientras seguía arrastrándome.
Llegamos a un lugar bastante romántico y prácticamente único. Había unas vistas increíbles...
-¿No es genial? -preguntó la cantante, viniendo a mis brazos.
-Genial es tenerte. -se giró y me besó al oír el cumplido.
-¿Me encendéis la vela? -interrumpió Lidia, haciendo el chiste.
-Siempre haciendo de "sujeta velas"... a ver si te busco yo un buen novio. -reímos.
Y allí, con ella entre mis brazos y al lado la otra persona más importante de mi vida, con el grato y estimulante aire natural, sentí la felicidad.
-Princesa. -la llamé. Me miró desde mi hombro. -llevamos 24 horas saliendo.
-Felicidades. -me besó.
-¿PERO SE PUEDE SER MÁS ÑOÑA? -se desquició Li. -yo me voy, en serio, me voy.          


[Me encantaría pedirte un pequeño favor. Como lector, tu opinión es muy importante para mí y me gustaría muchísimo que respondieses a la pregunta que encontrarás en la barra de la izquierda al final. Puedes seleccionar dos casillas. Gracias por leer, una vez más.
PD: Estoy preparando una sorpresa/regalo de navidad relacionada con la novela para todos vosotros ;) ]

martes, 17 de diciembre de 2013

Capítulo 18. NI UN PASO ATRÁS.

Que iba yo a imaginar que despertaría con ella entre mis brazos cuando pasaba las noches en las puertas de sus conciertos... La vida es como una auténtica lavadora, como decía Natalia. Y razón tenía... Da tantas vueltas que muchas veces no sabemos ni quiénes somos ni que hacemos. 
Hacía un frío horrible. Llevaba aún la ropa del día anterior y la manta que nos cubría iba ya por las rodillas. Malú seguía frita, con la cabeza apoyada en mi hombro, igual que cuando se quedó dormida. 
El estómago demandaba comida, pero no podía moverme sin despertarla, así que decidí esperar a que lo hiciese. Acaricié su espalda con los dedos, creando suaves caricias. Era el mejor pasatiempo que había tenido nunca. Me llevaría así horas y horas que no me cansaría jamás. Vi la luz del móvil encenderse sobre la mesa. Intenté llegar a él con el brazo izquierdo, pero no podía con ella encima.
Tomé impulso dos veces, pero no conseguía alcanzarlo. Levanté las piernas e intenté cogerlo con ambos pies. No podía. Me quité los zapatos a patadas y volví a tratar de engancharlo... nada. A la tercera pude sujetarlo, pero al acercarse a mí se cayó y dio un buen tortazo contra el suelo. Malú se movió ante el ruido. Hice unos chasquidos con la boca, como a los niños pequeños cuando se desvelan. Funcionó. 
Ahora la misión se complicaba. ¡TENÍA QUE COGERLO DEL SUELO! Bah, que le dieran al teléfono. Volví a hacerle cosquillitas. A eso de la hora, se despertó. Se levantó despacio y con los ojos entrecerrados miró a todas partes.
-¿Dónde estoy? -preguntó extrañada. Solté una carcajada.
-En mi casa. 
-Madre mía, he dormido tan bien que no sabía ni donde estaba. 
-Sí, pues será por el fantástico e inigualable sofá en el que has dormido... -dije con tono irónico.-Era el más barato de "Ikea". -reí.
-A lo mejor ha sido por otra cosa. -se acercó a mí, fijando sus ojos en los míos, muy cerca.
-¿Qué cosa? 
-La compañía. -me dio el primer beso del día, tan perfecto como siempre. -Necesito una buena ducha... -dejó caer. 
-Primera puerta del pasillo a la derecha, señorita Mari Lú. 
-Mi nombre ya es lo suficientemente feo...no lo empeores. -dijo con cara de asco. Comencé a dar carcajadas mientras andaba hacia el baño. No pude evitar mirar su maravilloso cuerpo...
Recogí el móvil del suelo, por fin. ¿Quién sería?
-Putona, menos mal que íbamos a quedar esta noche. -al leer me acordé. Mierda. Le conté rápidamente lo sucedido en la tarde anterior.
-¿¡HIJA PUTA QUE ESTÁS SALIENDO CON MALÚ!?¡YO TE MATO! ¡TE COMO! 
-Lidia, mírate el bipolarismo. -bromeé. Contestó con un "jaja" de esos que se extendían en dos líneas. -Oye, pero no digas nada, ¿vale? 
-Soy una tumba. -prometió. Sabía que en ella podía confiar y me iba a apoyar en todas mis decisiones. -te dejo que tengo que trabajar. -Lidia era periodista en un pequeño periódico de la localidad. Tenía la certeza de que algún día llegaría al ABC o a alguno de los grandes, era muy buena escribiendo.
Oí que el agua dejó de caer. Qué rápido se había duchado. El timbre sonó. Me pregunté quién podía venir a mi casa a las nueve de la mañana... Me sacudí un poco el pelo y me quité algunas legañas de los ojos de camino a la puerta. 
-Perdona. -era Vane con una bolsa de churros. Al abrir, cerré. Interpuso el pie.
-No me obligues a rompértelo, apártalo. -le pedí.
-Sacrificio aceptable. -dijo, sin moverse. Resoplé. Me hervía las sangre, no podía mirarla a la cara sin acordarme de aquella escena en el hotel.
-¿A qué has venido? 
-A desayunar contigo. Traigo los churros de Pepe que tanto te gustan. -dijo mirando la bolsa, sonriente. -Y así hablamos muchas cosas que tenemos pendientes. -volví a suspirar. No me apetecía nada después de lo que ocurrió el día anterior en el bar.
-Cariño, ¿pasa algo? -Malú se asomó, con la toalla envuelta y descalza. Por la voz noté que estaba justo detrás de mí, o no muy lejos. A Vane se le cambió la cara. Se le cayó la bolsa al suelo. 
-No... no me lo puedo creer. -hizo aspavientos con las manos y abrió los ojos. -¡Por eso no quieres estar conmigo! ¡Tú tienes la culpa pedazo de zorra! ¡Todos estos años llenándote los bolsillos con nuestro dinero y mira para qué! ¡Desde que entraste en La Voz y la conociste cambió todo! -gritó señalando a Malú. Me cabreó. Se puso muy nerviosa, histérica. Miré hacia atrás. Estaba algo asustada, cortada. Realmente no sabía si contestarle a mi ex o no, por ello salí yo en su defensa. 
-¡No te permitiré que le hables así! No fue ella quien me puso los cuernos. Si no lo hubieses hecho tal vez serías tú la que estuviese envuelta en esa toalla.-la eché hacia atrás cuando intentó sobrepasar la puerta. 
-¿Tampoco puedo entrar en mi casa? -preguntó con la misma mala leche. -sigue siendo mía.
-Será mejor que te vayas. -le dije, recogiendo el desayuno y devolviéndoselo.
-Dáselo a ella, a ver si se pone gorda como una foca y te deje de gustar... ¿Te digo una cosa? Esa tía ha estado entre nosotras toda la vida... seguro que me hacía el amor pensando en ella... la preferiste siempre... 
-¡VANESA FUERA DE AQUÍ! -le chillé, dando un portazo. Me quedé con la frente pegada en el portón, con los ojos cerrados. Temía encontrarme con el rostro asustado de Malú... No sabía que iba a decirle después de aquella escena. Noté como sus pasos se alejaban. Me giré, ya no estaba. Caminé hacia delante, vi que se encerraba en el cuarto donde había dejado la pequeña maleta que traía. Iría a vestirse.
Al cabo de unos minutos salió con la mochila en la mano.
-Será mejor que me largue...
-¿Qué dices? -no quería que eso pasase. No podía irse así, sin más, después de aquello. Quise bajar al bar y estrangular a Vanesa contra la barra. Todo iba tan bien...
-Marina, me he sentido muy humillada... y la verdad no sé qué diantres estoy haciendo aquí. Deberías aclarar las cosas con tu chica...
-No. -la corté. -mi chica eres tú. -la besé. Se apartó y miró al suelo. 
-Nos vemos pronto... -dijo dirigiéndose a la salida. Volví a interponerme en su camino. No podía dejarla marchar.
-No puedes irte. Me niego. Te seguiré allá donde vayas, no te desharás de mí. Malú, yo te quiero. -la agarré de la cintura y la llevé hacia el fondo de la casa, alejándola de la puerta.
-Y yo también te quiero... pero... -la besé para no dejar que terminara la frase. No quería ningún pero. Ninguna excusa. Estaba segura de que no existía nada en el universo capaz de cargarse nuestros sentimientos. Nada.  
-Si me quieres, nada más importa. -afirmé con una gran sonrisa. Volví a depositar mis labios en los suyos. Dejó caer el macuto para enredar sus dedos en mi pelo como tanto le gustaba hacer mientras me besaba. Aquel instante me sirvió para darme cuenta que no podría vivir sin ella... Sin aquellas ondas perfectas, sin su manera de hacerme feliz y sonreír ante tempestades, sin sus miradas cargadas de vitalidad. Y es que me daba la vida. Rellenaba de luz cada parte oscura de mi corazón. 
-No daremos ni un paso atrás. -le susurré a su boca. 
-Ni uno. -prometió.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Capítulo 17. ENAMORADA

Pasamos la tarde bajo aquel árbol donde floreció nuestro amor. Risas, tonteo y más de un beso, ese fue nuestro día.
-¿Es muy normal que en vez de mocos tenga estalactitas que me cuelgan de la nariz? -pregunté, haciendo la gracia. Dio carcajadas. Adoraba su risa.
-La verdad es que hace un frío de muerte. -dijo, arrecucándose en mi cuerpo. Tenía mi brazo rodeando su hombro y ella abrazaba mi tronco.
Vimos que hora era, las nueve y media. Se nos había pasado el día volando. Salimos de aquel lugar mágico con la sensación de que jamás olvidaríamos aquel maravilloso momento. Miré al árbol una última vez y sonreí.

-Qué oscuridad... -observó Malú.
-Mejor... -dije, cogiéndole la mano. -Así nadie nos verá.
-Eso es algo de lo que quería hablarte. -dijo muy seria mientras miraba al suelo, camino del coche. -me gustaría que lo mantuviésemos en secreto de momento. -asentí, no muy convencida. No estaba acostumbrada a esconderme, y no me gustaba nada.
-Entiendo... -suspiré. Miró para ver mi reacción. Me quedé pensativa... traté de entenderlo. Su vida estaba muy controlada por los productores, estaba en una especie de burbuja y yo lo debía respetar si quería estar con ella. -no te preocupes, me parece bien.
-¿De verdad...? -me agarró con fuerza la mano.
-Con tal de estar junto a ti... -le guiñé el ojo. Sonrió.
-Ahora mismo te estrellaba contra el coche y...
-¿Y...?
-Tira para dentro, anda. -rió, haciendo un gesto con la mano para que me subiera en el vehículo.
Llegamos a casa y al decirle que iba a preparar la cena... me acordé de que no había nada comestible.
-Mierda. -dije abriendo el frigorífico. Me asomé al salón. -no tengo nada que sea digerible. A no ser... que quieras vomitar durante toda la noche. -rió ante mi absurda pregunta.
-Pues entonces te comeré a ti. -se levantó del sofá y puso los brazos sobre mis hombros. Me besó dulcemente. No sé como lo hacía, pero me ponía la piel de gallina cada vez que entraba en contacto con su boca, al igual que cuando la oía cantar.
-Si me voy a buscar algo de comida... ¿te irás?
-Probablemente. -bromeó.
-Entonces te ataré a la pata del sofá. -se echó a reír. -no tardo. -volvió a besarme ante mi promesa.
Mientras iba por el ascensor, miré el WhatsApp.
-Por fin me contestas... ¿puedes pasarte por el bar? -había olvidado que iba a quedar con Vane. Aparté la idea de pasarme por un chino a por comida, me llevaría algo de "Rincón Musical". Sentí un hormigueo en el estómago... no sabía cómo iba a reaccionar cuando la viese...
Me situé frente a la puerta. Algo me decía que huyera y volviera a casa. Debía enfrentarme a aquello y cuanto antes, mejor.
-¡MARINA! -unas amigas corrieron a abrazarme. Mientras me besuqueaban y me daban la enhorabuena, vi como sonreían sus tíos, y a ella. Tan guapa como siempre. Estaba detrás de la barra, petrificada. No parpadeaba mirándome.
-Os echaba de menos. -les dije.
-¿Qué tal? -me preguntó una de ellas.
-Genial, genial. -me hice paso. Nata y Pedro vinieron a saludarme. También nos fundimos en un abrazo.
-Sé que haces un gran esfuerzo en venir, muchas gracias. -me susurró mi tía postiza.
-No podía decir no... os debo mucho. -y entonces llegó el momento que tanto temía. No sabía que hacer... si darle dos besos, si abrazarla o no.
Pasé por delante suya y nos metimos en la despensa. Seguía igual de impresionada al verme. No decía nada. Me asomé a la puerta.
-Nata, ¿puedes ponerme dos platos de lo mejor que tengas y dos cervezas para llevar?
-Claro. Invita la casa.
-Gracias. -le sonreí. La cerré.
-¿No vas a decirme nada? -le pregunté. Los minutos pasaban y ni siquiera se movía. Comenzó a llorar y se echó en mi hombro. No la abracé, ni la acaricié, como siempre había hecho cuando lloraba. Dejé los brazos caídos.
-Perdóname... -suplicó entre sollozos.
-Está bien... -dije al fin, para que dejara de llorar. -Pero no voy a volver contigo. Me hiciste mucho daño y por dos veces.
-Lo sé y estoy muy arrepentida... vuelve conmigo por favor, no lo volveré a hacer.
-Eso dijiste la otra vez...
-Pero es que ahora me he dado cuenta de lo importante que eras en mi vida... y que fui una gilipollas... Marina eres lo mejor que me ha pasado. -siguió llorando. -por favor, vuelve a mí. Sin ti no puedo seguir.
-Vane, en serio, déjalo, es inútil.  He venido para decirte que si quieres podíamos ser amigas. Tienes que entender que no puedo volver contigo. Estaba casi en un sueño, sabías lo mucho que deseaba participar en el programa y lo ilusionada que estaba cuando pasé las pruebas...
-Yo... -me miró con los ojos encharcados y enrojecidos. -no creo que pueda ser solo tu amiga después de todo este tiempo juntas...
-Pues entonces yo aquí no pinto nada. -abrí la puerta, pero me agarró de la camiseta tirándome hacia ella. Me dio un beso en los labios.
-Esto sí que no te lo perdono... -me enfadé y salí. Cogí la bolsa que tenía Natalia en las manos y le di dos besos. -dile adiós a Pedro de mi parte, yo me voy... -Vanesa corrió detrás de mí. Me monté en el coche y me preguntó desde la ventanilla para quién era la otra cerveza.
-Para la persona que me sacó del huracán en el que tú me metiste... -le chillé, para que pudiese oírlo. Conducía y a la vez no dejaba de repetirse la escena en mi memoria... No podía dejar de recordar sus lágrimas corriendo por sus mejillas. Miré por el retrovisor, estaba quieta en la acera, justo donde estaba el coche estacionado.
Aparqué lo más rápido que pude y subí las escaleras. Necesitaba verla. Ya.
-¡Me muero de hambre! ¿Se puede saber dónde has estado? ¿Me traes comida de Venus...? -me chillaba desde el salón. Parecía imposible sacarme una sonrisa hace cinco segundos, pero ella lo consiguió, una vez más. Era la chica que necesitaba en mi vida.
Corrí hacia a ella y la cogí en brazos, dándole tres vueltas en el aire con sus manos frías en mi cara y las mías en su cintura.
-No vuelvas a separarte de mí tanto tiempo. -me pidió, seguido de un buen beso. -te estás convirtiendo en una droga.
-La droguita es mala, Malú. -dije con voz de niño pequeño. Se echó a reír mientras veía que había traído de cena. Vio la bolsa y preguntó qué sitio era ese.
-El bar en el que trabajaba antes... -le comenté con nostalgia. -y sí, he visto a Vanesa.
-¿Y qué ha pasado? -me miró intrigada. Observó que no estaba cómoda con ese tema. -no tienes por qué contármelo si no quieres...
-Sí, sí que voy a contártelo. Ahora eres mi novia y no quiero que haya secretos entre nosotras. -le conté todo. Desde que llegué, sus lágrimas, sus palabras, aquel beso y el chillido que le pegué desde el volante.
-¿Y tú que sientes? -me preguntó con la boca llena de mayonesa.
-Que eres más fea de lo que pensaba. ¿Tú te has visto los morros? -se echó a reír. Le pasé la servilleta delicadamente por la boca. Se quedó mirándome, con una enorme sonrisa. La besé en los labios.
-Me cuesta mucho no besarte cada vez que sonríes... -le confesé.
-A mi no me importa que lo hagas. -ante su reacción, volví a besarla.
-No te dejo ni comer.-reí.
-Con lo que a mí me gusta comer. -se llevó un trozo a la boca. A los dos segundos me eché a reír, mal pensando su comentario. -guarra. -me dio una patada por debajo de la mesa.

Después de la improvisada cena, nos sentamos para ver una película.
-A ver que tienes... -pasó su dedo índice por todos los DVD de la vitrina.
-Mi peli favorita es Titanic, eso sí que es una buena película.
-¡Me encanta! -la sacó y me la tendió. Le pedí que tomara asiento. Mientras cargaba, hice unas palomitas.
Volví al sofá junto a ella. Me eché hacia atrás y me rodeó la cintura con su brazo. Dejó caer su cabeza en mi hombro y disfrutamos de un clásico del cine arropadas por una manta de pelo.
-Si sigues haciéndome cosquillas voy a quedarme sopa. -me susurró después de que llevara unos quince minutos deslizando mis dedos por su brazo.
Y así fue. Se quedó dormida antes de que el barco se estampara con el iceberg... Pensé en cogerla y llevarla en brazos hasta la cama... pero no recuerdo cómo fue, que yo también me quedé dormida con ella en mi regazo en aquella noche fría de diciembre.